Category Archives: Facebook

Auto Added by WPeMatico

Repensando Facebook

IMAGE: inbj - 123RFLa carta de Mark Zuckerberg, titulada Building global communities, deja claro el proceso mental del fundador de Facebook tras lo que ha supuesto la primera toma seria de conciencia de su nivel de responsabilidad: la de haber servido como colaborador necesario para abocar a su país a cuatro años oscuros bajo el mando de un imbécil como Donald Trump. No, la idea de que Facebook contribuyó a que Trump llegase a la Casa Blanca ya no es “una locura“, sino una desgraciada evidencia.

La carta parece reescribir la misión de Facebook, “dar a la gente el poder de compartir y hacer el mundo más abierto y conectado”, tras las evidencias de que ha sido precisamente esa capacidad la que ha generado que muchos grupos en la sociedad se encerrasen en sí mismos y comenzasen a expresar en sus cámaras de eco ideas calificables como antisociales, alimentadas por torrentes cuidadosamente administrados de noticias falsas y odio. La nueva misión, (aún) extraoficialmente definida como “desarrollar la infraestructura social para dar a la gente el poder de construir una comunidad global que funcione para todos”, deja clara la necesidad de redefinir Facebook como una herramienta de cohesión, no de división.

Comunidades que sirvan como apoyo a las personas, que sean seguras, correctamente informadas , cívicamente implicadas, e inclusivas. Aquella red social que nació en un campus universitario y que creció con sus usuarios para convertirse en una herramienta de conexión para sus amigos y familias, toma ahora esa base como cimiento y pretende desarrollar la infraestructura social para el desarrollo de la comunidad. De hecho, la idea de “infraestructura social” se convierte en la más repetida de toda la carta: a lo largo de las 5,800 palabras, se repite hasta catorce veces. 

Para construir esa infraestructura social, Facebook se encomienda al gran oráculo del futuro: la inteligencia artificial. A punto de alcanzar los dos mil millones de usuarios, Facebook quiere dejar claro que si tu idea es cometer un atentado, acosar a otros, incitar al odio o suicidarte, la red se encargará de detectarlo y actuar en consecuencia. La eliminación de una frase tras la primer publicación de la carta que hacía referencia a la monitorización de mensajes privados no oculta que la intención de la compañía es aplicar la inteligencia artificial a la detección de comportamientos antisociales o peligrosos, y proceder a la monitorización personalizada de aquellas circunstancias que puedan merecerlo. Facebook va a seguir siendo una compañia y como tal tiene como fin ganar dinero, pero parece comenzar a aceptar la responsabilidad por la influencia que ejerce sobre las personas, tras constatar mediante experimentos poco éticos que podia influir en el estado mental de sus usuarios.

Una lectura crítica de la carta de Zuckerberg revela claramente una intención política, un intento de sustituir a esos periódicos a los que ya ha privado de una sustanciosa cantidad de ingresos, y una reflexión crítica sobre el papel que su red ha podido llegar a jugar en las últimas elecciones norteamericanas. Como elemento de reflexión, decididamente muy necesario: la próxima vez que, en el país que sea, un político pretenda pervertir la influencia de Facebook inyectando odio y noticias falsas, debe ser neutralizado utilizando todos los medios posibles. El efecto de Facebook está alimentando todo tipo de reflexiones, que van desde las dudas sobre el verdadero valor de las elecciones, hasta las tentaciones epistocráticas o de voto cualificado. Si algo tiene claro el fundador de la red social más exitosa de la historia es que tiene que poner determinados temas bajo control, evitar la perversión de la herramienta y sus usos malintencionados, y que eso lo va a llevar a cabo mediante la tecnología que tiene a su alcance, la inteligencia artificial. Y en ese sentido, creo sinceramente que acierta: dejemos que la inteligencia artificial suplemente la desgraciada escasez de inteligencia natural de muchos.

 

Powered by WPeMatico

Política, noticias y redes sociales

How the new digital grassroots is reshaping politics - The EconomistJames Badcock me cita hablando sobre la interacción entre redes sociales, noticias y política en su artículo en The Economist titulado How the new digital grassroots is reshaping politics, en el que se plantea las posibles formas de lidiar con las noticias falsas en un escenario en el que un porcentaje cada vez mayor de ciudadanos se informa en las redes sociales, lee noticias, las comparte y, en cierta medida, cambia de opinión sobre diversos temas en función de lo que lee.

En palabras de Tim Cook, CEO de Apple, fake news is killing people’s minds, y son precisas respuestas que vayan desde la tecnología y la ley, hasta campañas educacionales masivas que puedan concienciar a los ciudadanos de todos los segmentos sociodemográficos sobre la importancia del problema de las fake news.

Facebook, la misma compañía que se preciaba de haber influenciado la primavera árabe, no puede ya seguir negando su responsabilidad. Un número creciente de norteamericanos la consideran el medio de comunicación en el que se informan de cada vez más cosas a pesar de los esfuerzos de la compañía por negarlo, y ven cómo esos nuevos hábitos de adquisición de información, que podrían servir para dar acceso a noticias más plurales y variadas, para enriquecer puntos de vista y ayudar al desarrollo del pensamiento crítico, se convierten en realidad en campañas planificadas de intoxicación colectiva apoyadas en las características del medio.

No, la respuesta no es simplemente esperar a que las compañías tecnológicas aparezcan con una varita mágica que elimine el problema, porque para solucionar ese problema van a hacer falta muchas cosas más. No es tan sencillo como decir “prohibimos las noticias falsas y echamos a los que las publican”, porque el problema tiene demasiados matices importantes que no pueden ser simplemente ignorados o minusvalorados. Va a ser necesario que desarrollemos nuestro sentido crítico y nos convirtamos en fact checkers a tiempo parcial, al tiempo que nos preparamos para una era en la que el activismo será más necesario que nunca.

 

Powered by WPeMatico

Las noticias falsas como reto tecnológico

Pope endorses Trump (FAKE)Mi columna en El Español de esta semana se titula “Noticias y redes sociales“, y vuelve a incidir sobre el tema de las noticias falsas diseminadas a través de redes sociales, tratando de plasmarlo como un reto que la tecnología tiene que solucionar, fundamentalmente tratando de reconstruir los mismos sistemas que existen en el mundo tradicional.

Las soluciones a problemas complejos no suelen ser sencillas. Pretender luchar contra las noticias falsas simplemente censurando su circulación choca con el hecho de que, a lo largo de muchas décadas de existencia de los medios de comunicación, las noticias falsas y sensacionalistas no han desaparecido, y confirman una industria que factura millones y tiene un público fiel. Sin embargo, en el mundo de la comunicación tradicional, a pesar de que existen decenas de medios sensacionalistas dedicados a inventarse conspiraciones, noticias falsas y rumores absurdos de todo tipo, la influencia de las noticias sensacionalistas no suele trasladarse a los medios considerados serios: las dos órbitas se encuentran razonablemente compartimentadas, lo que lleva a que quien consume basura, en general, sabe que lo está haciendo, y la información que aparece en ese circuito, por l general, no sale de él y limita así su influencia.

Ese es el sistema que, en la reinvención de las noticias a la luz de las redes sociales, falta por desarrollar: no se trata de intentar impedir la circulación de noticias falsas, porque tienen su público y ese público tiene derecho a consumirlas, pero sí de detectarlas, identificarlas y etiquetarlas como lo que son, de restringir su circulación por vías algorítmicas, y de evitar que tengan un incentivo económico directo excluyéndolas de los mecanismos de publicidad.

Prohibir que un tabloide sensacionalista como Daily Mail sea utilizado como fuente de referencia en Wikipedia es razonable dada la naturaleza de la publicación, una enciclopedia, y sin duda, no será el último medio que recibe tal “distinción”. Que Wikipedia, hace años denostada por algunos como una enciclopedia supuestamente no fiable, se haya consolidado como la mejor, más completa y más actualizada enciclopedia de todos los tiempos y pueda ahora convertirse en juez que toma decisiones y sanciona qué publicaciones pueden o no pueden utilizarse en sus referencias es un caso claro que demuestra que, sobre las bases de la red y los procesos sociales, pueden construirse mecanismos que superen claramente en generación de valor a los existentes en el mundo tradicional.

A la hora de reconstruir esos sistemas de referencia en las redes sociales, la tecnología va a resultar fundamental: pretender recurrir a editores humanos para etiquetar las noticias falsas y excluirlas no solo es imposible, sino que aporta potencialmente peligrosos elementos de relatividad. La idea parece tender hacia la combinación de sistemas que examinen los patrones de difusión de las noticias, con otros que incorporen el etiquetado de los usuarios, y con bases de datos que incorporen fuentes y noticias calificadas como no fiables. A partir de ahí, limitar la circulación de las noticias etiquetadas como falsas privándolas de acceso a algoritmos de recomendación automatizados, a sistemas de publicidad y a trending topics. Que leas una noticia falsa porque la hayan compartido contigo seguirá siendo perfectamente posible y formando parte de tu libertad individual, pero al menos debería ir convenientemente caracterizada como lo que es, como ocurre en el quiosco cuando vemos determinados medios.

El problema, de nuevo, no es sencillo. En el mundo tradicional, un medio alcanza la reputación de sensacionalista a lo largo de un tiempo de comportarse como tal. En la red, podemos crear un medio cada mañana, darle una apariencia convincente, y publicar lo que queramos inventarnos y convenga a nuestra agenda en tan solo unos pocos clics. En la red, el desarrollo de sistemas de fact-checking capaces de dar respuesta a este tipo de retos va a exigir la coordinación de abundantes recursos, y no va a ser sencillo, pero eso no quiere decir que no deba plantearse: para las redes sociales y buscadores, de hecho, se conforma como el próximo gran desafío. Ejercicios de colaboración como el que se está desarrollando en Francia sobre el que escribí hace unos días pueden aportar marcos interesantes y laboratorios sobre los que tratar de aislar y evaluar este tipo de cuestiones.

Sigue quedando mucho por hacer. Pero al menos, vamos centrando el problema.

 

Powered by WPeMatico

Con Francia en el horizonte…

Elections pre?sidentielles 2017 FranceCon las elecciones presidenciales francesas a la vuelta de la esquina, y dados los resultados de las reciente cita electoral norteamericana, todo apunta a que el país vecino se va a convertir en un auténtico laboratorio tecnológico en el que poner a prueba la influencia de factores como la divulgación de noticias falsas y su impacto en el proceso electoral.

Facebook acaba de anunciar el lanzamiento de un filtro para noticias falsas específico para Francia, al tiempo que se une a Google y a ocho grandes medios franceses para intentar poner en marcha herramientas de verificación de noticias. La idea es que herramientas como CrossCheck, desarrollada por Google News Lab junto con First Draft dentro de la iniciativa de trabajo con medios europeos, puedan ser utilizadas en conjunción con bases de datos como las desarrolladas por Le Monde, seiscientas páginas web directamente identificadas como no fiables; por Libération, en la que se compilan noticias positivamente identificadas como falsas; o por otros medios, con el fin de combinar esa información con reportes de usuarios y otro tipo de feedback, y reducir la difusión de esas noticias en los algoritmos de redes sociales y buscadores. Según algunos de los medios implicados, fue precisamente ese compromiso de las empresas online como Facebook para reducir la circulación de noticias falsas en sus algoritmos de recomendación lo que les animó a participar en la iniciativa.

En los Estados Unidos, Facebook ha solicitado la colaboración de terceros como Snopes, PolitiFact o la herramienta de fact-checking de The Washington Post para, combinado con el feedback de los usuarios, tratar de limitar la difusión de ese tipo de noticias falsas y etiquetarlas como tales.

El problema de las noticias falsas en los entornos en red es, por un lado, la ausencia de referencias válidas para juzgar su credibilidad. Con el valor de las cabeceras periodísticas en plena crisis, muchos medios online han pasado a ocupar un lugar creciente en la dieta informativa de los ciudadanos, pero junto con medios que lo hacen muy bien y desarrollan un periodismo de nivel, surgen otros que se aprovechan de las escasas barreras de entrada del canal online para intoxicar, inventar o difundir noticias falsas vinculadas a agendas políticas concretas, con el agravante, además, de contar con incentivos generados por la propia difusión de esas noticias en redes sociales y buscadores. La exclusión de las páginas identificadas como de noticias falsas de los mecanismos de publicidad de Google y Facebook es un primer paso importante porque reduce el incentivo económico de generarlas, pero es tan solo un primer paso de muchos más que hay que dar. El estudio de los patrones d difusión de las noticias falsas, por ejemplo, es otra herramienta importante de cara a prevenir su circulación, y presumiblemente fue una de las razones principales que llevó a Facebook a adquirir CrowdTangle, una herramienta de analítica social, el pasado noviembre.

Por otro lado, las redes sociales juegan un papel de “cámara de eco” en las que los ciudadanos, llevados por los mecanismos sociales que les llevan a reunirse preferentemente con otras personas que piensan como ellos, sienten que todo su entorno refuerza sus creencias y las priva de los habituales frenos sociales, generando una radicalización que tiende a favorecer a opciones que, sin esos mecanismos, serían meramente marginales. El problema, lógicamente, es cómo frenar las noticias falsas sin convertirse en una especie de “árbitro de la verdad” que decide lo que es cierto y lo que es falso, una cuestión que ya le costó a Facebook múltiples críticas en ese sentido y una reunión de urgencia con políticos conservadores cuando algunos de sus editores afirmaron aplicar criterios con sesgo político a la hora de decidir qué noticias se convertían en trending y cuales no. Según muchos, fue precisamente el miedo a que se relacionase a Facebook con una red hostil a las ideas conservadoras lo que hizo que la compañía no hiciese suficiente a la hora de detener la difusión de noticias falsas en las pasadas elecciones norteamericanas.

¿Son realmente las redes sociales total o parcialmente responsables del resultado de las últimas elecciones norteamericanas? ¿Son los lectores que solo leen lo que quieren leer, lo que les hace sentir bien o lo que coincide con su visión del mundo? ¿Un efecto combinado de ambas cosas? Mientras algunas noticias son claramente falsas desde un punto de vista puramente factual, en muchos otros casos, los matices no son tan sencillos, además de mezclarse con recursos como la sátira o el humor que no deben ser, en principio, objeto de censura, pero que dificultan la tarea de identificación. Si los mecanismos basados en la actuación de editores humanos tienen el problema de la arbitrariedad, y los desarrollados a partir de algoritmos de inteligencia artificial son complejos y con posibilidades de fallar, la alternativa parece ser combinar varios mecanismos a modo de indicadores y optar por metodologías mixtas en las que se añadan al feedback y al etiquetado por los usuarios, y a los patrones de difusión que pongan bajo sospecha todo aquello que experimente una difusión especialmente rápida. Para nada un problema trivial. Y todo indica que las próximas elecciones francesas se disponen a ser, en muchos sentidos, un escenario para muchas pruebas relacionadas con este tema.

 

Powered by WPeMatico

Noticias falsas: aún queda mucho por hacer

IMAGE: cbies - 123RFLa lucha contra las noticias falsas, considerada ya una cuestión estratégica y fundamental por compañías como Google o Facebook, continúa con recientes anuncios como la eliminación de más de 200 publicaciones de su sistema de publicidad por parte del primero, o los cambios en el algoritmo de los trending topics por el segundo.

Mientras Google se afana en detectar publicaciones que habitualmente crean noticias falsas o bulos y cortarles las fuentes de financiación, un trabajo en el que ambas compañías llevan inmersos ya desde el pasado noviembre, Facebook, en pleno ojo del huracán por su supuesto papel decisivo en las últimas elecciones presidenciales, trata además de redefinir sus trending topics añadiéndoles la fuente, mejorando el sistema de determinación de tendencias, y homogeneizándolos por regiones en lugar de personalizarlos como hacía hasta el momento. Las medidas forman parte de una batería de ideas que la compañía evalúa tras facilitar el acceso de expertos a sus datos para que desarrollen sistemas de control – algunos ya objeto de patente – y recibir ideas de estudiantes en los hackathones organizados en universidades.

El problema es indudablemente grave: según un reciente estudio de Stanford, la gran mayoría de los estudiantes no saben discernir cuando una noticia es falsa o esponsorizada: la absurda idea de que eran “nativos digitales” y que tenían de alguna manera internet metido en su pool genético ha llevado a muchos padres y educadores a una dejación de responsabilidad en este tipo de cuestiones, convirtiéndolos en una generación que carece de referencias válidas y de sentido crítico. La tardanza de Facebook en hacer frente a este problema, debida fundamentalmente al miedo a que se relacionase con un sesgo en contra de ideologías conservadoras, llevó a que el ahora presidente Donald Trump pusiese en marcha una auténtica maquinaria de fabricación y dispersión de noticias falsas a varios de cuyos actores principales ha recompensado después con puestos en su gabinete, en una maniobra que según muchos observadores, pudo condicionar en gran medida el resultado de las elecciones y que, en caso de no tomar medidas, podría empeorar en el futuro tras el acceso a las urnas de una generación todavía más ingenua y confiada que las anteriores.

Los creadores de noticias falsas, por otro lado, también utilizan la tecnología para mejorar su producto: una aplicación basada en inteligencia artificial es capaz de recrear gestos y vocalizaciones sobre el vídeo de una persona, generando falsificaciones capaces de poner cualquier cosa en boca de cualquier personaje con resultados entre aterradoramente buenos o sencillamente mediocres, pero indudablemente capaces de llevar a engaño a muchos usuarios. Mientras compañías como Apple o Snapchat afirman no tener problemas con las noticias falsas debido a un control mucho mayor sobre las publicaciones que admiten en su red, ecosistemas más abiertos como Google o Facebook se ven obligados a trabajar con una amplia gama de señales que incluyen desde los patrones de popularización de las noticias hasta los reportes de los propios usuarios, en un esfuerzo por aislar ese tipo de noticias y castigar a sus autores mientras tratan de no poner en riesgo la pluralidad o de cerrar el paso a quienes cuestionen el pensamiento mayoritario.

El problema es indudablemente complejo. Si tras la primera campaña de Barack Obama vimos una proliferación de supuestos expertos en social media afirmando que podían ayudar a cualquier político a mejorar sus resultados, tras la campaña de Trump nos arriesgamos a ver aprendices de Steve Bannon, editor del panfleto ultraderechista Breitbart News, aspirando a puestos de asesoría estratégica en gabinetes de medio mundo. Nada que pueda o deba ser tomado a la ligera… y ahora, menos que nunca. Estamos indudablemente ante uno de los problemas más preocupantes y complejos de nuestros tiempos, y todavía queda mucho por hacer.

 

Powered by WPeMatico

Analizando Facebook como compañía de medios

Facebook TVA lo largo de sus doce años de historia, la forma en la que Facebook se ha definido a sí misma siempre ha sido la misma: una compañía de tecnología. Esa definición ha condicionado claramente su estrategia, que se ha centrado en convertirse en una potencia en términos de desarrollo, una tarea en la que su propio fundador sigue implicándose habitualmente. La mayoría de las adquisiciones de Facebook, de hecho, reflejan ese patrón: equipos de buenos desarrolladores, a los que se busca retener a toda costa y potenciar con los recursos de su nuevo hogar, integrándolos en equipos potentes y dotándolos de más medios. La evolución post-adquisición, uno de los elementos más importantes en el éxito de una compañía que utiliza esa herramienta con notable frecuencia, parece reflejarlo así.

Esta idea, la de ser una compañía tecnológica, está fuertemente imbricada en el ADN de Facebook. Sin embargo, todo indica que cada día más, comienza a consolidarse otra forma de entender la compañía, en una visión no competitiva con la anterior, pero sí fuertemente complementaria: la de ser una compañía de medios. Diferente a las tradicionales, sí, pero dedicada a una labor de plataforma cuya finalidad sería la de fomentar la producción de contenido.

Entender la compañía como un canal implica, en primer lugar, tratar de resolver lo que muchos consideran su mayor reto actual: la proliferación y difusión de noticias falsas. Frente a la idea de “yo soy solo una plataforma, y lo que se mueva a través de ella no es mi problema”, parece extenderse otra visión que llevaría a la compañía a tomar responsabilidad, a educar a los periodistas, a abrir sus datos a investigadores, y a tratar de desarrollar sistemas de fact-checking que, dentro de unos límites, permitan a los usuarios saber a qué atenerse cuando acceden a contenidos en su red.

Esta idea podría tener su continuación en el intento de fomentar el desarrollo de otro tipo de contenidos en Facebook: en lugar de poner el foco en el vídeo en vivo, pagando a personajes y celebridades de diversos tipos para que hagan livestreaming desde los eventos a los que acuden, en lo que llegó a calificarse de auténtica obsesión para el fundador, la compañía parece ahora tender a eliminar estos incentivos económicos para tratar de fomentar, aparentemente, contenidos de otro tipo, generalmente más largos y de mayor calidad por los que la compañía sí tendría interés en pagar.

Un posicionamiento de este tipo acercaría a Facebook más a la idea de una productora, de un canal de televisión que podría financiar parcialmente el desarrollo de contenidos, y que se interesaría además por ofrecerles esquemas publicitarios adicionales, como los nuevos anuncios de vídeo en Instagram Stories o los llamados mid-roll, anuncios que interrumpirían vídeos que el usuario está viendo, siguiendo el estilo habitual en la televisión tradicional. En un esquema de ese tipo, un productor con una idea para un formato audiovisual podría plantearse Facebook como actualmente se plantea un canal de televisión estándar, con unos objetivos de audiencia determinados, y la posibilidad además de actuar de manera mucho más controlada sobre los posibles destinatarios: mientras en la televisión convencional solo se dispone de herramientas como el horario de emisión o la emisión de auto-promos para tratar de posicionarse ante unos usuarios con determinados patrones sociodemográficos, Facebook ofrecería una gama de herramientas de segmentación infinitamente más precisas y potentes, suplementadas además con mecanismos sociales.

Esto podría plantear un conflicto de intereses: ¿tendría el contenido producido o parcialmente financiado por Facebook, en el que la compañía mantiene un interés para incrementar su audiencia, unas condiciones distintas a las que obtendría, por ejemplo, el contenido generado por una televisión o un periódico, a la hora de acceder a mecanismos publicitarios? El dilema es muy similar al existente en Google, cuando comenzó a editorializar los resultados de búsqueda y a introducir elementos de desarrollo propio posicionados en lugares privilegiados de la página, que competían con otros actores que buscaban un posicionamiento similar, que veían limitada su visibilidad, y que generó todo un caso anti-monopolio en la Unión Europea.

¿Estamos dirigiéndonos a un escenario similar, con una Facebook centrada en fomentar el desarrollo de contenido y compitiendo con otros actores tradicionales en ese sentido? Hace ya tiempo que tiendo a hablar de Facebook como el mayor medio de comunicación del mundo, el que tiene llegada a un mayor número de personas y el que, de hecho, se ha convertido en más estratégico en estrategias comerciales o incluso políticas. Ahora, podría ser que fuese la propia Facebook la que se plantease que no tiene forma de escapar a ese papel, y que comenzase a desarrollarlo como tal, con todo lo que ello podría conllevar.

 

Powered by WPeMatico

Cuando las máquinas entienden lo que ven

Facebook automatic image tagsFíjate en la fotografía que acompaña a esta entrada: una imagen reciente de mi Facebook personal, en la que aparece un puente sobre un río, de noche, con su reflejo en el agua, y unos focos de luz.

Hasta aquí, todo normal. Ahora fíjate en la pequeña línea de texto inferior, en la que un algoritmo de inteligencia artificial de Facebook examina la fotografía, la interpreta, la compara con una enorme librería de imágenes utilizada para educarlo, y concluye que las imágenes contenidas en la foto son ni más ni menos que eso: bridge, night, sky, outdoor y water. Un etiquetado perfectamente correcto de la fotografía, realizada de manera completamente automática, sin intervención humana. Algo que también utilizan aplicaciones como Google Photos o Apple Photos para ayudarte a organizar tu librería, ahora aplicado a la presentación pública de fotos en una red social.

Obtener esa descripción para cualquiera de las fotografías que hayas subido a Facebook es muy sencillo. Basta con localizar la foto, ponerla a toda pantalla, hacer clic con el botón derecho para obtener el menú contextual, seleccionar “Inspeccionar” (en Chrome) o “Inspeccionar elemento” (en Firefox), y fijarte en las propiedades Alt asociadas a la imagen. Si no quieres hacerlo así y prefieres una solución que no visualice código, puedes instalar una extensión en tu navegador que las visualiza como una capa adicional sobre las propias fotografías. Facebook lleva desde abril de 2016 añadiendo estas etiquetas a tus imágenes de manera automática, tras un desarrollo orientado a facilitar la usabilidad de la página para personas ciegas o con limitaciones de visión en cuyo desarrollo la compañía empleó unos diez meses.

Cualquier usuario de repositorios fotográficos, comenzando seguramente – o al menos para mí – con Flickr en 2004, recordará los requerimientos derivados del etiquetado de fotografías: escoger etiquetas adecuadas, mantener la coherencia, utilizar singular o plural, etc. para que esas etiquetas pudiesen cumplir su función, la de acceder al contenido de manera más sencilla, cuando fuese necesario. Ahora, un algoritmo puede “ver” la foto, deducir su contenido con un notable índice de acierto, y asignar las correspondientes etiquetas con total corrección y coherencia. Sin intervención humana.

Que una máquina sea capaz de pasar de entender una imagen como un simple conjunto de píxeles, a interpretar su contenido y etiquetarlo con precisión es algo que no es radicalmente novedoso: se lleva mucho tiempo trabajando en ello con un nivel de avance más que notable. Pero constatarlo sobre tus propias fotografías puede ayudar a muchos a entender lo que ello significa y las posibilidades que ofrece. Puede hace que algunos ingenuos que todavía piensan que la inteligencia artificial consiste en la simple ejecución de rutinas preconcebidas se den cuenta de que aquí hay más, mucho más. No hablamos de una máquina capaz simplemente de ver una fotografía y compararla con una base de datos, sino de una máquina que es capaz de ver un puente y ser capaz de entender que es un puente, independientemente del puente que sea o desde qué ángulo esté tomado. Capaz de compararla con todas las fotos etiquetadas como puentes utilizadas en su entrenamiento, y deducir que esa nueva imagen también es un puente… que es básicamente lo que hace una inteligencia humana, tras haber sido adecuadamente entrenada.

 

Powered by WPeMatico

La madurez del ecosistema smartphone

Top smartphone apps 2016 - Nielsen El reciente informe publicado por Nielsen sobre el estado del ecosistema smartphone deja clara la consolidación y madurez del mismo, en torno a unas pocas compañías que han logrado situarse como auténticos líderes gracias a una estrategia consistente y a una buena elección de sus adquisiciones. Y aunque los datos corresponden al mercado norteamericano, las conclusiones son fácilmente extrapolables a la mayoría de los mercados, con algunas excepciones como China o Rusia, o la sustitución de apps como Facebook Messenger por WhatsApp.

Las ocho primeras apps más utilizadas pertenecen a dos compañías: Google y Facebook. Mientras Google consigue situar a YouTube (adquirida en 2006) en el número 3 y a Google Maps (adquirida en 2004) en el 4, además de a la propia Google Search en el 5, Google Play en el 6 y Gmail en el 7; Facebook disfruta de las privilegiadas primera y segunda posición con su propia app y con Facebook Messenger (adquirida en 2011), y sitúa a Instagram (adquirida en 2012) en el 8. Que las dos últimas posiciones de la lista sean Apple Music en el 9 y Amazon en el 10 deja claro que el ecosistema smartphone está ya completamente dominado por el llamado GAFA, demostrando la importancia de saber definir una estrategia y de saber adquirir compañías cuando es preciso hacerlo. Muchas de las adquisiciones que han llevado a esas compañías a la posición que ocupan hoy fueron calificadas en su momento como de auténticas locuras.

La consolidación, además de reflejarse en un dominio apabullante de muy pocos competidores, tiene otras consecuencias. Aunque el 88% de los norteamericanos ya tienen un smartphone, y la penetración de este tipo de dispositivos en el mundo crece sistemáticamente, la mayor parte de los usuarios han dejado de descargar apps con el furor con el que lo hacían en años anteriores, lo que lleva a que el dinamismo del ecosistema en general se haya reducido en gran medida. Donde antes había una tierra de oportunidades para cualquiera que fuese capaz de lanzar una aplicación con cierto éxito, ahora esos lanzamientos exitosos y sorprendentes se han reducido a la mínima expresión, y el panorama aparece completamente dominado por unos pocos competidores. Programar apps es ahora más sencillo que nunca, pero situarlas en un mercado como ese se convierte en un reto poco menos que imposible: la consolidación del smartphone como plataforma ha tenido lugar mucho más rápido y de forma mucho más eficiente a lo que pudimos ver en la plataforma anterior, el ordenador personal. En el mundo smartphone, algunos de los competidores más importantes, como Google o Apple, dominan también los canales de distribución a través de sus respectivas tiendas de aplicaciones. Y mientras en el mercado norteamericano reparten su participación de manera relativamente igualitaria (iOS 45% y Android 53%), en otros mercados vemos diagramas muy diferentes: en España, en julio de 2016, la participación de Android llegaba al 90%, y a nivel global, alcanza el 87%. En el ecosistema smartphone, Google es, desde hace mucho tiempo, lo que fue Microsoft en el mundo PC.

Viendo el resultado de estos últimos años, queda claro y patente que apostar por los ecosistemas móviles de manera decidida desde un primer momento fue una decisión estratégica. El escenario actual no está escrito en piedra, pero incluso competidores como Apple, que dominan una parte significativa de todo el mercado, han tenido que llevar a cabo impresionantes lanzamientos y campañas de publicidad para poder situar su Apple Music dentro del Top 10. Amazon, en este sentido, optó por trasladar una parte importante de su interacción con el usuario al smartphone de manera obligatoria: si quieres gestionar muchos de los servicios de la compañía, tienes que hacerlo a través de su aplicación, lo que desplaza una parte del uso del ordenador al smartphone. Para otros, la posibilidad de situarse de manera destacada en este ranking es sencillamente imposible, salvo que sean capaces de inventar toda una categoría. Que no es completamente imposible, pero sí mucho más complicado que antes.

Ahora, llevamos siempre encima un dispositivo, volvemos a casa a por él si nos lo olvidamos, le otorgamos cada vez más funciones… y está dominado por unas pocas, muy pocas compañías. Lo demás, es historia. Y la historia, como es bien sabido, la escriben los ganadores.

 

Powered by WPeMatico

Facebook: ni contigo, ni sin ti…

Baby don't herd me Lo comentamos en su momento, hace alrededor de año y medio: Instant Articles era la forma que Facebook tenía de demostrar que sabía cómo competir en la web de hoy. Ahora, algunos medios empiezan a caer en la cuenta de que esa forma de competir implica obtener una posición de tal supremacía, que la convierta en completamente imprescindible.

Un artículo en Venture Beat titulado For publishers, Facebook is the devil incide precisamente en ese tipo de problemas. La red social, con su llegada a más de 1,800 millones de personas en todo el mundo, ha conseguido convertirse en el lugar imprescindible para llegar a una cantidad de usuarios cada vez más amplia, que han ido pasando casi sin darse cuenta de acudir a Facebook para cuestiones frívolas, como saber qué hacían sus amigos o ver fotografías de sus vacaciones, a pasar más tiempo leyendo las noticias y sometidos a los algoritmos de recomendación de contenidos que les permiten sentirse que se mantienen informados y al día, en la misma sintonía que el resto de las personas a las que siguen.

En ese proceso, y utilizando Instant Articles como arma de seducción masiva, Facebook disparó su propuesta: dame tus contenidos, déjame que los ponga en mis servidores para que se visualicen mucho más rápido y más bonitos en dispositivos móviles – más de mil millones de usuarios en todo el mundo acceden a Facebook únicamente desde su smartphone – y así podrás incrementar tu alcance, con la posibilidad incluso de integrar tus trackers para no perder control de tu audiencia, e incluso tu publicidad. Si como resultado de la jugada, más usuarios ven tu publicidad y facturas más dinero, enhorabuena: Facebook no pide ninguna comisión a cambio. De hecho, solo lo hace si le pides específicamente que sirva publicidad de su repositorio para rellenar tu inventario, en cuyo caso, lo hace con un porcentaje que se ha convertido en prácticamente estándar en la industria: 30% para Facebook, 70% para la publicación. En el colmo de la generosidad, podrás incluso integrar tu maquetación, tus logotipos, tu estilo y otros elementos de tu estética dentro de Instant Articles, para que no pierdas tu personalidad. La reducción del poder de la cabecera a su mínima expresión: en realidad, lo que el usuario sabe es que lee las noticias “en Facebook”, y lo demás tiende a pasar a un segundo plano.

Con ese suculento esquema, Facebook es, para los medios de comunicación, una oferta que no se puede rechazar. Si quieres más lectores, ven conmigo y acepta mis reglas. ¿Dónde está el problema? En que las reglas, para Facebook, son un esquema que no tiene por qué permanecer igual toda la vida. Del mismo modo que todos hemos ido viendo cómo el alcance orgánico de una publicación en el muro de una página iba reduciéndose hasta prácticamente hacer necesario que la página invirtiese en publicidad, ahora Facebook comienza a modificar sus algoritmos para modificar el mix entre noticias de los medios y publicaciones de amigos, lo que lleva a los medios a que las visitas que obtienen dependan enormemente de ese algoritmo.

La técnica ha sido utilizada por Facebook en ocasiones anteriores: primero, te dejo ver cómo podría funcionar el sistema si lo dejásemos libre, y te dejo comprobar cómo las visitas desde Facebook van incrementando su cuota en las estadísticas de tu página. Después, cuando ya te has acostumbrado a ese alcance, lo recorto mediante un cambio en mi algoritmo – en este caso, poniendo como excusa las quejas de los usuarios que supuestamente pedían más contenido de sus amigos y menos noticias – y paso al plan B: si quieres mantener el alcance que tenías antes del cambio de algoritmo, solo podrás hacerlo si inviertes en publicidad.

Como suelo comentar en mis clases, el negocio de Facebook es el pastoreo. Podemos imaginarnos a Mark Zuckerberg en lo alto de una colina, viendo lo que hace un rebaño de nada menos que 1,800 millones de ovejas, y tomando decisiones sobre qué quiere que hagan en cada momento, manejando algoritmos como los buenos pastores (supuestamente) manejan a sus perros. Lo que Facebook ha conseguido es dominar el tráfico en su red, llevarnos a leer unos u otros contenidos en función de su situación en nuestros muros generando una ilusión de libre albedrío, y después modificar eso flujos de tráfico a su antojo llevando a quienes generan esos contenidos a pagar publicidad para alcanzar los resultados deseados. Es, en realidad, un esquema diabólico que lleva a los medios a plantearse que si quieren una circulación determinada, no pueden hacerlo sin Facebook… pero tampoco pueden hacerlo sin pasar por su caja. El mayor medio de comunicación del mundo no genera contenidos, es simplemente una plataforma que usa el contenido de los demás para mantener a los usuarios en ella. Un negocio perfecto, creado con auténtica maestría por alguien que entiende muy bien el funcionamiento de la web.

Facebook se ha convertido por derecho propio en la llave de las audiencias en la web. Mantenerse al margen de Facebook es implanteable, pero permitir que sea Facebook quien prácticamente decida con sus algoritmos el alcance que tienes en cada momento tampoco parece la mejor opción. Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio…

 

Powered by WPeMatico

Negocio transaccional frente a negocio publicitario

Billboard and transactionUn buen artículo en Venture Beat, titulado What if Google and Facebook got it all wrong?, expone la perspectiva a la que se enfrentan dos de las compañías más exitosas del mundo ante la evidencia de que la publicidad es una fuente de ingresos notablemente menos eficiente que la transaccionalidad, que el comercio electrónico como tal.

Sin duda, hacer las cosas es mejor que contarlas. El modelo de negocio de una compañía como Google, surgido a partir de la imitación de un tercero y de su superposición a una actividad, la búsqueda, que no se sabía como convertir en negocio, ha dado lugar a un gigante que, si bien gana mucho dinero, se encuentra en la tesitura de que la mayor parte de la actividad económica que genera tiene lugar lejos de la compañía, en casa de aquellos que cierran las transacciones que se inician en sus anuncios. La transaccionalidad en el caso de Google, la venta de productos y servicios como tales, es sumamente escasa, lo que la convierte, tras un simple examen de la cuenta de resultados, en una empresa prácticamente monoproducto, en la que los ingresos derivados de la publicidad representan en torno al 90%.

El caso de Facebook, que intenta desarrollar ahora una parte transaccional que valga la pena, es muy similar al de Google: el 97% de los ingresos de la compañía provienen de la publicidad, y las incipientes ventas que comienza a generar parecen más una manera más de justificar una mayor inversión publicitaria en la plataforma por parte de las empresas vendedoras que una fuente real de ingresos para Facebook.

Frente a los gigantes de la publicidad, tenemos una serie de compañías, encabezadas por Amazon pero con un creciente protagonismo de las grandes compañías del mercado chino, en las que la transaccionalidad se convierte en el auténtico protagonista. En todos los casos hablamos de empresas que siguen una estrategia de plataforma, de construcción de un entorno en el que otros desarrollan la actividad, pero que la actividad sea transaccional en lugar de publicitaria parece entregar unos porcentajes de margen sensiblemente más jugosos. De hecho, Google se encuentra cada día más presionada: una parte significativa de las búsquedas más rentables, las que terminan con un clic comprador, tienen ya lugar en la página de Amazon, y otra parte, las de aquellos que buscan una interacción conversacional con una compañía, suceden dentro de Facebook.

Mientras, en China, vivimos un entorno de competencia imperfecta en el que los grandes gigantes occidentales no son capaces de entrar, pero donde compañías como Tencent y Alibaba se definen abiertamente como plataformas transaccionales de comercio electrónico, como canales comerciales en los que el protagonismo de las ventas es total. Todo lo que aparece en cualquiera de las páginas de Tencent o de Alibaba  puede ser adquirido en pocos clics, y cada una de esas transacciones deja ingresos en la respectiva compañía que lo muestra al usuario. WeChat es una herramienta de mensajería instantánea, pero su enfoque y compromiso con las ventas es clarísimo y contundente: puede ser utilizada para localizar cualquier cosa en los canales oficiales de prácticamente cualquier compañía y, rápidamente, pagar por ella. Un negocio claramente más sólido y con más margen que el de la publicidad, que tanto los mercados como las empresas cliente tienden a valorar mejor, y que parece, cada día más a medida que la publicidad sufre problemas derivados de tendencias como el ad-blocking, mostrar el camino a seguir.

A estas alturas de película, el desarrollo de plataformas orientadas al comercio electrónico por parte de compañías como Google o Facebook parece complicado: ambas lo intentan, pero el mercado ya tiene muchas de las cartas repartidas, y desplazar a los usuarios de comportamientos y asociaciones mentales convertidas en hábitos consolidados parece algo que requerirá mucho tiempo e inversiones importantes. La publicidad, que en su momento se configuró como el modelo de negocio ideal para toda aquella pagina que congregaba a muchos usuarios fueses un buscador o una red social, empieza a mostrar sus limitaciones. Si quieres ganar dinero y crecer, vender productos parece mucho mejor que vender anuncios.

 

Powered by WPeMatico