Internet: ¿fue bonito mientras duró?

Without net neutrality (IMAGE: ?)Así de simple: pon a un corrupto ex-lobbista de las compañías de telecomunicaciones a cargo de la FCC, propón eliminar las protecciones a la neutralidad de la red, sáltate el proceso de revisión de comentarios enviados por los ciudadanos, crea una maquinaria para enviar comentarios falsos de supuestos ciudadanos todos a favor de tus ideas… y se acabó. Te has cargado la verdadera esencia, lo fundamental que convirtió internet en lo que es.

Es un mal día para los que creemos en valores importantes: la administración más corrupta de los últimos tiempos en los Estados Unidos ha dado un puñetazo encima de la mesa, ha desoído las voces del 83% de norteamericanos y de todos los que son alguien en la red, incluido su creador, y ha decidido que los beneficios a corto plazo de las compañías de telecomunicaciones eran más importantes. No está todo perdido aún: existe la posibilidad de que el activismo ciudadano, muy activo, sea capaz de torcer la disciplina parlamentaria y que el trámite no pase la aprobación de la cámara. Después de todo, Pai ha hecho caso omiso a varios de los parlamentarios que reclamaban una investigación en el turbio asunto de los comentarios remitidos por personas inexistentes o incluso muertas a favor de acabar con la neutralidad de la red, presumiblemente enviados por compañías operando al dictado de las empresas de telecomunicaciones, y algunos de esos parlamentarios podrían decidir votar en contra si se desencadena una Congressional Review Act (CRA), en la que el escaso margen de mayoría que los republicanos tienen en la cámara podría llevar a que la reforma fuese rechazada.

En cualquier caso, eso es agarrarse a clavos ardiendo: nos pongamos como nos pongamos, estamos mucho peor que ayer. Desde fuera de los Estados Unidos, la sensación es la de ser testigos mudos de una batalla en la que no podemos intervenir, en la que sabemos que se juegan cosas importantes para nosotros, y en la que hemos sido durante demasiados años demasiado imbéciles y limitados como para intervenir.

¿Qué va a ocurrir si la reforma triunfa y es finalmente aprobada por congreso y senado? En principio, poca cosa. Las empresas de telecomunicaciones saben que no les interesa ningún escándalo más de los que ya han protagonizado. Durante un tiempo, simplemente se dejará de hablar del tema. Después, cuando el escándalo politico se dé por amortizado, empezaremos a ver ofertas, cada vez más agresivas, que incluirán aquellos servicios que los usuarios utilizan de manera más habitual. Una parte de esto ya lo estamos viendo, porque de hecho, era legal incluso en Europa: ofertas que excluyen el tráfico de WhatsApp, o el de Facebook, o el de otros servicios de la cuenta de ancho de banda disponible. Cada vez más, veremos tarifas “para la gente normal” que incluyen servicios populares, consecuencias de acuerdos de esas compañías con unas compañías de telecomunicaciones que ahora pueden “escoger ganadores” y marginar a los que no lo sean. Pocos se darán cuenta, pero la innovación en la red habrá oficialmente desaparecido como tal, porque las posibilidades de crear algo de manera independiente y de que crezca por su valía habrán desaparecido: sin un acuerdo con una operadora, no se podrá llegar a los usuarios, y se convertirá en normal que esas operadoras, si no quieren llegar a ningún acuerdo, se dediquen a crear sus propios servicios y a ofrecerlos gratuitamente para ahogar las posibilidades de las compañías que no estén bajo su control o incluidas en sus acuerdos.

Los grandes perjudicados no serán Netflix, ni Google, ni Facebook, ni Amazon… esos gigantes pueden, a día de hoy, pagar cualquier impuesto revolucionario que las operadoras les demanden. ¿Decidirá Verizon permitir a sus usuarios utilizar únicamente Yahoo!, cuyos restos mortales son ahora parte de su imperio? Parece poco probable, y sería bastante absurdo y contraproducente para sus propios intereses. Los verdaderos perjudicados seremos los usuarios y todo aquel que, por su tamaño o por principios, no pueda plantearse pagar porque su tráfico sea priorizado o incluido en las ofertas de las operadoras. Con el tiempo, veremos paquetes cada vez más específicos, más segmentados, pero en los que faltarán cosas. Cosas que cada vez serán más difíciles de encontrar, porque sencillamente, o no se podrá acceder, o tendrán una prioridad tan baja, que simplemente nos olvidaremos de que existían. Un futuro triste para lo que fue internet. Posiblemente encontraremos iniciativas interesantes para “reinventar” internet, pero serán eso, intentos de volver a lo que internet un día fue. Intentos de deshacer un error tremendo que nunca debió de producirse, que se produjo por culpa de la corrupción, de la incapacidad de la democracia para ser de verdad democracia.

Es aún demasiado pronto para saber si las cosas quedarán así, o si podrán arreglarse a corto o medio plazo. Pero una cosa es segura: con la caída de la neutralidad de la red se constata que la corrupción lo puede todo, que nunca podemos garantizar nada, que nada está a salvo de la voracidad de un político corrupto. Se constata que todo es mucho más triste de lo que podían pensar incluso los más pesimistas. Internet era un sueño de libertad, y los sueños de libertad duran lo que la triste y asquerosa condición humana se lo permite. Fue bonito mientras duró.

 

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Amazon y el miedo

Amazon no es el ogro - Actualidad Econo?micaMiguel Ors Villarejo, de Actualidad económica, me llamó para hablar sobre Amazon, y este mes ha publicado un artículo en la revista titulado “Por qué Amazon no es el ogro” (pdf) en el que comenta algunos de los temas de los que hablamos, en lo que fue una conversación telefónica larga y la mar de agradable.

Fundamentalmente, hablamos sobre las características que hacen a Amazon enormemente exitosa, hasta el punto de convertirse en una de las compañías que más rentabilidad ofrecerían a un hipotético accionista que hubiese adquirido sus acciones cuando salió a bolsa en mayo de 1997, que a día de hoy obtendría un apabullante 67288% – por poner contexto, la revalorización del índice NASDAQ en ese mismo período ha sido de un 412%. Esa rentabilidad, además, la ofrece a pesar de ser una compañía que durante la gran mayoría de los trimestres en los que ha operado ha ofrecido resultados negativos, jamás ha dado dividendos, y sistemáticamente ha estado por debajo de las previsiones de los analistas, dejando claro que lo que realmente valoran sus accionistas es su capacidad para crecer y para reinvertir los beneficios en la mejora continua de la actividad.

¿Qué características son esas? Por un lado, una auténtica obsesión por el análisis cuantitativo: todo en Amazon responde a ello. Si en una supuesta entrevista de trabajo con ellos hablas de tu intuición, de tus corazonadas, de tus presentimientos o de tu clarividencia como directivo, date por no contratado: las corazonadas son como las opiniones y como los culos, todos tenemos uno… si quieres tomar decisiones, trae datos, como en la frase de W. Edwards Deming. Todo lo que se hace en Amazon forma parte de una estrategia dedicada a someter a pruebas estadísticas toda decisión, sea un precio, el posicionamiento de un botón, o la anchura de una caja de texto. Todo. Es el reino del A/B test, el mundo del contraste de hipótesis y la territorio de la estadística avanzada, una auténtica obsesión por el dato. Si quieres trabajar ahí, ponte las pilas, porque se evaluará eso por encima de muchas otras características.

Además, es una compañía obsesionada con la idea de la plataforma: cualquier cosa que desarrollen, sea un almacén, un procedimiento logístico o una herramienta de cloud computing, es inmediatamente ofrecida a terceros para diluir su coste y convertirla en rentable. Desde la primera idea de vender libros, todo se ha dirigido a extender el ámbito de actividad: si hay que desarrollar almacenes propios porque los procedimientos logísticos de la industria editorial eran espantosamente ineficientes y generaban quejas constantemente en los clientes, lo siguiente es ofrecer a otras compañías que usen esos almacenes para distribuir a través de Amazon, poniendo a la compañía en situación de convertirse en una plataforma sobre la que otros desarrollan su rentabilidad. De hecho, en España llevamos tiempo viendo la explosión de una “nueva” categoría de actividad:  la de profesionales y compañías que se dirigen a terceros con la idea de optimizar su presencia en Amazon, con técnicas similares al SEO y al SEM, pero en el contexto del gigante del comercio electrónico.

¿Da miedo Amazon? Por supuesto, como comentábamos no hace mucho, se ha convertido en la compañía que más miedo da a las empresas tradicionales norteamericanas, más aún que aquella Google de la que el gran Jeff Jarvis decía que “no importaba a qué te dedicases, Google acabaría haciéndolo mejor que tú… y además, gratis”. De hecho, Amazon se ha hecho tan grande, que para muchos, la posibilidad de quedarse fuera de esa plataforma ya se asemeja más a una condena que a una estrategia empresarial plausible o recomendable. Y estar dentro, por otro lado, implica todo un conjunto de nuevas reglas, que ponen a Amazon de nuevo en situación de dominar completamente el panorama: si eres distribuidor de un tercero y vendes mucho, el ojo que todo lo ve de Amazon se enterará, se dirigirá a tu fabricante, y te desintermediará sin piedad privilegiando además su opción en su algoritmo de recomendación, ese que es responsable de en torno a un tercio de sus ventas. Ni contigo, ni sin ti: opción compleja donde las haya.

¿Es Amazon una historia de éxito? Indudablemente. ¿Es perfecta? En absoluto. Por el momento, ha sido una de las primeras de las compañías de su tamaño en tomar decisiones como la de declarar los beneficios de su actividad en el país en donde los produce, poniendo fin a lo que fue durante años una práctica empresarial habitual, legal, pero con consecuencias escasamente sostenibles en el tiempo. Por otro lado, hablamos de una compañía que analiza todo en términos de eficiencia, aunque ello pueda llegar a conllevar situaciones tan espantosas en pleno siglo XXI como el que una persona termine trabajando once horas seguidas y haciendo pis en un bote en lugar de yendo al baño en condiciones porque necesita hacerlo para cumplir su cuota de reparto. ¿Se prolongan esas situaciones en el futuro? ¿Son esclavos los trabajadores de Amazon? No de manera sistemática porque no sería sostenible, pero sí puede ocurrir a determinado niveles, como aquellos trabajadores de almacén – ahora progresivamente sustituidos por robots achaparrados de color naranja – que corrían por el almacén con un auricular en la oreja y que terminaban no solo exhaustos, sino además escuchando voces en su cabeza cuando descansaban.

Sin duda, una historia que privilegia la eficiencia al máximo, conlleve lo que conlleve, con un liderazgo profundamente carismático, y que no duda en sacrificar determinados estándares en pro de una velocidad de crucero mayor. Fascinante, aunque como toda historia fascinante en el mundo en que vivimos, no deje de tener sus aristas y sus claroscuros. Una empresa con un sitio reservado en el imaginario colectivo para cuando alguien, en el futuro, intente hacer una lista con las compañías que más contribuyeron a cambiar el mundo. Ahí lo dejo.

 

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WhatsApp y el desarrollo de ecosistemas conversacionales

WhatsApp FAQ

La modificación de una página de soporte en la FAQ de WhatsApp parece sugerir un cambio que podría indicar cómo pretenden definir el paso de la herramienta desde un uso originalmente diseñado para las comunicaciones personales, a uno más corporativo y, en consecuencia, potencialmente más rentable para Facebook: la clasificación de las cuentas de empresa entre las que no hacen nada y permanecen simplemente así, como “cuenta de empresa”, que ha instalado la aplicación WhatsApp Business pero no ha hecho nada más, y los siguientes niveles.

El primer nivel es, en realidad, prácticamente disuasorio: cualquier compañía puede descargarse la aplicación e instalarla para obtener con ello algunas prestaciones más avanzadas de servicio al cliente, pero en las búsquedas que los usuarios hagan por el nombre de la compañía, el perfil de esta aparecerá listada con una insignia gris al lado con una interrogación. Lógicamente, ese es el perfil que nadie quiere tener, porque genera dudas de todo tipo al usuario sobre si se trata o no de la cuenta de la empresa, y podría ser fácilmente cualquier impostor con ánimo potencialmente delictivo, de estafa, de captación de datos o de otro tipo, que amplia es la imaginación de los delincuentes para imaginar posibilidades.

El segundo nivel será la cuenta confirmada: en este caso, WhatsApp habrá dado el paso de comprobar que el número de teléfono utilizado para configurar la cuenta de negocios coincide con el teléfono registrado a nombre de la compañía en cuestión, lo que permite obtener ya una insignia gris con una marca de verificación, y proporciona al usuario un nivel de garantía mayor sobre su autenticidad.

El tercer nivel, el de cuenta verificada, con insignia verde y marca correspondiente, es cuando ya WhatsApp ha llevado a cabo un proceso de verificación que permite asegurar que la cuenta pertenece a la empresa que dice ser, y que es por tanto legítima. A la hora de buscar una compañía con la que se quiere interaccionar por la razón que sea, por tanto, lo normal será aspirar a encontrar a esa compañía como mínimo con una marca de confirmación o, mejor aún, de verificación, lo que rápidamente podría convertirse, para muchos negocios, en una cuestión sumamente importante a la hora de llevar a cabo posibles gestiones como el servicio al cliente, la resolución de dudas o la información sobre productos.

La prospección comercial, en cambio, queda, como parece razonable dado el carácter de la compañía, bajo el control del usuario: las cuentas corporativas no pueden añadir usuarios para enviarles material promocional, sino que tienen que esperar a ser añadidas por estos cuando lo estimen oportuno. A partir de ahí, el usuario mantiene el control: si la cuenta de la compañía le resulta útil, la mantendrá en su lista de contactos, pero si se dedica a martirizarle con promociones o mensajes comerciales que le resultan intrusivos o molestos, podrá, en una simple operación, eliminarla y cerrar, por tanto, ese canal de comunicación. Un desarrollo de ecosistema que podría convertirse en un nuevo entorno en el que muchas marcas van a tener que aprender a comportarse, en el que las reglas y protocolos van a desarrollarse presuntamente respetando las preferencias de los usuarios, y del que la compañía podría obtener muy interesantes beneficios si el uso para a convertirse en generalizado, algo que parece probable en mercados, como España, en los que WhatsApp ha conseguido generar un uso prácticamente universal.

Todo apunta que una buena parte del futuro del servicio al cliente va a desarrollarse no tanto en el teléfono y en el call center, como en la mensajería instantánea. Si tienes un negocio, empieza a pensar cuál va a ser tu nivel en esta plataforma. Si los procesos de adopción son los que todo indica que podrían ser, parece que moverse rápido y empezar a diseñar estructuras, procedimientos y normas podría llegar a ser potencialmente bastante importante.

 

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Redes sociales y juicios de valor sobre entornos incompletos

IMAGE: Sangoiri - 123RFChamath Palihapitiya, ex-directivo de Facebook, expresó en un evento público en Stanford su arrepentimiento y sentimiento de culpa por haber contribuido a crear Facebook, una herramienta que, según él, “está desgarrando el tejido social y el funcionamiento de la sociedad“, y recomendó a los asistentes que interrumpiesen su uso. 

Este tipo de conclusiones tremendistas sobre los efectos de la popularización de las redes sociales sobre el funcionamiento de la sociedad en su conjunto me resultan siempre muy llamativos, fundamentalmente por lo que tienen de evaluación de algo completamente inacabado, que se está desarrollando y evolucionando ante nuestros ojos. Por supuesto, ver cómo un adolescente empieza a compartir contenido en redes sociales, cómo empieza a sufrir los síndromes ya definidos como una especie de patologías, ese Fear of Missing Out, esas inyecciones de dopamina con cada Like o esa ansiedad cuando se esperan las reacciones a algún contenido que se acaba de compartir son elementos posiblemente preocupantes o perturbadores, pero que tienden a reflejar únicamente una cosa: una ausencia de criterio que proviene de una falta de educación. Estamos ante las primeras generaciones que crecen en un entorno caracterizado por la presencia ubicua del social media, de herramientas ubicuas que llevamos en el bolsillo y que nos permiten mantenernos en contacto, saber qué hace cada uno, compartir contenidos, textos, fotografías y vídeos de todo tipo, acceder a las noticias con juicios de valor de aquellos a los que vimos compartirlas… y todo ello, en un entorno en el que las figuras que tradicionalmente preparaban y educaban a los jóvenes para su desempeño en el mundo adulto han llevado a cabo una total inhibición de su responsabilidad, y han dicho simplemente aquello de “qué les voy a contar yo, si ya nacieron sabiendo”.

No, no nacieron sabiendo. Si crees que saben más que tú y que no les puedes contar nada ni educar es simplemente porque no has sabido interesarte por el tema, porque lo has ignorado conscientemente, porque has renunciado a formarte en una tecnología que ahora caracteriza el intercambio de información en las sociedades de la misma manera que en generaciones anteriores lo hicieron los mass media, y que, sobre todo, no va a dar vuelta atrás, por mucho que digan ex-ejecutivos de Facebook. El problema no está en los jóvenes, sino en los padres que renunciaron a entender una tecnología con unas barreras de entrada prácticamente nulas – no hacía falta gran esfuerzo, ni tus hijos eran superdotados… no, es simplemente que era muy, muy sencillo – y que soltaron a sus hijos sin ningún tipo de preparación en un entorno social, algo que en generaciones anteriores nunca sucedía.

¿Te parece preocupante que tus hijos publiquen fotografías cada vez más subidas de tono, más transgresoras o más estúpidas para conseguir con ello la inyección de dopamina que suponen los Likes que reciben? A lo mejor es que, simplemente, deberías haberte preocupado de educarlos, de entender lo que hacían, de explorarlo y de proporcionarles criterio, como se hacía cuando se enseñaba a los niños a comportarse en la calle o en casas ajenas. Juzgar las redes sociales por su estado actual, cuando ni ha transcurrido una generación desde su adopción masiva, es sencillamente banal, absurdo y estúpido. ¿Cuál es la alternativa? ¿Volver a las inyecciones de dopamina controladas y administradas por los medios de comunicación de masas, a los tiempos en los que solo eras importante si salías en el periódico, en la radio o en la televisión? ¿Volver atrás y “desinventar” las redes sociales? ¿Prohibirlas? No, la idea es sencillamente absurda. Las redes sociales están aquí para quedarse y para formar parte del tejido social, aunque para que ello tenga lugar de manera adecuada sea necesario educarnos como sociedad. La alternativa, precisamente, es educarnos como sociedad, no despotricar estúpidamente contra la herramienta.

Por supuesto que las redes sociales generan problemas. A estas alturas, ni Mark Zuckerberg es consciente de lo que ha creado y de sus posibles efectos. Pero que haya jóvenes compartiendo lo que no deben o no tan jóvenes dejándose influir en su decisión de voto por noticias falsas que han visto compartidas en Facebook no quiere decir que las redes sociales sean malas, sino que como sociedad, no nos hemos dado ni el tiempo ni la disciplina como para aprender a utilizarlas. De nuevo, los protocolos de uso tardan más en desarrollarse que las herramientas como tales, y juzgar la creación antes de su consolidación y desarrollo de protocolos, sencillamente, no tiene sentido. Y el problema es como tirar al niño con el agua de bañarlo: habrá padres que crean a ex-directivos iluminados como este, y que se dediquen a restringir las redes sociales a sus hijos como si fueran la peste, con la lógica consecuencia de terminar generando adultos, si cabe, aún peor preparados e ignorantes.

Las apocalipsis y las epifanías de los neoconversos nunca fueron buenas consejeras. “Oh, dios mío, abandonad al maligno y renunciad a las redes sociales, tomaos un hard break…” Chamath, sin ánimo de ofender… vete al carajo. El tremendismo con respecto a la innovación es un viejo conocido, nos lo sabemos de memoria: toda mi generación iba a ser disfuncional porque estábamos educados por la televisión y nuestros padres, cuando querían que estuviésemos tranquilos, nos dejaban horas delante del aparato… pues francamente, no ha sido para tanto. Ni lo fue, ni lo será con las redes sociales. ¿Pasan cosas malas, se crean fenómenos sociales poco recomendables y se definen nuevos síndromes y patologías malignos? Pues claro, como con cualquier herramienta potente que se use sin preparación alguna. Adecuemos las estructuras educativas, formemos en el uso, prevengamos el abuso, dejémonos de decir tonterías y generemos criterio que nos permita aprovechar unas herramientas que están aquí para quedarse y para formar parte integrante y activa de la sociedad.

 

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Trabajar… ¿menos?

IMAGE: Mathawee Songpracone - 123RF

No se puede negar que la idea resulta, como mínimo, intrigante: que el futuro esté no en trabajar más, sino menos. Mientras algunas investigaciones recientes nos recuerdan los peores tiempos de la Revolución Industrial y afirman que algunos trabajadores de logística de Amazon en el Reino Unido se ven obligados a trabajar jornadas de más de once horas para cumplir sus objetivos y terminan el día completamente exhaustos, un reportaje de la BBC, The compelling case for working a lot less, desarrolla la idea de la productividad en función de las horas de trabajo, llega a la conclusión de que la jornada de ocho horas de trabajo resulta absurda, y que el ideal sería trabajar bastante menos, o incluso hacer que el trabajo – y el sueldo – fuese independiente del número de horas o de la hora de entrada y salida, calculado en función de la productividad y el cumplimiento de objetivos.

Todo indica que nos dirigimos a un un escenario en el que las máquinas tomarán una buena parte de los trabajos que hoy desempeñan las personas. El desarrollo del vehículo autónomo, en marcha ya en ciudades como Phoenix (con Waymo), en Boston (gestionado por Lyft y con vehículos de NuTonomy), y hasta en 45 ciudades más en todo el mundo, amenazan con dejar sin trabajo a todo aquel que viva de conducir un vehículo, aunque posiblemente podamos plantearnos que generen también otros puestos de trabajo relacionados. Si “te gusta conducir”, vete planteándote que si quieres acceder a precios más económicos en tu seguro, tendrás que resignarte a dejar conducir a tu vehículo el mayor tiempo posible, sencillamente porque lo hace mucho mejor que tú. Y esto es solo el principio: en el futuro, conducir manualmente tu propio vehículo será caro, muy caro. Posiblemente ningún gobierno te lo vaya a prohibir como tal, pero tendrá entre poco y ningún sentido.

Si en lugar de vivir de conducir, vives de hacer hamburguesas o pizzas en un local de comida rápida, tampoco las tienes todas contigo: cada vez más, los robots van haciéndose cargo de más tareas de ese tipo, y aunque puedan generarse algunos trabajos nuevos relacionados, eliminarán la gran mayoría de los que resultaban repetitivos, aquellos en los que la interacción humana no aportaba un especial valor. En todas las industrias y a todos los niveles vemos puestos de trabajo que amenazan con perder su sentido, y sobre todo, de convertirse en poco competitivos frente a su alternativa robótica.

La tendencia parece clara: incluso en aquellas compañías que siguen generando empleo de manera consistente, como Amazon, parece claro que la totalidad de la industria sí pierde puestos de trabajo, avanzando hacia un futuro en el que la idea de un trabajo para cada persona parece alejarse, al menos si seguimos entendiendo el trabajo como lo hemos entendido toda la vida. Pero… ¿y si entendiésemos trabajo de otra manera? ¿Y si la idea de un trabajo de ocho horas y con una definición determinada diese paso a otro tipo de trabajo, en el que una persona aporta cosas que un robot no es capaz de aportar – al menos, por el momento – o no resulta interesante que aporte por la razón que sea? ¿Y si esa idea de productividad vinculada a horas, que de hecho siempre ha estado en cuestión, diese paso a otro tipo de aportación cuantificada en función de otros criterios, y eso llevase a que el trabajo se definiese de otra manera? Por un lado, podríamos repartir los puestos de trabajo de manera más equitativa entre un número mayor de personas. Y, por otro, generar situaciones y circunstancias indudablemente más saludables, en los que muchos de los elementos del balance entre vida profesional y vida personal podrían a su vez redefinirse bajo parámetros más flexibles. Después de todo… ¿por qué ocho horas? ¿Quién – y hace cuánto – definió que esa era la métrica adecuada, y para qué? En realidad, la jornada de ocho horas fue una conquista de los trabajadores para protegerse de las largas jornadas anteriores, un compromiso negociado a la baja sobre una situación que involucraba a trabajos por lo general de tipo físico, no intelectual. En un mundo en el que los trabajos más físicos tienden a ser cada vez más llevados a cabo por máquinas, ¿no tendría sentido plantearse una revisión de estos principios generales? En ningún caso hablamos de verdades absolutas o universales: experimentos en Suecia con jornadas de trabajo de seis horas parecen apuntar a productividades mayores y a un mejor estado de salud general.

En mi vida profesional he tenido épocas de trabajar muchas horas, pero realmente, jamás las he medido como tales. Simplemente, trabajo lo que necesito trabajar, y nunca nadie me ha pedido cuentas sobre mi hora de entrada o de salida. Tiendo a trabajar muchas horas porque me gusta lo que hago, pero no porque nadie me obligue a ello: mientras los resultados de mi trabajo sean adecuados, mi compañía no tiene problemas con el número de horas que trabajo o desde dónde las trabajo, una circunstancia que no deja de ser percibida como un lujo, y una derivada de la ecuación de horas que tengo que dedicar a la preparación de una clase frente a las horas que paso frente al alumno, pero que creo que seguramente podría aplicarse a muchos más trabajos que se me ocurren.

¿Qué ocurriría si comenzásemos a pensar menos en las horas trabajadas y más en la productividad obtenida? ¿Podrían generarse nuevos modelos de productividad más flexibles, mas equitativos y más saludables? ¿Cuál sería la reacción de patronal, sindicatos o administración ante un hipotético escenario de este tipo? ¿Por qué nos aferramos a la jornada de ocho horas como elemento fundamental de la ecuación, si parece claro que no responde ya a ningún elemento que no sea la mera tradición?

 

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Bitcoin: el futuro no era esto

IMAGE: Kornilov14 - 123RFA medida que la cotización del bitcoin va alcanzando nuevos récords en una espiral alcista sin precedentes y que las barreras psicológicas sobre su valor van dinamitándose con escasos días de diferencia, está surgiendo una corriente de escepticismo muy razonable que apunta fundamentalmente a una cuestión: esta no era la idea. El bitcoin nació para sustituir a una industria financiera responsable de muchísimos problemas y crisis cíclicas, para generar un sistema mejor, más justo y menos especulativo, pero en lugar de eso, la ha replicado, con todos sus males en edición corregida y aumentada.

Gracias al bitcoin, ahora tenemos un sistema en el que se calcula que unas mil personas, los llamados bitcoin whales, poseen en torno al 40% del total del dinero en circulación en el mundo, enormes e incalculables fortunas en manos no de quien más valor ha sabido crear, sino simplemente, del que supo ser más espabilado, estuvo en la situación de asumir más riesgos, o tuvo acceso a mejor información. La pregunta es clara: ¿qué aporta a la economía la adopción de una nueva moneda que otorga un enorme beneficio al que más tenía, porque sencillamente, estaba en una situación más adecuada para asumir un riesgo mayor? ¿Tiene sentido fiar la distribución de la nueva moneda a mecanismos como ese? Si hace años tuviste la inspiración de probar una tecnología prometedora y no te has olvidado de tus datos de acceso, es posible que ahora, de la noche a la mañana, seas virtualmente millonario… ¿por qué? ¿Realmente has hecho algo que tenga algún mérito, que añada algún valor a alguien o que merezca que pases a tener unos privilegios y un nivel de vida muy por encima del grueso de la sociedad?

El fundador de Coinbase, convertida en la app más popular en los Estados Unidos por número de descargas, envía un mensaje a toda su base de usuarios reclamando sentido común y responsabilidad en sus inversiones, en lo que parece ya una fiebre del oro demencial y absurda, de idiotas corriendo para hacerse con algo que les han dicho que vale mucho por razones que no acaban de entender. Robos de volúmenes obscenos que quedan impunes por una ausencia total de regulación, volatilidades inasumibles y comisiones por operación superiores a los veinte dólares, y un esquema operativo completamente ineficiente que podría dar al traste con todas las estrategias diseñadas para un futuro de energías limpias y sostenibles. Los problemas que el bitcoin se suponía que iba a arreglar, exagerados y convertidos en una economía sin pies ni cabeza, en manos de muy pocos con capacidad para manipularla a su antojo. Los nuevos aristócratas no son los favorecidos por el rey ni por el papa, sino los que en un momento dado, estuvieron en una mejor situación para arriesgar una parte de su dinero en un nuevo sistema que pocos podían entender.

Una burbuja sin precedentes, que muchos, no obstante, prefieren justificar echando la vista atrás y argumentando que la burbuja anterior, la de las puntocom, nos dejó, después de un período de regularización de pocos años, la internet que hoy en día conocemos y utilizamos. No, no es lo mismo. La burbuja de internet eran personas de cualquier condición que de repente veían un entorno en el que se podía emprender sin las limitaciones que existían en el tradicional, que se arriesgaban gracias a un sistema en el que se primaba la capacidad para visualizar el futuro, y en el que cualquiera que tuviese una buena idea y capacidad para desarrollarla podía acceder razonablemente a fondos de una comunidad de inversores que estaban dispuestos a financiarla. El equivalente de los nuevos millonarios del bitcoin no son los emprendedores puntocom que comenzaron compañías, sino los aprovechados domainers que, sin añadir ni un ápice de valor a nada, se dedicaron a secuestrar y especular con nombres de dominio como si no hubiese un mañana para, posteriormente, extorsionar a verdaderos emprendedores con precios abusivos.

Sorcerer's apprentice (IMAGE: Disney)Blockchain es un esquema interesantísimo, con un diseño enormemente elegante, y con la capacidad de solucionar algunos de los problemas más evidentes que aquejaban a los sistemas transaccionales. Hasta ahí, de acuerdo. Pero es muy posible que la propuesta de valor diseñada originalmente por Satoshi Nakamoto, quien o quienes diablos sea o sean, se haya tirado por la borda por culpa de un esquema de adopción demencial, sin sentido, sin ningún tipo de lógica y esencialmente antidemocrático, que favorece la consolidación de grandes fortunas y la centralización de la riqueza en manos de unos pocos elegidos con un criterio absurdo. Si esa es la consecuencia de bitcoin, mucho me temo que su creador o creadores, convertidos en tristes imitadores del aprendiz de brujo que no sabe como controlar su invento, no estarán demasiado orgullosos.

 

 

 

This post is also available in English in my Medium page, “Bitcoin: it wasn’t meant to be like this…” 

 

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Lamborghini volverá a buscar un récord en Nürburgring, ahora con el Lamborghini Urus

Lamborghini Urus

El mítico Nürburgring Nordschleife es una auténtica meca del automovilismo para miles de aficionados, pero también es el patio de recreo ideal para los fabricantes, que ponen a prueba sus últimas bestias en un entorno tan hostil y desafiante como pocos circuitos del mundo.

Lamborghini ya marcó con su Huracán Performante un tiempo récord al coche de producción más rápido -aunque después se lo arrebató el 911 GT2 RS– y, ahora, la marca de Sant’Agata Bolognese quiere volver a marcar un tiempazo, esta vez con su nuevo SUV (o SSUV), el Lamborghini Urus.

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McLaren Senna: Un nombre que infunde respeto para una bestia homologada de 800 CV y 1.198 kg

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Sobran las presentaciones. El McLaren Senna toma el nombre del legendario tricampeón del mundo de Fórmula 1 para bautizar su arma definitiva. La firma británica se ha sacado de la manga su coche matriculado más radical, y es que aunque su único objetivo sea detrozar cronómetros este biplaza está homologado para las vías públicas.

Que pueda circular legalmente no quiere decir que sea un coche descafeinado. Todo lo contrario, se trata de un superdeportivo absolutamente sin concesiones. Aligerado al máximo, con un motor que produce 800 caballos y una aerodinámica que mete miedo, el Senna es lo más radical que hemos visto en mucho tiempo.

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One more thing… Reinos, cámaras y bitcoins presentes en la App Store

One more thing...

Probablemente este sea uno de los últimos fines de semana “normales” de Apple en 2017. La semana que viene podríamos ya tener ell monotema del lanzamiento del iMac Pro, y después ya tendremos encima las vacaciones navideñas y el fin de año. Así que mientras dura esa normalidad, vamos a ver algunas noticias interesantes del mundo de Apple que nos llegan desde otros medios. Continue reading One more thing… Reinos, cámaras y bitcoins presentes en la App Store

Jony Ive vuelve a lo suyo: el ejecutivo llevará el control del equipo de diseño de Apple

Ive

Después de estar dos años, el principal ejecutivo de diseño en Apple, Jony Ive *volverá a estar en la cabeza del equipo de diseño de la compañía de la manzana. De acuerdo a Bloomberg, mientras estuvo involucrado en el diseño del campus de Apple, la gestión diaria de los equipos de diseño de hardware y software de la empresa estuvo a cargo de Alan Dye y Richard Howarth, quienes respondían directamente al presidente ejecutivo, Tim Cook. Continue reading Jony Ive vuelve a lo suyo: el ejecutivo llevará el control del equipo de diseño de Apple

Tecnología, movilidad y eficiencia energetica