El valor de llevar un invitado a una clase

Walter Jennings (Huawei) at IE Business School (IMAGE: E. Dans)El pasado jueves conté en mi clase con un invitado: Walter Jennings, Vicepresidente de Comunicación Corporativa de Huawei, basado en Shenzen y uno de los escasos directivos no chinos de primer nivel de la que es a día de hoy la mayor compañía tecnológica de China y una de las más grandes del mundo. Walter es un profesional con más de treinta años de experiencia en China, Sudeste asiático, Australia y los Estados Unidos. Walter es un auténtico experto en marketing de influencia, que era uno de los temas incluidos en mi curso y que coincidía además en las próximas sesiones, y es creador y responsable del programa de Key Opinion Leaders (KOLs) de la compañía, en el que participo desde hace unos tres años y sobre el que he comentado anteriormente.

Aprovechando que Walter pasaba por Madrid para intervenir en el Digital Business World Congress, le pedí que se pasase por una de mis clases para hablar de su visión sobre el marketing de influencia, muy alejada de la interpretación habitual o tradicional. Como marca, Huawei hace uso de todo tipo de herramientas de marketing tradicionales, como embajadores de marca a los que paga por acciones específicas, pero la responsabilidad de Walter está centrada en la creación de una comunidad diversa de personas en todo el mundo a los que no obliga a absolutamente nada, a los que no paga, pero a quienes aspira a acercar a la compañía, a proporcionarles elementos de interés afines a aquellos temas de los que suelen hablar en sus medios y redes sociales, a buscarles una interlocución adecuada y, obviamente, a utilizarlos como fuente de influencia. Y dado que el título de la presentación de Walter en DES2018 era Radical Transparency: how corporate engages influencers to build corporate reputation, le pedí precisamente eso: transparencia radical.

Las compañías chinas tiene habitualmente una reputación de secretismo y oscuridad. Ante una clase con unos cuarenta alumnos de veintitrés nacionalidades del Master in Management, Walter demostró todo lo contrario y se marcó una charla completamente abierta, en la que comenzó hablando de la compañía sin dejar fuera ninguno de los asuntos geopolíticos espinosos, como el bloqueo en los Estados Unidos – interesante cuando hablas con alumnos norteamericanos que te preguntan por qué conocen tan poco la compañía – y pasó a hablar de su visión del marketing de influencia, un asunto en el que, contrariamente a la visión de otras marcas, no busca acciones puntuales, sino relaciones genuinas y sostenibles. La charla de Walter tocó prácticamente todos los temas relacionados con su experiencia de varios años construyendo la comunidad de KOLs, errores cometidos, aprendizaje, consejos y todo tipo de asuntos, incluidos los complejos o problemáticos: la importancia de la diversidad cuando construyes una comunidad, los problemas que pueden surgir cuando alguno de los influencers con los que tienes relación se ve envuelto en algún escándalo, el análisis de la rentabilidad de las acciones, el apoyo en agencias para algunos temas sin que esas agencias monopolicen la relación, o el contraste entre la austeridad de la compañía con sus directivos frente al dispendio que supone llevar a sus influencer a buenos hoteles y restaurantes, o pagar por billetes en clase business.

En mis cursos suelo hacer un uso bastante habitual de invitados. ¿Qué busco en ellos? Sencillamente, que aporten valor a mis alumnos, algo que se consigue sobre todo cuando estos sienten que pueden preguntar prácticamente cualquier cosa sin miedo de que sea políticamente correcta o incorrecta, cuando entran de verdad en contacto con la realidad de las compañías, con los compromisos que supone hacer las cosas de una manera determinada, con visiones en muchos casos contrapuestas pero enriquecedoras. Con Walter, decididamente, los objetivos se han cumplido con creces.

 

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Asistentes de voz, espionaje y la navaja de Occam

Echo eavesdroppingUna pareja de Portland afirma con gran escándalo a una televisión local que su dispositivo Amazon Echo grabó una conversación privada entre ellos y envió la grabación a un contacto, que inmediatamente les alertó de la circunstancia, y pretende haber descubierto la supuesta evidencia de que este tipo de dispositivos nos espían y graban nuestras conversaciones de manera habitual.

Las explicaciones de Amazon al respecto son perfectamente razonables, y comprobables por prácticamente cualquiera que lleve un cierto tiempo utilizando dispositivos activados mediante la voz: una palabra en una conversación de fondo que sonaba parecida a “Alexa” provocó la activación de Echo, que escuchó la siguiente conversación como una solicitud de “enviar mensaje”. En ese momento, Alexa dijo en voz alta “¿A quién?”, y por la razón que sea, la conversación de fondo se interpretó como un nombre en la lista de contactos de los clientes. Alexa preguntó en voz alta: “[nombre de contacto], ¿no?”, e interpretó la conversación de fondo como “correcto”.

Una cadena de eventos altamente improbable, pero que obviamente, puede suceder, y que resulta aún más creíble cuando el resultado es tan absurdo como el que ha sido. No, el error en la tecnología no prueba que el dispositivo nos espíe… prueba únicamente que la tecnología, como todas, puede tener errores. La compañía tendrá ahora que trabajar en formas de convertir esta posibilidad en aún menos frecuente, pero eso es todo, y montar con ello una teoría de la conspiración resulta, como mínimo, entre arriesgado y extravagante. Como bien decía Guillermo de Occam, la explicación más sencilla suele ser la más probable: pensar en un error o cadena de errores en la interpretación de un comando de voz es mucho más sencillo y razonable que imaginarse una conspiración mundial y una estrategia basada en espiar a millones de ciudadanos de medio mundo, para supuestamente procesar todo lo que dicen, y utilizarlo para vaya usted a sabe qué, imaginando además que nadie va a descubrirlo jamás y no tendrá nunca ningún tipo de consecuencias.

Hablamos de una tecnología relativamente nueva: asistentes que reaccionan a una palabra determinada, o wake-up-word: “Alexa” en el caso de Amazon, “Oye Siri” en el de Apple, “OK Google” en el de Google, “Hey Cortana” en el de Microsoft… Pensar que esta tecnología va a funcionar a la perfección, considerando lo impredecible e impreciso que es el lenguaje humano, es completamente absurdo: ¿cuántas veces tenemos que pedir a nuestro interlocutor en una conversación normal que nos repita lo que ha dicho? Todos, a estas alturas, tenemos anécdotas en las que nuestro asistente de voz se ha despertado sin motivo aparente: a mí me ha pasado ya en público, estando en el escenario en un par de conferencias, que de repente, mi reloj o mi smartphone se pongan a hablar porque han interpretado que he dicho “oye Siri”… últimamente, hasta juego con ello en algunas presentaciones, y eso que hablamos, seguramente, del más torpe y limitado de todos los asistentes de voz disponibles en este momento. Ayer, durante una reunión en mi despacho, Siri se despertó e interpretó como una orden de búsqueda lo último que la otra persona, no yo, había dicho, imagino que porque algo que dije yo la despertó, pero lo siguiente que escuchó fue pronunciado por la otra persona (en efecto, si despiertas a tu Siri, otra persona puede proceder a darle órdenes o hacerle preguntas, aunque no sea tu voz). De nuevo: una tecnología en sus fases iniciales, con sus fallos ocasionales, que dada además la naturaleza de esa tecnología, nunca podrán ser totalmente evitados. La tecnología puede avanzar mucho… pero no hace milagros.

Quien quiera pensar que este tipo de asistentes son la excusa para que una serie de empresas tecnológicas escuchen todas nuestras conversaciones, las procesen y sepan todo sobre nosotros, ya sabe lo que tiene que hacer: evitar ese tipo de dispositivos, renunciar a sus posibles ventajas, y con el tiempo, posiblemente irse a vivir a una cabaña aislada en lo alto de una montaña, preferentemente evitando la tentación de enviar artefactos explosivos a otros seres humanos. Utilizar esta tecnología no es obligatorio para nadie, y quien lo hace, lo hará por una combinación de curiosidad y propuesta de valor: porque la idea de poder pedir a un asistente de voz que te ponga música, te encienda o apague las luces, te pida un transporte, te compre algo, te diga la predicción del tiempo, te cuente las noticias o mil posibilidades más es algo que le parece atractivo. No imprescindible, sin duda, que son muchos años viviendo sin ello, sino simplemente atractivo. A partir de ahí, están los sentimientos de cada uno, la relación de confianza o desconfianza que tenga con las empresas que fabrican estos dispositivos, la capacidad que tenga para entender la tecnología que tienen detrás o para imaginarse cuestiones más relacionadas con la magia, o la propuesta de valor que sus posibilidades representen lo que haga que una persona se decida o no a utilizar esa tecnología en su smartphone, en su smartwatch o en el salón de su casa. Pero si quieres ser interpretado como mínimamente serio en estas cuestiones, evita la conspiranoia injustificada y piensa más bien en la navaja de Occam.

 

 

 

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Donald Trump: redes sociales, política e irresponsabilidad

IMAGE: Der TagesspiegelEn julio del pasado año, a raíz de una demanda del Knight First Amendment Institute contra Donald Trump por bloquear a numerosos ciudadanos en su cuenta de Twitter, nos preguntábamos si un presidente podía, en efecto, llevar a cabo esa acción de exclusión cuando había convertido su cuenta personal en un un foro público y una voz oficial del presidente, utilizada para discutir asuntos importantes para los ciudadanos. Si interpretamos que, como todo parecía indicarlo, ese uso era efectivamente así, los ciudadanos no deberían poder ser excluidos de él a pesar de haber expresado previamente su desacuerdo, puesto que el bloqueo podría ser interpretado como una forma de eliminar voces críticas con la gestión del presidente, y por tanto, una amenaza a la libertad de expresión.

Ayer, una juez norteamericana, Naomi Reice Buchwald, dictaminó, efectivamente, que el presidente de los Estados Unidos no puede bloquear a ciudadanos en su cuenta de Twitter. Tras un riguroso estudio de lo que conlleva el hecho de bloquear en Twitter, la juez afirmó que el presidente estaría en su derecho de silenciar a sus críticos si lo desea, lo que evitaría que viese sus respuestas, pero no puede bloquearlos, dado que esa acción no solo impide que vean sus actualizaciones (un impedimento relativo, dado que basta con entrar en Twitter sin hacer login para evitarlo), sino también, que puedan referirse a él utilizando su cuenta en sus actualizaciones.

¿Qué va a ocurrir ahora? Presumiblemente, nada. Lo más probable es que el presidente apele a instancias superiores y se limite a ignorar la sentencia, como de hecho ya hace con su propio servicio de seguridad cuando le solicita que le permita inspeccionar su smartphone – precisamente el que utiliza para escribir en Twitter – para intentar garantizar la seguridad del dispositivo. Lo que estamos viendo es, ni más ni menos, que las consecuencias de elegir para uno de los cargos más importantes y con más responsabilidad del mundo a un político con la mentalidad de un auténtico niño, un matón de colegio completamente irresponsable, caprichoso, malcriado e iletrado, capaz de jugar incluso con la idea de apretar el botón nuclear. Lo más adecuado que he visto sobre él es esta propuesta para reproducir sus actualizaciones de Twitter en letra de niño pequeño escrita con un lápiz rojo.

IMAGE: Boing Boing

En efecto, hablamos de un presidente que genera pérdidas millonarias a compañías con decisiones tomadas sin ningún tipo de justificación seria, que presiona al servicio nacional de correos para que le suba las tarifas a las compañías que le caen mal, o que se acuesta con quien se le encapricha y paga después para que no digan nada. Su uso de las redes sociales no es más que un síntoma más de una tremenda disfuncionalidad. Definitivamente, lo menos presidencial y presidenciable que los Estados Unidos han podido ver o imaginar en toda su historia, un permanente y gravísimo daño inflingido por el populismo a la democracia y, sin duda, un descrédito enorme para su país a todos los niveles.

 

 

 

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Robots y agricultura

IMAGE: EcoRobotixUna interesante nota en MIT Technology Review, Weed-killing robots are threatening giant chemical companies’ business models, muestra la preocupación de las grandes empresas químicas por el previsible descenso en el uso masivo de herbicidas en cultivos, debido sobre todo a la aparición de robots relativamente sencillos capaces de recorrer las zonas de cultivo, localizar malas hierbas mediante algoritmos de visión computerizada, y administrar esos herbicidas de manera localizada, exclusivamente sobre la planta que se pretende eliminar, en lugar de hacerlo de manera extensiva e indiscriminada, con el consiguiente ahorro de costes y alivio en las consecuencias ecológicas de ese uso masivo de productos químicos.

El uso de estos robots me recuerda poderosamente a un proyecto a una escala infinitamente menor que vi hace algún tiempo y que me encantó, llamado FarmBot: un montaje relativamente sencillo y gestionado mediante un Raspberry Pi, el ordenador de 30 euros, que convierte un huerto pequeño en un sistema de coordenadas en el que se mueve un cabezal con elementos intercambiables que administra la cantidad de agua adecuada para cada planta, y que además, destruye las malas hierbas simplemente golpeándolas y enterrándolas, sin siquiera recurrir al uso de herbicidas. Una preciosidad de proyecto para huertos pequeños, que permite entender las posibilidades de la robotización en entornos que tradicionalmente consideramos relativamente alejados del progreso tecnológico, aunque la realidad indique que, a lo largo del tiempo, se ha producido una auténtica revolución en el uso de tecnología, en la productividad y en el rendimiento de muchas instalaciones agrícolas.

Mecanismos alimentados por energía solar, recorriendo los campos, y llevando a cabo un trabajo relativamente mecánico como la localización de plagas y malas hierbas, que proceden además a tratar de manera inmediata: el equivalente a tener una persona recorriendo y supervisando permanentemente una extensión de terreno, pero llevado a cabo de una manera mucho más eficiente tanto en rendimiento, como en el uso de recursos, como previsiblemente en calidad y reducción de errores.

Las consecuencias son evidentes: compañías de maquinaria agrícola como John Deere adquiriendo empresas líderes en la aplicación de machine learning a este entorno para dotarse de capacidades que les permitan ofrecer esas capacidades en el futuro, al tiempo que incorporan, no sin cierta polémica en torno a cuestiones como la propiedad del software, cada vez más tecnología para automatizar total o parcialmente el uso de su maquinaria. Un entorno interesantísimo, con fuertes consecuencias en la productividad, y que generalmente tendemos a considerar tradicional, aunque como vemos, cada vez lo es menos.

 

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Cuidado con descartar modelos de negocio demasiado pronto…

Photo by Imaginechina/REX/Shutterstock (8881907b)

Las recientes imágenes de solares con miles de bicicletas abandonadas, apiladas y oxidándose a la intemperie, ciudades llenas de bicicletas tiradas por todas las esquinas, robadas o arrojadas a canales y vertederos han sido interpretadas por muchos como un signo del aparente fracaso de un modelo de negocio arrogante, de una planificación empresarial mal dimensionada, un ejemplo claro de los excesos del modelo de esa llamada sharing economy que ataca negocios consolidados, atenta contra las normas de negocios tradicionales, y que tantos adoran criticar.

La realidad, sin embargo, es tozuda, y parece mostrar que, por muy visualmente impresionantes que sean esas imágenes, la preocupación entre los participantes en el negocio del bike-sharing parece más bien escasa, y todo apunta a que este tipo de bicicletas están destinadas a jugar un papel importante en el futuro de la movilidad urbana. Por supuesto, ha habido fracasos y quiebras, pero también adquisiciones, expansiones y muchas, muchas rondas de inversión.

Uno de los gigantes de esta naciente industria, Mobike, anuncia su expansión a India, un gigantesco subcontinente con una escasa tradición en el uso de este tipo de vehículos pero en el que ya ha habido otros movimientos anteriores, y aclara un concepto de manera contundente: las agencias gubernamentales o municipales con las que ha hablado hasta el momento no se muestran especialmente preocupadas por el enorme diluvio de bicicletas y la cantidad de ellas que han tenido que retirar por estar abandonadas o incorrectamente aparcadas en la vía pública, lo ven como un hecho coyuntural, y las conversaciones se han centrado más bien en el potencial práctico de estos vehículos para aliviar la congestión y permitir desplazamientos cortos.

¿Hay problemas con el robo, el abandono o el vandalismo? Obviamente, este tipo de fenómenos existen, y conllevan la necesidad de hacer frente a las pérdidas que ocasionan a las compañías. Sin embargo, los inversores de estas compañías tampoco parecen especialmente preocupados por esta circunstancia, y todo indica que el pensamiento predominante es que se trata de un problema destinado a solucionarse con el tiempo, que existe un momento en que ese problema desaparece: los ladrones se cansan de llevarse bicicletas a sus casas, el mercado de bicicletas reconvertidas o repintadas se agota, y los vándalos dejan de ver gracioso destrozar una bicicleta o tirarla a un río. Asimismo, se espera que se desarrolle una cultura de uso más respetuoso, que lleve a dejar las bicicletas en lugares en los que no vulneren la normativa y de maneras que no molesten a terceros. Una cuestión de educación de los usuarios y de la población en general que se combate pasando de una visión de economía de la escasez a una de economía de la abundancia, persistiendo en la inversión el tiempo que sea necesario para ello.

¿Hablamos de negocios imposibles o de modelos en los que la rentabilidad no importa, de algún tipo de vulneración de las reglas del capitalismo? Obviamente no: los accionistas de estas compañías son como cualquier accionista de cualquier compañía, y esperan una rentabilidad asociada con su inversión. La diferencia está en que hablamos de planteamientos de negocio con una estimación de plazos completamente diferente: compañías dispuestas a invertir y financiar su crecimiento durante mucho tiempo, muchos más años de lo que considerábamos habitual, con la intención evidente de terminar generando flujos de caja positivos, pero varios años más tarde de lo que antes consideraríamos viable. Una visión a mucho más largo plazo, que tiene en cuenta escenarios que solo son posibles si la compañía alcanza una posición privilegiada de mercado y se convierte prácticamente en un estándar. No son compañías que practiquen el altruismo: esperan ganar dinero, pero no espera ganarlo mañana ni pasado mañana, y si esos ingresos no llegan hasta dentro de cinco de cinco años o más, simplemente se busca más inversión para sostener esa dinámica de crecimiento. Mientras existan inversores que compartan esa visión a largo plazo y no pierdan la paciencia, el modelo puede funcionar y seguir buscando generar esos cambios en el mercado que lo conviertan no solo en viable, sino también en exitoso y rentable. 

Cuidado con descartar demasiado pronto modelos en función de fotografías escandalosas o presuntas catástrofes: las sucesivas rondas de inversión, los planes de expansión y las actitudes de algunas de las compañías implicadas parecen implicar que los muertos que algunos matan gozan, en realidad, de buena salud.

 

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El nuevo Dacia Duster ya puede equipar orugas, gracias a la compañía rumana ACF Track

Dacia Duster Orugas

Desde hace unos meses está ya en el mercado la nueva generación del Dacia Duster, el todocamino asequible por excelencia, y a partir de ahora, al menos en Rumanía, estará disponible también una versión muy especial, todavía más apta fuera del asfalto. Hablamos de un Dacia Duster con orugas.

El Dacia Duster de las imágenes, que acaba de ser desvelado en la feria BSDA 2018 (Black Sea Defense and Aerospace Exhibition), es una creación para la Jandarmeria de Rumanía, un cuerpo de policía militar al que probablemente le vendrá muy bien un vehículo con mayor capacidad todoterreno.

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El día que Albert Einstein ‘condujo’ un coche a través de las nubes sin tener carnet

Einstein

Dicen que Albert Einstein nunca aprendió a conducir, pues le resultaba demasiado complicado y prefería andar. El genio del siglo XX no descubrió cómo hacer a los coches volar, pero unas imágenes que datan de 1931 y recientemente descubiertas nos muestran a Eistein junto a Elsa, su mujer, conduciendo lo que parece ser un Ford Model T por las alturas.

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El Aston Martin Vulcan competirá este año en Le Mans, pero no en la carrera que estás pensando

Aston Martin Vulcan Amr Pro

Tres años después del lanzamiento del Aston Martin Vulcan, este salvaje superdeportivo de Gaydon nacido exclusivamente para los circuitos llega por fin a Le Mans. Pero antes de que abras los ojos como platos te diremos que no, no competirá en la carrera de resistencia por excelencia, aunque casi, casi.

La bestia de trackdays, que hemos llegado a ver incluso en la calle gracias a una unidad única homologada para ello por la compañía británica RML Group, participará en una competición en el circuito francés de La Sarthe, y el mismo día de la carrera de 24 horas, pero todo queda en familia.

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Plan anticontaminación de Madrid: ¿con qué alternativas al coche particular deberían contar los ciudadanos?

Prohibición de circular a los coches sin etiqueta en Madrid en el Escenario 2

A sazón del nuevo borrador del protocolo anticontaminación presentado por el Ayuntamiento de Madrid, que está en fase de aprobación y cuya entrada en vigor se prevé para finales de verano, se plantean muchas dudas de cara a los usuarios.

Que las ciudades deben imponer medidas para reducir los límites de polución está fuera de toda duda, pero también deben poner de su parte para hacerle la vida más sencilla a los ciudadanos que dependen del vehículo privado: prohibir antes de ofrecer soluciones no se presenta como el mejor de los escenarios para el contribuyente.

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Tesla intenta volcar un Model X para demostrar lo que hace un centro de gravedad bajo

Tesla Model X

Tesla ha publicado en un reciente vídeo una de las pruebas a las que ha sido sometido el Model X, afirmando que es el primer y único SUV que ha conseguido la máxima calificación en las pruebas de choque de la National Highway Traffic and Safety Association (NHTSA) en cada categoría y subcategoría. La compañía también asegura que el Model X tiene la menor probabilidad de vuelco y de lesión global que cualquier otro SUV.

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Tecnología, movilidad y eficiencia energetica