Publicidad y realidad aumentada

IMAGE: FacebookLa combinación de realidad aumentada y publicidad ha sido ensayada en numerosas ocasiones: la posibilidad de observar algo a través de la pantalla de un smartphone o de algún otro tipo de dispositivo o gafas para obtener una combinación de la imagen real y otra virtual construida sobre ella es una tecnología que ha sido probada por muchas compañías, con resultados que, por lo general, no han servido para mucho más que generar una cierta curiosidad inicial, en lo que suponía, como mucho, una inversión en posicionamiento de la marca como afín a la tecnología, en brand awareness. En algunos casos, como el de Snapchat con sus filtros o lenses, sí han tenido cierto éxito entre su comunidad de usuarios – más de setenta millones de personas juegan con los filtros de Snapchat a diario – y han permitido modelos económicos basados, por ejemplo, en la esponsorización o, recientemente, el comercio electrónico, mediante la iniciativa denominada “Shoppable AR

De lo que hablamos ahora es no solo de la creciente popularización del uso de realidad aumentada en publicidad, sino además, de su adopción por algunos de los actores principales en el panorama de la red y el comercio electrónico, como Facebook, Amazon o Google, con la idea de crear anuncios en los que puedes virtualmente “probarte” un producto, es decir, verlo sobre tu cara o tu cuerpo.

Tras la experiencia de Snapchat, Facebook anuncia la puesta en marcha de un AR Studio para desarrolladores y de una primera serie de campañas con compañías como Michael Kors, una marca “amiga de la casa” que también fue la pionera en probar la publicidad en Instagram en noviembre de 2013. A lo largo del verano, según el anuncio, se incorporaría también Sephora, también amiga de la experimentación tecnológica, y algunas otras marcas, y se llevaría a cabo un despliegue que incluiría también a otras propiedades de la compañía, como Instagram. Google y Amazon, aparentemente, tienen también previstas agendas similares para ofrecer a sus anunciantes, lo que podría significar en breve una proliferación importante de este tipo de anuncios.

Por otro lado, resulta evidente para cualquiera que haya probado un filtro de Snapchat que la cuestión no es tan solo superponer una imagen a otra, sino además, obtener una imagen dinámica, que permita movimiento, que brinde una cierta experiencia al usuario, o incluso que posibilite una cierta “idealización” de las facciones o de la prenda o complemento, dando lugar a una imagen que resulte presuntamente más atractiva que la real – del mismo modo que la combinación de la iluminación y los espejos en los probadores de algunas tiendas ofrecen supuestamente una imagen más delgada o favorecedora.

Lo interesante del tema no es tanto el uso como tal, sino el planteamiento de añadir al uso ya conocido de tipo brand awareness para explorar otros ámbitos del marketing más próximos a etapas más avanzadas, más próximas al momento de la conversión. En lugar de servir únicamente para mejorar el recuerdo o la percepción de la marca, las nuevas iniciativas estarían pensadas para asistir en el proceso de compra, para potencialmente reducir la incertidumbre del usuario permitiéndole observar, por ejemplo, una imagen de su cara o su cuerpo con el producto superpuesto. Amazon ya se planteó iniciativas similares al hilo de sus marcas propias de moda mediante la adquisición de Body Labs, una aplicación que permite un escaneo del cuerpo mediante la webcam del ordenador o la cámara del móvil y que calcula la talla de la persona, lo que permitiría no solo que se plantease comprar con menor incertidumbre y posiblemente evitar una logística inversa de devoluciones siempre onerosa, sino incluso hipótesis como el ya citado uso de realidad aumentada para probarse productos, o incluso de una posible fabricación a medida.

Pronto en sus pantallas…

 

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Probamos el Volkswagen e-Golf, 136 CV y 240 km de autonomía real para el eléctrico ‘de toda la vida’

Volkswagen E-Golf Prueba lateral

Es bastante probable que no sepas de la existencia del coche que protagoniza nuestra nueva prueba, el Volkswagen e-Golf. Se trata de la versión 100% eléctrica del coche compacto más popular del mundo, el Golf. Recientemente se ha renovado para ofrecer más autonomía, potencia y tecnología. Por eso, nada mejor que convivir con el una semana y contarte cómo se comporta y qué ofrece.

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La (absurda) discusión entre academia y empresa

IMAGE: Michael Maggs - CC BY SAUna vez más, el enésimo académico enfadado que, al ver cómo las compañías tecnológicas se convierten en los principales centros de atracción para mentes brillantes de la universidad, viene a despreciar el trabajo de investigación que se desarrolla en esas empresas, a minimizar su importancia y a intentar poner patéticamente distancia con “la verdadera ciencia”, que según él, solo puede hacerse en las universidades. Según algunos académicos, las universidades son los únicos sitios en los que un investigador puede trabajar para estar legitimado como tal, una actitud completamente absurda, reduccionista y que, sobre todo, consagra una brecha enormemente perjudicial que no debería existir.

La barrera entre la academia y la industria es tan vieja como cualquiera de las dos instituciones, la he experimentado y sufrido a lo largo de veintiocho años de carrera profesional, y sigue siendo igual de inútil, absurda y dañina que cuando empecé a ser consciente de ella. Pretender que “la ciencia solo se desarrolla en la universidad”, en una época en la que las compañías se han convertido en el gran motor del cambio de la sociedad, es tan profundamente retrógrado y limitado que asusta.

Empecemos por lo evidente: las instituciones académicas y el mundo corporativo tienen, obviamente, distintas métricas para valorar el desempeño. En la industria, en último término, todo se valora en función de una cuenta de resultados. En toda compañía, las personas tienden a ser apreciadas en función del dinero que generan o posibilitan generar, de algo que, en un momento dado, alguien alcanza, de manera más o menos concreta, a poner en forma de cifras. Las compañías no existen para promover el avance de la ciencia, eso es claro. Pero en ocasiones, investigan y hacen avanzar la ciencia, fundamentalmente si estiman que con ello pueden ser capaces de generar una ventaja competitiva sostenible. Hace años, esto se basaba, por lo general, en el intento de apropiación del conocimiento científico mediante mecanismos como las patentes, que otorgaban un cierto tiempo de explotación al descubridor para la explotación de un descubrimiento. Ahora, ni está claro que las patentes sirvan realmente para eso, ni podemos despreciar la gran cantidad de casos en los que la ventaja competitiva sostenible se construye precisamente compartiendo, y no intentando construir vallas alrededor del conocimiento.

En la academia, el supuesto indicador de éxito eran las publicaciones… y seguramente no serían un indicador malo, si no fuera porque se han prostituido completamente y ha perdido todo valor. Hoy, las publicaciones son una métrica inútil que tiende a reflejar únicamente cómo de espabilado es un profesor a la hora de reciclar su trabajo hasta el infinito, explotar a compañeros y trepar en comunidades no precisamente meritocráticas de revisores, editores y organizadores de congresos para colocar sus papers en determinados journals que, supuestamente, proporcionan el necesario prestigio para alcanzar esa meta llamada tenure, seguramente uno de los conceptos que más daño han hecho al conocimiento en su conjunto.

La explotación del conocimiento académico ha dado lugar a una industria de editores con intereses que nada tienen que ver con la difusión de la ciencia, y sí con el interés por generar importantes beneficios gracias al trabajo de quienes intentan sobrevivir en un sistema perverso. Universidades de varios países del mundo o incluso premios Nobel han declarado su rechazo y llamado al boicot de las editoriales de journals que, a través de suscripciones con precios estratosféricos, parecen pretender que la ciencia solo sea accesible para unos pocos: un sistema profundamente perjudicial que clasifica a los journals en supuestos rankings en función de su teórico impacto pero que sirven de más bien poco, más que para generar todo un submundo de resultados falsos, supuestas revisiones en realidad inventadas o nunca llevadas a cabo, y sistemas creados específicamente para poder acceder a papers en condiciones mínimamente razonables. Eso es lo que el mundo académico ha sido capaz de generar: un sistema completamente insostenible, un auténtico dilema moral plagado de falsedad e irrelevancia que debería llevarnos a replantear la universidad desde sus mismas bases. Cualquiera que, a día de hoy, defienda este absurdo sistema, está profundamente equivocado: el mundo académico se ha convertido en un generador de más y más papers, cuanto más ilegibles e incomprensibles mejor, que circulan a través de un sistema diseñado para hacerlos prácticamente inaccesibles.

¿Cómo combinar la irrelevancia de una academia que se devora a sí misma, con una industria que precisa de investigación? La lógica es completamente aplastante: combinándolas. Ofreciendo a las compañías la posibilidad de financiar y colaborar con instituciones que tengan un enfoque claro hacia la generación de investigación útil, no únicamente aplicada, pero sí con un componente importante de aplicabilidad. Esto obviamente, no es una cuestión que pueda pintarse únicamente en blanco y negro: no se trata, por supuesto, de marginar completamente la investigación pura, pero sí de tratar de balancearla con la necesidad de producir resultados que atraigan a potenciales interesados en financiarla. La investigación, como forma de producir resultados explotables y genuinamente útiles para las compañías que la financian, mientras permite que los académicos puedan desarrollar una carrera dedicada a generarla. Un encaje que, por culpa de métricas erróneas y sistemas de valoración absurdos, lleva décadas probándose elusivo, difícil de sostener y, en muchísimos casos, generador de gran cantidad de frustraciones.

¿Cómo investigar hoy en una disciplina como por ejemplo el machine learning, que tiene necesariamente que combinar una capacidad de abstracción metodológica profunda con la generación de datos a nivel de explotación industrial masiva, con el rigor necesario para no violar ninguna de las asunciones de la estadística y con las necesidades de aplicabilidad y practicidad que las compañías demandan? Si no es combinando ambos mundos, nos encontraremos una vez más construyendo escenarios subóptimos, absurdos, en los que el desarrollo de la disciplina sufre por falta de recursos que, en la inmensa mayoría de los casos, estaban a pocos clics de distancia, en una institución diferente con la que no se puede colaborar porque, desgraciadamente, no existen protocolos adecuados para ello.

Cuadrar ese círculo es, en este momento, el mayor desafío de decanos de unas instituciones que, con escasas excepciones, llevan años anquilosándose y evolucionando en estructuras cada vez menos atractivas, más fosilizadas, con cada vez mayor distancia entre todos sus constituyentes. Y también lo es para los directivos de unas compañías que ven cómo la generación de conocimiento específico necesario para mantener una ventaja competitiva se ve, en muchos casos, perjudicada por unos objetivos cortoplacistas que resultan muy difíciles de combinar con las necesidades de rigor y metodología del trabajo de investigación. No, no se trata de mendigar dinero de las empresas, ni de dar dinero a la universidad como si fuera parte de algún programa de RSC… se trata de, de verdad, poner en valor esa conexión. De proveer no solo de recursos sometidos al adecuado nivel de control, sino también de otros elementos: datos que analizar, personas que puedan aportar elementos interesantes, colaboraciones… se trata de construir un sistema que proporcione valor a ambas partes.

En ese entendimiento, en una colaboración mucho más próxima entre la universidad y la empresa a todos los niveles, está la clave de muchas cosas importantes. Personajes que desde si torre de marfil se dediquen a criticar y a tirar piedras al otro lado, francamente, me sobran.

 

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Bentley Mulsanne W.O. Edition: sólo 100 unidades con una porción del cigüeñal del 8 Litre de 1930

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Este 2018, concretamente el 10 de julio, se cumplen 100 años desde que Bentley nació como marca. No siempre se puede celebrar una gesta de esta magnitud y por eso ya han comenzado los guiños a sus orígenes como este sumamente especial Bentley Mulsanne W.O. Edition rematado por el prestigioso especialista Mulliner.

Tomando como base los Mulsanne cuyo precio arranca en 367.271 euros, se venderán 100 unidades de esta pequeña serie conmemorativa que recibe algo más que el nombre de Sir Walter Owen Bentley (de ahí lo de W.O. Edition), introducirán también una pieza del Bentley 8 Litre original.

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One more thing… el proceso de crear una app, transcripciones de la WWDC, utilizar un Macintosh IIsi hoy y más

One more thing

En una semana en la que el MacBook Pro ha sido el protagonista gracias a su actualización, hemos tenido diversas novedades y curiosidades que han podido pasar desapercibidas. Hoy, en nuestro One more thing hacemos un repaso a lo que ha dado de si la semana, con el desarrollo de alguna que otra aplicación o recrear el uso de Mac clásicos en pleno 2018.

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Las primeras pruebas de los nuevos MacBook Pro lo demuestran, tiene el SSD más rápido jamás visto en un portátil

MacBook Pro

Los nuevos MacBook Pro lanzados esta semana han mejorado especialmente en su interior. Tal y como vimos, viene con el doble de RAM, el doble de almacenamiento… pero no sólo han aumentado en capacidad, sino también en rendimiento. Las primeras pruebas que se le han realizado revelan que tiene el SSD con la mayor velocidad de escritura en cualquier portátil.

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True Tone en los MacBook Pro también funcionará con los monitores externos LG UltraFine y Apple Thunderbolt Display

MacBook Pro

Los nuevos MacBook Pro con Touch Bar actualizados recientemente tienen una característica que los poseedores de un iPad Pro o los últimos iPhone van a amar, True Tone. Si tienes ya un dispositivo iOS con esta característica sabrás la enrome diferencia que marca en la pantalla el disponer de True Tone. Pues bien, es una característica que también tendremos en el monitor externo al conectar el MacBook Pro.

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Las teclas de los nuevos MacBook Pro tienen una membrana de silicona, no sólo para amortiguar el sonido

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Desde que ha sido presentado oficialmente el nuevo MacBook Pro con Touch Bar, el dilema más grande de todos era si cambiaba algo en su teclado o no. Según indicó Apple, venía con un teclado mariposa de tercera generación más silencioso, pero no dijo nada sobre el fallo de las teclas. Ahora, iFixit ha hecho un despiece para sacarnos de dudas.

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Mochila Berlin de Toffee: cómoda y con estilo para llevarte tu oficina ‘maquera’ a cualquier parte

portada mochila toffee Berlin

Encontrar una mochila para viajar con los equipos y dispositivos de Apple puede ser una tarea complicada. Precisamente porque existen numerosas opciones, tantas que tomar una decisión se vuelve complicado. Al menos en mi caso, porque estoy decidido a que me dure muchos años.

Durante las últimas semanas he estado utilizando la mochila Berlin de la compañía australiana Toffee. Y debo decir que me ha sorprendido por su comodidad, estilo urbano y espacio suficiente para poder llevarme mi oficina móvil a cualquier parte. Es una mochila que mola.

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Apple apoya la expansión del Fondo Malala en Latinoamérica con la colaboración de Apple Developer Academy

Malala

Apple ha anunciado durante el día de hoy una nueva colaboración con el Fondo Malala para avanzar en las oportunidades educativas de las niñas en Latinoamérica. En esta nueva colaboración, se incluye un reto de creación de apps con ex alumnos y estudiantes de Apple Developer Academy en Brasil.

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