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Google: momento agridulce

Google GLos resultados que Google publicó ayer son, decididamente, motivo de celebración: a pesar de la multa récord de 2,700 millones de dólares impuesta por la Unión Europea, convertida en una nota al pie, la compañía sigue siendo una máquina de hacer dinero: un crecimiento de nada menos que el 21%, inusual en una empresa con un modelo considerado ya como razonablemente maduro, propulsado fundamentalmente por negocios como la movilidad, el vídeo y, sobre todo, la nube, que triplica el número de grandes clientes y parece empeñado en dejar claro que, aunque el dominio en publicidad en todas las plataformas digitales sea apabullante,  la clave del futuro de la compañía no está en la publicidad.

La compañía ha doblado su plantilla desde 2013 hasta alcanzar los 75,000 trabajadores, y su CEO, Sundar Pichai, ha sido recompensado con un puesto en el consejo de administración de Alphabet por los dos años de crecimiento obtenidos desde su nombramiento.

Hasta aquí, la parte dulce. En unos dieciocho años, Google se ha convertido, sin duda, una de las compañías más importantes del mundo: todos utilizamos alguno de sus productos, desde su navegador, que supera ya el 60% de cuota de mercado en ordenadores y el 47% en smartphones; su buscador, que llega hasta el 80% a nivel mundial; hasta su correo electrónico, que alcanza el 22% en un mercado de elevada fragmentación. Y el problema, precisamente, puede venir de ahí: de un posible cambio de opinión con respecto a las implicaciones de la dominación de los mercados.

Un grupo de parlamentarios demócratas estadounidenses parecen estar avanzando en el desarrollo de una idea hasta ahora considerada anatema: la posibilidad de forzar la división de los gigantes de la red como Google, Amazon y otros, como forma de señalar al electorado que están dispuestos a abogar por los intereses del usuario frente a los de las grandes corporaciones, uno de los elementos a los que parecen más sensible los electores que optaron por la candidatura de Donald Trump. Una iniciativa que perjudicaría también a las grandes compañías de televisión por cable, bestias negras del ciudadano medio por su reparto del mercado en función de criterios geográficos y por promover una situación de escasa competencia que termina por perjudicar a los usuarios.

Este tipo de medidas acercarían más la política anti-monopolio norteamericana a la de la Unión Europea, y ejercerían una acción de pinza sobre las grandes compañías tecnológicas en sus dos mercados más señalados. En realidad, se trata más bien de medidas de tipo populista: no existen pruebas de ningún tipo de que el crecimiento de las grandes compañías tecnológicas suponga un problema de cara a una competencia diversa – pocos mercados son tan vibrantes y generan tantas novedades como el de la tecnología – o sobre los intereses de los usuarios, y el criterio de la Unión Europea parece, cada día más, una serie de criterios erráticos pensados especialmente para perjudicar de todas las maneras posibles a los gigantes norteamericanos.

La última batalla en Europa parece ahora ser sobre el tema más absurdo del mundo: los términos de servicio. En efecto, esos textos que definen la mayor mentira de internet, que tiene lugar cada vez que alguien marca la casilla de “he leído y entendido los términos de servicio”, y que ahora parece que los burócratas de la Unión Europea, en ausencia de otros temas con los que meter el dedo en el ojo a las compañías tecnológicas, pretenden utilizar como pretexto para cobrarse la enésima multa.

¿Mejoraría algo el mundo si obligásemos a las grandes compañías tecnológicas a escindirse en compañías más pequeñas? Mi impresión es que no, y que, como he comentado anteriormente, se trata simplemente de una medida populista y absurda, que además dejaría aún más expedito el camino a las grandes compañías chinas, auspiciadas por un gobierno empeñado en un esfuerzo coordinado para convertirse en el gran dominador mundial en temas como la inteligencia artificial. Lo siento, pero me considero un demócrata convencido, y la idea de que países de gran tradición democrática adopten medidas que perjudiquen a sus compañías exitosas para beneficiar con ello indirectamente a empresas creadas en países abierta y orgullosamente no democráticos me resulta completamente absurda. Sinceramente, entre empresas como Google o Amazon, y sus equivalentes chinos con toda la interferencia y connivencia de su autocrático gobierno, me quedo claramente con las primeras. Pero a lo mejor es que me he perdido algo.

 

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Amazon: cambio de era

AMZN (Aug 2016)Desde su fundación en julio de 1994, Amazon nos ha acostumbrado a una estrategia muy característica: la de invertir continuamente en el crecimiento y el desarrollo de su negocio, no solo no repartiendo dividendos – práctica muy común en compañías de su industria – sino incluso no dando resultados positivos y defraudando sistemáticamente las expectativas de los analistas, algo que suele castigarse con valoraciones bajas de la acción.

A pesar de ello, la evolución de la compañía en el mercado bursátil es a todas luces espectacular: una revalorización de casi un 44,000% desde su salida al parquet, lo que lleva a que si alguien alguna vez descubre los viajes en el tiempo, deba ponerse ineludiblemente en su agenda de consejos a su yo de 1997 que no olvide adquirir acciones de la compañía. Sin duda, los accionistas de Amazon han sido pacientes y han tenido una enorme confianza en la potente estrategia de reinversión de la compañía a lo largo de más de veinte años.

Todo indica, sin embargo, que las cosas han cambiado. En los resultados del segundo trimestre de 2016 cerrados hace unos días, la compañía ha encadenado un beneficio récord por tercer trimestre consecutivo, lo que hace que sean ya cinco trimestres seguidos entregando beneficios y superando claramente las previsiones del mercado. Según la compañía, sus brillantes resultados consisten en una obsesión por la eficiencia y en los beneficios de su escala, pero no cabe duda que el patrón habitual desde su fundación se ha modificado: la compañía a la que no le preocupaba en absoluto reportar pérdidas porque estaba trabajando en planes que excedían con mucho la visión de la mayoría de analistas, parece haber replanteado su estrategia y está recogiendo los frutos de muchos años de siembra.

Los cinco trimestres seguidos con beneficios en positivo se acompañan de otra métrica igualmente positiva: la compañía ha incrementado su plantilla en un 10% mensual a lo largo de los últimos tres meses, y un 47% desde hace un año. Los 183,100 empleados que tenía hace ahora un año han pasado a ser ya 268,900; un total de 85,800 nuevas incorporaciones, sin incluir los empleados con contrato estacional que se incorporan para los clásicos picos de demanda en momentos como las navidades.

En la base de este crecimiento, el buen comportamiento de una división, Amazon Web Services, fruto precisamente de la estrategia de diversificación de una compañía que, tras buscar soluciones para sus propios problemas, procura poner en valor el know-how desarrollado ofreciendo esas soluciones a terceros, como hizo previamente con su logística. Hoy, miles de empresas en todo el mundo almacenan sus productos en los almacenes de la compañía y distribuyen sus productos a través de su logística, del mismo modo que miles de desarrolladores y compañías en todo el mundo utilizan sus servicios de computación, almacenamiento en la nube y ancho de banda hasta totalizar 2,880 millones en facturación, con un crecimiento del 58% sobre las cifras del pasado año.

Que la persona que hace 22 años abandonó su trabajo como VP en una compañía de Wall Street para desplazarse a Seattle y constituir Amazon sea hoy la tercera persona más rica del mundo, únicamente detrás de Bill Gates y Amancio Ortega, es simplemente una consecuencia de todo esto: posee un 18% de esas acciones de Amazon que han elevado su cotización en un 50% desde el pasado febrero, lo que sitúa su fortuna en 65,300 millones de dólares. 

¿Qué puede plantearse una Amazon con esos niveles de beneficio y que, contrariamente a lo que muchos creen, lleva ya tiempo pagando religiosamente en cada país los impuestos que genera su actividad? Básicamente, lo que estamos empezando a ver. Un empuje fuerte en la distribución, en la logística rápida y, en general, en cambiar la manera en la que nos planteamos adquirir muchos productos. Una empresa a la que, como dijo hace muchos años Eddie Cantor, le ha llevado más de veinte años tener éxito de la noche a la mañana. Si creías tener una opinión formada sobre Amazon, es posible que debas comenzar a revisarla.

 

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La fuerza de la economía digital

Facebook: this journey 1% finishedMi columna en El Español de esta semana se titula “Facebook y el 1%“, hace referencia a la pegatina que se ve en la ilustración, habitual en todas las oficinas de la compañía (casi tanto como aquel Move fast and break things de los orígenes), y a los últimos y espectaculares resultados trimestrales presentados ayer: con respecto a las cifras del año anterior por estas fechas, un crecimiento del 15% en usuarios activos, del 17% en usuarios que se conectan todos los días, y un 22% en uso desde dispositivos móviles. Además, la compañía obtuvo unas ventas trimestrales de $5,840 millones y unos beneficios de $1,560 millones, superando ampliamente las expectativas de los analistas.

Los espectaculares resultados de Facebook se unen a los de Amazon y Alphabet, que también cierran trimestres enormemente positivos tanto en facturación como en beneficios. Amazon lleva en el mercado desde el año 1994, y es ahora, precisamente cuando inicia su más ambiciosa expansión compitiendo ya abiertamente con la gran distribución y asentada en los beneficios que obtiene como proveedor de infraestructura digital, cuando comienza a obtener resultados verdaderamente vistosos. Alphabet, fundada en 1999 y en el mercado bursátil desde 2004, presenta unos resultados directamente calificables como espectaculares que hacen que sus acciones se sitúen en máximos históricos, coqueteen ya con los $800, y hagan frente a las previsiones de los agoreros que hablaban de apocalípticas caídas en su valor.

Como muestras de la pujanza de la economía digital, no son poca cosa. Y la ya comentada Facebook, fundada en 2004 y en bolsa desde 2012, muestra una marcha todavía más acelerada, y como dice la pegatina, afirma sin complejos que sus planes solo están, a estas alturas, terminados en un 1%. Ojo con lo que viene aquí: si aún crees que Facebook es una aplicación frívola para saber que hacen tus amiguitos y tu familia, que Google es un buscador o que Amazon es una tienda de libros, te estás equivocando de parte a parte. Cada día más, la economía digital deja de ser aquello que llamaban “la nueva economía”, pasa a ser “la economía de verdad”, y deja claro que aquello que no sea digital, tampoco será economía.

Si eres escéptico con respecto al desarrollo de la economía digital, este, decididamente, no es tu trimestre…

 

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Los “malos” resultados de Apple

Apple money logoLa presentación de resultados trimestrales de Apple, los primeros con un decrecimiento neto desde nada menos que el año 2003, dejó muchas interpretaciones y comentarios, que tuve la oportunidad de valorar tanto en mi columna de El Español, titulada “Apple, crecimiento y perspectiva“, como en mi participación en la barra tecnológica de La Noche en 24 horas (a partir del minuto 1:38:52).

En efecto, Apple ha presentado unos resultados que interrumpen una progresión impresionante de nada menos que 51 trimestres, trece años, de crecimiento continuado. La compañía no pierde dinero, en absoluto: los resultados reflejan cincuenta mil millones en ventas, que suponen un descenso tanto con respecto a los de trimestre anterior, como a los del mismo trimestre de hace un año. Las razones parecen claras: por un lado, el mercado smartphone parece haber alcanzado ya una cierta madurez y saturación, en la que el protagonismo ya proviene más del segmento de precio bajo, los nuevos entrantes, que en el premium, en el que se mueve el iPhone. El iPhone es, en Apple, el auténtico motor económico de la compañía: hasta el 75% de los productos vendidos y el 63% de los ingresos vienen de esa línea de producto. Los ocho años que han pasado desde el lanzamiento del iPhone han sido, para la compañía, absolutamente geniales, y la han llevado a convertirse en la más valiosa del mundo. Y en ese mercado, no solo se crece menos ahora por haber alcanzado una cierta saturación, sino que además, se experimenta el crecimiento en un segmento en el que Apple no está presente, se compite más en el segmento de precios elevados con otros fabricantes, y se prolonga la vida de los terminales más de lo que se esperaba. Pretender mantenerse siempre “a la última” empieza a no tener sentido, porque implica jubilar terminales en perfecto estado de revista.

Por otro lado, el mercado chino: el más grande del mundo, protagonista de una fuerte ofensiva de la compañía para posicionarse en presencia física (tiendas) y en marketing, pero sometido desde hace algún tiempo a un cierto enfriamiento. El iPhone es sin duda un objeto de deseo en China, pero simplemente, se compran menos de los originalmente esperados cuando la compañía hizo sus planes de expansión.

Además, es preciso introducir en el análisis el diabólico ciclo de productos de Apple, una compañía que se dedica a la redefinición de segmentos preexistentes. El ordenador personal, el iPod,  iPhone, el iPad, el Apple Watch, etc. son ejemplos claros de productos que ya existían, pero que fueron drásticamente redefinidos por la oferta de la compañía: a partir del lanzamiento de sus productos, estos se convirtieron en el estándar a imitar, a batir, en el que marcaba la pauta en prestaciones y funcionalidad. Eso permite exprimir el mercado de manera habitualmente muy brillante durante un tiempo, pero lógicamente, también lleva a que los competidores se posicionen agresivamente con sus alternativas. Esto determina un estrechamiento del mercado, y ciclos cada vez más cortos, lo que hace que la compañía mantenga una dependencia enfermiza de la entrada en nuevas categorías, del lanzamiento de nuevos productos. En ese sentido, la compañía pasó, con la vuelta de Steve Jobs, por un momento absolutamente brillante en el que lanzó muchos productos exitosos, y pareció perder parte de ese impulso con su desaparición, en el que parecía que no era capaz de salir de una dinámica de “ahora más grande, ahora más pequeño, y ahora más de lo mismo”. Ese análisis, sin embargo, choca con la evidencia de que, en los últimos dos años, Tim Cook ha sido capaz de introducirse en un segmento nuevo, el de los relojes inteligentes, y en un mercado completamente nuevo, el de los pagos, además de consolidar de manera brillante otro segmento, el de los servicios: ahora mismo, servicios como la App Store o la música ya suponen más ingresos que la propia venta de ordenadores, y sin duda representan una tendencia y una orientación clara.

¿Debe temer la compañía que se avecinen malos tiempos? Francamente, lo dudo. La impresión que tengo es que muchas compañías quisieran para sí los problemas que tiene Apple: gana mucho dinero cada trimestre, sigue sentada sobre una creciente pila de billetes con los que casi ni sabe lo que hacer (de ahí operaciones aparentemente más “conservadoras” de cara al accionista, como los programas de recompra de acciones o el reparto de dividendos), y sigue supuestamente manteniendo la capacidad para reinventar segmentos, como parece disponerse a hacer con mercados tanto incipientes como el de la realidad virtual e inmersiva, como tan consolidados como el de los automóviles. No me parece que una compañía así tenga mucho que temer de unos resultados que, además, no suponen perder dinero, sino simplemente crecer menos de lo que estaba acostumbrada a crecer. Otra cosa es, por supuesto, mantener la capacidad para el desarrollo de esos nuevos productos, de esas nuevas líneas a explotar, de esos nuevos segmentos en los que intentar marcar la pauta. Pero por el momento, la compañía mantiene su impresionante capacidad económica y su capacidad de atracción de talento intactas: me cuesta pensar en algún profesional que mirase con malos ojos una oferta de empleo proveniente de Apple.

Para la compañía, por tanto, pocos problemas, que no quiere decir que no tenga ninguno. Al adaptarse y tratar de dar respuesta a un mercado progresivamente más grande, ha pasado aparentemente a descuidar los segmentos más premium, los que demandan un producto más puntero y con más prestaciones, lo que ha hecho que su imagen se deteriore: antes, determinados segmentos eran rabiosamente fanáticos de los productos de la manzana, una diferenciación que, en parte, se ha perdido y que puede llegar a representar un problema para mantener su importantísimo componente aspiracional, el que trata de justificar en gran medida su sobreprecio. Estratégicamente, tratar de atacar segmentos más amplios sin descuidar los nichos que marcan la pauta del consumo no es un problema con soluciones fáciles, y los compromisos en ese sentido resultan muchas veces dolorosos. Si algo podría terminar por ser un problema para la compañía no sería el crecer menos, sino el crecer de la manera inadecuada.

Veremos como pinta el futuro. Y en cualquier caso, promete ser interesante…

 

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Sobre los resultados de Facebook

Facebook ganó 910 millones en Europa pero sólo pagó 60.000 euros de impuestos en España - VozpopuliMe crucé un par de mensajes con Mario Moratalla, de Vozpópuli, comentando sobre los resultados del cuatro trimestre de 2014 presentados por Facebook la semana pasada, y decidió utilizar algunas partes de nuestra conversación en la noticia que publicó ayer, titulada “Facebook ganó 910 millones en Europa pero sólo pagó 60.000 euros de impuestos en España“.

Mi posición con respecto a este tema fiscal destacado en el titular sigue siendo exactamente la misma que he manifestado en otras ocasiones: a las empresas únicamente se les puede exigir que paguen los impuestos que tienen que pagar estrictamente de acuerdo con la ley. Si gracias a una optimización fiscal agresiva consiguen reducir ese pago de impuestos hasta tasas efectivas mínimas, siempre que se atengan a la ley, es algo que están haciendo bien con respecto a la función principal de toda compañía: generar valor para sus accionistas. Si no nos gusta o nos parece injusto que esos procesos de optimización fiscal ocurran, lo único que se puede hacer es cambiar las leyes que lo permiten, no protestar porque las empresas cumplen la ley de manera estricta y aprovechando todas las posibilidades que ésta les genera. Y por supuesto, como ya he dicho en otras ocasiones, esta optimización fiscal no es practicada únicamente por empresas de internet, sino por todo aquel que se encuentra en situación de hacerlo.

También hablé con Mario acerca del modelo publicitario de Facebook, intentando fundamentalmente clarificar esos mitos tan arraigados sobre supuestas “ventas de datos” a terceros:

No, las bases de datos no se venden a nadie. Nunca nadie vende una base de datos. Es ilegal, y además, no se hace por una razón muy sencilla: si la vendes, no la puedes explotar tú. Lo que se hace con las bases de datos es explotarlas uno mismo, es decir: ofreces a cualquiera que quiera ofrecer publicidad la posibilidad de que filtre tu base de datos en función de una serie de criterios, que decida la forma de pago (si por impresiones o por clics, por ejemplo), y que lance su mensaje con su creatividad (limitada por unas reglas rígidas), pero ese alguien nunca recibe una lista de nombres ni nada por el estilo. Simplemente decide con qué variables quiere filtrar. La base de datos no sale en ningún momento de Facebook (ni de Google, ni de ninguna empresa de ese tipo), ni se entrega a nadie. 

La plataforma es utilizada por muchísimas compañías: precisamente lo que Facebook ha conseguido es que su publicidad sea utilizada por compañías de todos los tamaños, en todo el mundo. No son acuerdos comerciales ni son secretos, es simplemente su producto, lo que Facebook vende. Tú mismo podrías hacer publicidad en Facebook, es razonablemente sencillo, un proceso en el que se aprende un montón porque vas viendo cuántos usuarios hay en función de las variables que escojas, cuántas impresiones verían de tu anuncio, etc. Pero vamos, que en general, no tiene mucho de siniestro, es simplemente una forma de convertir atención en dinero 🙂

Con respecto a los resultados de Facebook, lo que más llamativo me resulta, aparte del impresionante desarrollo de los ingresos vinculados al móvil y al vídeo, es el impresionante esfuerzo de la compañía por exprimir sus fuentes de ingresos en un momento en que el crecimiento de la base de usuario se ha ralentizado sensiblemente. La empresa sigue creciendo porque opera en muchos mercados con pautas de desarrollo marcadamente diferentes, pero la ya conocida caída de algunos demográficos parece hacer mella en el crecimiento en sus mercados principales, en los que el total de usuarios únicamente ha crecido un 0,97%. El problema de que tus ingresos crezcan veinticinco veces más que tu base de usuarios es la posible saturación, tanto de anunciantes como de usuarios: la empresa sigue ganando dinero, excediendo las previsiones de los analistas y con recursos como para hacer ambiciosas apuestas de futuro, pero parece acercarse a una madurez que, vista a la luz del contexto y la experiencia de otras redes sociales que triunfaron anteriormente, no está exenta de desafíos importantes.

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