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Compañías intangibles

Decentralized Autonomous Organization (DAO)

¿Qué es una compañía? Básicamente, un conjunto de accionistas que destinan unos recursos a una actividad comercial o industrial, un propósito común para el cual organizan a una serie de empleados que enfocan sus diferentes talentos y organizan sus habilidades o recursos disponibles colectivamente para alcanzar unas metas específicas y declaradas.

¿Qué pasaría si, haciendo un ejercicio de abstracción, tratásemos de reducir esa estructura a lo mínimo imprescindible? Si definimos el objetivo de la compañía de manera transparente, permitimos que entren los accionistas, y creamos un sistema transparente de toma de decisiones descentralizada, sin necesidad de ningún tipo de directivo o de sistema de control más allá del funcionamiento de esos mecanismos, ¿con qué nos encontramos?

Un interesante y accesible artículo en Venture Beat habla sobre las organizaciones descentralizadas y autónomas, conocidas como DAO, que algunos consideran como “las compañías del futuro”: una estructura carente de dirección física, sin empleados y sin ninguna persona en papeles directivos. Unicamente con una serie de contratos con profesionales externos, cuya actividad es controlada y registrada a través de blockchain.

Un modelo de gobernanza totalmente distribuido en el que las decisiones se toman simplemente cuando los accionistas apoyan o retiran su apoyo a los contratos presentados o en curso de realización, de manera que aquellos que no cumplen o no lo hacen al nivel adecuado son eliminados de la organización de manera rápida y eficiente. Plantéate cualquier compañía, y trata de reimaginártela con la totalidad de los flujos de trabajo que la integran llevados a cabo por profesionales independientes, mediante contratos que son controlados a través de un registro infalible. La organización decide qué profesionales hacen qué cosas, establece unas reglas para esos contratos, los paga cuando son entregados, y sustituye a esos profesionales si no cumplen o no lo hacen al nivel adecuado. El incentivo a que esos contratos se lleven a cabo de la mejor manera posible es tan simple como que si no son entregados a tiempo o no responden a la calidad esperada, dejan de trabajar con la organización, porque los accionistas retirarían su apoyo a ese contrato. La compañía pasa a ser simplemente una serie de contratos gestionados de manera descentralizada y completamente transparente, y dado que se trata únicamente de una serie de personas que han destinado unos fondos a un proyecto común, sin necesidad siquiera de constituir legalmente ninguna entidad para dar soporte, y que pueden estar en cualquier lugar del mundo, sería difícil incluso especular acerca del sistema legal al que deben responder sus actos.

El primer intento de crear una DAO fue una compañía llamada precisamente The DAO, y fue un desastre, una prueba evidente de que las cosas no siempre salen bien al primer intento: tras convertirse en el proyecto de crowdfunding más grande de la historia y lograr fondos equivalentes a 120 millones de dólares en moneda virtual para dedicarlos al capital riesgo, la compañía, que había publicado el código íntegro de su actividad en open source y al que se le habían detectado algunas vulnerabilidades, fue objeto de una intrusión que aprovechó dichas vulnerabilidades y logró hacerse con más de un tercio de sus fondos (aunque finalmente, y tras una decisión que generó una fuerte discusión en la comunidad Ethereum, el contrato fue rescatado y esa transacción fue anulada).

La idea de una DAO se asienta en una máxima de internet: la reducción máxima de los costes de transacción. En el momento en que un sistema puede registrar con total fiabilidad todas las transacciones, la necesidad de estructuras directivas y sistemas jerarquizados para llevar a cabo un control desaparece, y se convierte en ineficiente frente a un modelo completamente descentralizado en el que los accionistas deciden libremente si apoyar o retirar su apoyo a un contrato determinado. Una compañía etérea, virtual e intangible, sin jefes, tan solo la expresión de los intereses de sus accionistas en torno a un proyecto común: organizaciones integradas por personas que llevan a cabo determinadas actividades de manera completamente descentralizada. Por el momento, hablamos de cuestiones puramente experimentales y de posibilidades que se están definiendo prácticamente sobre la marcha. Pero con el tiempo, podríamos estar hablando del futuro de las organizaciones tal y como las conocemos. O cuando menos, marcando una línea a explorar o a seguir…

 

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Asistentes de voz: una plataforma diferente

Hola, soy tu casa, ¿quieres algo? - El Independiente

Marta G. Aller, de El Independiente, me llamó para hablar sobre asistentes de voz como Amazon Echo o Google Home, sobre los que he escrito bastante recientemente, y ha incluido algunas de mis opiniones en un artículo largo titulado “Hola, soy tu casa, ¿quieres algo?” (pdf)

Aunque aún no han sido lanzados en el mercado español, la presencia de este tipo de asistentes domésticos está creciendo fuertemente en el mercado norteamericano, con previsiones de crecer mucho más en 2017,  y están presentes desde septiembre de 2016 también en el Reino Unido y Alemania.

A todos los efectos, debemos entender los asistentes de voz como una nueva plataforma: su desarrollo depende de su capacidad para atraer a desarrolladores y aplicaciones que sean capaces de incorporar en ellos nuevas habilidades. Es muy distinto plantearse un asistente de voz útil simplemente para poner cosas en tu lista de la compra, frente a plantearte que le puedes pedir canciones o listas en Spotify, encender y apagar las luces, subir o bajar la calefacción, pedirte una pizza, llamar a un Uber o que te lea un audiolibro, entre miles de posibilidades más.

También es importante entender sus importantes diferencias y limitaciones como interfaz con respecto a esa pantalla con la que tenemos tanta familiaridad: un asistente de voz se limita a leer una o dos opciones – añadir más lo convertiría en incómodo – frente a las múltiples posibilidades que nos ofrece una pantalla, lo que lleva a problemas derivados de la selección de esas opciones, como Google pudo recientemente comprobar. A la hora de solicitar a un asistente de voz cualquier cosa, debemos plantearnos que, muy posiblemente, el nivel de retroalimentación relacionada que nos ofrecerá será muy inferior al que nos ofrecería nuestro interfaz habitual, lo que puede generar incertidumbre, incomodidad o limitaciones en no pocos casos.

Pensar que Amazon pone en el mercado Echo únicamente para que añadamos cosas a nuestra lista de la compra es completamente absurdo, como la experiencia de uso está de hecho demostrando: los usuarios hacen uso de sus Echo para muchísimas cosas, desde programar una alarma hasta leer las noticias, pasando por saber la hora, encender luces o que les cuente un chiste. Es precisamente la velocidad de desarrollo de ese parque de aplicaciones y el crecimiento en sus niveles de uso lo que parece sugerir un proceso de adopción rápido.

La próxima entrada de otros competidores y el crecimiento de los actuales apunta a una implantación rápida. Hablamos de sistemas de procesamiento de voz avanzados, basados en machine learning y que dependen fuertemente del parque de usuarios y del nivel de uso para su lanzamiento en un idioma o para ir mejorando su rendimiento, de ahí la ventaja de Google al contar con la amplia base de usuarios de Google Now en los smartphones con Android (que le permite, por ejemplo, incluir el reconocimiento de las voces de hasta seis usuarios), y la reacción de Amazon al abrir la interfaz de voz a los usuarios de su app en smartphones. El desarrollo de un nuevo idioma no es sencillo porque depende precisamente de eso, del nivel de uso de sus asistentes de voz en ese mercado para contar con una buena base de datos para entrenar a sus algoritmos, pero no debería tardar demasiado su llegada al mercado español. A partir de ahí, deberemos pensar en esos dispositivos como centro de un ecosistema, como una plataforma en la que integrar una gama creciente de funcionalidades que la irán haciendo cada vez más útil y más atractiva, aunque no exenta, como todo, de algunos problemas.

 

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Sobre el futuro del trabajo, en El País

La tecnología jubilará primero a los menos cualificados - El Pais

Miguel Ángel Criado me envió algunas preguntas por correo electrónico para documentar su artículo en El País sobre el futuro del trabajo, encuadrado en el Proyecto REIsearch sobre el impacto de la nueva generación de internet sobre diversas facetas de la vida, y que fue publicado ayer con el título “La tecnología jubilará primero a los menos cualificados” (versión en papel en pdf). 

El tema, como sabréis los que os pasáis por aquí a menudo, me apasiona completamente, y lo revisito de manera bastante habitual. Mis respuestas intentan sintetizar algunas de las cuestiones más candentes cuando se habla del futuro del trabajo como base fundamental de la sociedad que conocemos o incluso de la identidad de la persona, hasta el punto de que cuando hablamos de alguien, es muy habitual definirlo haciendo referencia a su profesión. Ideas como la destrucción neta de puestos de trabajo, el concepto de a qué llamamos empleo, la posibilidad de que trabajar en el futuro se entienda de una manera completamente diferente a como la entendemos hoy (o incluso a que existan muchas tareas que nos parezcan cualquier cosa menos un trabajo y que se desarrollen en regímenes no vinculados a ningún tipo de horario o de presencia en un lugar determinado), la evolución hacia sistemas basados en la renta básica incondicional, o las posibles variables geopolíticas implicadas en esa evolución.

A continuación, el texto completo de las preguntas y respuestas que intercambié con Miguel Ángel (como entenderéis, sabía perfectamente que era imposible que publicase todo y que tendría que limitarse a uno o dos entrecomillados, pero me lancé a escribir como si no hubiese un mañana porque, como ya he comentado, el tema me parece fascinante y escribir siempre ayuda a ordenar las ideas 🙂

 

P. En el proceso de destrucción/creación en el que andamos inmersos por obra y gracia de las nuevas tecnologías, ¿cuál será el balance neto? ¿habrá más, menos o el mismo empleo?

R. Depende de lo que entiendas por empleo. A medida que las máquinas van no solo aprendiendo a hacer más cosas, sino que además las van haciendo cada vez mejor, mucho mejor que las personas (conducir un vehículo, manejar una herramienta, ensamblar cosas en una cadena de montaje, procesar lenguaje, etc.) y a un coste más bajo, pensar que va a haber más empleo del tipo que hoy conocemos como empleo es simplemente absurdo. Si restringimos empleo a lo que hoy conocemos como empleo, olvídalo: habrá mucho menos. Sin embargo, lo que tenemos que pensar es que vamos hacia un mundo en el que muchas personas harán cosas que hoy no consideraríamos empleo, pero lo serán.

Esto, en realidad, lo hemos visto antes: yo tenía verdaderas dificultades para explicarle al abuelo de mi mujer, con sus noventa y tantos años, que esos días que yo me quedaba en casa delante de mi ordenador estaba en realidad trabajando. Me miraba con desconfianza y, al cabo de un rato me volvía a preguntar, “ya, pero… ¿no vas a ir a trabajar?” Para él, el trabajo era inseparable del hecho de desplazarse a un lugar determinado y “hacer” físicamente algo, y como eso de sentarme delante de una pantalla “no podía ser trabajo”, se preocupaba porque pensaba que su nieta se había casado con un tipo aparentemente muy vago que no salía de casa para ir a trabajar y que se pasaba el día delante de una pantalla… seguramente “jugando a algo”. ¿Cuántas cosas de las que vivirán nuestros hijos serán para nosotros inclasificables dentro del concepto de “trabajo” o “empleo”?

Para acomodar ese tipo de empleo que una persona hace “cuando quiere y le apetece”, porque si no es algo que le apetece habrá una máquina que lo haga, hay que cambiar el modelo social. Sin ese cambio de modelo, la distribución de la riqueza entraría en un absurdo conceptual, con un porcentaje cada vez mayor de excluidos y una concentración cada vez más elevada de riqueza en manos de unos pocos, algo social y políticamente insostenible. Cuando cambia el concepto que tenemos de empleo o trabajo como elemento central de la identidad de las personas, cambia todo el modelo social. Por más que pienso en modelos futuros de sociedad, no paro de llegar a la misma conclusión: será indispensable un modelo de renta básica incondicional que dote a las personas de una independencia para hacer lo que quieran hacer, que les permita pasar temporadas de su vida centrándose en adquirir determinadas habilidades – y liberados completamente de la presión de obtener un salario como lo conocemos hoy en día – mientras otras temporadas prefieren centrarse en hacer algo que les permita obtener unos ingresos adicionales (recordemos que la renta que percibían será incondicional, no la perderán ni les desincentivará de hacer otras cosas) que les permitan diferenciarse, elevar su nivel de vida o darse unos caprichos.

Cuando desacoplamos el trabajo de la necesidad de obtener ingresos por encima de todo, y cuando eliminamos la espantosa cultura del subsidio (te doy esto porque lo necesitas, pero te lo quitaré si obtienes un ingreso), obtenemos un modelo social completamente diferente y que, para mí, tiene mucho más sentido. Cada vez veo más pruebas de que nos dirigimos hacia un modelo en el que la renta básica incondicional será un elemento central, y lo veo venir tanto desde ideologías que buscan una redistribución de la riqueza más justa, como desde los más liberales que buscan simplificar los actuales sistemas de ayudas y subsidios. La renta básica hace ya tiempo que no mira a la derecha ni a la izquierda, mira hacia delante.

P. De la misma forma que el agua corriente dejó sin trabajo a los aguadores o el coche a los herreros; ¿quiénes serán los perdedores en los próximos años? ¿y los ganadores?

R. Yo suelo decir que los perdedores serán los que “trabajan para vivir”, aquellos que simplemente van a trabajar todos los días para llevar a cabo tareas que no les satisfacen en absoluto, pero que necesitan hacer para obtener un dinero que les resulta imprescindible. Esos trabajos, en su inmensa mayoría, desaparecerán y serán sustituidos por máquinas siempre que haya un interés económico por hacerlos más eficientes y competitivos. Todos los trabajos administrativos, por ejemplo, desaparecerán. La arqueología, en cambio, no lo hará, porque aunque es una disciplina interesantísima, tardaremos mucho en encontrar un modelo económico que justifique que la arqueología no la hagan personas, por mucho que podamos construir máquinas capaces de explorar el suelo y excavar para extraer un fósil. Y lo que tengo claro es que la mayoría de los que “vivimos para trabajar”, en el sentido de que nuestro trabajo nos gusta, nos divierte o le vemos un sentido que nos llevaría incluso a seguir haciéndolo aunque no nos pagasen por ello, encontraremos nuevas formas de hacer ese trabajo que nos apasiona, utilizaremos máquinas y algoritmos que nos permitirán mejorarlo, pero será difícil que lo perdamos.

P. La primera oleada de innovaciones tecnológicas fue eminentemente made in USA. ¿Crees que Europa aún tiene oportunidad de protagonizar esta segunda oleada (IoT, IA, robótica, IoE…) que viene?

R. No tengo claro que Europa tenga posibilidad de liderar nada, porque sencillamente no lo está buscando ni intentando de ninguna manera. Tengo claro que los Estados Unidos estaban en ello, pero que llegó un idiota a la Casa Blanca incapaz de entender la tecnología y con un nivel de incultura tan grande que le lleva incluso a ser negacionista del cambio climático, y que se dedicó a sabotear el país obsesionándose con volver a poner obreros en las cadenas de montaje (cuando en realidad funcionarían infinitamente mejor con máquinas en lugar de personas), con poner obreros en las minas, y con ideas tan disfuncionales y alucinantes como volver al carbón. Ningún país es capaz de superar tanta estupidez, y los Estados Unidos perderán su liderazgo mundial antes de que Trump abandone la Casa Blanca. También tengo claro que China tiene un enorme incentivo para convertirse en el mayor impulsor de la automatización inteligente, del machine learning y de la robótica, porque es la única manera de hacer su modelo económico sostenible, veo que trabaja en ese tema con una clarísima consideración estratégica desde hace años, y que además, como prescinde de algo como la democracia, lleva a cabo esas transformaciones de una manera infinitamente más eficiente. No digo que el modelo sea bueno, yo nunca querría vivir en un país en el que la democracia no existiese, pero indudablemente, les permite acometer cambios ambiciosos sin encontrarse a nadie enfrente intentando impedirlos, porque domina un pensamiento único marcado por un régimen autoritario. ¿Y Europa? Europa está tan preocupada por el mantenimiento del statu quo y de los modelos conocidos, que simplemente se niega a explorar los nuevos, a plantearse siquiera salir de su zona de confort. Dudo seriamente que Europa tenga hoy una cultura que le permita liderar nada.

 

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Reinventando la investigación médica

Project BaselineMi columna en El Español de esta semana se titula “Descifrando la vida” y habla sobre Verily, una spin-off de Alphabet anteriormente conocida como Google Life Sciences, dedicada a la investigación en las ciencias de la salud, que se ha propuesto hacer posiblemente una de las investigaciones más ambiciosas de la historia en el ámbito de la medicina: un estudio longitudinal que abarcará a más de diez mil candidatos a lo largo de más de diez años.

La idea de Project Baseline es utilizar la tecnología disponible actualmente para plantear un seguimiento detallado a diez mil personas que vivan cerca de alguna de las tres clínicas incluidas en el experimento (Stanford, DukeCalifornia Health & Longevity Institute). A lo largo del estudio, los voluntarios, que no obtendrán compensación económica alguna y simplemente se beneficiarán de un nivel de monitorización más elevado que el habitual, serán objeto de un riguroso seguimiento y escrutinio que incluirá analíticas y pruebas diagnósticas periódicas de diversos tipo, el uso de dispositivos para registrar su actividad física o de sensores bajo su cama para evaluar la calidad del sueño, secuenciación completa de su genoma, etc. La totalidad de sus datos médicos serán compartidos con la compañía, que podrá además explotarlos mediante alianzas con compañías farmacéuticas o equipos de investigación médica respetando una serie de medidas de protección de la privacidad. 

A lo largo del estudio, un cierto porcentaje de los voluntarios estudiados padecerá dolencias de diversos tipos, que serán estudiadas con detalle para tratar de establecer relaciones causales entre los datos que han ido generando y el origen, evolución o transmisión de su enfermedad. Cualquier persona que conozca con cierto detalle los procesos implicados en investigación biomédica se dará rápidamente cuenta de que con proyectos de este tipo, del mismo modo que con ese Apple ResearchKit del que hablamos hace ahora unos dos años, estamos en realidad reinventando de una manera radical toda la investigación en ciencias de la salud, accediendo a tamaños muestrales antes completamente inimaginables, y a una riqueza, volumen de datos y nivel de detalle a los que anteriormente jamás habíamos podido pensar en acceder. En realidad, lo que estamos planteando es la auténtica transformación digital de la investigación biomédica, con todo lo que ello conlleva: cambios radicales en los canales y la relación con los pacientes, redefinición total de los procesos internos para orientarlos completamente a la generación y análisis de datos, y modelos de plataforma para posibilitar la entrada de distintos socios capaces de enriquecer o beneficiarse mútuamente del proyecto.

¿Qué avances en el campo biomédico van a poder surgir del planteamiento de estudios como este? ¿De qué tipo de adelantos hablamos cuando pensamos en escalar algo como la investigación biomédica a estos niveles, y apalancarla con todas las posibilidades que permite el entorno tecnológico en que vivimos hoy?

 

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La realidad virtual y aumentada como escenario de futuro

Topics F8 2017El desarrollo del f8, la conferencia de Facebook para desarrolladores, ha dejado una cuestión clara y patente: la fortísima apuesta de la compañía por la realidad virtual y aumentada como escenario de futuro. Un interés que ya era evidente simplemente viendo la lista de temas y sesiones dedicadas a ellos en el programa que aparece en la ilustración, pero que además, se está reflejando en el énfasis que la compañía está poniendo a la hora de anunciar sus novedades.

Todo parece indicar que la idea de Facebook es que la realidad virtual y aumentada forme parte del escenario futuro de la compañía. Cuando Facebook comenzó su andadura, el protagonismo fundamental lo tenía el texto, el intercambio de mensajes y las actualizaciones tecleadas en ese formato. A medida que la red social fue incrementando su popularidad, ese protagonismo pasó a las fotografías: nos acostumbramos a ir a Facebook en busca de fotos de las vacaciones, de imágenes, de material gráfico estático de cualquier tipo.

Con el tiempo, el crecimiento del ancho de banda disponible y la popularización del formato, las imágenes cobraron vida, y pasamos a la era del protagonismo del vídeo: una cantidad creciente de secuencias, que llegaron al punto de construir un ecosistema basado en la viralidad que la compañía fue capaz, en muchos sentidos, de liderar. En 2015, Facebook logró convertirse en el lugar que albergaba la gran mayoría de los vídeos que superaban el millón de visualizaciones, en el preferido de los anunciantes que utilizaban el vídeo como formato, y en el líder de una categoría, la de la llamada “publicidad social”, definida prácticamente a partir de la propia actividad de la compañía. La actividad de Facebook, que desafiaba a una YouTube tradicionalmente considerada líder en todo lo relacionado con el vídeo, no estaba exenta de polémica en cuestiones como la reproducción automática de clips para inflar las cuentas de reproducciones o el freebooting, la práctica de tomar vídeos de otras plataformas y subirlos a Facebook.

Ahora, Facebook se está planteando el desarrollo de su próximo ecosistema, y todo indica que va a venir dado por la realidad virtual y aumentada. Una apuesta sin duda mucho más complicada que las anteriores, en las que la compañía se limitaba a dejarse llevar por una tendencia del entorno: la realidad virtual y aumentada se encuentra en una fase todavía muy embrionaria, el número de dispositivos en manos del público es aún escaso, y la oferta de muchos competidores que algunos consideran fundamentales, como es el caso de Apple, está aún completamente por definir. Ante ese escenario, Facebook ha tomado la decisión de lanzarse al agua con todas sus consecuencias, una idea que ya estaba presente cuando, en marzo de 2014, la compañía decidió pagar unos dos mil millones – $400 millones en metálico, 23.1 millones de acciones y un earn-out de $300 millones – a cambio de la propiedad de Oculus VR, o cuando Mark Zuckerberg hizo aquella aparición sorpresa en el Mobile World Congress de Barcelona de 2016. 

Ahora, Facebook pone toda la carne en el asador y apuesta clarísimamente por una estrategia en la que atraer a los desarrolladores es el elemento fundamental: React VR, una plataforma de desarrollo de aplicaciones básicas de realidad virtualSpaces, un producto para que puedas verte con tus amigos en escenarios de realidad virtual (que recuerda enormemente a los avatares de algunas plataformas de gaming); herramientas de modelado 3D para construir escenarios de realidad aumentada; cámaras de realidad virtual; e incluso un equipo de sesenta personas dedicadas a investigar métodos para interpretar nuestras ondas cerebrales y transformarlas en comandos.

Está claro: la realidad virtual y aumentada es la gran apuesta de futuro de la compañía. No es una apuesta repentina, no es un entusiasmo irracional, no es un vaticinio futurista: es un escenario pensado y estudiado durante largo tiempo, en el que la compañía acumula ya una importante experiencia, y en el que confía alcanzar una posición de dominio muy pronto. Eso implica unos niveles de popularización y difusión de la tecnología que hoy parecen aún relativamente lejanos, un escenario que sin duda va a definir todo un ecosistema interesante para muchos. Durante el pasado MWC tuve ocasión de mantener algunas conversaciones con Robert Scoble, que acababa de publicar su libro junto con Shel Israel sobre el tema, titulado The fourth transformation, que vaticina una enorme actividad en este tema, y además de comentar la estrategia de otras compañías en ese escenario, hablaba entusiasmado de su aplicación a prácticamente todos los ámbitos. Mucho ojo: la apuesta de Facebook no es en ningún caso un salto sin red, sino una clarísima apuesta de futuro.

 

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Vehículos autónomos: China se une a la fiesta

Baidu self driving cars (IMAGE: Baidu)El gigante tecnológico chino Baidu anuncia el desarrollo de una nueva plataforma, Apollo, abierta y gratuita, a disposición de los fabricantes de automóviles para contribuir al desarrollo del vehículo autónomo, Apollo, paralelizando la estrategia de plataforma de Google con Waymo.

Los planes de la compañía china, que presentó su vehículo autónomo en las calles de Shanghai el pasado noviembre y obtuvo en septiembre un permiso para hacer pruebas de su tecnología en California, confirman las fechas avanzadas por la mayoría de analistas: apuntan a poner vehículos autónomos en el mercado en el año 2018, y a tener automóviles en producción masiva operando ya de manera completamente autónoma en carreteras y autopistas en el año 2020.

El interés de China en la conducción autónoma no es una sorpresa: el pasado día 30 de marzo, BigML, compañía de la que soy asesor estratégico, anunció una inversión estratégica de SAIC Capital, la compañía de capital riesgo del mayor fabricante automovilístico chino, SAIC Motor, un gigante valorado en 110,000 millones de dólares con una producción de más de 6.4 millones de vehículos anuales, la compañía nº 64 en el Fortune 500, que toma una participación significativa e incorpora a un directivo al consejo de la compañía, precisamente con el fin de trabajar en el desarrollo de algoritmos de machine learning a sus vehículos. Esto supone nuevas áreas de aplicación de la plataforma, que se extenderá para casos de usos similares (sensores que recogen multitud de datos y requieren decisiones en tiempo real ante situaciones complejas) con una empresa que posee una enorme influencia en toda la cadena de suministro de la industria, y que posibilita la entrada en el mercado que parece estar haciendo la apuesta más decidida por la automatización inteligente.

El año 2020 sigue apuntándose como el del despliegue masivo del vehículo autónomo, con predicciones que apuntan a más de diez millones de vehículos en las carreteras por esas fechas, y cada vez más actores relevantes implicados. La incorporación de China, que muchos consideran cada vez más como el líder del futuro en tecnología tras el frenazo que supone para los Estados Unidos la llegada a la Casa Blanca de un ignorante tecnológico y negacionista del cambio climático como Donald Trump, es un paso más en la confirmación de unos planes cada vez más ambiciosos que pretenden escalar hasta el nivel 5 de autonomía en los menos de tres años que quedan hasta un 2020 que aparece ya prácticamente a la vuelta de la esquina.

Esta semana estoy probando un Tesla Model X con Autopilot 2.0, considerado como Nivel 2, como detallazo de Móviles.com, y la sensación ya es completamente de “el futuro ya está aquí” y de tener que recordarte a ti mismo constantemente eso de “no te pases de confianza y mantén las manos en el volante”: no quiero ni pensar en la escalada que supone esa transición hacia el 5, y lo que supone – a todos los niveles – que estemos especulando con que tenga lugar en un plazo de unos tres años, significativamente menos del ciclo de vida que muchos usuarios se plantean a día de hoy para sus vehículos, y en los cambios que eso puede suponer para industrias como la automovilística o la aseguradora, ante un futuro en el que el modelo de uso de un vehículo tendrá seguramente mucho más que ver con el uso que con la adquisición.

 

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Asesinatos en vídeo y la responsabilidad de Facebook

FB timeline El pasado domingo, en Cleveland, un individuo utilizó su smartphone para filmar el asesinato de una persona escogida completamente al azar, que caminaba por un parque. Simplemente, detuvo su coche, escogió a una persona de 74 años, y le pegó un tiro, supuestamente para llamar la atención de una mujer. Después, subió el vídeo a Facebook y filmó otro, esta vez en vivo, explicando el anterior y confesando su autoría. En estos momentos hay un enorme operativo policial de cara a la busca y captura del sujeto, aunque en el momento de escribir esta entrada aún continuaba en libertad.

Tras los hechos, se ha desencadenado una discusión sobre la responsabilidad de Facebook en la publicación y diseminación del horroroso vídeo. Se plantea hasta qué punto es la compañía responsable por no eliminar el vídeo más rápidamente, o incluso si se debería cerrar íntegramente Facebook Live hasta que exista una tecnología suficientemente madura como para evitar que vídeos como ese sean publicados.

En la ilustración que acompaña la entrada podemos ver la secuencia temporal de los hechos desde la publicación del primer vídeo, previo al asesinato, hasta su retirada y el cierre de la cuenta del autor de los hechos. En total, un poco más de dos horas. El sistema utilizado por Facebook está basado en las denuncias del contenido hechas por los usuarios, y de la secuencia temporal se deduce que la compañía fue razonablemente rápida y competente a la hora de reaccionar. El vídeo es claramente un contenido que no debería ser hecho público y que obviamente origina un enorme dolor a cualquier persona relacionada con la víctima, pero… ¿cuál es la base de las reclamaciones exactamente? Facebook no puede, por mucho que lo intente, evitar que alguien mate a alguien, y tampoco puede evitar que suba el vídeo a su plataforma: lo máximo que se le puede pedir es que lo retire lo antes posible y que evite su posible redifusión.

De alguna manera, algunos parecen estar reclamando a Facebook, una empresa tecnológica, una responsabilidad que la tecnología, simplemente, no es capaz de abarcar ni lo será durante mucho tiempo. De acuerdo, Facebook, junto con algunas otras compañías como YouTube o Twitter, ha conseguido que todo aquel que tenga un smartphone se convierta potencialmente en una emisora de televisión con capacidad de emitir en directo lo que quiera. Antes, cuando para emitir en directo era necesario tener un costoso equipo, unos enlaces y unas licencias determinadas, ya había discusión sobre qué se podía hacer si, por ejemplo, una cámara recogía escenas inapropiadas o si una periodista se suicidaba en directo. Ahora, esas discusiones deberían ser idénticas: ¿qué debe hacer Facebook? Nada. Intentar que sean retiradas lo antes posible, y que no vuelvan a ser redifundidas. Hacer responsables a las empresas tecnológicas de todos los males del mundo es absurdo y no va a ningún sitio: esos males ya estaban allí mucho antes de que las empresas tecnológicas apareciesen en la escena, y desgraciadamente, seguirán estando después de tal aparición.

Ningún sistema de machine learning puede evitar que alguien emita en directo o suba a una plataforma un vídeo de un asesinato. Se podría intentar llegar a reconocer ciertos patrones, pero la tarea es enormemente compleja y, aún así, habría infinidad de circunstancias en las que un asesinato podría no parecerlo, resultar confuso o dar lugar a un falso positivo. Pedir a la tecnología que haga algo imposible es típico de quienes no entienden nada de tecnología, y un recurso fácil cuando se pretende que un nuevo escenario es culpable de algo que no nos gusta. No, a nadie le gusta que se mate a personas inocentes ni que eso pueda ser publicado en un vídeo, pero Facebook, siempre que actúe con prontitud para retirar esos contenidos y evitar su redifusión, no es culpable de nada. Las herramientas solo definen escenarios, lo que los actores decidan hacer en ellos es responsabilidad de ellos mismos.

Podríamos llegar a pensar, incluso, que la posibilidad de emitir en directo algo como un asesinato podría llegar a funcionar como un perverso incentivo a la comisión del mismo. Una mentalidad de ese tipo es la que a otro nivel lleva, por ejemplo, a los responsables de retransmisiones deportivas, a escoger cámaras que miran hacia otro lado cuando alguien salta al campo buscando “su minuto de gloria”: si privamos a esa persona del supuesto “privilegio” de aparecer en directo ante millones de telespectadores, podremos llegar a desincentivar su comportamiento (aunque muy posiblemente sea suficiente con el incentivo que suponen los miles de espectadores presentes en el propio evento). Sin embargo, incluso en esa comparación, la conclusión se sostiene: ni las televisiones son consideradas responsables de nada, ni se les pide nada más que el que intenten, en la medida de lo humanamente posible, no mostrar los hechos.

Facebook, dentro de sus posibilidades y entendiendo, lógicamente, que no tiene un realizador ni un director al pie del cañón para cada vídeo que es subido a su plataforma o emitido en directo, pone todos los medios lógicos a su alcance para intentar minimizar el tiempo que un vídeo inapropiado se mantiene a la vista de los usuarios. Eso supone tener personas preparadas 24 horas al día, 7 días a la semana para recibir denuncias de usuarios y tomar una rápida decisión sobre su posible retirada, evitando falsos positivos y tratando de hacerlo lo mejor posible. Si dentro de unos medios razonables, se puede minimizar ese tiempo desde las dos horas del pasado domingo por la noche a tan solo media hora, genial. Pero mucho me temo que, por el momento, eso vendrá de incrementar el número de supervisores humanos disponibles, no tanto del desarrollo de algoritmos de machine learning (aunque algo, posiblemente, puedan hacer). El momento en que una plataforma sea capaz de detectar que en un vídeo se está cometiendo un asesinato o un hecho violento y decida, de manera autónoma, interrumpir su emisión está aún muy lejano. Hablamos de tecnología, no de magia.

Como tantas otras posibilidades convertidas en realidad por la tecnología, el lifestreaming no es ni bueno ni malo: lo es el uso que se haga de el. Por cada uso siniestro o execrable que se hace de una tecnología así, pueden buscarse mil ejemplos de posibles usos positivos. ¿Se ganaría algo eliminando Facebook Live porque cualquiera podría hacer algo así, o limitando su uso únicamente a determinados usuarios? Seguramente, perderíamos más de lo que pretendíamos ganar. Demonizar a Facebook porque su plataforma fue utilizada por un asesino para mostrar su crimen al poco tiempo de cometerlo es absurdo, y equivalente a culpar al fabricante de cuchillos por los robos o asesinatos que se cometen con ellos. Los hechos son terribles y dolorosos, sí. No es bueno que se muestren en público, de acuerdo. Pero no se puede exigir a Facebook más responsabilidad que la que tiene: eliminar el contenido lo antes posible con los medios humanamente a su alcance, y evitar su redifusión.

 

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El futuro del ad blocking

IMAGE: Alfonso de Tomas - 123RF

Un interesantísimo paper, The future of ad blocking: an analytical framework and new techniques, revisa el estado actual de la guerra entre publicaciones y herramientas para el bloqueo de publicidad, y concluye que el futuro es favorable al desarrollo y consolidación del uso de estas herramientas.

El equipo, formado por tres profesores de Princeton y uno de Stanford, ha diseñado un bloqueador de publicidad basado no en la detección de marcas en el código de la página, sino en el examen del contenido, tomando ventaja de la obligación legal existente para las publicaciones de identificar claramente la publicidad frente al contenido. En efecto, examinar el contenido y detectar cuándo está identificado como publicidad es algo que un algoritmo de machine learning basado en la vision computerizada puede hacer con relativa facilidad, y a partir de ahí, todo se reduce a escoger un curso de acción adecuado.

Por el momento, los bloqueadores de publicidad se habían limitado a mantener una lista de elementos que debían ser bloqueados, lo que abría la posibilidad a que las publicaciones buscasen nuevas maneras de esconder sus anuncios de otra manera. El siguiente paso fue que los bloqueadores de anuncios recurriesen a los usuarios, que podían actualizar los filtros de publicidad simplemente denunciando cuando un anuncio había sido capaz de evadirlos de alguna manera. El rey absoluto de esta estrategia ha sido la alemana Eye/o con AdBlock Plus, de la que hemos hablado en numerosas ocasiones.

Diario de Navarra blocking the blockersA partir de ahí, las publicaciones se centraron en detectar la presencia de un ad-blocker: si este se encontraba presente, la publicación pasaba, a su vez, a presentar una pantalla de bloqueo, que impedía al usuario acceder a su contenido y le conminaba a desconectar su bloqueador (en esta fase se encuentran en la actualidad muchas publicaciones españolas y redes de diarios regionales, que tienden a encontrarse con que, cuando el usuario es confrontado con esta pantalla, simplemente se da la vuelta y busca leer las noticias en otro sitio.

Wired blocking the blockersEn otros casos, como el de Wired, se muestra al usuario una mezcla de bloqueo y petición, que sin embargo puede ser fácilmente evitada simplemente recargando la página. Otras publicaciones, como The Wall Street Journal, mantuvieron durante mucho tiempo una estrategia de “muro poroso” en el que simplemente bastaba con buscar el titular de la noticia en Google y hacer clic en la página de resultados para poder acceder a ella libremente, estrategia que ha sido recientemente eliminada por un bloqueo incondicional.

La evolución ante la estrategia de “block the blockers”, según estos autores, es muy sencilla: se trata de evitar que las publicaciones puedan detectar el uso del bloqueador. Para ello, basta con plantear una descarga falsa de la página que no es expuesta al usuario, y reconstruir la página sin publicidad a partir de esta. Con esta estrategia, las publicaciones seguirían detectando la descarga de sus anuncios aunque estos, en realidad, no alcanzarían su destino, los ojos del usuario, lo que se convertiría por tanto en un evidente engaño a los anunciantes. Es muy posible que la reacción de las publicaciones ante este tipo de técnicas fuese lenta, dado que resultan difíciles de probar y les permiten mantener ante sus anunciantes la ficción de que su publicidad sí es descargada mediante las métricas habituales, pero eventualmente, el uso de herramientas de este tipo terminaría por originar una quiebra en la confianza en el sistema: un escenario en el que miles de anunciantes pagan por unos anuncios que, en una cantidad creciente, no son vistos por nadie al otro lado de la pantalla no resulta, obviamente, sostenible a medio plazo.

Técnicamente, por tanto, los bloqueadores de anuncios las tienen todas consigo a la hora de vencer en esa guerra. La alternativa, por tanto, está en cambiar la mentalidad de los anunciantes para hacer que sus anuncios sean vistos como aceptables. Esto exige sustituir la actual obsesión por la visibilidad a toda costa o incluso la molestia persistente al usuario – que en su momento originó esta guerra – por actitudes mucho más respetuosas que permitan entender al usuario que la publicidad es fundamental a la hora de mantener las publicaciones que aprecia. Yo bloqueo la publicidad en todas las páginas que me muestran anuncios con sonido o vídeo preactivado, con extensibles, con anuncios a toda pantalla, con animaciones excesivas o con cualquier tipo de formato molesto, pero no me imagino bloqueando una página que simplemente me presente un patrocinio o un formato razonablemente discreto y no molesto. El problema es que demasiados directores de publicidad o marketing tienen una mentalidad basada en el “cuanto más moleste, más recuerdo generará” similar a la del imbécil de Burger King del que hablamos hace poco (y que, lejos de arrepentirse o disculparse, todavía llegó a modificar su anuncio para evadir el filtro de Google), llevando a que algunos pidan persecución legal y penas de cárcel para él invocando la Computer Fraud and Abuse Act, que prohibe el acceso a ordenadores ajenos sin autorización de su propietario), lo que hace difícil pensar en un propósito de enmienda.

Mientras la publicidad siga siendo una basura asquerosa, los usuarios seguiremos contando con tecnología que nos ayude a librarnos de ella de una manera u otra. El argumento de que eso daña a las publicaciones y las hace inviables es vano: siempre existirán canales para que la buena información llegue a los usuarios, sea mediante modelos de suscripción o simplemente generando otras maneras de que la publicación genere beneficios a quien la hace. Como usuario, no estás obligado a soportar una publicidad molesta para acceder a un contenido determinado: si el contrato no te convence, rómpelo y busca todas las herramientas a tu alcance para acceder al mismo contenido de otra manera. Si una publicación pretende obligarte a ver sus anuncios por encima de todo para acceder a su contenido, no le hagas caso: instálate el bloqueador adecuado o deja de acceder a ella, hasta que se dé cuenta de que su estrategia es inviable. Es la única forma de demostrar a anunciantes y soportes que su estrategia es insostenible.

 

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La sustitución del hombre por la máquina y la carrera hacia el abismo

IMAGE: David Crockett - 123RF

Un artículo con predicciones de Stephen Hawking compartido en el World Economic Forum con sus perspectivas sobre la sustitución del hombre por la progresiva automatización y el uso de inteligencia artificial me lleva a reflexionar un poco sobre las circunstancias en las que se desenvuelven ese tipo de procesos.

El artículo considera las profesiones relacionadas con la conducción, como taxista o chófer, como una de las más susceptibles de sufrir el impacto de la automatización, con una probabilidad del 89%. La promesa de Mercedes Benz de poner en el mercado taxis completamente autónomos en un plazo de tan solo tres años, unida a las inyecciones económicas de algunos gobiernos en ese tipo de proyectos y a la entrada progresiva de nuevos competidores significativos como Apple o Cadillac parecen estar configurando una hoja de ruta en conducción autónoma cada vez más clara y decidida.

En este contexto, los modelos económicos que rodean el fenómeno parecen ir definiendo de una manera cada vez más clara un escenario de carrera hacia el abismo, en el que la dinámica competitiva en un escenario desregulado lleva a una caída cada vez más fuerte de los ingresos que termina por asfixiar a los competidores tradicionales, dejando espacio únicamente para los entrantes que son capaces de aprovechar mejor las ventajas tecnológicas.

Una startup californiana creada en torno al concepto de taxis autónomos, Voyage, anuncia sus intenciones de ofrecer en el futuro transporte completamente gratuito, posiblemente financiado mediante publicidad. La idea resulta profundamente provocativa, y enlaza con algunas de las interesantes reuniones que mantuve en las oficinas de Daimler en Stuttgart hace algún tiempo, en las que algunos de sus directivos de innovación afirmaban estar trabajando de cara al futuro con modelos en los que el transporte dentro de las ciudades evolucionaba hacia esquemas completamente gratuitos para el usuario, y planteados siempre en modo servicio en lugar de en términos de posesión de un activo utilizado de manera subóptima. La idea de sistemas de transporte completamente gratuitos en función de una exposición a publicidad o mediante modelos de esponsorización no resulta extraña cuando hablamos de ciudades como Londres, en las que por tan solo dos euros, una persona tiene acceso al uso ilimitado de una bicicleta pintada con el rojo característico del logotipo del Santander, durante veinticuatro horas.

En San Francisco, la compañía de taxis más grande de la ciudad, Yellow Cab Co-Op, ha sido vendida a un competidor por un total de ¢810,000, menos de lo que cuesta una casa en la ciudad. Los culpables de tan brutal depreciación no son únicamente Uber, Lyft y compañías similares que operan en la ciudad, sino la coincidencia de varias demandas por accidentes que resultaron en indemnizaciones multimillonarias, y dejaron a la compañía en bancarrota. En un escenario en el que la siniestralidad inherente a la conducción humana se convierte en una variable capaz de hundir compañías, la conducción autónoma, sujeta a un número dramáticamente inferior de accidentes, se perfila claramente como la alternativa triunfadora.

¿Puede pensarse en evitar la transición de una actividad configurada como tradicionalmente humana, como la conducción, hacia su automatización total, en un escenario en el que la dinámica competitiva se configura de esta manera? No, los procesos como tales son total y absolutamente inevitables, y aquellos que intenten negarlos se verán inmersos en la obsolescencia y en la pérdida de competitividad. La única solución es anticipar ese tipo de procesos y optar por sistemas que mejoren la cobertura social y las alternativas de los cada vez más afectados, en lugar de permitir una espiral descendente que termine generando un problema social irresoluble.

 

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Construcción y disrupción

IMAGE: Scanrail - 123RF

Luis Martín de Ciria me pidió una columna breve para El Mundo sobre la relación actual de las tecnología con el mercado inmobiliario y de la vivienda, sobre el papel que estaban jugando los avances tecnológicos en este sector, y ayer fue publicada bajo el título “Ladrillo y disrupción” (pdf).

En la columna traté de reflejar el impacto de las tres etapas del proceso de transformación digital que está viviendo una industria habitualmente identificada con la vieja economía, pero que como todas, también experimenta una serie de tendencias disruptivas en sus interfaces externas, en sus procesos internos y en su modelo de negocio. Cuestiones como la adopción de interfaces por parte de los clientes que permiten seleccionar, identificar o previsualizar propiedades; unidas al desarrollo y adopción progresiva de tecnologías como los BIM (Building Information Modeling) convertidos en el equivalente de los ERP en otras industrias, o el avance de la robótica y de la impresión tridimensional en las técnicas de construcción.

Finalmente, la lógica idea de evolucionar hacia negocios basados en modelo de plataforma, típicamente la tercera fase de la transformación digital, reflejada cada día más en compañías que se integran hacia delante y deciden gestionar un número creciente de servicios sobre las propiedades que construyen o sobre aquellas que deciden contratarlas: cuestiones como la limpieza, el mantenimiento, la gestión de infraestructuras, de la comunidad, etc. siguen el modelo de otras industrias y permiten pensar en prolongar la rentabilidad más allá de la entrega de la obra, o incluso en ofrecerse como alternativa eficiente en costes para infraestructuras o edificios ya construidos previamente.

Si creías que la construcción y la inmobiliaria estaban destinadas a quedarse de alguna manera al margen de la transformación digital, examina el tema de nuevo. En este tema, como en todos los demás, también hay mucho más de lo que parece.

 

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