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Los coches de prueba de conducción autónoma de Apple tienen un nuevo LIDAR y ahora parecen una especie de Transformers

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No es la primera vez que vemos a los coches de Apple circular por las calles. Estos coches son vehículos normales equipados con diferentes sensores para realizar pruebas de conducción autónoma, aunque generalmente van con conductor. Dada su facilidad de configuración y personalización, Apple utiliza modelos de Lexus. Pero los sensores que se montan sobre estos coches son siempre diferentes.

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¿Preparados para hacer aún más deporte? El Apple Watch Series 3 tendrá más de 28 nuevos tipos de entrenamientos

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Justo cuando pensábamos que Apple no podía ir más en serio con la parte deportiva de su Watch, nos enteramos de que sus ambiciones van mucho más allá. En la última beta de iOS 11 se encuentran rastros de nuevos entrenamientos que desconocíamos hasta ahora. Lo más interesante es que no están incluidos en la beta de watchOS 4, por lo que es muy probable que estén ligados a nuevo hardware.  Continue reading ¿Preparados para hacer aún más deporte? El Apple Watch Series 3 tendrá más de 28 nuevos tipos de entrenamientos

Manuel Bartual, la twitternovela y la viralidad

Manuel Bartual (principio del relato)El fenómeno mediático de los últimos días del verano lo ha protagonizado, sin duda, Manuel Bartual, editor, historietista y diseñador gráfico del grupo de los que abandonaron el semanario satírico El Jueves en 2014 tras la polémica con la retirada de la portada sobre la abdicación del rey Juan Carlos. La razón ha sido un relato de ficción circular desarrollado en un hilo de 388 actualizaciones en su cuenta de Twitter, que ha hecho elevarse su número de seguidores desde los alrededor de 17,000 que tenía el pasado miércoles 23 hasta, en el momento del fin del relato cuatro días después, por encima de los 449,000.

Durante los últimos días, desde la tarde del jueves 24 cuando el relato comenzó a convertirse en viral, hasta las primeras horas de la madrugada del domingo 27, se hizo relativamente normal ver a varias personas echando mano de sus smartphones a la vez para seguir las actualizaciones de la cuenta a medida que iban siendo publicadas, mientras el fenómeno iba siendo ampliamente comentado en numerosos medios de comunicación. Durante todo el sábado, poner varios de los tweets recientes escritos por Manuel en la pantalla y quedarse contemplando el crecimiento de sus estadísticas en tiempo real resultaba una experiencia casi hipnótica, con varios miles de interacciones por minuto.

El fenómeno de las twitternovelas o novelas de microblogging no es nuevo: ha habido autores interesados en llevar el formato de novela a todo tipo de soportes, con el caso del norteamericano Matt Stewart considerado habitualmente como pionero. Entre julio y octubre de 2009, tras no haber sido capaz de conseguir un buen contrato para la publicación de su novela “The French revolution”, decidió comenzar a publicarla en una serie de 3,700 tweets comenzando el día de la conmemoración de la toma de La Bastilla, que terminó congregando a un total de unos mil lectores. En este caso, se trataba de una novela de unos 480,000 caracteres escrita de forma convencional y simplemente adaptada por su autor para su publicación en pequeños fragmentos que pudiesen entrar en un tweet, que terminó siendo publicada en papel el 14 de julio de 2010 y considerada uno de los libros del año por el SFGate.

En el caso de Manuel Bartual, claramente, hablamos de otra cosa: su relato, aún sin título, está pensado y desarrollado originalmente para Twitter, contiene abundantes elementos multimedia como fotografías o vídeos cortos, y tiene en total 33,140 caracteres incluyendo espacios, unas quince páginas si se imprimen en un formato de lectura mínimamente agradable. En los pocos días que ha durado el fenómeno, tenemos ya desde recopilaciones de todos los tweets en documentos, hasta análisis sobre su contenido, traducciones al inglés y hasta un trailer cinematográfico, con personajes conocidos comentando la historia y los supuestos community manager de compañías como Netflix y HBO pretendidamente terciando en tono de humor por ver quien se hacía con los derechos de la historia.

Un relato circular con un guión bien hilado, escrito de manera directa y cercana con el estilo y el lenguaje habitual de los tweets de su autor, y convertido en una historia entretenida y bien llevada, que divierte más cuanta más gente te imaginas pendiente de ella, en el mejor estilo de los procesos de viralidad social. El aprovechamiento de las características de Twitter, no solo en cuanto al uso de multimedia, sino también a la dosificación de los tiempos o a una tímida integración de las interacciones de los lectores en la historia, preparada con antelación, hicieron que seguir el resultado final a medida que discurría se convirtiese en una experiencia muy entretenida, no sé si para entrar en el Top 3 de Literatura, pero decididamente agradable.

Manuel Bartual tiene cuenta activa en Twitter desde marzo de 2007, y la ha utilizado en varias ocasiones para dar visibilidad a algunas de sus iniciativas, aunque nunca con un éxito tan impresionante como el actual. Será interesante ver ahora la explotación posterior del fenómeno: ¿decidirán algunos de los entusiasmados con la novela suscribirse a su revista, “Orgullo y satisfacción“, que lleva meses intentando obtener la financiación suficiente para continuar funcionando y tiene su cierre anunciado el próximo diciembre? ¿Se planteará capitalizar la fugaz atención obtenida de alguna otra manera?

 

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¿El ojo que todo lo ve?

IMAGE: Alphaspirit . 123RFUna usuaria de Facebook y periodista, Kashmir Hill, ve una persona con un apellido que le suena familiar en una de las recomendaciones que Facebook insiste en hacerle dentro del listado de “Personas que quizá conozcas”, y tras contactarla, se da cuenta de que es la mujer que está casada con el hermano de su abuelo biológico, al que nunca conoció y con el que no comparte apellido porque abandonó a su padre cuando era pequeño. Por razones que no alcanza a comprender, Facebook parecía conocer mejor su árbol genealógico que ella misma, y había sido capaz de trazar una relación a pesar de que, tras ser adoptado, su padre recibió un apellido completamente diferente, y ni él ni las personas que posteriormente llegó a conocer de manera puntual de su familia biológica (con ocasión del funeral de su madre) utilizaban Facebook.

¿Qué sabe realmente Facebook de sus usuarios? Además de la gran cantidad de datos que compartimos voluntariamente con la compañía, bien de manera explícita cuando nos damos de alta o vamos rellenando aspectos de nuestro perfil, o bien de forma implícita durante los más de cincuenta minutos diarios que, como media, pasamos en sus dominios, resulta que la compañía invierte importantes sumas de dinero en la adquisición de bases de datos externas y brokers que reflejan aspectos de nuestra actividad fuera de la red, mediante acuerdos con proveedores de datos como el que tiene desde 2012 con Datalogix, compañía líder norteamericana en la explotación de datos de consumo a través de programas de lealtad y otras fuentes. Esos datos son, realmente, la fuente de negocio de la compañía, tanto gracias a la publicidad que recibimos cuando estamos dentro de su red, como cuando estamos en otras páginas.

¿Qué puede llegar a ver en el análisis de nuestras redes aquel que tiene la capacidad de verlo prácticamente todo, incluyendo partes de nuestro comportamiento en la red y fuera de ella, dónde estamos o por dónde nos movemos en función de la localización de nuestro teléfono, o incluso “pequeños detalles sin importancia” como esos fugaces momentos de curiosidad por saber qué fue de un antiguo un compañero de colegio o de una pareja anterior que tenemos en un momento dado o que tienen otras personas con respecto a nosotros? Un breve paso por el listado de personas que Facebook nos dice que quizá conozcamos nos brinda casi siempre detalles curiosos, que generalmente identificamos y somos capaces de explicarnos en función de datos como el número de contactos comunes que compartimos con alguien, el que pertenezcamos a un mismo grupo o se nos haya etiquetado juntos en una misma fotografía, las redes a las que podamos pertenecer (el colegio o la universidad en la que estudiamos, las empresas en las que trabajamos, etc.) y cuestiones similares. Pero la realidad es que el algoritmo de Facebook, sobre el que la compañía no ofrece datos porque lo considera parte de su ventaja competitiva, utiliza unas cien variables para obtener ese listado de personas que quizás conozcamos, y que tiene como función que tengamos redes más completas y exhaustivas porque, según su investigación, las personas con redes más completas tienden a tener una mayor fidelidad hacia la aplicación.

¿Qué sabe Facebook de nosotros? ¿Te has encontrado con sugerencias curiosas que no puedes explicarte de qué manera Facebook llegó a ellas? Tanto si quieres compartirlo aquí como si prefieres mantenerlo en privado, la periodista está pidiendo colaboración para hacer un poco de ingeniería inversa y tratar de entender qué tipo de datos está utilizando la compañía para hacer sus recomendaciones. ¿Está Facebook logrando convertirse en “el ojo que todo lo ve”?

 

 

 

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El hashtag como símbolo

IMAGE: Ivelin Radkov - 123RFMi columna de esta semana en El Español se titula “Diez años de hashtags” (pdf), y trata de ser un breve recordatorio de lo que ha significado la idea de del desarrollador norteamericano Chris Messina, propuesta en un tweet el 23 de agosto de 2007, de añadir un carácter # a una palabra para convertirla en clave de indexación en el contexto de la web social y facilitar el desarrollo de conversaciones en torno a un tema.

El hashtag es, en muchos sentidos, un símbolo de lo que es internet. No triunfó porque lo lanzase nadie en concreto, porque Chris Messina fuese especialmente influyente o porque tuviese un importante presupuesto publicitario o una compañía fuerte detrás, sino simplemente, porque era una buena idea. Un concepto fácil de entender, que solucionaba un problema o necesidad concreta – la dificultad de mantener una conversación en torno a un tema o de aglutinarla fácilmente en una sola búsqueda sin ambigüedades ni confusiones – y que prendió en Twitter, a pesar de la falta de interés inicial de la compañía, porque era la red social de la que todos hablábamos en el momento de su aparición, 2007. Hoy, diez años después, podemos trazar el origen del hashtag a una persona y un momento concreto por otra característica fundamental de internet: que todo queda recogido en algún fichero log.

Hoy, es normal encontrar hashtags en todas partes: en programas de televisión, en publicidad, y por supuesto, en cualquier listado de temas de actualidad o trending topics. En diez años, se ha convertido en un símbolo, en una convención comunicativa, en un elemento de nuestro lenguaje, y todo a partir de la simple ocurrencia de una persona. Por otro lado, nos lleva a pensar qué hacíamos antes de que el hashtag existiese: aunque los trending topics comenzaban a ser un termómetro razonable de la actualidad informativa – a pesar de la inveterada tendencia a la caída que los sistemas de Twitter tenían en 2007 en cuanto había cualquier evento digno de mención – la mayoría de las decisiones sobre la trascendencia de las noticias se tomaban en las redacciones de los medios de comunicación, optando por abrir con uno u otro tema en función de la importancia que el medio le atribuía. Ahora, las portadas ya no marcan la actualidad informativa, que transcurre independientemente de las horas de publicación, y la trascendencia de los temas es decidida de manera conjunta por los usuarios que etiquetan sus actualizaciones, en muchos casos, con los hashtags correspondientes. No es un sistema perfecto, es razonablemente posible “crear” un trending topic de manera artificial poniendo a suficientes personas de acuerdo para ello – como bien saben colectivos tan dispares como los activistas o los fans de determinadas figuras – pero sí resulta, por lo general, suficientemente bueno como para que podamos, en un simple clic, enterarnos de qué ha pasado en torno a algo. El hashtag es lo que podríamos calificar como una solución elegante: suficientes personas lo consideran una buena solución, y su uso prende y se difunde de manera totalmente espontánea. De eso hace ahora diez años, diez años cuya actualidad informativa podríamos posiblemente resumir con una lista de hashtags si eliminásemos el montón de ellos irrelevantes, sin importancia o procedentes de procesos virales sin trascendencia real. Como tantas cosas en la red, un sistema para nada perfecto, pero sí suficientemente bueno para cubrir muchas necesidades, sean saber qué está pasando o seguir la conversación de los asistentes a una reunión o conferencia de un tema específico.

Simplemente, una buena idea, nada más. Y nada menos…

 

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Trabajos de almacén

SeegridLos almacenes son, sin duda, uno de los elementos que más amenazados parecen dentro del previsible impacto de la sustitución de trabajadores por robots de diversos tipos. La práctica totalidad de las compañías que desarrollan su actividad en torno a productos físicos poseen almacenes, y el desarrollo de la nueva logística está imponiendo a todas ellas unas pautas de eficiencia y de automatización cada vez más exigentes, más extremas, con el fin de obtener una velocidad, una eficiencia o una trazabilidad cada vez mayores al tiempo que se eliminan los errores. La logística es, cada vez más, un factor clave en la eficiencia y en los costes operacionales, y la presión que eso supone sobre las compañías es cada vez más elevada. Todo indica que innovaciones como los vehículos de conducción autónoma verán su desarrollo bastante tiempo antes en los almacenes que en las carreteras.

Un almacén es, en efecto, un entorno mucho más previsible que una carretera. Sus dimensiones y particularidades están perfectamente cartografiadas al detalle y con precisión, y además, condiciones como la temperie, la iluminación, la visibilidad o la presencia de obstáculos son, por lo general, perfectamente previsibles. Por otro lado, los almacenes, particularmente a partir de cierto tamaño, son enormemente sensibles al error humano: un material colocado manualmente en el lugar equivocado puede convertirse no solo en un material perdido, sino además, en un espacio inútilmente ocupado, con todos los problemas que ello puede acarrear.

El famoso (y fantástico) vídeo de Amazon y sus robots Kiva que llevo utilizando desde 2011 en mis clases y conferencias tiene ya numerosas alternativas más recientes, como este de un proveedor logístico chino que resulta igualmente fascinante. Pero más allá de robots relativamente pequeños, achaparrados y de color naranja capaces de transportar paquetes o estanterías enteras, un almacén tiene otras demandas de trabajo que suponen otros perfiles. Según estadísticas del Bureau of Labor Statistics, 2,924,300 norteamericanos trabajaban en 2014 en tareas de registro de almacenes, además de otros 3,719,300 dedicados a mover materiales manualmente en sus estanterías y a otros 679,900 encargados de manejar máquinas para desplazar pallets y otras cargas pesadas

En la imagen, una carretilla elevadora autónoma de Seegrid: el clásico “toro” de los almacenes, pero en versión autónoma. Capaz de mover más de tres toneladas y media de materiales, y de hacerlo además sin un operador humano manejándola, gracias a cinco cámaras que le proporcionan una visión estereoscópica y le permiten manejarse en un almacén previamente mapeado a la perfección. Contrariamente a lo que ocurre en el caso de los vehículos autónomos, las cámaras proporcionan suficiente información para el sistema de reconocimiento óptico sin necesidad de sistemas como radares o LiDAR, debido a la mayor previsibilidad del entorno del almacén. Además de desplazar las cargas, es capaz de recogerlas y soltarlas igualmente sin intervención humana, lo que permite eliminar no solo el coste relacionado con el operador, sino también ganar en precisión en tareas repetitivas que típicamente tendían a generar una cierta tasa de errores.

¿Cuántas compañías van a plantearse eliminar a una parte importante de trabajadores o a la práctica totalidad en sus almacenes en los próximos pocos años? ¿Cuántas de las que no puedan plantearse hacerlo pasarán a subcontratar sus almacenes con compañías especializadas, convertidas en auténticos especialistas capaces de extraer rentabilidades mucho mayores en la logística? ¿Cuánto tardaremos en dejar de ver personas que afirman dedicarse a trabajos relacionados con un almacén? Pero sobre todo… ¿tendría sentido, una vez que las máquinas han desarrollado la capacidad de llevar a cabo esas tareas relativamente repetitivas y pesadas con mayor precisión y con menos errores que las personas, seguir dedicando trabajadores humanos a ello?

 

 

 

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Política y protestas: lo que vale y lo que no vale

DisruptJ20El pasado 15 de agosto, saltó una noticia preocupante: el Departamento de Justicia estadounidense había enviado una orden de registro a una compañía de alojamiento web, DreamHost, demandando todos los datos disponibles, incluidas direcciones IP, de los 1.3 millones de visitantes a la página DisruptJ20, que funcionó como aglutinadora de las marchas de protesta el día de la toma de posesión del presidente Donald Trump en Washington.

Las alertas se encendieron inmediatamente, al tiempo que DreamHost anunciaba que apelaría la orden: ¿es de alguna manera legítimo que el gobierno de un país democrático con libertad de expresión pretenda solicitar datos sobre los visitantes a una página de protesta contra su presidente?

Tras la polémica en los tribunales, el Departamento de Justicia ha decidido retirar su petición, y explicar que no tenía ningún interés en los visitantes de la página, sino únicamente en los que la hubiesen podido utilizar para coordinar protestas y acciones violentas. La retirada de la petición supone un triunfo para DreamHost, que podría haber simplemente tratado el asunto de manera discreta y haber suministrado los datos solicitados al Departamento de Justicia, pero decidió resistirse y apelar la orden de registro por respeto a la privacidad de sus usuarios.

Que un presidente como Donald Trump intentase crear un registro de disidentes o de personas críticas con su gobierno entraría dentro de lo imaginable, y más aún después del fiasco que supuso la ceremonia de su toma de posesión, con cuya audiencia y asistencia parecía completamente obsesionado. Sin embargo, las actividades de protesta o de contestación al gobierno son, como no podría ser de otra manera, completamente legales en los Estados Unidos, y la idea de solicitar los datos de los visitantes a una página de protesta resulta directamente demencial. Durante la toma de posesión, que concentraron a varios miles de personas en unas veinte acciones de protesta que habían solicitado los debidos permisos y que tuvieron lugar mayoritariamente de forma pacífica, aunque se produjeron algunas acciones aisladas de violencia que dejaron como resultado el arresto de unas doscientas personas. Muy poco saldo para justificar una acción como la solicitada en la orden de registro, en la que se solicitaba los datos de todos los visitantes a la página, y que independientemente de las pretensiones de la administración, y se se convertía así en un claro exceso de celo en la investigación y en un evidente abuso de la autoridad gubernamental que evocaba las listas negras, las persecuciones políticas y las cazas de brujas habituales en regímenes no democráticos.

Según el escrito del gobierno, la página web no era sólo un medio para difundir públicamente la información de las protestas, sino también un medio para coordinar y comunicar en privado a un grupo de personas entre cuyas intenciones se incluía la planificación de acciones violentas. Tras las protestas de DreamHost, el Departamento de Justicia afirmó no haberse dado cuenta de la magnitud de su petición y de que abarcase a más de 1.3 millones de usuarios, y aseguró estar interesado únicamente en un pequeño y selecto grupo de personas, una afirmación cuya veracidad ha sido lógicamente puesta en duda por los abogados de la contraparte.

En la web, todo lo que hacemos queda recogido en algún fichero log. Solicitar datos de esos ficheros para identificar a los participantes en una acción determinada es algo que tiene que justificarse muy bien en virtud de la importancia del delito presuntamente cometido. En política, al menos en países con tradición democrática y separación de poderes, solicitar los datos de los visitantes a una página de protesta contra el gobierno, independientemente de que algunas de esas protestas terminasen en algunas acciones de violencia, es algo que tiene un aspecto directamente siniestro. Una vez más, uno de esos “pequeños detalles sin importancia” del alucinante – y esperemos que fugaz – paso por la Casa Blanca de un impresentable llamado Donald Trump…

 

 

 

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La ley es la ley, en la red y fuera de ella

IMAGE: Alexander Kharchenko - 123RFEsto puede marcar un precedente legal muy interesante: la Director of Public Prosecutions del Reino Unido, Alison Saunders,  anuncia en una pieza de opinión en The Guardian titulada Hate is hate. Online abusers must be dealt with harshly que los delitos de incitación al odio, acoso, racismo, abuso, odio religioso y otros similares serán perseguidos exactamente igual cuando ocurran a través de la red que cuando tengan lugar fuera de ella.

Un paso hacia la normalización del mundo online como una parte ya significativa del contexto en el que discurre nuestra vida, y una cuestión de lógica palmaria: que te insulten o te acosen a través de una red social no es menos grave que el que lo hagan mediante pintadas en la puerta de tu casa o en plena calle, y en muchos casos, tiene el mismo o incluso peores efectos.

La idea de que es necesario legislar de nuevo para incluir las situaciones derivadas de la llegada de internet se tambalea: los problemas son los mismos de siempre, y las leyes que aplican deben ser, con escasísimas excepciones, las mismas que aplicaban antes de que internet existiese, si es que alguien todavía recuerda cómo era el mundo antes de internet. Las leyes provienen del consenso social obtenido durante mucho tiempo, y tratar de crear nueva legislación para internet es algo que solo se asienta en la ignorancia del contexto online y que en la práctica totalidad de casos supone hiperlegislar, algo que nunca conduce a buen puerto. Los delitos son igual de delitos online que offline, con todo lo que ello debe conllevar: si te roban en la red, es un delito de robo, con el único atenuante de no incluir violencia, pero un robo al fin y al cabo, y ese debe ser el caso para todos los delitos. Las excepciones, en un contexto cada día más normalizado, tienen cada vez menos sentido.

En el caso de Alemania, este tipo de situaciones se dan desde hace ya bastante tiempo: muchas de las cuestiones que son delitos de odio fuera de la red, como la exhibición de simbología nazi, la exaltación de sus posturas ideológicas, la negación del holocausto o la incitación al odio o la violencia por razones raciales o religiosas ya son castigadas del mismo modo tengan lugar en la calle o en la red. Sin embargo, las leyes alemanas parecen excederse en la consideración de la responsabilidad al pretender imponer multas multimillonarias de más de cincuenta millones de euros a las plataformas sociales si no eliminan rápidamente este tipo de contenidos, algo que no sucede fuera de la red (no se multa a un ayuntamiento o al propietario de un edificio por no borrar una pintada rápidamente, por ejemplo) y que marcaría un tratamiento diferencial contra el mundo online que no parece tener demasiado sentido y confunde la responsabilidad de los usuarios, que son los que realmente cometen el delito y los que deben sufrir las consecuencias del mismo, con la de la plataforma, que no es más que el contexto en el que tienen lugar las acciones punibles.

Considerar la red como un entorno diferente ha traído numerosos problemas. La consideración del trolling como “travesuras” ha traído como consecuencia una falsa y peligrosa normalización del discurso del odio, del insulto y del acoso en la red, algo que nunca debería haber ocurrido y que es preciso corregir. Poner una barbaridad en Twitter como reacción a algo es ni más ni menos que eso, poner una barbaridad, y debe conllevar las mismas consecuencias que gritárselo a alguien a la cara en la vía pública o que pintarlo en su portal: si supone acoso, incitación al odio, difamación, abuso, etc. debe tener esa consideración a todos los efectos independientemente de que se haya hecho en la red o fuera de ella, y los usuarios tendrán que tener la madurez suficiente como para entenderlo así, o afrontar las consecuencias.

A medida que el pasar tiempo en la red se convierte en cada vez más normal, tenemos que empezar a considerar el contexto de la red como una parte más de nuestro contexto diario, sujeto a las mismas reglas y leyes, y los jueces tienen que acostumbrarse a pensar en el entorno online como una parte más en la que la justicia se imparte de la misma manera y con las mismas leyes que en un entorno offline con el que tienen, posiblemente, todavía más familiaridad. Con una internet que cuenta su edad ya en décadas y con más de la mitad de la población mundial conectada a la red, ideas como esta representan la única manera lógica de proceder y de avanzar.

 

 

 

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Un aparato de 500 dólares puede desbloquear cualquier iPhone 7 o iPhone 7 Plus, afortunadamente iOS 11 corrige este error

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En los últimos días uno de los vídeos que más ha aparecido en redes es el del youtuber EverrythingApplePro. En este vídeo vemos cómo gracias a un aparato que se puede conseguir por unos 500 dólares, se puede desbloquear cualquier iPhone 7 o iPhone 7 Plus con contraseña. Hay algunas pegas, como por ejemplo que la contraseña se haya cambiado recientemente o que tenga cuatro dígitos.

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Juniper cree que Apple Pay nos sorprenderá a todos en cinco años

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Apple Pay es uno de esos servicios que crecen lentamente, sin llamar mucho la atención. Poco a poco van sentando una base de la que, a largo plazo, se puede beneficiar. Es lo que dice Juniper Research acerca del servicio en los Estados Unidos: Apple podría ver todo un “boom” de Apple Pay en cuestión de cinco años.

Y no exagero cuando hablo de un boom. La compañía sugiere que en 2022, 34 de cada 100 compras estadounidenses podrían hacerse con un servicio de pagos móviles. Y el líder de esos pagos es actualmente Apple Pay en el país. Actualmente esa cifra es de sólo 2 de cada 100 compras. Continue reading Juniper cree que Apple Pay nos sorprenderá a todos en cinco años