Facebook, Twitter y la comunicación de crisis

IMAGE: Ufuk Uyanik - 123RFLas sucesivas crisis de comunicación con las que Facebook se ha encontrado en los últimos meses en torno a su papel en las elecciones presidenciales que llevaron a Donald Trump a la Casa Blanca y a su gestión de la difusión de noticias falsas, han dado lugar a una curiosa evidencia: la compañía, para su comunicación de crisis, tiende cada vez más a recurrir a Twitter.

Que la compañía indudablemente líder en las redes sociales recurra a los servicios de un competidor, otra herramienta social, para llevar a cabo su comunicación de crisis resulta solo relativamente sorprendente: en muchos casos, se trata simplemente de estar ahí para responder a alegaciones hechas originalmente a través de ese canal, respuestas que tendría muy poco sentido derivar a un canal diferente. Pero mayoritariamente, hablamos de la constatación de una evidencia: algo más de una década tras su lanzamiento, a pesar de las dudas sobre su viabilidad económica y de sus problemas con el acoso, el abuso y el cyberbullying,  Twitter se ha convertido en el lugar en el que se produce la comunicación inmediata, en el sitio al que acudes para sabes qué está pasando en un momento determinado.

Esa característica de inmediatez es, fundamentalmente, la que convierte a Twitter en el arma perfecta para la comunicación de crisis, hasta el punto de que la propia Facebook se vea abocada a utilizarla. El uso no es, como tal, una consigna oficial: los principales directivos de Facebook, como Mark Zuckerberg o Sheryl Sandberg, llevan sin escribir nada en sus cuentas de Twitter desde 2012 y 2013 respectivamente. Pero la evidencia es la que es: ante una crisis, estar presente en Twitter es fundamental. 

En la eventualidad de una crisis corporativa, las compañías comienzan a tener claro que si quieren dar una imagen mínimamente coherente y representativa de los tiempos que vivimos, les resultará imprescindible crear un gabinete de gestión de la situación que esté permanentemente enganchado al pajarito azul, porque es ahí donde todo el mundo va a acudir para intentar saber lo que está pasando, la extensión de los posibles problemas o las respuestas de la compañía. Si no dices nada y te encierras a escribir una clásica nota de prensa para enviarla a los medios, cuando esa comunicación llegue a su destino, la mayor parte del daño reputacional ya estará hecho, y habrás tenido que ver cómo se desarrollaba toda una conversación en torno a la situación sin que tu compañía, precisamente la más afectada, participase en ella. Todo lo que los directivos de comunicación tradicionales sabían sobre el control de los tiempos, teóricamente considerado fundamental en toda gestión de crisis, ha sido radicalmente dinamitado: el único control de tiempos posible es contestar rápidamente a todo el que diga algo digno de consideración, y formar parte de la conversación que se establezca en Twitter en torno al problema. Si no estás, si no apareces, si no contestas a nadie, malo. El asunto escalará, y te arriesgarás incluso a que se convierta en viral, porque Twitter, por esa misma característica de inmediatez, es para ello un soporte ideal.

Obviamente, estar presente en Twitter en un momento de crisis no es sencillo. No podemos pensar en poner al mando de esa cuenta a alguien con poca experiencia en gestión de medios sociales, a alguien que pueda perder los nervios, contestar de manera inconveniente o que desconozca lo más elemental de la analítica y la cuantificación. Lo lógico es tener esa función ya desarrollada, ya construida desde hace mucho tiempo, con community managers de nivel que conozcan la compañía perfectamente, puedan tirar de los recursos adecuados en cada momento en función de las necesidades, y hayan sido adiestrados en infinidad de pequeñas crisis anteriores, desde un cliente insatisfecho hasta un influencer que dice algo inconveniente. Esos son los kilómetros que hay que hacer para considerarse preparado para aquello para lo que nunca estamos preparados, pero que alguien tiene que hacer.

Twitter puede tener problemas de muchos tipos, pero la mayoría de los que lo utilizan habitualmente están de acuerdo en una cosa: si no existiese, habría que inventarlo de nuevo. Y en el caso de la comunicación de crisis, esto es todavía más real.

 

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tbh: entendiendo la estrategia de Facebook

tbh screenshotsSi aún no sabes lo que es tbh, no te preocupes, es perfectamente normal: hablamos de una app cuyo significado es “to be honest”, específicamente diseñada para teenagers en high schools y colleges, disponible por el momento únicamente para iPhone y en algunos estados norteamericanos, y que busca generar un uso positivo del anonimato, con preguntas y encuestas propuestas por la aplicación o introducidas por los usuarios, pero siempre con un tono constructivo, cuando no casi edulcorado, y gamificado mediante corazoncitos, brillantitos y emojis con aspecto encantador. Todo muy high school y muy gossip, cotilleo social, pero intentando eliminar esos elementos peligrosos de dinámicas negativas, acoso y cyberbullying que existían en aplicaciones ya desaparecidas como Secret o Yik Yak.

La app se lanzó oficialmente el pasado agosto y tiene una mecánica de introducción lenta, prácticamente estado a estado y colegio por colegio, pero ha sido capaz, en muy pocas semanas, de alcanzar los cinco millones de usuarios y de situarse como primera app gratuita por número de descargas en los Estados Unidos, por encima de monstruos tan consolidados como Gmail, Bitmoji, YouTube, Instagram o Snapchat.

Y ahora, desde hace unas pocas horas, tbh ha pasado a formar parte de Facebook. La compañía, que ya ha dado la noticia en su página, seguirá operando como marca independiente tras una transacción relativamente pequeña, se estima que de menos de cien millones de dólares, que no requerirá ningún tipo de aprobación legislativa, pero sus empleados pasarán a formar parte de Facebook y tendrán correos electrónicos con dirección fb.com, lo que indica un nivel de integración algo superior al que llevaron a cabo compañías como Instagram o WhatsApp.

La transacción nos permite volver a hablar de la estrategia de Facebook: para cualquier observador no suficientemente especializado , tbh podría ser considerada una app prácticamente desconocida: a pesar de lo que supone haber ocupado durante algunas semanas el top de descargas, nunca fue anunciada públicamente, y mantenía una evolución relativamente discreta, prácticamente volando bajo el radar. Sin embargo, en Facebook la tenían perfectamente ubicada, sabían a qué se dedicaba, seguían su desarrollo y mantenían contacto con sus fundadores, particularmente desde que vieron que estaba generando cierta tracción entre un segmento, el más joven, que en muchas ocasiones se considera reflejo de tendencias que se consolidan a medida que crecen. Nadie – espero – piensa que una app como tbh vaya a extender su uso a entornos de otro tipo, pero en un buen número de colegios norteamericanos, se ha convertido en la app que marca la vida social, la que atrae la atención y la que permite diseñar un entorno aparentemente sano, en el que el anonimato intenta tener connotaciones positivas. La app está pensada para alumnos de 9º grado o superior, entre 14 y 15 años y hasta – si quieren – los primeros años después de graduarse: al darse de alta, deben especificar su curso, su instituto o universidad, y su género, entre boy, girl o non-binary. Tras definirse, entran en un juego en el que contestan y proponen preguntas que tienen como protagonistas a sus compañeros y compañeras, y que siguen las dinámicas sociales que cabe esperar en este tipo de entornos, generalmente con respuestas anónimas, aunque pueden utilizarse también mensajes directos. Las preguntas con connotaciones negativas, o que puedan generar dinámicas de bullying o acoso, son rechazadas.

¿Qué supone para tbh ser adquirida por Facebook? Básicamente, más recursos, de todo tipo. Por supuesto, más dinero, pero también mejor ingeniería, abundante experiencia de cara a problemas habituales en las fases de crecimiento de este tipo de aplicaciones, y una integración en el paraguas de la compañía más importante en el entorno de las redes sociales. Para Facebook, tbh representa una posibilidad de incrementar su llegada al público más joven, de entenderlo y, sobre todo, de no perderlo, y todo ello a cambio de una cantidad relativamente pequeña. Como parte de esa estrategia, Facebook se ha convertido en el vigilante total de todas las dinámicas de adopción en la web: hace algunos meses, la compañía sondeaba a sus usuarios más jóvenes para tratar de entender qué los llevaba a adoptar Houseparty, una app de videochat múltiple, para finalmente, tras obtener respuestas e – imagino – tras hablar con los fundadores, tomar la decisión de no adquirirla, pero sí de copiar su funcionalidad. Si destacas en el ámbito social, debes saber que terminarás o bien siendo adquirido por Facebook, o bien con tu funcionalidad completamente replicada e iterada tantas veces como haga falta, como ocurrió en el caso de Snapchat, hasta que sea capaz de desplazarte.

El entorno de las redes sociales es así: brutalmente rápido, con tendencias que, si no las entiendes o las ves venir, pueden dejarte fuera de juego en muy poco tiempo. Un entorno en el que puedes pasar de ser el símbolo de una generación, a desaparecer en pocos meses, como le ocurrió a MySpace, o en el que puedes encontrarte tu red convertida en un fenómeno regional que dificulta su adopción en otros países, como sucedió con Friendster o con Orkut. ¿Dónde están hoy fenómenos regionales que en sus países fueron enormes, como Tuenti en España, StudiVZ en Alemania, Hyves en Holanda, Hi5 en Latinoamérica, por citar tan solo algunas?

Facebook conoce perfectamente esa volatilidad, y por ello considera como un auténtico activo estratégico su capacidad para observar el mundo desde la atalaya que proporcionan más de dos mil millones de usuarios activos en todo el mundo. Si algo se mueve en el entorno social, Facebook lo va a ver, y va a reaccionar en consecuencia. En ese sentido, tbh es solo una prueba más de la hiperactividad de Facebook, de la imperiosa necesidad de conocer perfectamente tu entorno, de vigilar tu territorio, y de reaccionar de manera rápida y concluyente: unos meses de descuido o de inacción, y puedes encontrarte ante un fenómeno ya demasiado extendido, que no quiera vender o que resulte demasiado caro. La velocidad y la paranoia como elementos estratégicos.

 

 

 

 

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¿La… “malvada” tecnología?

Most valuable brands 2017 - ForbesSi hace un par de días hablábamos de las cambiantes percepciones sobre la industria tecnológica y de cómo compañías como Google, Apple, Facebook o Amazon estaban convirtiéndose en las auténticas bestias negras que inspiraban cada vez más miedo a los directivos de empresas tradicionales, hoy puede ser interesante constatar hasta qué punto esos temores no son compartidos por la gran mayoría de los usuarios, que tienden a mantener a esas marcas desde hace ya mucho tiempo en los escalones más altos de los rankings de popularidad.

Podemos acusar a las compañías tecnológicas de no ser transparentes, de desperdiciar un talento que podría salvar el mundo dedicándose a frivolidades, o incluso de dedicarse a crear a nuestros próximos sustitutos para lo que sea  mediante máquinas que programan a otras máquinas y que lo hacen ya mejor que las personas, pero la gran verdad es que la inmensa mayoría de los usuarios siguen prefiriendo mayoritariamente a esas compañías, usando constantemente sus productos y pensando que contribuyen a hacer su vida mejor. Y al margen de los esfuerzos de lobbying, del reparto de plátanos y de las importantes inversiones que estas compañías llevan a cabo para obtener el favor de  los legisladores, para probar que generan empleos, que no se están comiendo el mundo y que son positivas para la sociedad en su conjunto, lo cierto es que, en efecto, las percepciones de estas marcas en el conjunto de la sociedad siguen siendo abrumadoramente positivas.

Piensa en una marca con la que te relaciones habitualmente. No importa la actividad. En un ejercicio de economía-ficción, puedes pensar en tu banco, en tu aseguradora, en tu coche o en la crema hidratante que te estás echando en la cara. Para una cantidad creciente de usuarios, las razones por las que esas marcas siguen ahí es o bien la fuerza de los hábitos y la costumbre, o bien el hecho de que ninguna de las marcas tecnológicas hayan lanzado aún un producto o servicio que de verdad compita frontalmente con los de esas compañías tradicionales. ¿Cuántos, si nos dieran a escoger, preferiríamos confiar nuestros ahorros y nuestra actividad económica, o nuestras pólizas de seguros, a una compañía tecnológica? ¿No cambiarías tu banco por Apple Bank, Google Bank, Facebook Bank o Amazon Bank? ¿Cuántos estaríamos tentados de cambiar nuestro coche por uno fabricado por una de esas compañías, si se diera el caso? Y si una compañía tecnológica se dedicase de repente a la cosmética… ¿no esperarías productos con prestaciones superiores o con mayores niveles de personalización? No he puesto especial esfuerzo en inventarme esos ejemplos: en la práctica, puedes pensar prácticamente en lo que quieras, y te encontrarás pocas excepciones. A lo largo de los últimos diez o veinte años, las genéricamente llamadas “compañías tecnológicas” han pasado a ocupar un lugar muy especial en la mente del consumidor, han construido una reputación de ser capaces de exceder sus expectativas, de construir consistentemente productos o servicios con connotaciones mayoritariamente positivas. De hecho, una amplia mayoría de norteamericanos opina que la tecnología es lo que más ha hecho para mejorar sus vidas en los últimos cincuenta años.

Esa construcción de connotaciones positivas, sostenida a pesar de los innumerables problemas que supone explorar áreas permanentemente nuevas, escasamente definidas y relacionadas con la disrupción, no proviene de la casualidad. De alguna manera, las compañías tecnológicas han sido capaces de desarrollar una serie de prácticas de management, de comunicación y de elección de áreas de actividad que, después de muchas décadas de competir básicamente igual, han sido capaces de resonar con el gran público y de ser percibidas como diferenciales. Lo harán mejor o peor, ganarán más o menos dinero y generarán críticas por muchas cuestiones justas o injustas, por su vocación monopolística, por sus prácticas de evasión fiscal o por su tratamiento de la privacidad y la información personal, entre otras muchas cosas… pero ahí siguen, liderando las clasificaciones de valoración de marca y reputación, siendo capaces de atraer talento mejor que cualquier otra compañía, y mejorando sus productos y servicios día a día, con una progresión que muy pocas compañías tradicionales son capaces de seguir. No les faltan ni les faltarán críticos, pero ahí siguen. Desde hace mucho tiempo, y por mucho tiempo más.

No, no han desarrollado técnicas para lavar el cerebro al mercado. Si les va bien, si incrementan su valor en bolsa consistentemente día a día y si crecen sin parar tanto en facturación como en número de usuarios, no es por casualidad. Es por otra cosa. Piénsalo: ¿qué cosas hacen esas compañías que la tuya no es capaz de hacer?

 

 

 

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Y dices tú de rotondas… Mira el follón que tienen montado en China para cruzar una calle

Rotonda China 02

Si no te suena el nombre de Zhangjiakou, no te alarmes demasiado. En esa ciudad-prefectura que durante años se conoció como Kalgan viven 4.300.000 habitantes¹, y de ellos hay un montón que llevan días flipando con el trazado que les han montado en una de las avenidas de la capital china, con la hipotética finalidad de facilitar el tráfico rodado.

Según recoge el Daily Mail a partir de imágenes publicadas en People.cn, este minimalista marcado de los carriles no es definitivo, y la policía local apela al sentido común de los conductores, pero de momento la gente dice que ven la solución algo… laberíntica, y por eso hay quien ya se ha lanzado a compartir lo que considera como uso de carriles más recomendables para cada destino.

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El fin del motor de explosión no será tal

IMAGE: Maria Itina - 123RFUn buen artículo en Quartz, Gas cars are like horses—one day we’ll just own them for fun (like Elon Musk), incide en el interesante tema de la retirada de las tecnologías obsoletas aplicada específicamente al motor de explosión, que no solo no llegará a desaparecer, sino que muy posiblemente persista durante generaciones simplemente como algo que conduciremos por placer o por diversión.

¿Es el motor de explosión como tal una tecnología obsoleta? Sin duda, hablamos de un entorno en el que muchas marcas aún rivalizan por obtener mejores y mejores rendimientos en términos de eficiencia, y en el que la ingeniería ha llegado a un nivel de sofisticación elevadísimo. El motor de combustión interna ha cambiado el mundo completamente, y nos ha permitido cosas que de ninguna manera habríamos podido conseguir sin su desarrollo. Sin embargo, ha contribuido también a generar la crisis más importante que conocemos para la sostenibilidad de la actividad humana en este planeta, una crisis de la que ya se hablaba cuando yo era un niño, pero para cuya solución real se ha hecho verdaderamente muy poco en todo este tiempo. En este momento, la ciudad en la que vivo, Madrid, está incrementando las restricciones por contaminación un día detrás de otro, en una situación que únicamente la climatología parece poder evitar. Con suerte, lloverá algo la próxima semana y paliará algo la situación, pero cada día más me siento como los agricultores, levantándome por la mañana y mirando al cielo a ver si la naturaleza nos es propicia, y pensando que esas restricciones, aunque indudablemente incómodas y molestas, no son nada con las que realmente tendríamos que estar planteando dada la gravedad de la situación.

Que los vehículos eléctricos sigan representando porcentajes minúsculos de las ventas totales de vehículos, o que los de pila de hidrógeno sean todavía opciones completamente minoritarias a pesar de ser energéticamente mucho más eficientes y, sobre todo, mucho más limpios, nos demuestra que la cultura medioambiental de la población es aún escasísima, lo que afecta a la evaluación de la incidencia del problema. Las fechas propuestas para la prohibición de la fabricación y venta de vehículos con motor de combustión interna en países como China, India o Francia se establecen en torno al año 2030 ó 2040, mucho más lejos de lo que el sentido común parecería recomendar. Hablamos de países en los que la dimensión del problema es elevadísima, en los que hay personas que mueren todos los días por afecciones respiratorias, y en los que hay niños que han crecido en ciudades en las que jamás han llegado a ver un cielo de color azul… pero que aún se plantean que la situación pueda seguir empeorando durante veinte o treinta años más.

No, el enfoque de este tema es completa y brutalmente incorrecto. Si fuésemos mínimamente responsables, la prohibición de la fabricación y venta de vehículos con motor de combustión interna tendría que situarse en los próximos tres años, en 2020, aunque ello significase destrozar las expectativas de rentabilidad de algunas de las compañías más importantes y que más mano de obra generan en todo el mundo. Condicionar el futuro del planeta y la salud de sus habitantes a la expectativas de rentabilidad de una serie de compañías es un error enorme, una irresponsabilidad absoluta, que solo comprenderemos cuando la veamos con la suficiente perspectiva. Lo correcto sería obligar a esas compañías a ser competitivas con tecnologías limpias, lo que de verdad podría dar lugar a una potente escalada tecnológica que permitiría superar rápidamente las limitaciones que esas tecnologías aún tienen a día de hoy.

Nadie se plantea prohibir el uso del motor de explosión como tal. Sin embargo, varias señales apuntan a que, en el futuro, ese uso estará tan fuertemente desincentivado, que se convertirá en prácticamente anecdótico, en un uso puramente lúdico o excepcional: como el artículo comentado menciona, como tener un caballo, o como el ejemplo que suelo utilizar en mis clases, poseer una avioneta. Quien tiene un caballo, sabe perfectamente que no lo hace por tener un medio de transporte, ni porque sea eficiente tenerlo. El número de caballos, que decreció durante varias décadas a medida que su uso en el campo iba disminuyendo sustituidos por motores de explosión, lleva incrementándose desde la década de los ’90, pero con un planteamiento completamente diferente. Nadie nos va a prohibir que tengamos un caballo… pero nadie espera que lo utilicemos para ir a trabajar todos los días. Seguramente nunca nadie nos prohiba tener una avioneta privada, pero quien la tenga, no lo hará porque le resulte eficiente como medio de transporte, sino por otras razones.

¿Qué factores llevarán a ese cambio de papel del motor de combustión interna?

  • Las cada vez mayores restricciones a su uso. En ciudades como Madrid, esas restricciones se vinculan fundamentalmente a las circunstancias climatológicas, y se expresan en forma de prohibiciones como la de circular a más de 70Kmh, estacionar en la vía pública o incluso restringir la circulación de matrículas pares o impares. En otras, como Londres o Singapur, suponen importantes peajes a la entrada de determinadas zonas. De una u otra manera, los vehículos eléctricos o de pila de hidrógeno están al margen de esas restricciones, lo que los convierte cada vez más en opciones interesantes. En algunos países nórdicos, esos vehículos no pagan en los abundantísimos ferries, ni en los peajes de las autopistas, ni en aparcamientos, lo cual, además de las ventajas y subvenciones a su adquisición, son aspectos que contribuyen a incrementar su atractivo.
  • El incremento de la carga impositiva tanto a los combustibles fósiles, como a los propios vehículos. Aún siendo una opción impopular y considerada injusta, ya que grava a quienes posiblemente no pueden permitirse otro tipo de vehículos, seguramente se plantee de una manera cada vez más clara.
  • La progresiva disminución del precio y mejora de las prestaciones de las tecnologías alternativas, que llevará a que ese tipo de vehículos se conviertan en más baratos que sus equivalentes con motor de explosión en un plazo de unos cinco años.
  • La disponibilidad cada vez mayor de infraestructuras relacionadas, como estaciones de carga, de abastecimiento de hidrógeno, etc. que permitirán plantear usos que hoy resultan poco flexibles. Si bien el 87% de las necesidades de un usuario particular de un vehículo eléctrico pueden abastecerse perfectamente con una sola carga en su domicilio durante la noche, las de un vehículo que integre una flota de transporte precisan de infraestructuras de carga adicionales.
  • La popularización cada vez mayor de modelos no basados en la posesión de un vehículo, que pasará de ser un producto a configurarse como un servicio. Algunos autores, como Tony Seba, predicen que en 2030, el 95% de las personas no poseerán un automóvil, y recurrirán en su lugar a servicios de transporte de diversos tipos. Como dice Enrique Peñalosa, alcalde de Bogotá, “un país desarrollado no es uno en el que los pobres tienen coche, sino uno en el que los ricos utilizan el transporte público”.
  • El propio concepto de transporte público pasará de entenderse como autobuses, metro o tranvías, a incluir todo tipo de servicios de transporte: flotas de vehículos autónomos en los que podemos viajar solos, etc. que son necesarios para configurar las necesidades que muchos usuarios consideran imprescindibles y disuasorias con respecto a otras opciones.
  • La llegada del vehículo autónomo planteado, de nuevo, no como un bien que los usuarios poseen, sino como un servicio que utilizan.
  • Las tasas de accidentalidad dramáticamente inferiores de los vehículos autónomos con respecto a los convencionales llevarán, cada vez más, a un escenario en el que conducir nuestro propio vehículo será cada vez más caro en términos de asegurar dicha actividad. Las compañías de seguros y sus cálculos serán, sin duda, uno de los factores fundamentales en el hecho de convertir el hecho de conducir nuestro propio vehículo una actividad solo accesible para los que puedan permitirse la correspondiente póliza de seguros.

 

Lo que se configura, de manera aún excesivamente lenta, es un escenario en el que no solo dejaremos de ver vehículos de combustión interna excepto para usos ocasionales y posiblemente lúdicos, sino que incluso dejaremos de poseer vehículos, para utilizar servicios de transporte. No, nadie nos prohibirá tener el descapotable biplaza de gasolina que nos compramos cuando éramos jóvenes, pero poseerlo tendrá tanto sentido como el que tiene hoy para algunos poseer una avioneta privada, o un caballo, relegados a usos ocasionales y no guiados en ningún caso por criterios de eficiencia económica.

Ahora, solo falta que todos estemos de acuerdo en que, aunque sea doloroso y económicamente difícil de abordar, este proceso tendría que producirse mucho más rápido…

 

 

 

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Los coches de la película ‘Cars’ existen de verdad porque los japoneses son así de frikis

Cars

El universo de la películaCars‘ da para mucho. Cuando todavía humean los escapes de la última entrega de la saga firmada por Brian Fee para Pixar —una ‘Cars 3’ que no acabó de convencer—, gracias a los momentos que elabora Twitter hemos dado con un universo paralelo en el que la gente compra paragolpes sonrientes y se los encasqueta a sus utilitarios para… lo que sea.

Y ese universo paralelo se encuentra en Japón.

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¡Batalla en circuito!: McLaren P1 GTR vs Aston Martin Vulcan, en vídeo

McLaren P1 GTR vs Aston Martin Vulcan

Es muy probable que si tuvieras que decidirte por un juguete de circuito empezaras a pensar en barquetas o ligeros deportivos, al estilo de Caterham o Radical, e incluso coches de carreras, pero nuestros amigos de Drivetribe, la plataforma creada por Clarkson, Hammond y May, han querido jugar en otra liga.

Y es que Henry Catchpole y Jethro Bovingdon, dos de los periodistas de motor más brillantes de la actualidad, se han dado cita en el Rockingham Motor Speedway de Corby, en Inglaterra, con dos de las bestias para circuito más espectaculares de los últimos tiempos: el McLaren P1 GTR y el Aston Martin Vulcan. Ahora la pregunta es, ¿cuál es el mejor?

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Regalos de Navidad: un paseo en DS Tiburón para conocer la ciudad

Tiburon En Madrid

Aunque no lo parezca por el clima del que estamos disfrutando a mediados del mes de octubre, ya estamos en pleno otoño y eso quiere decir que se acerca la navidad. Es por tanto tiempo de hacer regalos.

Uno de los más originales de cuantos hemos conocido relacionados con el mundo del automóvil es el que propone DS, la marca de lujo del Grupo PSA. Quieren que regales un viaje para dos personas en un DS 23, el ‘Tiburón’, y que puedas conocer la ciudad a bordo. Una experiencia inolvidable.

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¡Alucinante! Mira un Bugatti Veyron Super Sport, EB110, Lamborghini Miura SV, Countach y Ferrari LaFerrari haciendo off road

Bugatti Veyron Super Sport mud

Hace cuatro años un misterioso canal de YouTube llamado Tax The Rich saltó a la fama. Sus vídeos consistían en coger supercoches, algunos de ellos de los años 80 y 90 y sacarlos de su letargo haciéndoles todo tipo de fechorías.

El último vídeo de Tax The Rich tiene más de un año, y en él se veía un Ferrari F40 GT haciendo una gymkhana. Desde entonces no han vuelto a publicar nada, y todo parece indicar que les ha salido un competidor en Instagram.

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One more thing… análisis del Apple TV 4K, la ira de Qualcomm y un nuevo episodio de las Charlas de Applesfera

portada
Trece días para al apertura de las reservas, veinte para que el iPhone X llegue a los primeros afortunados. Pero la vida sigue y nuestro One more thing… recoge las noticias más relevantes de la esfera de Apple. Aquí os las traemos en un único post, para tu comodidad. Empecemos:

  • El miércoles pasado publicamos un nuevo episodio de nuestras Charlas de Applesfera titulado “¿Pero esto del True Tone sirve para algo?”, con motivo del Apple TV 4K, Apple Watch Series 3 y iPhone 8 Plus que ya hemos probado. También está disponible en nuestro canal en la app de Podcasts de Apple o iVoox.
  • Si la demanda del iPhone 8 y 8 Plus era menor que la generación anterior, esto se debe a que muchos usuarios están esperando al iPhone X. Y de este terminal, como dicen en Xataka, no va a haber para todos.

Eso es todo, amigos. Conforme avancen los días, tendremos más noticias sobre el inminente iPhone X que ya ha sido cazado en varios lugares en todo el mundo. ¡Hasta la semana que viene!

En Applesfera | One more thing.

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La noticia

One more thing… análisis del Apple TV 4K, la ira de Qualcomm y un nuevo episodio de las Charlas de Applesfera

fue publicada originalmente en

Applesfera

por
Eduardo Archanco

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