Category Archives: IoT

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Que no haces ya con tu movil?

Quizás ya te has dado cuenta, o no. Desde hace unos años las aplicaciones y el uso que le damos a nuestro móvil se ha incrementado de manera notable. Diría que es el principal dispositivo y el centro de tus comunicaciones.

En muchos casos, en el mío por ejemplo, es mi principal herramienta de trabajo, llamadas, correo, mensajería, redes sociales, banco, pagos, viajes, acceso, seguridad… que no hago ya con el móvil? Pues quizás lo básico , ser la forma principal de identificación en la administración publica. Es decir, sustituir el DNI, la tarjeta de asistencia sanitaria, el permiso de conducir y el certificado digital de usuario, por citar algunos de los mas inmediatos, por una identificación digital y mas segura.

Aunque hay aplicaciones de las diferentes AA.PP. no están sincronizadas o integradas en un dispositivo que centralice y facilite el acceso a los registros que las diferentes administraciones tienen de nosotros, asi como los tramites que podríamos hacer. Parece mentira que, al menos, se de esa facilidad para aquel sector de la población que ya usa este tipo de dispositivos. Si que es cierto que otro sector de población, quizás los de mayor edad, quedarían fuera, al menos de inicio y hay que protegerles para que tengan los mismos servicios, pero quizás con formación y unos plazos de adaptación se pueda llegar a una adopción total.

Otro segmento es el de los pagos, llevar “metálico” encima debería ser raro en poco tiempo. Hay una cierta resistencia, en mi opinion en dos vías:

  • Las personas mayores o residentes en zonas rurales aisladas, la solución pasa por mejorar la comunicaciones y facilitar el uso de medios digitales de pago.
  • Los que usan el metálico para fines no muy lícitos o que quieren ocultar parte de su capital y operaciones.

Entonces, si los primeros se les facilita un medio de pago “universal”, por que no hay voluntad para eliminar el metálico? No vamos a pensar mal, pero quizás, si el legislador no pone mucho interés en ello, quizás es por alguno de los motivos expuestos ?

El resto de usos cotidianos, movilidad (Taxi, Cabify/Uber, Carsharing) , control de nuestro hogar, entretenimiento etc…

Los videojuegos, con el avance del streaming de juegos, sera posible jugar en breve a títulos y calidades solo posibles hasta hace muy poco en consolas de ultima generación. Microsoft es una de las empresas que mas apuesta por este servicio, lo llaman el Netflix de los videojuegos, y convertirán según han anunciado en el ultimo E3, aun mas, nuestros móviles en potentes centros de videojuegos.

Hay otro uso, el de la seguridad de las diferentes aplicaciones, mediante el acceso 2FA , o doble autentificación (autentificación en dos pasos) , que quizás ya usas por defecto o que puedes aplicar en muchas de las aplicaciones y con el tiempo poder eliminar las contraseñas de el uso habitual. Es una medida de seguridad adicional, pero que juega un plus en la seguridad de nuestro día a día.

Que podemos hacer mas con un movil? Seguro que en breve encontraremos muchos mas usos.

Antonio Sanchez

 

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Pequeñas aplicaciones domoticas, IoT en casa

Desde hace unos meses, un par de años aproximadamente, me ha interesado la automatización de la casa, he probado varios sistemas, desde la climatización, la iluminación (fue lo primero que hice cuando Philips presento su sistema HUE hace mas de 5-6 años¿?) y diferentes tipos de sensores para medir y registrar datos de humedad y temperatura.

Domoticz , sigue en desarrollo y muy viva, por lo menos hasta el momento, y permite integrar las soluciones de diferentes fabricantes a un coste realmente bajo, con una Raspberry de 30 euros se puede empezar a trabajar. En mi caso lo he virtualizado en una maquina virtual en un Nas, mejorando aun mas el rendimiento.

No voy a explicar en esta entrada todo lo que se puede hacer con Domoticz , pues para eso ya está su propia web. Tambien existen otras opciones como Home Assistant , que teóricamente hace lo mismo.

Ventajas de integrar diferentes fabricantes, no dependes de uno solo, puedes aprovechar las ventajas de cada uno de ellos. Tambien es mas sencillo integralos con los asistentes como Alexa, Google Assistant etc… aunque eso también tendrá su evolución, en el caso de Google algo mejor para nuestro idioma a partir de los próximos meses.

A nivel de medida y control se puede hacer prácticamente de todo;

  • Electricidad: Desde controlar los consumos y apagar/encender luces e interruptores, hasta guardar las estadísticas en la bb.dd. del sistema para ver el histórico.
  • Iluminación: Aunque depende del anterior apartado, se pueden generar escenas, con las bombillas RGB hasta la intensidad y color de la sala, además de automatizar según las costumbres del usuario.
  • Climatización: Desde lo básico, programar la temperatura y establecer los horarios hasta complementarlo controlando cada estancia por separado y anticiparse según la prevision meteorológica para que la temperatura de comfort sea la adecuada.
  • Seguridad: Controlar los accesos, saber si una ventana o una puerta esta cerrada y los registros de cada acción.
  • Todo lo que puedas imaginar es posible, jardín, garage, persianas, toldos…

Las ventajas finales de un sistema de este tipo son comodidad, ahorro y optimización de nuestra casa como mínimo, además de tener el control y registro de todas las actividades que integremos.

Es un pequeño resumen de las posibilidades de estos sistemas. Seguro que en breve sera mas fácil aún.

 

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Sensorizando el mundo

IMAGE: Bloomua - 123RF¿Qué ocurre cuando llenamos progresivamente de sensores más y más objetos de nuestra vida cotidiana? Un ejemplo claro lo tenemos en Waze, una compañía israelí adquirida por Google en 2013 (tras ser previamente cortejada por Apple y por Facebook) que fue la primera en darse cuenta de que el hecho de que todos llevásemos en todo momento un smartphone siempre encima ofrecía la posibilidad de utilizar esos GPS para confeccionar los mejores mapas de tráfico dinámicos, en los que se podía determinar de manera inmediata y precisa la intensidad circulatoria, hacer las mejores estimaciones de tiempo de llegada o ubicar las zonas atascadas.

¿Qué ocurre cuando la sensorización deja de limitarse al ordenador que llevamos en el bolsillo y se extiende a nuestros automóviles, que pasan a estar equipados con múltiples cámaras y radares permanentemente conectados? Automáticamente, tenemos la posibilidad de utilizar toda esa enorme red de sensores para obtener la mejor imagen en tiempo real del mundo a través de sus carreteras.

Que los vehículos conectados intercambien datos entre sí permite, por ejemplo, que se comuniquen sus intenciones anticipadamente o se sincronicen con precisión. Pero además, ofrece posibilidades como la comunicación de alertas ante, por ejemplo, una zona helada de la carretera, un obstáculo o cualquier otra eventualidad. Si además coordinamos todas esas lecturas de sensores de manera centralizada, añadimos la posibilidad, por ejemplo, de obtener los mejores y más precisos mapas meteorológicos del mundo, con la capacidad de generar una predicción prácticamente perfecta para el patio de mi casa. O de obtener un mapa en tiempo real, por ejemplo, del espacio de aparcamiento disponible en la vía pública, o mejorar aún más las estimaciones de tiempo de llegada. Si añadimos a los sensores de los vehículos las lecturas de sensores ubicados en otros sitios, como hogares u objetos en esa internet de las cosas que estamos construyendo, las posibilidades son absolutamente brutales.

Una vez ajustemos los parámetros de quién o quiénes pueden leer qué datos de qué sensores, una tarea que no va a ser en absoluto sencilla pero que puede protocolizarse adecuadamente, estaremos haciendo algo francamente impresionante: sensorizando el mundo. Un incendio en un monte será recogido por los vehículos que circulen por las carreteras próximas y posiblemente por drones que patrullen zonas de riesgo. Un accidente se convertirá en una alerta automática para los servicios de emergencia, pero también a los vehículos que vayan a llegar a él de manera inmediata para que tomen las decisiones oportunas, sea detenerse a ayudar o evitar el obstáculo. El Nest y el Canary de mi casa o el sensor de riego de mi jardín llevan a cabo una medición continua de temperatura y humedad, y en el futuro se complementarán con muchos más sensores para otras tareas, añadiendo más posibilidades al uso de esos mapas combinados de sensores desplegados en todas partes.

Para entender un futuro conectado hay que hacer eso: imaginarse las posibilidades de todos esos sensores situados en objetos en todas partes. Un mundo que nos ofrece constantemente datos sobre lo que ocurre en él. ¿Cuántas cosas pueden construirse a partir de esos datos? ¿Cuánto nos queda por imaginar?

 

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Todo es un ordenador

Raspberry Pi Zero WLlevamos ya años acostumbrados a la idea de tener ordenadores por todas partes: de verlos en nuestros puestos de trabajo, pasamos a verlos en nuestros hogares, de ahí a nuestros bolsillos, y de ahí, básicamente, a todas partes. Un ordenador ya no es un ordenador tal y como lo conocemos. Hoy, un ordenador puede ser un minúsculo aparato de diez euros con capacidad de proceso y conectividad, como el Raspberry Pi Zero W de la imagen, o puede ser un automóvil, al que ya muchos llevamos tiempo refiriéndonos como “un ordenador con ruedas“.

Pero la cosa, en realidad, va mucho más allá. Cuando un ordenador puede ser cosas tan dispares, el siguiente paso es meter un ordenador en todas partes. La llegada de la internet de las cosas implica, cada vez más, que todo se convierta en un ordenador. Entro por la puerta de mi casa cuando el ordenador de la cerradura de mi puerta detecta mi ordenador de bolsillo, enciendo las luces y decido la escena que quiero componer con un ordenador asociado a ellas, con el que interacciono mediante la voz con otro ordenador puesto en mi salón. Mi televisión, mi equipo de música, mi alarma, mi sistema de riego, mi termostato o mi detector de humos… todo, de una manera u otra, son ordenadores conectados.

Todos esos ordenadores generan flujos de datos constantemente. Se calcula que un automóvil conectado enviará a la nube cada hora veinticinco gigabytes de información, que tendrán que transmitirse a través de redes 5G ultrarrápidas para poder ser accionables con la velocidad necesaria. Y como un automóvil, también transmitirá datos constantemente nuestra ropa, nuestros wearables, y hasta las calles o carreteras por las que transitamos. Todo aquello con lo que interaccionamos se está convirtiendo en un ordenador conectado y generando un flujo de datos constante hacia la nube con su actividad: el ordenador que llevamos en el bolsillo será responsable de nuestra identidad, de nuestros pagos, de nuestra comunicación y de nuestra localización. ¿Qué sentido tiene un DNI cuando un smartphone puede ser una prueba mucho más fehaciente de nuestra identidad? Flujos permanentes de datos cada vez que damos un paso o que interaccionamos con algo. Transacciones de todo tipo incluso acciones que nunca pensamos que constituirían una transacción, convertidas en bits, transmitidas a la nube y almacenadas en cadenas de bloques.

Ya conectamos desde los juguetes de los niños hasta los juguetes sexuales, lo que genera la evidente necesidad de proteger nuestros datos para evitar usos no deseados o no autorizados. Si todo es un ordenador, tenemos que entender la necesidad de tratarlo como tal, con todo lo que ello conlleva, incluida la necesidad de mantenerlo seguro y de transmitir sus datos a través de redes adecuadamente cifradas. Que los últimos ataques de denegación de servicio hayan utilizado aparatos conectados tan insospechados como cámaras, detectores de humos o termostatos deja completamente claro de qué estamos hablando.

El ordenador ha dejado de ser un aparato que manejamos para llevar a cabo determinadas tareas, y ha pasado a ser el alma de todo aquello con lo que interaccionamos: los infinitos dispositivos que hoy son opciones para geeks tendrán pronto una propuesta de valor tan grande que muchos se harán cruces pensando cómo podían hacer las cosas que hacen cuando esos aparatos no eran inteligentes o no estaban conectados. La red que conocimos como un detalle anecdótico que nos permitía comunicarnos o acceder a información, hoy es el tejido conectivo que intercambia flujos de información sobre todo lo que hacemos, y aunque obviamente necesite algunas mejoras, va a seguir siéndolo nos pongamos como nos pongamos.

Esa es la realidad a la que vamos, y cada vez más, en la que estamos. No hablamos de ciencia-ficción, no son historias futuristas, no son extravagancias: es una evolución imparable. Quienes no quieran o no sepan planteárselo, quienes no incorporen esa visión de entorno en lo que hacen, verán cómo sus ofertas son progresivamente menos competitivas, y cómo terminan siendo simplemente el refugio de los desconectados, de los nostálgicos o de los excluidos.

Creo que ya tengo ideas suficientes para mi siguiente libro. Voy a ponerme manos a la obra.

 

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Conectando lo insospechado

Sleep Number 360 bedEn la foto, una de las estrellas del CES de este año: en efecto, es… una cama. En efecto, una cama inteligente, la Sleep Number 360, capaz de adaptarse perfectamente a nuestra postura y a la firmeza deseada desplazando masas de aire en su interior, de calentarnos los pies si los tenemos fríos, o incluso de elevarnos suavemente la cabeza si detecta que estamos roncando. Una cama conectada con una app que se encarga de mejorar la calidad de nuestro sueño, de cuantificarlo, o de recomendarnos un nivel de firmeza diferente si el día anterior hemos hecho mucho ejercicio, tan solo por poner algunos ejemplos.

A la mayor parte de las personas que conozco, incluso teniendo en cuenta que tiendo de manera natural a moverme en círculos en los que predomina el gusto por lo tecnológico, la idea de dormir en una cama conectada les resulta entre lo superfluo y lo directamente extravagante. Después de todo, dormir es dormir, es meterse en la cama y descansar, y cualquier cuestión adicional se califica rápidamente de frivolidad, ¿no?

Ya. Frivolidad. Hasta que deja de serlo. Hasta que empiezas a pensar que el descanso es una parte muy importante de la calidad de vida, hasta que empiezas a tener problemas con los pies fríos o con los ronquidos, o hasta que te planteas que dormir es una cosa, y descansar de verdad y de manera reparadora es otra muy distinta. No es mi caso, yo realmente más que dormir, me desconecto, pero después de todo, pasamos en torno a un tercio de nuestra vida en la cama, así que hay cuestiones en las que la consideración y la etiqueta de frivolidad es posible que haya que aplicarla con una cierta precaución. Sin duda, todos podemos plantearnos prescindir de una cama de varios miles de dólares con una app para gestionarla, pero empiezo a pensar que no solo tiene su mercado, sino que es posible que, en el futuro, prestaciones de ese tipo se incluyan dentro de lo que encontraremos normal y lógico tener en el lugar en el que descansamos. Lo que me lleva a plantearme una cuestión muy clara: ¿cuándo pasa a tener sentido pensar en una cama conectada? Simplemente, cuando podemos conectarla, cuando la tecnología para dotarla de un plus de funcionalidad que lo justifique empieza a estar disponible.

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Y si conectar una cama nos parece inicialmente extravagante, ¿qué tal conectar un cepillo de dientes? A primeros del pasado octubre, por gentileza de P&G, recibí su último modelo de cepillo de dientes eléctrico, el Oral-B Genius 9000. Este tipo de detalles de compañías que me mantienen informado sobre sus productos tecnológicos no me obligan a ningún tipo de contraprestación, no me comprometen a escribir, ni a tuitear ni a nada parecido, pero he querido traerlo a colación porque me ha generado una impresión bastante parecida a la de la cama: de entrada, la idea de cepillarme los dientes utilizando una app me sugería algo entre la frivolidad y la extravagancia. Soy bastante obsesivo con mi higiene dental y me gusta la sensación tras el cepillado que dejan los cepillos eléctricos, pero no veía en absoluto claro lo que una app podía aportar, y lo probé, básicamente, por decir que lo había probado, sin mucha fe. sin embargo, tras varios meses de uso, ¿qué ha ocurrido? Que no solo continúo encendiendo la app cada vez que me cepillo los dientes, sino que incluso me voy específicamente a por el smartphone antes de empezar el cepillado si me lo he dejado en otra parte de la casa, me voy de viaje con su estuche cargador (que además sirve también para cargar otros dispositivos, todo un plus en mi caso 🙂 y hasta uso la app para reseñar cuando me cepillo los dientes con un cepillo manual, como me ocurre cuando me coincide lavarme los dientes en mi despacho en lugar de en casa.

Oral-B Genius 9000

¿Qué hace que la idea de conectar algo tan aparentemente peregrino como un cepillo de dientes tenga sentido, y por qué paso de pensar en ello como en una frivolidad a considerarlo una parte de mi rutina diaria? Cuestiones como el comprobar objetivamente que tu higiene dental mejora, que consolidas hábitos que antes no hacías como el cepillado de la lengua o el uso del colutorio (la app incluso te gamifica y te da insignias en función de tus patrones de uso) y, en general, la constatación de un hecho: que incluso algo tan aparentemente sencillo y trivial como el cepillarse los dientes puede mejorar sensiblemente si la llevas a cabo con el extra de método y de procedimentado que aporta la app. Nada más lejos de mi intención que hacer un anuncio de cepillos de dientes, pero sí me ha parecido interesante que algo que de entrada no me llamaba especialmente la atención, se haya convertido en un hábito consolidado y me parezca que, en efecto, me aporta valor de una manera clara.

¿Por qué conectamos objetos insospechados, como una cama o un cepillo de dientes? Sencillamente, porque podemos. Porque la tecnología lo ha hecho no solo posible, sino sencillo e interesante. La internet de las cosas es lo que tiene, que hay infinidad de objetos que de entrada nos puede parecer una soberana tontería conectar, pero que si se plantea de la manera adecuada, pueden llegar a tener bastante sentido.

 

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La internet de las cosas inseguras

The Internet of Insecure ThingsEl pasado 23 de septiembre, la página de Brian Krebs, periodista e investigador especializado en seguridad, fue víctima de un ataque distribuido de denegación de servicio (DDoS).

Hasta aquí, todo – relativamente – normal: estos ataques son tristemente habituales en la web tanto con propósitos lícitos como la protesta organizada (el equivalente a una manifestación en la calle), como ilícitos (silenciar una opinión, hacer chantaje, etc.), hasta el punto de que existen servicios de “alquiler” de botnets para llevarlos a cabo. El que Krebs cubra en ocasiones las prácticas habituales de los ciberdelincuentes, lo que reduce su aplicabilidad y les fuerza a buscar nuevas metodologías, lo convierte en una víctima habitual.

En este caso, no obstante, existe una peculiaridad interesante: el ataque fue de una magnitud insospechadamente elevada, más del doble de los que se habían visto hasta el momento, y una gran cantidad de los dispositivos que lanzaban peticiones a la página no eran ordenadores, sino algo diferente: cámaras de vigilancia, grabadores digitales de vídeo, routers domésticos y otros objetos conectados a eso que se ha dado en llamar la internet de las cosas (IoT). Un software en concreto, conocido como Mirai, recopiló 68 pares de usuario y contraseña genéricos utilizados en dispositivos de este tipo que aparecían fácilmente disponibles y que no obligaban al usuario a hacer ningún tipo de cambio, lo que los convertía en muy fácilmente vulnerables. Es la llamada Internet de las Cosas Inseguras, de la que llevamos hablando ya algún tiempo.

No es la primera vez que asisto a un ataque de este tipo originado por delincuentes que quieren evitar que un procedimiento o método para cometer delitos sea revelado: en un primer momento, es habitual que todos los implicados traten de hacer un “sálvese quien pueda”: Akamai, que ofrecía a Krebs su hosting gratuitamente, tuvo primero la intención de dar de baja el sitio ante los problemas – y el dinero – que les estaba causando, hasta que se dieron cuenta de que ese movimiento no iba a ser demasiado inteligente de cara a su imagen, y tuvo que terminar siendo Google con su Project Shield quien ayudase a mitigar el efecto del ataque. En el post-mortem del ataque se ve como, efectivamente, los protagonistas del mismo fueron mayoritariamente dispositivos conectados en la zona EMEA, y cómo el ataque, visto así, fue relativamente sencillo de organizar, mucho más que lo que es, en nuestros días, tomar control de ordenadores convencionales. Que fuese tan sencillo, de hecho, escala notablemente el problema: como dice el gran Bruce Schneier, resulta fundamental salvar internet de la internet de las cosas, porque silenciar a alguien nunca fue tan sencillo y tan barato como ahora. Vivir en un mundo donde cualquiera puede dedicarse a amenazar, chantajear o callar a quien quiera no es bueno para nadie.

Resulta difícil ser consciente en temas relacionados con la seguridad: tendemos a asociar los riesgos con nosotros mismos, a minimizar su probabilidad, y a pensar que con hacer una buena instalación ya hemos hecho nuestra parte, cuando la realidad es que en muchos casos, esos dispositivos pueden dejar mucho que desear en cuanto a sus estándares y, en ocasiones, cometen barbaridades tales como dejar contraseñas por defecto en lugares fácilmente visibles. La brutal heterogeneidad de fabricantes, protocolos y compañías que hay en este momento detrás del ecosistema IoT parece que va a llevar a que se intente regular desde los organismos públicos, lo cual no siempre estoy seguro de que sea una buena idea y probablemente se convierta en una parte más del problema. Poner un ordenador en cada cerradura, termostato, bombilla, automóvil y todo lo que se nos ocurra puede aportar muchísimo valor, comodidad y conveniencia, pero no debemos olvidarnos de que es precisamente eso, un ordenador conectado, con capacidad no solo para provocarnos problemas a nosotros como usuarios, sino también a muchos otros.

Krebs, como víctima, habrá pasado unos cuántos días muy malos – no es agradable ver cómo el trabajo de una vida profesional, tu página web, es víctima de los ataques de aquellos contra los que intentas luchar y denunciar – pero después de todo, es un periodista especializado en el tema, lo cual le facilitó no solo obtener la visibilidad adecuada, sino también la comprensión de la escala del tema y el apoyo de los socios necesarios para poder resistir. Pero sin duda, no va a ser el único ataque con estas características. No, la seguridad no es una tarea fácil. Pero cada día más, es una tarea de todos.

 

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Reparto a domicilio… de verdad

IMAGE: Johan2011 - 123RFCon el auge del comercio electrónico, hemos visto un gran crecimiento en el volumen de reparto a domicilio. Hace algunos años, la llegada de un paquete a casa era relativamente excepcional. Ahora, no es extraño que haya varias entregas a lo largo de la semana, con todo lo que ello conlleva a la hora de planificar que la recepción pueda hacerse cuando haya alguien en el domicilio que pueda abrir la puerta.

Amazon podría estar trabajando en una manera de evitar ese problema: una forma de permitir que el reparto pueda llevarse a cabo aunque no haya nadie en casa, mediante el uso de dispositivos electrónicos que permitirían abrir la puerta de casa o del garaje de manera limitada al repartidor que realiza la entrega. Aparentemente, la compañía está desarrollando este tipo de alternativas con compañías de productos de home automation como August o Garageio, con las que ya cuenta con cierta relación: el cliente dispondría de la posibilidad de permitir la entrada del repartidor en una sola ocasión y por un tiempo limitado, lo que le permitiría dejar la caja correspondiente dentro de la casa o en el garaje. Las apps asociadas a este tipo de dispositivos permiten monitorizar la apertura y el cierre, lo que posibilitaría un relativo nivel de control, o incluso combinarlo con otros dispositivos, como Canary o Nest Cam, para poder ver en tiempo real los movimientos del repartidor. Anteriormente, otros operadores logísticos han ensayado otras opciones, como la posibilidad de hacer envíos al maletero de vehículos estacionados y que cuentan con la opción de apertura remota.

Obviamente, este tipo de dispositivos están aún muy lejos de tener una difusión elevada, lo que convierte la iniciativa en una simple anécdota a la espera de que el parque instalado crezca, o en la posibilidad de elucubrar y discutir sobre sus posibilidades y limitaciones. Este tipo de cerraduras electrónicas empiezan a ser relativamente populares, por ejemplo, en propietarios de pisos alquilados con Airbnb, porque permiten proporcionar un acceso temporal al usuario mediante su smartphone, que puede ser deshabilitado remotamente cuando el alquiler termina sin tener que depender de un lugar físico donde dejar o recoger una llave. Igualmente, existen integraciones con otros dispositivos de cierta popularidad en automatización doméstica, como Amazon Echo o Apple HomeKit, para crear rutinas de apertura de la cerradura asociadas a determinados eventos o a comandos de voz, lo que permite imaginar posibilidades de apariencia futurista como la de llegar a casa y que la cerradura se abra tras simplemente saludarla. Aunque en este caso, parece que quedan algunos detallitos por mejorar… 🙂

 

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La tragedia y los comunes: el caso de los quioscos de conectividad en Nueva York

IMAGE: The Payphone ProjectSidewalk Labs, la compañía que llenó Nueva York de quioscos con acceso a internet de alta velocidad, WiFi, puntos de recarga para dispositivos y una gran pantalla desde la que acceder a la red, se ha visto obligada a suspender ese acceso. La razón es el uso que de estos quioscos estaban haciendo fundamentalmente personas sin hogar que, ante la posibilidad de acceder a contenidos de todo tipo – incluso pornografía, o música a volumen elevado a horas inadecuadas – se instalaban con todos sus enseres al lado de los quioscos y prácticamente monopolizaban su uso, generando incluso algunos incidentes.

La cuestión no deja de ser un ejemplo de diccionario de la llamada tragedia de los comunes: una situación en la cual varios individuos, motivados solo por el interés personal y actuando independiente pero racionalmente, terminan por destruir un recurso compartido limitado (el común) aunque a ninguno de ellos, ya sea como individuos o en conjunto, les convenga que tal destrucción suceda.

La decisión de instalar los puntos de acceso como forma de modernizar unas anticuadas cabinas telefónicas que cada vez tenían menos sentido se tomó, en parte, como una medida de inclusión: para poder ofrecer acceso a algo tan importante como la conectividad a ciudadanos que lo pudiesen necesitar en un momento dado. Se trataba de hacer un planteamiento amplio, de ofrecer un recurso a quien no lo tiene disponible, bien sea de manera meramente coyuntural (“se me ha acabado la batería” o “he salido de casa sin el móvil) o de manera estructural (“no puedo pagar una conexión” o “no tengo casa”). Y de hecho, el atractivo del proyecto para el alcalde demócrata de la ciudad, Bill de Blasio, estaba en gran medida en su capacidad para la inclusión, para romper el llamado digital divide, las diferencias entre conectados y no conectados. Sin embargo, parece evidente que una cosa es proporcionar un recurso puntual, y otra muy diferente montarse un salón al aire libre con música y televisión, convirtiendo el punto de acceso en un lugar que no solo genera problemas de imagen, sino posiblemente también de seguridad: ¿qué hacer cuando infinidad de ciudadanos comienzan a compartir en redes sociales imágenes de puntos de acceso convertidos en improvisadas salas de estar? ¿Están esas infraestructuras realmente ofreciendo conectividad a los desconectados, o están sirviendo para otra serie de cosas diferentes y que, de alguna manera, no estaban en el programa?

Desde la instalación de los quioscos, la actitud de la policía de la ciudad había sido tolerante: reconvenir a quien no tiene nada que perder es una tarea complicada, y hacerlo precisamente con los que más pueden necesitar una infraestructura así no parecía una actitud que fuese a generar un buen punto de partida. Pero las sucesivas protestas de ciudadanos que ven el punto de acceso de su calle monopolizado por indigentes, por mucha conciencia social con la que se intente sazonar la cuestión, han determinado un curso de acción que, desgraciadamente, resulta ser el peor: ante los conflictos que genera el recurso compartido… eliminamos el recurso. Como comentan en Business Intelligence, “this is why New Yorkers can’t have nice things.”

La actitud de la compañía, comunicada en su página, es clara:

“We also know that some users have been monopolizing the Link tablets and using them inappropriately, preventing others from being able to use them while frustrating the residents and businesses around them. The kiosks were never intended for anyone’s extended, personal use and we want to ensure that Links are accessible and a welcome addition to New York City neighborhoods.”

(“También sabemos que algunos usuarios han monopolizado nuestros quioscos y los han utilizado de manera inapropiada, evitando que otros pudiesen usarlos y convirtiéndose en una frustración tanto para los residentes como para los negocios que los rodean. Los quioscos nunca fueron diseñados para el uso personal y prolongado de nadie, y queremos asegurar de que son accesibles y bienvenidos en la ciudad de Nueva York.”)

¿Cómo ofrecer un elemento como este para su uso, sin que se convierta en objeto de abuso? La ingeniería social es una ciencia compleja. Pocos realmente esperan que la eliminación de la función de navegación se prolongue en el tiempo, y más bien se ve como una medida temporal mientras se rediseñan las características del servicio para evitar esos patrones de utilización, posiblemente añadiendo una caducidad a las sesiones o introduciendo otros elementos que dificulten un uso prolongado. Pero por el momento, el ejemplo de Nueva York queda como aviso a navegantes: aunque parezca una buena idea, y sin duda en este caso lo es, no siempre es sencillo evitar problemas en su puesta en marcha. ¿Problemas derivados de la tecnología? No, problemas derivados de la naturaleza humana.

 

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ARM será japonesa

ARM, a SoftBank company

ARM Holdings, la auténtica joya de la corona tecnológica británica y la estrella del llamado Silicon Fen (la zona en torno a Cambridge), recibe una oferta de adquisición del conglomerado japonés de telecomunicaciones SoftBank por 32,000 millones de dólares, un multiplicador de más de 21 veces sobre la facturación del último año de la compañía, 1,500 millones. La oferta supone £17 en cash por acción, un 43% sobre su precio de cierre de la semana pasada.

Los microprocesadores y GPUs de ARM están presentes en una amplísima gama de dispositivos desde ordenadores de sobremesa y portátiles, hasta dispositivos móviles de en la mitad de las tabletas con Android, y en la práctica totalidad de los smartphones, smartwatches y otros dispositivos. Es el tercer fabricante más popular en dispositivos móviles, el primero que vio claramente en la movilidad la oportunidad para capitalizar un diseño enfocado a la extrema eficiencia y el bajo consumo de recursos, y una de las empresas consideradas clave en el desarrollo de la internet of things (IoT). Claramente, el valor de mercado de ARM no reflejaba su ubicua presencia en el actual panorama tecnológico.

El modelo de negocio de la compañía consiste en la licencia de sus diseños y tecnología a fabricantes de dispositivos, que pagan una pequeña cantidad por cada unidad vendida, y es la suma de muchas de esas pequeñas cantidades, en un mundo en el que progresivamente todo está llamado a llevar no uno, sino múltiples chips, lo que termina por sumar los 1,500 millones de dólares que la compañía facturó el pasado año. ARM no fabrica los chips, ni siquiera diseña los chips que llegan al mercado. En realidad, ARM diseña el núcleo que acaba instalado en los chips de otras compañías, como Qualcomm, Nvidia, Apple o Samsung, ARM licencia su diseño a los fabricantes que desean utilizar sus núcleos en sus chips y, finalmente, en sus dispositivos o en los de terceros. En el año 2015, se vendieron alrededor de quince mil millones de dispositivos equipados con núcleos basados en diseños ARM, un crecimiento de tres mil millones sobre el año anterior, en torno a la mitad de ellos instalados en dispositivos móviles. Y a medida que la IoT se extiende y vamos poniendo sensorizando y conectando cada vez más objetos en nuestro día a día, la demanda de chips de bajo consumo no puede hacer más que crecer, un año detrás de otro.

La adquisición, según algunos analistas, tiene un detonante claro en el Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea, que ha provocado una fuerte caída de un 30% de la libra con respecto al yen frente al año pasado, del 11% contando únicamente desde el día del referendum. Este descenso en el valor podría haber actuado como un endulzante de la transacción, aunque el efecto, no obstante, no está completamente claro: la fuerte posición de ARM en el mercado global ha provocado un incremento de la valoración de sus acciones de un 16.7% desde la misma fecha.

La operación ha provocado una cierta discusión entre los políticos partidarios del Brexit, que afirman que la adquisición supone una fuerte inversión de divisas y una creación de riqueza en el país que desafía la creencia generalizada de apocalipsis económica asociada con el resultado del referendum, y los que opinan que el hecho de que ARM deje de ser una compañía británica y pase a ser japonesa es una mala noticia, entre otros, una voz tan autorizada como la del fundador de la compañía, Hermann Hauser, que considera que la noticia marca un día triste para la industria tecnológica británica:

“… it was a British company that determined the next generation microprocessor architecture, that is going to be used in all the next generation phones and – more importantly – in the next generation of the internet of things”

(…  era la compañía británica que iba a determinar la arquitectura de los microprocesadores de la próxima generación, la que va a ser utilizada en todos los teléfonos de la generación que viene, y más importante aún, en la próxima generación de la Internet de las cosas)

Ahora, esa compañía será japonesa, con todo lo que ello pueda conllevar. Como parte del trato, SoftBank se ha comprometido a elevar la inversión en ARM hasta doblar su número de empleados en el Reino Unido en un plazo de cinco años, así como a mantener a su equipo directivo y su estrategia de licencias. La compañía podría tratar de buscar sinergias incrementando el número de procesadores basados en ARM en sus dispositivos o plantearse elevar el precio de sus licencias, pero lo que nadie duda es que ahora ejerce una gran influencia sobre uno de los actores fundamentales en el desarrollo de una de las áreas tecnológicas con un crecimiento más prometedor en el futuro.

 

 

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Combinando piezas: la cámara inteligente

Nest Cam Outdoors Nest Labs, la empresa creada por Tony Fadell y Matt Rogers en 2010 y adquirida por Google en 2014 por 3,200 millones de dólares pone en el mercado su cuarto producto, Nest Cam Outdoors, tras su termostato, su detector de humos y su cámara.

La idea puede parecer sencilla: tomar la cámara que tenían para interior, y meterla en una carcasa resistente a la intemperie, con un diseño atractivo, y audio bidireccional que se amplía mediante unos altavoces estratégicamente situados de manera que la propia pared actúa como amplificador del sonido. Eso, obviamente, no daría como para dedicarle un artículo en mi página, que no suele dedicarse a ese tipo de análisis de producto – y menos aún sin haberlo probado. Lo que me ha resultado interesante, en este caso, no es tanto el producto como tal, sino la ruta estratégica – y accidentada – que nos lleva hasta él, además de las tendencias que marca.

Nest adquiere Dropcam en junio de 2014 por 555 millones de dólares, un fabricante de cámaras conectadas mediante WiFi que convertía en absolutamente sencilla la monitorización de cualquier interior: simplemente la ponías en la habitación que querías, la conectabas a tu WiFi, y comenzabas a almacenar en la nube de la propia compañía hasta una semana de vídeo. Equipada con sensores de movimiento, micrófono y altavoces, comenzaba a enviar alertas al smartphone cada vez que detectaba ruido o movimiento. El modelo de negocio era sencillo: la cámara, $199 (había una versión más barata con menor ángulo de visión y menor resolución por $149), y el almacenamiento en la nube, $99 anuales. Un 39% de los clientes que adquirían la cámara, decidían pagar por el almacenamiento.

La adquisición no fue bien. Estilos de liderazgo dispares, incómodos cruces de acusaciones entre Tony Fadell, que afirmaba que el equipo de personas no era tan bueno como decían, y la lógica defensa del fundador de la compañía adquirida, Greg Duffy, crearon un ambiente pésimo. En un momento dado, el propio fundador de Dropcam abandonó la compañía y definió la operación como un claro error. El producto, en cualquier caso, fue re-etiquetado como Nest Cam, y los usuarios de la app de Dropcam fueron invitados a pasarse a la app de Nest.

¿Qué elemento fundamental se incorpora a la hora de lanzar el nuevo producto, la Nest Cam Outdoors? Algo que no se hace evidente en el diseño, pero que se convierte, seguramente, en su mayor propuesta de valor: la tecnología de reconocimiento de imágenes mediante machine learning de Google. Dado que se detectó que uno de los mayores problemas de este tipo de cámaras eran las falsas alarmas, Google ha combinado sus tecnologías de visión computerizada y de machine learning para poder estimar, con una confianza razonable, cuándo el movimiento detectado corresponde a un insecto que se pasea delante de la cámara, a un animal, a un coche que pasa o a una persona. Una forma interesante de reunir piezas: Dropcam aporta una tecnología de base tras una adquisición complicada, Nest aporta su característica excelencia en diseño y fabricación, y Google, la propietaria de Nest (que durante mucho tiempo tras la adquisición hizo gala de mantener su independencia), aporta una capa de inteligencia artificial que puede resultar un muy buen valor diferencial para un producto en una categoría en la que la competencia es elevada.

Cámaras de seguridad hay muchas. De un mercado dominado por competidores integrales de servicios gestionados (empresas de alarmas y de seguridad en general) pasamos a uno con un importante componente amateur (cámaras baratas que se instala uno mismo y conecta como buenamente puede y sabe). Entre ambas categorías, puede haber huecos interesantes si se sabe hacer bien y si, efectivamente, las promesas de evitar falsas alarmas y ofrecer un buen nivel de seguridad se cumplen. Y en cualquier caso, no deja de ser una prueba de la tendencia que llevamos tiempo comentando: aplicar a todo una capa de inteligencia artificial.

 

 

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