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Facebook Town Hall: activando la democracia

Facebook Town Hall

Facebook pone en marcha en los Estados Unidos su anunciado Facebook Town Hall, la posibilidad de utilizar Facebook para ver quiénes son los representantes de los ciudadanos en las distintas instituciones, y conectar con ellos a través de sus páginas en Facebook con el fin de hacerles llegar sus preocupaciones, peticiones, protestas, etc.

El desarrollo de Facebook tiene muchísimo sentido en democracias en las que existe un vínculo directo entre los ciudadanos y sus representantes, frente a aquellas en las que los representantes son simplemente elegidos por el líder de un partido que los presenta a los electores en forma de listas cerradas. En democracias como la española, más calificables como de partitocracias, el vínculo entre representantes y representados se encuentra completamente diluido: el ciudadano vota a unas siglas, a un partido, no a una persona en concreto, y dado que su representante no es decidido por ellos sino por el presidente de dicho partido, comunicarse directamente con él tiene muy poco sentido. De hecho, muchos diputados o senadores españoles tienden a “protestar” cuando reciben un número que consideran excesivamente alto de correos electrónicos de los ciudadanos, que consideran imposibles de gestionar. En los casos en los que los representantes se esfuerzan por contestar, se trata de un esfuerzo voluntarista: en realidad, esos correos electrónicos no tienen por qué proceder de los ciudadanos de su circunscripción, y aunque el político podría llegar a mejorar su reputación o a generar cierta afinidad gracias a ese comportamiento, su designación para representar o no a esos ciudadanos o a los de otra circunscripción no depende de su comportamiento o acciones, sino de la voluntad o necesidades de su partido.

En países como los Estados Unidos o el Reino Unido, en los que los ciudadanos escogen directamente a su representantes en cada una de las instituciones, ofrecer a esos ciudadanos una forma de conectar con ellos tiene todo el sentido del mundo. Los representantes perciben perfectamente la importancia de ese vínculo, y se ven obligados a pensar en las consecuencias de ejercer acciones que sus votantes puedan considerar una mala representación de sus intereses. Igualmente, tienen que pensar constantemente en la atención que ofrecen a esos votantes: representantes que no contestan a los ciudadanos a los que representan o que no lo hacen adecuadamente descienden rápidamente en sus preferencias, lo que crea un incentivo a mantener el vínculo directo. De hecho, una buena parte de la oficina de un representante político suele estar dedicada al desarrollo de infraestructuras para gestionar ese diálogo con sus ciudadanos.

Los ciudadanos, en este tipo de democracias, pueden clasificarse en función de su nivel de actividad política. Aquellos que desarrollan una actividad política consciente e informada tienden no solo a votar en las elecciones, sino a hacerlo escogiendo a un representante en concreto que consideran que defenderá sus intereses adecuadamente, y valoran la posibilidad de poder mantener una comunicación con ese representante si consideran que existe una necesidad para ello. Pero incluso aquellos ciudadanos que no votan o que no mantienen un nivel de información adecuado pueden encontrar valor en una herramienta que les permite saber quiénes son realmente sus representantes, aunque no hayan sido votados por ellos, por el hecho de residir en un lugar determinado, y mantener su posibilidad de influenciarlos o de demandarles explicaciones.

¿Hasta qué punto existe una madurez en la relación entre representantes y representados que evite que ese supuesto diálogo no se desarrolle en forma de conjunto de gritos? Depende en gran medida de las acciones del representante en cuestión, tanto de su sentido, como de su capacidad de explicarlas de una manera adecuada. En cualquier caso, el desarrollo de una herramienta de este tipo solo puede contribuir de manera positiva, facilitando que dicha relación evolucione y se haga más útil con el tiempo. En el fondo, Facebook Town Hall solo refleja que en estos tiempos, Facebook se ha convertido en el canal a través del cual muchos ciudadanos participan y se informan, de manera que está en la situación de poder ofrecer tanto a los ciudadanos una herramienta cómoda, como a los representantes una manera de gestionar esa relación bidireccional. Algunos, de hecho, han calificado Facebook Town Hall como “lo mejor que ha hecho la compañía“. Y a mí, desde la distancia de una partitocracia como la española en la que Facebook Town Hall no tendría ningún sentido, decididamente me lo parece. De hecho, me genera una buena dosis de envidia.

 

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Arreglando la naturaleza humana

IMAGE: Ayelet Keshet - 123RFMi columna de El Español de hoy se titula “Algoritmos y mala leche“, y está dedicada a Perspective, el algoritmo anunciado por Jigsawla incubadora de ideas de Alphabet dedicada a la aplicación de soluciones tecnológicas para luchar contra la censura, los ciberataques o el extremismo, capaz de detectar, en un hilo de comentarios en una página, cuáles contienen insultos, descalificaciones, ataques personales o, de un modo general, lenguaje tóxico

Hablamos de un algoritmo de machine learning: comentarios recogidos de hilos de publicaciones como The Economist, The Guardian, The New York Times o Wikipedia (la experiencia con The New York Times aparece recogida en este artículo) fueron evaluados por una serie de personas mediante encuestas, y clasificados en una escala que iba desde “muy tóxico” hasta “muy saludable”, con la toxicidad definida como “comentario maleducado, no respetuoso o no razonable que puede decidirte a abandonar una conversación”. Lo que el algoritmo hace es tratar de reconocer esos comentarios, evaluarlos, y buscar casos similares para adscribirles una etiqueta similar en forma de porcentaje de probabilidad.

A partir de ahí, la herramienta – por el momento en inglés – se pone a disposición de quien la quiera utilizar para continuar con el entrenamiento del algoritmo. El uso que el propietario de la página desee hacer de ella es completamente abierto, desde simplemente etiquetar comentarios en función de su supuesta toxicidad para ayudar a la moderación, a directamente conectarlo con sistemas que eliminen o impidan enviar determinados comentarios en función de su contenido, y siempre con la posibilidad de retroalimentar el aprendizaje.

El algoritmo intenta solucionar uno de los problemas más antiguos vinculados a la participación en la web: el hecho de que las personas y los sistemas de moderación no son escalables. Si en esta simple página que suele publicar únicamente un artículo al día me ha costado en algunas temporadas muchísimo tiempo y esfuerzo moderar los comentarios para tratar de mantener una conversación saludable y productiva, imaginar la tarea de un periódico que pueda publicar cien veces más artículos y dedicados a temas intrínsecamente polémicos por su naturaleza como el deporte o la política es algo que excede las posibilidades de muchos medios, y que ha llevado a muchos editores a tomar decisiones que van desde el no incluir comentarios, hasta abandonar de manera prácticamente total los hilos a su suerte y permitir que se conviertan en auténticos estercoleros. El problema es importante, porque anula una de las que deberían ser las ventajas más interesantes de la web: la posibilidad de participar en foros susceptibles de enriquecer nuestra opinión o de ampliar nuestros puntos de vista.

Es pronto para saber si Perspective funcionará satisfactoriamente, o si será pasto de usuarios malintencionados que se dediquen a intentar envenenar su funcionamiento añadiendo información falsa. Por el momento, está disponible en la página para jugar a introducirle textos en inglés – funciona con algunos insultos en español, pero simplemente derivado de su dinámica de aprendizaje y de su uso relativamente popular en inglés – y ver cómo los evalúa, y puede ya ser añadido como API a páginas que quieran utilizarlo para hacer pruebas. En cualquier caso, tanto si funciona como si no, la idea de poner a un algoritmo a solucionar un problema de la naturaleza humana que las personas no hemos sido capaces de resolver con soluciones mínimamente escalables no deja de ser una paradoja y todo un elemento para la reflexión…

 

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Gestión de comunidades: la experiencia de Wikipedia

IMAGE: Phillip John Mearman - 123RFMe ha resultado muy interesante el estudio publicado utilizando datos de la gestión de comunidades de Wikipedia, Ex Machina: personal attacks seen at scale, en el que se estudió un conjunto muy elevado de comentarios etiquetados manual o automáticamente con el fin de determinar patrones habituales en el fenómeno del abuso. Wikipedia no solo es una de las mayores comunidades online del mundo, sino que además, el buen funcionamiento del sitio depende en gran medida de una comunidad sana y equilibrada. Del funcionamiento de la comunidad de Wikipedia y, sobre todo, de sus dinámicas de abuso, pueden surgir conclusiones sumamente interesantes para gestores de comunidad de todo tipo.

La primera conclusión parece clara, y es la que se destaca en titulares: un pequeño número de usuarios altamente tóxicos son responsables de un porcentaje elevado del abuso en la página. Algo que coincide claramente con mi experiencia en esta página, en la que en varias ocasiones he podido presenciar en primera fila cómo un comentarista pasaba de algún comentario tóxico o insultante ocasional, a una dinámica en la que pasaba a intervenir en absolutamente todas las conversaciones, y siempre con una dinámica insultante, fuese el que fuese el tema tratado. Lógicamente, cuando todo lo que dices sobre cualquier tema es recibido con hostilidad e insultos, la barrera de la tolerancia y de la supuesta libertad de expresión salta por los aires, la persona está simplemente convirtiéndose en un obstáculo al buen funcionamiento de la comunidad, una especie de “ruido de fondo” molesto, y debe ser expulsada.

En el caso de Wikipedia, 34 usuarios calificados como “altamente tóxicos” eran responsables de un 9% de los ataques personales en la página, lo que implica que puede obtenerse un resultado muy bueno simplemente aislando a esos usuarios y expulsándolos de la comunidad. En cambio, el 80% restante de ataques personales eran llevados a cabo por un grupo de unos 9,000 usuarios que habían realizado menos de cinco comentarios insultantes cada uno, algo que puede perfectamente responder al hecho de que “todos nos enfadamos en algún momento” y que no necesariamente debería resultar en una descalificación para la participación, sino ser considerado una dinámica de participación, dentro de un orden, razonablemente normal.

Desde mi experiencia, la clave está en el balance personal, en algo similar a lo que en las primitivas BBS conocíamos como el ratio de un usuario: aunque generalmente se aplicaba a la cantidad de bits aportados frente a bits descargados, parece claro que podríamos hablar de ratio como del porcentaje de comentarios aportados por un usuario que resultan insultantes, y utilizarlo como elemento de cualificación – o eventualmente, descalificación – a partir de un umbral determinado. Alguien que aporta habitualmente comentarios de calidad, pero que en ocasiones se irrita con determinadas actitudes o temas e incurre en el insulto, es completamente diferente de un usuario que únicamente participa insultando, que entra en una dinámica personal de insulto sistemático, de “misión en la vida” o de “terapia personal”, como he conocido unos cuantos a lo largo de ya catorce años de gestión de esta página. En esos casos, es claramente mejor expulsar al usuario, y poner todos los medios posibles para evitar que vuelva a entrar. Esos comportamientos rayanos en lo obsesivo, además, pueden ser identificados relativamente rápido, y deben ser detenidos rápidamente porque suelen mostrar elementos de escalada con escasas vueltas atrás.

Otro problema evidente en la gestión de comunidades está en el anonimato. En el caso de Wikipedia, el 43% de todos los comentarios proviene de usuarios anónimos, aunque muchos de ellos habían comentado tan solo una vez y el número total de comentarios era veinte veces menor que los aportados por usuarios registrados. Los usuarios anónimos terminaban siendo seis veces más activos a la hora de insultar que los registrados, pero dada la diferencia de volumen, contribuían en conjunto a menos de la mitad de los ataques, lo que conlleva que la mayoría de los ataques provenían de usuarios con un perfil registrado en la página. Acabar con el anonimato, por tanto, puede poner fin a cierta cantidad de comentarios insultantes, pero no es la razón fundamental de que estos existan, y siempre cabe la posibilidad de que alguien que puntualmente quiere insultar, se abra un perfil en el sitio (en el caso de Wikipedia es importante destacar que se considera anónimo a todo aquel que carece de perfil, pero que se puede abrir un perfil perfectamente sin aportar nada más que un seudónimo). Existe una correlación clarísima entre participación habitual y creación de perfil, lo que desde mi punto de vista apoya el uso de mecanismos basados en la lista blanca: el comentarista habitual merece mejor tratamiento que el simplemente aparece un día y deja caer un comentario. Mientras la gestión de los primeros puede hacerse prácticamente por excepción, la de los segundos puede plantearse en modo manual o dejarla en manos de sistemas parcialmente automatizados, en función del volumen.

En el estudio se diseña una metodología para evitar ataques personales y escaladas dialécticas mediante el uso de crowdsourcing (alertas de los propios usuarios mediante mecanismos de evaluación) por un lado, y de sistemas de machine learning por el otro entrenados con comentarios para ser capaces de reconocer insultos o spam, sistemas que pueden dar paso a la acción puntual de moderadores en los casos en que se estime necesario. Sin duda, un área prometedora de estudio: si bien en mi caso hace ya mucho tiempo que consideré este tema prácticamente resuelto mediante una combinación de listas negras y blancas, y manteniendo el derecho al anonimato porque me parecía que aportaba más de lo que podía perjudicar, el buen funcionamiento de la comunidad de esta página se debe fundamentalmente a su tamaño relativamente pequeño, y al hecho de que reviso todos los comentarios personalmente en el momento en que se producen. A partir del momento en que esa tarea excede la dedicación de una persona, como de hecho ocurre en la mayor parte de los medios de comunicación, el desarrollo de metodologías basadas en crowdsourcing o machine learning puede ofrecer muy buenas posibilidades a los gestores de comunidad.

La posibilidad de generar comunidades en torno a un tema es uno de los mejores aportes de internet. Conseguir que esas comunidades funcionen adecuadamente, en lugar de convertirse en nidos de trolls que campan a sus anchas, insultan, acosan y dificultan la comunicación es algo fundamental para el buen funcionamiento de una página, como de hecho demuestran los problemas experimentados por redes como Twitter, incapaces de controlar este tipo de dinámicas, a lo largo de su historia. Y en ese sentido, este estudio sobre la comunidad de Wikipedia es de lo mejor que he visto en ese sentido: conclusiones, en realidad, muy de sentido común, pero que siempre es bueno ver reflejadas en un análisis cuantitativamente serio y significativo. Veremos si sirve de inspiración a algunos…

 

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Las herramientas de la web y la calidad democrática de los países

Voter registration campaign - FacebookDos noticias recientes me llevan a pensar en la interacción entre las herramientas de la web y la democracia: por un lado, la campaña llevada a cabo por Facebook para recordar a sus usuarios norteamericanos la posibilidad de registrarse para votar en las próximas elecciones presidenciales, que en numerosos estados ha sido capaz de generar importantes incrementos en el volumen de ciudadanos registrados.

Por otro, el lanzamiento por parte de Google de una herramienta para hacer fact-checking de noticias en Google News, una forma de, mediante una etiqueta, intentar proporcionar un mayor nivel de contraste, de veracidad, o al contrario, de poder poner de manifiesto posibles mentiras en las noticias facilitando que aquellas páginas dedicadas a la comprobación de noticias puedan incluir los resultados de sus análisis al lado de la propia noticia analizada.

En el primer caso, me parece muy interesante entender el potencial de las redes sociales a la hora de proporcionar no solo recordatorios, sino también caminos que facilitan las cosas a los ciudadanos. El sistema electoral norteamericano exige que los votantes se registren para poder ejercer su derecho al voto, y el porcentaje de votantes registrados ha ido aumentando a lo largo de la historia del país desde los momentos iniciales en los que solo los hombres, propietarios de tierras y blancos podían votar, hasta el momento actual, en el que a pesar de la universalidad del derecho para todos los ciudadanos, menos de un 45% se registra para ello. Que una simple campaña llevada a cabo por una red social como Facebook contribuya significativamente a incrementar el porcentaje de votantes registrados en muchos estados es algo que, sea por la razón que sea, mejora la calidad de la democracia en su conjunto.

Claramente, en la simplicidad está la clave. Antes de este tipo de iniciativas, un ciudadano debía acordarse de su intención de registrarse para votar, encontrar un momento adecuado para ello, e informarse sobre dónde y cómo hacerlo. Con la campaña, una persona recibe el recordatorio en un soporte, la red social, que habitualmente le recuerda muchas otras cosas – desde cumpleaños de amigos o familiares hasta eventos o aniversarios de cualquier cosa – y que además de facilitarle el enlace adecuado y directo para ello (en función del estado en el que reside), le proporciona una retroalimentación positiva mostrándole quiénes de sus amigos se han registrado ya para votar. A veces, mejorar la calidad democrática de un país – entendida como el número de participantes en una toma de decisiones colectiva – es tan simple como utilizar las herramientas adecuadas.

La iniciativa de fact-checking de Google incide, sin duda, en otra manera de mejorar la calidad democrática: a través de medios que llevan a cabo su trabajo de informar de manera responsable. En la sociedad actual estamos viviendo un proceso de gradual abandono de los principios más básico de la ética: si una compañía miente y pone en el mercado vehículos que contaminan cuarenta veces más de lo que decía en su publicidad, la convertimos en líder de mercado. Si un político miente o roba, nos parece “lo normal” y tendemos a olvidarlo en seguida. En este contexto, que surjan cada vez más organizaciones dedicadas al fact checking, que analizan las noticias y las contrastan con hechos y datos fehacientes y comprobables a golpe de clic, es algo indudablemente positivo. Que el Washington Post mantenga desde 2013 un fact checker que en sus últimas ediciones ha otorgado su máxima calificación, cuatro pinochos, a discursos de Donald Trump es algo que puede llevar a muchos a plantearse la línea editorial de periódico, pero que sin duda aporta mucho aunque solo sea por hacer públicas sus herramientas de análisis y las fuentes de los datos utilizadas en el proceso. Podemos alegar que la elección de los elementos sobre los que levar a cabo comprobaciones sea arbitraria o no lo sea, pero indudablemente, hablamos de un mayor nivel de análisis, y por tanto, de más elementos en manos del ciudadano a la hora de estableces qué es verdad y qué no lo es. Contribuir a facilitar el fact checking, incluso contando con que ello desemboque en que algunos pretendan pasar por fact checks análisis en realidad falseados o tendenciosos, es una manera de elevar el precio de la mentira y, por tanto, de mejorar la calidad de la democracia.

¿No resulta curioso que en España, donde numerosos medios demuestran todos los días una necesidad acuciante y desesperante de fact checking, seamos uno de los pocos países del mundo que no tengamos Google News? ¿Alguien recuerda por qué lo cerraron?

 

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Estudiando el escepticismo

IMAGE: Yael Weiss - 123RF

Ser profesor de innovación en una escuela de negocios durante veintiséis años es, seguramente, una de las mejores maneras que existen de estudiar el escepticismo, solo superada por el hecho de editar diariamente durante trece años una página dedicada a la tecnología. El escepticismo no se puede estudiar caso a caso ni persona a persona, necesitas contar con poblaciones, con dinámicas, con fenómenos de difusión, con conversaciones, y una clase o un foro son ideales para ello. Me considero, en ese sentido, un auténtico estudioso del escepticismo tecnológico.

La cantidad de ocasiones en las que tengo que razonar con escépticos ha llevado a que algunos lo consideren una parte intrínseca de mi dedicación profesional: no son pocas las ocasiones en las que personas que me conocen, me leen o me han “sufrido” como profesor me han pedido que desarrolle actividades in-company para tratar de generar actitudes menos escépticas, menos conservadoras o más ilusionadas con las posibilidades que ofrecen los nuevos escenarios definidos por la tecnología.

En muchos sentidos, tener una página con una comunidad activa en la que todos los días existen lectores que sistemáticamente responden con escepticismo a lo que escribo supone un auténtico campo de entrenamiento, un sitio “donde escucharlo todo”, que me preparar para argumentos similares en otros entornos. Mis hilos de comentarios son uno de mis mejores ejercicios. De hecho, el que tienda a participar más bien poco en los comentarios tiene algo que ver con ello. Y no nos confundamos: aprecio el escepticismo documentado, lo valoro y lo considero necesario y conveniente para muchas cosas, tiende a centrarme, a complementarme, a equilibrarme – tengo una tendencia personal al entusiasmo tecnológico, al optimismo irracional que considero casi igualmente peligroso. Pero del mismo modo que aprecio el escepticismo como contrapeso, odio el escepticismo irracional, indocumentado o sin base, y estudio con detenimiento las listas de falacias y argumentos lógicos erróneos para considerarme entrenado para reconocerlas en cualquier circunstancia.

Por eso me ha encantado este artículo de Bob Nease en Fast Company titulado How your brain keeps you believing crap that isn’t true, en el que se relaciona el escepticismo con un elemento, la fluidez de procesamiento, la facilidad con la que un argumento ayuda a nuestro cerebro a procesar una idea determinada. Me gusta especialmente la idea de la fluidez de procesamiento porque funciona en los dos sentidos: el cerebro del escéptico la utiliza para defenderse de ideas que, sin ella, responderían a planteamientos más complejos, nuevos o, de alguna manera, amenazadores, mientras los que estamos al otro lado tendemos a utilizarla para endulzar nuestros argumentos, convirtiendo ideas complejas en píldoras fáciles de procesar, en “ideas con sentido” que a otros “les gusta entender”. Obviamente, eso nos lleva en ocasiones a “endulzar” mediante argumentos brillantes, y en otras a “edulcorar” mediante otros que no resisten todas las pruebas, porque después de todo hablamos de dialéctica, con todos sus matices, pero no implica que no sigamos intentándolo. Con el tiempo, los argumentos se prueban, se someten a más debate, se gastan, se validan, y siguen procesos que, vistos con cierta perspectiva, resulta una delicia estudiar.

Vivimos en un momento fascinante en la historia de la tecnología. Existen un buen montón razones para estar ilusionado con el avance de la tecnología, con los cambios que vamos a ver en los próximos – pocos – años. Según mi experiencia de muchos años, la mayor parte del escepticismo tecnológico no responde a razonamientos coherentes y válidos – contra esos no hay que luchar, sino todo lo contrario, tenerlos en alta consideración – sino a falta de información, a cerebros incapaces de luchar contra esa fluidez de procesamiento que les sigue llevando a creer en ideas antiguas y erróneas, a calificar a todo lo nuevo como imposible. Las mayores dificultades para el avance de la tecnología no van a estar ya en los laboratorios de desarrollo, sino en un mercado que se enfrenta a una velocidad de cambio que desafía sus creencias, que les pone en situaciones de preferir ideas antiguas simplemente porque son “cerebralmente más económicas”.

Decididamente, una lectura recomendable.

 

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Medios de comunicación y comentarios

IMAGE: Faysal Farhan - 123RFMi columna de El Español de esta semana se titula “La importancia de los comentarios“, y trata de incidir en el importantísimo papel que tiene la bidireccionalidad en la evolución de los medios de comunicación, algo no siempre fácil de entender para una profesión durante muchas décadas acostumbrada a tener el monopolio del canal en un solo sentido y a que los únicos contenidos que venían desde el lado de los lectores eran las muy limitadas “cartas al director”.

La mayoría de los medios de comunicación ven los comentarios como un problema, una avalancha de contenidos que perciben como de escaso valor y que les obliga a destinar recursos para su gestión y moderación. En algunos casos, se declaran incapaces de gestionarlos, deciden permitir todo y generan auténticos lodazales de participación sin reglas, estercoleros en los que surge lo peor de la naturaleza humana, sobre todo cuando los contenidos se relacionan con áreas como el deporte o la política. Un problema que termina, incluso, por generar problemas de tipo legal en cuanto el nivel de la discusión escala y se generan amenazas, calumnias, difamaciones u otros delitos tipificados.

En otros casos, intentan controlar mucho más allá de lo razonable, exigiendo cuestiones como datos reales que resultan de muy difícil comprobación, y que generan que se pierdan los aportes de todos aquellos que prefieren escribir de forma anónima o bajo seudónimo, y no necesariamente porque pretendan generar un contenido censurable. El equilibrio, indudablemente, resulta complejo.

Páginas como Quora, Reddit, Slashdot, entre otras, demuestran que los comentarios pueden convertirse en una fuente fantástica de contenido: sitios en los que resulta habitual, por ejemplo, encontrarse a los protagonistas de un hilo de conversación participando con toda normalidad en él, a expertos de gran nivel comentando sobre sus áreas de conocimiento y, en general, sistemas que, gracias a la participación responsable de todos los usuarios, son capaces de hacer que los mejores contenidos afloren y los peores se entierren. Para un medio de comunicación, tratar de ver los comentarios con este enfoque proporciona una óptica mucho más positiva: tratar de convertirse en el sitio al que quiera dirigirse todo aquel que tenga algo interesante que aportar, con la tranquilidad de que sus aportes no van a convertirse en blanco de tonterías ni van a enterrarse entre aportes irrelevantes. Conseguir algo así no resulta sencillo, pero sobre todo, requiere compromiso y reglas claras. Asumir que siempre hay alguien ahí fuera que sabe más que aquel que escribió la noticia o el artículo, y que resulta fundamental ser la página que recoja esos aportes por encima de cuestiones de línea editorial o de formato. Los medios de comunicación completarán su transición a la red cuando sean capaces de entender que su papel ha cambiado, y que hoy, la forma de informar exige no solo ser los mejores creando contenidos, sino también recogiendo con el adecuado criterio los comentarios de los usuarios constituidos en comunidad de interesados en el aporte de buen contenido. Algo nada sencillo, pero que puede llevarse a cabo si se parte de las actitudes adecuadas.

 

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