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España, el nuevo ministro y la agenda digital

Agenda Digital: retos y desafíos para una España actual - ABC

Jose Manuel Sánchez, de ABC, me envió un par de preguntas por correo electrónico para documentar su artículo sobre los retos de España y de Álvaro Nadal al frente del ministerio en la Agenda Digital, a raíz de su inclusión en la nueva cartera del Gobierno. El artículo se titula “Agenda Digital: retos y desafíos para una España actual” (pdf).

La agenda digital viene dictada por Europa a modo de “santo grial” que hay que seguir para no quedarnos supuestamente descolgados, y se centra en varios aspectos como el desarrollo de la economía digital, el despliegue de redes o la mejora de la llamada e-Administración. En realidad la agenda digital europea – y por tanto, su trasposición a los distintos países – es un texto ramplón creado por personas con una visión terriblemente restrictiva y temerosa de la tecnología, carente de ambiciones, escasísimo en sus planteamientos, en donde se dejan completamente de lado los elementos más importantes del futuro y de la transformación digital, y que ignora además algunos de los elementos de control más importantes fundamentales para evitar que el futuro se vea condicionado por los intereses económicos de unos pocos, por lo que mucho me temo que salvo que exista una estrategia propia de los países para ir más allá, no vamos a poder esperar gran cosa de una iniciativa así. 

A continuación, el texto completo que envié a Jose Manuel sobre el tema:

La agenda digital europea no es especialmente ambiciosa ni acertada, y parte de muchos errores fundamentales. Considera la transformación digital como “una lista de deberes”, una serie de recuadros en los que poner una X, y eso no es en absoluto así. La transformación digital de un país, y más en el entorno de una unión supranacional como la Unión Europea, tiene que comenzar por un cambio de actitudes, por una transmisión de valores que dejen inequívocamente claro que la transformación digital no es en modo alguno “una opción” o “un deseo”, sino una obligación absolutamente prioritaria. Consiste en cambiar la mentalidad de cada político, cada secretario de Estado y cada funcionario para que entiendan que es imprescindible no solo trabajar de otra manera, sino posibilitar que otros lo hagan sin interferencias. La e-Administración no se intenta: la e-Administración se impone por la fuerza. Se elimina el papel de un día para otro, se quitan las máquinas fotocopiadoras, se fuerza a trabajar sobre medios electrónicos y se dotan los medios de comunicación con el ciudadano a través de canales electrónicos que sean necesarios. Pensar que eso es “imposible”, que “es necesaria mucha formación” (cuando hoy la tecnología es más sencilla que nunca) o que “habrá mucha oposición” es posponer el problema con falsas excusas. 

En lo tocante al desarrollo de la economía digital, lo que hay que pedir a la clase política es, básicamente, que se quite del medio y no moleste. Es fundamental que tome una actitud constructiva, que abandone actitudes derrotistas centradas en “los terribles peligros” de la tecnología, y sobre todo, que nunca, en ningún caso y bajo ningún concepto intente proteger a la industria tradicional ni al incumbente. Quienes estaban antes en una industria o quienes la lideraban anteriormente nunca necesitan protección: si no son capaces de protegerse por si mismo, deben adaptarse para hacerlo. Protegerlos artificialmente desde la política implica en realidad condenarlos a una muerte lenta y dolorosa por inadaptación, además de generar un retraso tecnológico para todos. La idea de “proteger puestos de trabajo” choca con la realidad de que esos puestos, si no se les fuerza a adaptarse, desaparecerán de todas maneras cuando otros, desde otros países, generen esas alternativas imposibilitadas o dificultadas aquí.

Favorecer la economía digital no es destinar dinero a subvenciones: los países más destacados en ese sentido no siguen esa estrategia, que genera emprendedores y compañías especializados en “la caza del dinero fácil” y que lo priorizan sobre el desarrollo y la estrategia de sus compañías. La burocracia es el peor enemigo del desarrollo.

De cara al imprescindible despliegue de redes, hay que tener clarísima la importancia de que las redes sigan manteniendo su característica fundamental, que es el hecho de ser neutrales y abiertas. Si hipotecamos el desarrollo de las redes a los deseos de las empresas de telecomunicaciones, nos encontraremos con un despliegue de redes que responde a sus intereses y no al bien común, redes sobre las que se desplegarán servicios según las prioridades de las empresas de telecomunicaciones, no según esquemas de competitividad. Ceder a los deseos de las empresas de telecomunicaciones en ese sentido es un tremendo error, por muy privilegiado que sea su acceso al poder político.

 

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La Comisión Europea es profundamente retrógrada

Euro dislikeMi columna de esta semana en El Español se titula “El desastre europeo del copyright“, y se une a muchos análisis más que han calificado la absurda Propuesta para una directiva del Parlamento y Consejo europeo sobre el copyright en el mercado único como de auténtico disparate retrógrado, un dislate que en lugar de en lugar de ponerse como fin intentar evolucionar el concepto de propiedad intelectual, ha decidido anclarse firmemente en el pasado y tratar de defender a toda costa los intereses de determinadas industrias que se niegan a aceptar que el mundo ha cambiado.

No, tratar de controlar a toda costa las noticias para que cualquier conversación que se establezca sobre ellas devengue un pago al medio que las publicó es algo que no tiene ningún sentido. Toda la vida se han comentado las noticias, porque las noticias, de hecho, están para ser comentadas, y los medios, de hecho, buscan activamente su cuota de atención. Hacer responsables a las redes de lo que publican sus usuarios en ellas es absurdo y genera un estado policial, o peor, un estado leguleyo en el que todo lo que se publica tiene que pasar por los ojos de los abogados, una auténtica judicialización constante y agobiante de la conversación. Y ya, en el colmo del desastre, perseguir el enlace, criminalizarlo y considerarlo algo por lo que hay que pagar o que hay que controlar, una estúpida idea que ya se probó absurda, de imposible aplicación y profundamente negativa en España y Alemania, ahora traída de vuelta por la incompetencia de las autoridades europeas.

Lo único que demuestra Jean-Claude Juncker y la Comisión Europea con esta propuesta es cuánto de lejos están de entender la evolución de la sociedad, y cómo de sensibles son a las presiones de determinados lobbies. No, el copyright no puede usarse para proteger a los periódicos ni a nadie: el copyright es algo pensado para proteger la innovación y el progreso, no para restringirlo y ponerle coto. Con la aplicación de una directiva como esta, Europa se convertiría en un auténtico desierto de innovación y progreso, en el que antes de crear nada nuevo hay que pedir permiso. En lugar de comprometerse con una reforma valiente del copyright, la Comisión Europea ha decidido dedicarse únicamente a proteger los viejos modelos de negocio.

Algunos análisis y lecturas interesantes para documentarse sobre la propuesta:

 

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El desastre fiscal europeo

IMAGE: Fredex8 - 123RFMi columna de esta semana en El Español se titula “Guerras comerciales postmodernas“, y se refiere a las protestas expresadas ayer por el Departamento del Tesoro norteamericano en un informe con respecto al tratamiento de las multinacionales de su país en el contexto fiscal europeo, anticipándose a la decisión que la Comisaria Europea de Competencia, Margrethe Vestager, anticipó que haría pública en otoño con respecto al pago de impuestos de Apple.

Antes de que nadie me acuse de defender prácticas fiscales evasoras, me parece importante hacer notar lo que ya he comentado en muchas otras ocasiones: que la obligación de las empresas es cumplir las leyes vigentes, y que Europa es un desastre tan grande e inabarcable en términos legislativos, que esas leyes permiten, de manera completa y rigurosamente legal, que se paguen cantidades ridículas en impuestos.

¿Es esto bueno? Decididamente no. Decididamente, habría que conseguir que las compañías pagasen los impuestos que deben pagar, en función de su actividad en cada territorio y de los beneficios que obtienen en él. Que Europa, durante muchos años, haya sido tan profundamente incompetente como para armonizar una política fiscal común y dotarse de un conjunto de normas que impidan este tipo de situaciones es un verdadero problema. El problema de Europa no son las empresas norteamericanas y sus prácticas, sino el hecho de que Holanda, Irlanda, Isla de Man, Jersey, Liechtenstein o Luxemburgo, entre otros países utilizados activamente como paraísos fiscales, hagan lo que les da la real gana y utilicen activamente estrategias fiscales agresivas para atraer inversión. Que Europa pretenda solucionar ese problema de radical incompetencia tomando casos aislados de empresas sistemáticamente norteamericanas y obligándolas, mediante decisiones coyunturales, a hacer determinados pagos fijados de manera completamente arbitraria, no va a arreglar la situación en absoluto, y si provoca, lógicamente, que esas empresas y que el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos terminen por protestar.

Reclamar un supuesto “buenismo” que debería llevar a las empresas a declarar más impuestos de los que las leyes a su alcance les exigen es completamente absurdo en una situación que debe ser siempre radicalmente binaria: o se cumple la ley, o no se cumple. Si la cumplo, déjame en paz. Si no la cumplo, sancióname. A las empresas hay que pedirles que maximicen el valor para sus accionistas de manera sostenible, que cumplan religiosamente la ley, y proveerlas de un marco legal inequívoco para ello. Lo demás es hipocresía y tratar de tapar la incompetencia.

Si quieres arreglar el desastre fiscal europeo, ponte a ello, toma decisiones serias, y armoniza de una maldita vez lo que tengas que armonizar, para dotar a las compañías de unas reglas de juego claras. Las protestas norteamericanas tienen todo el sentido del mundo: sus compañías cumplen las leyes vigentes, unas leyes que muchas compañías europeas de muchas industrias también utilizan para reducir sus cargas fiscales, pero son perseguidas por ello sin más criterio que por el hecho de ser norteamericanas o tecnológicas, y por ajustarse a unas leyes que están ahí para todos y que no solo ellas, sino muchos más, utilizan de manera activa. La solución no está en tomar medidas coyunturales mediáticas ante casos aislados, sino en establecer de una vez una normativa fiscal coherente. En el fondo, una evidencia más de que la actual “Europa a medias” es un maldito desastre que nadie sabe cómo solucionar.

 

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La herencia envenenada del “derecho al olvido”

IMAGE: Milosh Kojadinovich - 123RFGoogle recurre ante el Conseil d’Etat, el Tribunal Supremo Administrativo de Francia, una orden dictada por la CNIL en la que multa a la compañía con cien mil euros por no aplicar el “derecho al olvido” en todos sus dominios, en lugar de hacerlo tan solo en los del país correspondiente.

Lo dije en su momento, y me reafirmo cada vez más: el supuesto “derecho al olvido” es una auténtica barbaridad jurídica, un sinsentido que solo puede traer problemas. Bajo el supuesto bienestar mental que nos proporciona a todos saber que podemos eliminar del buscador un resultado que no nos guste, se esconde en realidad una falacia enorme, capaz de convertirse en una poderosa herramienta de censura y de perjudicar sensiblemente el acceso a la información, la verdadera propuesta de valor de un buscador.

El olvido no es un derecho, es un proceso fisiológico. Olvidamos cuando los circuitos neuronales redundantes en nuestro cerebro dejan de serlo, no cuando alguien nos reclama supuestamente que olvidemos algo. Si existiese un “derecho al olvido”, existiría la posibilidad de obligar a alguien a olvidar, una auténtica barbaridad se mire por donde se mire. Por otro lado, pretender que algo “se olvida” cuando simplemente lo retiramos de los resultados de un buscador es de un simplismo alucinante, de una cortedad mental que asusta: no, no se ha olvidado nada, simplemente lo has quitado de la vista en un sitio, pero lo has dejado en donde fue publicado originalmente. Es tan absurdo como engañar a un niño pequeño: ahora lo ves, ahora ya no lo ves.

Obligar a un buscador a que retire de sus resultados enlaces que reflejan el contenido buscado pero que alguien, por la razón que sea, no quiere ver ahí es, como tal,  una auténtica barbaridad. Si además añadimos que el supuesto “derecho” no es universal y no vale para todos – resulta que yo, Enrique Dans, no puedo tener ese “derecho”, porque según algunos, soy “famoso”, aunque sea un simple profesor – ya la cuestión roza el absurdo jurídico más patente: una parte importante de la población puede ejercer un supuesto derecho que a mí se me niega… ¿por haber cometido alguna infracción? No, porque a veces salgo en la tele. ¡Genial! La incoherencia viene de lo que viene: de tratar de convertir en “derecho” algo que en modo alguno puede llegar a serlo, algo que simplemente no existe, que es artificial, que un tribunal decidió sacarse de la manga. Una ES-TU-PI-DEZ, con todas sus letras.

Si además rizamos el rizo y pretendemos, en función de la protección de ese supuesto derecho, obligar al buscador a eliminar sus resultados ¡en todo el mundo!, ya la terminamos de liar. ¿Qué va a ser lo siguiente? ¿Eliminar toda referencia a Ataturk, porque los turcos la consideran injuriosa? ¿Y las imágenes de Alá? ¿Las menciones a la familia real tailandesa? ¿Vamos a terminar con un motor de búsqueda que solo nos da resultados de gente sonriente y encantadora, que no molesten a nadie, porque siempre hay alguien que puede ejercer su “derecho al olvido”? Estamos jugando con cosas muy peligrosas, con nuestro derecho a la información, con el derecho a poder ir a una hemeroteca y saber qué pasó en un momento dado: ahora, si la hemeroteca es física, puedo acercarme a ella, hojear los diarios, y ver que el Sr. Costeja efectivamente estuvo casado y se subastó su vivienda en Barcelona… pero mediante mi ordenador, no puedo llegar a esa información, porque el Sr. Costeja invoca su “derecho al olvido” y me lo impide. La información está ahí, existe, no ha sido retirada, era factualmente correcta cuando se publicó, y puedo verla si me desplazo a una hemeroteca… pero desde mi ordenador, no. ¿Pero esta barbaridad jurídica qué es?

La tecnología provoca efectos que nos obligan a cuestionarnos muchas cosas. En los Estados Unidos, la sola idea de obligar a alguien a que no pueda devolver resultados que están recogidos en foros públicos suena tan absolutamente marciana, que tienen que frotarse los ojos para entender que efectivamente, en Europa somos “así de raros”. O sea, que está publicado en un periódico, pero no se puede ver en un buscador, cuya función es, al margen de todo juicio moral… ¡buscar!! No, preferimos cargarnos una herramienta de búsqueda obligándola a que tenga que hacer su trabajo sorteando un permanente y creciente campo de minas.

Que sí, que la privacidad, que el derecho a la propia imagen… lo que sea. Pero ese derecho no puede convertir en reales conceptos que no lo son. Habrá que buscar otras maneras, que crear sistemas que pongan la responsabilidad en quien publica la información en lugar de en aquel que simplemente la busca, que arbitrar sistemas de corrección, enmendado o puntualización de lo publicado… algo. Pero no lo que hay, porque ese “derecho al olvido” es tan artificial como absurdo, y prolongarlo solo va a traer problemas.

El “derecho al olvido” fue una mala idea de un tribunal que se equivocó. Que además quien se equivocase fuese el Tribunal de Justicia de la Unión Europea convierte ese error en muchísimo más grave, en un error histórico, magnifica tanto el error como sus desgraciados efectos, pero eso no quiere decir que no sea un ERROR. Con mayúsculas. Todos nos equivocamos. Y ahora, a medida que pasa el tiempo, las consecuencias de ese error se van haciendo cada vez más grandes, más absurdas, más increíbles, atentando cada vez más contra el sentido común. Tenemos que plantearnos como salir de esta.

 

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La vieja Europa está… vieja

Europe old mapMi columna de hoy en El Español se titula “El problema europeo“, y trata de explorar las razones por las que Europa no es capaz de alumbrar nada parecido a una empresa exitosa en la red. Salvando escasísimas excepciones como la sueca Spotify, la mayoría de las empresas online que arrancan en Europa terminan o bien trasladándose a Silicon Valley, o vendiéndose a una compañía norteamericana, y el entorno europeo se configura como un sitio hostil para las nuevas ideas, o incapaz de alimentarlas para que crezcan. La idea para la columna me surgió leyendo este artículo en profundidad en The Guardian titulado In search of a European Google, sumamente recomendable.

Por mucho que se retuerzan las cifras, el valor de las principales empresas de internet europeas palidece con respecto a sus equivalentes norteamericanas, asiáticas o incluso africanas. Europa no es capaz de generar un ambiente propicio para el desarrollo de una economía basada en internet: la idea de una Europa unida y de un mercado único son una entelequia inexistente, la diversidad de idiomas, culturas y marcos legislativos hacen imposible entender el territorio como un mercado definido, y el parlamento europeo, convertido en una herramienta en manos de lobbies económicos, se une a las autoridades de los países a la hora de dificultar el desarrollo de cualquier cosa que pueda llegar a amenazar a las empresas consolidadas de toda la vida, a la vieja economía.

El último ejemplo de este desastre lo hemos tenido en la reciente votación con respecto a la neutralidad de la red: un parlamento de inútiles incapaces de entender lo que están votando, que terminan poniendo en bandeja a las empresas de telecomunicaciones que puedan hacer absolutamente cualquier cosa en la red, amenazando la que es la característica fundamental que posibilita que internet funcione como un potente ecualizador en el que cualquier idea puede triunfar. Mientras en los Estados Unidos se protege la neutralidad de la red para así proteger la pujanza de la economía que genera, en Europa la destrozan mientras, con una sonrisa estúpida en la cara, se congratulan y se dan palmaditas porque, confundidos por el lobby de las telecomunicaciones, creen haberla protegido. Que no llegue a tener en mi vida ninguna “protección” similar a la que el parlamento europeo ha brindado a la neutralidad de la red, por favor…

Empiezo a pensar que lo de Europa no tiene remedio. Que simplemente, es demasiado vieja, demasiado rígida, demasiado burocrática y fosilizada. Que no hay nada que se pueda hacer. A ver si hay suerte y me equivoco, pero por el momento, nada me lo indica.

 

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Neutralidad de la red: en El Español y en RTVE

Network NeutralityMi columna de hoy en El Español se titula “Las operadoras y su peaje“, y es una reflexión más sobre el que es para mí el tema de la semana, la decisión del parlamento europeo de poner la red en bandeja de plata a las operadoras para que la gestionen como buenamente quieran, comentada al hilo de la que es precisamente una de las 30 obsesiones de El Español.

Como tal, y a pesar de su enorme importancia y evidente consecuencias de cara al futuro, es un tema que está pasando relativamente de puntillas por los medios, que tienden a verlo como algo relativamente “técnico” o “complejo” cuando realmente no lo es en absoluto.

Además, dediqué también a ese mismo tema la barra tecnológica de La Noche en 24 horas. El vídeo está disponible en la página del programa, la barra tecnológica empieza a partir del minuto 1:32:48.

 

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Neutralidad de la red y parlamento europeo: así de sencillo

Controlling the internetVamos a intentar clarificar desde un punto de vista más factual y menos interpretativo la propuesta que el parlamento europeo tomó ayer, y que previsiblemente ya no va a recibir más enmiendas ni revisiones. Fundamentalmente, me interesa resaltar la parte de la propuesta aprobada ayer que se refiere específicamente a la neutralidad de la red, los elementos fundamentales que realmente se pedían al parlamento europeo que garantizase.

De manera general, lo que se pedía era que la red pudiese seguir siendo un lugar en el que cualquiera que ofrezca una propuesta de valor interesante, pueda obtener la visibilidad y el alcance que merezca sin depender de ningún tipo de circunstancia externa. Básicamente, que la red sea simplemente un canal neutro, en el que los bits se mueven libremente sin depender de otros condicionantes como licencias de emisión, contratos privilegiados, acuerdos comerciales o intereses de terceros.

Pero partamos, antes de nada, de la definición de neutralidad de la red:

Los ciudadanos y las empresas tienen derecho a que el tráfico de datos recibido o generado no sea manipulado, tergiversado, impedido, desviado, priorizado o retrasado en función del tipo de contenido, del protocolo o aplicación utilizado, del origen o destino de la comunicación ni de cualquier otra consideración ajena a la de su propia voluntad. Ese tráfico se tratará como una comunicación privada y exclusivamente bajo mandato judicial podrá ser espiado, trazado, archivado o analizado en su contenido, como correspondencia privada que es en realidad.

Eso, ni más ni menos, era lo que se pedía al parlamento europeo que preservase. Ahora vamos con las decisiones que el parlamento europeo tomó ayer en este sentido, recordando que cuando se legisla, todo lo que no está prohibido está permitido:

  • Las operadoras podrán crear y comercializar vías rápidas para cualquier cosa que quieran definir como “servicios especiales”. Esta es la vía para que cualquiera que llegue a un acuerdo con una operadora pueda ofrecer sus contenidos a mayor velocidad que a través de la internet convencional, lo que de facto supone que las operadoras tienen la llave de la concesión de “licencias”. Olvídate de internet como plataforma ecualizadora en la que todos podemos emitir… si no tienes dinero para negociar con la operadora de turno, tus contenidos solo serán vistos por quienes tengan la santa paciencia de encontrarlos a través no de las autopistas de la información, sino de sus caminos de cabras. Permitir que las operadoras definan como “servicios especiales” con total libertad todo aquello que les dé la gana es, de facto, la muerte de la internet que conocemos.
  • Las operadoras podrán considerar distintas clases de servicios, y podrán acelerar o ralentizar el acceso en cada uno de ellos, incluso en casos en los que no haya problemas de tráfico. De nuevo, una barbaridad que permite a las operadoras erigirse en “aduaneros” del trafico. Ningún servicio innovador podrá triunfar sin que las operadoras lo permitan, e incluso servicios exitosos podrán dejar de funcionar si a la operadora de turno le interesa que así sea.
  • Las operadoras podrán negociar tarifas de zero-rating, servicios que no cuentan de cara al consumo de datos. Es decir, que si un servicio es muy bueno, pero a la operadora le interesa que uses otro, te lo ofrecerá con ventaja, compitiendo en condiciones completamente desleales con el que no puede acceder a ese zero-rating. De nuevo, la operadora como decisora de quien triunfa y quién no. Ya no es la innovación ni la calidad de la idea, es que la operadora tenga a a bien permitirse que circules por sus cables en condiciones adecuadas.
  • Las operadoras podrán gestionar el tráfico como ellas quieran en caso de congestión “inminente”, pero sin definir ni lo que es “congestión”, ni lo que es “inminente”, ni absolutamente nada. ¿Traducción? Con la excusa de una supuesta congestión, podrán perjudicar a los servicios que les dé la gana, por los motivos que buenamente quieran, y sin que esos servicios puedan hacer más que acudir a los tribunales… para que, en el mejor de los casos, les den la razón varios años después. 

Eso es lo que nuestro maravilloso parlamento europeo ha aprobado. Unos eurodiputados que supuestamente deben defender el interés general, han votado mayoritariamente convertir a las operadoras en amos de la fiesta, concederles absolutamente todo lo que ni en sus mejores sueños podrían desear – realmente, si el documento lo hubiese redactado una operadora, no podría haberlo hecho más favorable a sus intereses – y ceder únicamente el roaming, que ya era evidente que lo tenían que ceder porque no era más que una estafa. La comunicación de Günther Oettinger en este sentido simplemente añade el último insulto, dando a los ciudadanos “la enhorabuena” por el resultado y mintiendo abiertamente en cada uno de sus puntos: nada de lo que dice haber protegido está en realidad protegido, sino todo lo contrario. No es una cuestión de matices, es que es directamente lo contrario. Las operadoras pueden hacer todo aquello que el comisario afirma que teóricamente no pueden. Genial. Es el mayor ejercicio de hipocresía política que he visto en muchos años.

¿Qué lleva a Pilar del Castillo, eurodiputada española, a presentar semejante documento, en el que no se tiene en cuenta ninguno de los aspectos que había que defender relacionados con la neutralidad de la red? Soy absolutamente incapaz de plantearme como alguien puede decir de manera grandilocuente “Internet es una joya que debe mimarse” justo al final de la votación en la que acaba de matar la principal característica de internet, su neutralidad. Debo estar hecho de una pasta diferente, porque me resulta imposible entender semejante nivel de hipocresía. ¿Qué intereses o qué puertas giratorias ha podido pactar y con quién para darle a las operadoras absolutamente todo lo que pedían, y dejar a los usuarios y a la red en semejante nivel de indefensión, completamente a expensas de lo que las operadoras decidan hacer? ¿Con qué premisas hipoteca el futuro de la innovación en todo el continente y convierte a las operadoras en amos y señores de todo lo que circula por sus cables? ¿Por qué se tumbaron todas las enmiendas con la excusa de hacer una tramitación más rápida, y se vinculó todo a la eliminación del roaming como si fuera un auténtico caramelo envenenado? ¿Para qué sirve tener un parlamento europeo pagado por los ciudadanos pero convertido en el paraíso por el cual los lobbies campan a sus anchas, y que no defiende en modo alguno los intereses de los ciudadanos?

Muchas gracias, Pilar del Castillo por esa “impresionante” propuesta. Muchas gracias, Günther Oettinger, por llamarnos a todos imbéciles. Muchas gracias, eurodiputados que aprobasteis esta propuesta y rechazasteis todas las enmiendas relacionadas. Ni interpretaciones, ni mentiras, ni matices de ningún tipo: eso es lo que se os pedía, y esto otro lo que nos habéis dado, lo que habéis votado. Habéis preferido proteger los intereses de las empresas de telecomunicaciones a los de los ciudadanos. Así de sencillo. Con representantes como vosotros, decididamente, no necesitamos enemigos.

 

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El Parlamento Europeo mata la neutralidad de la red

Keep calm and kiss Net Neutrality good byeLa propuesta sobre redes de comunicaciones electrónicas aprobada ayer por el Parlamento Europeo es una de las peores noticia que los ciudadanos europeos podríamos tener. Significa, en primer lugar, que nuestro parlamento no legisla a favor de los ciudadanos que lo eligen y de sus intereses, sino en función de lo que le dice o escribe directamente un lobby empresarial, el de las telecomunicaciones, dispuesto a maximizar sus beneficios por encima de todas las cosas. Significa que Europa va a experimentar un enorme retraso en todo lo referente a innovación y desarrollo en el futuro, porque jamás va a tener sentido para ningún emprendedor tecnológico lanzarse a desarrollar una idea en un entorno en el que todas sus posibilidades están lastradas por un campo de juego completamente inclinado a favor de las operadoras, que podrán tranquilamente ralentizar el tráfico que genere, privilegiar alternativas competidoras, crear sus propios servicios con extra de velocidad o incluso ofrecer servicios como el suyo pero cuya conectividad no cueste nada. Un entorno competitivo absurdo, que coarta las posibilidades de desarrollo de toda aquella iniciativa que dependa de las comunicaciones – lo que significa, en la práctica, toda iniciativa.

En una auténtica maniobra de partida de ajedrez, el lobby de las telecomunicaciones sacrificó el ya defenestrado y amortizado roaming para colar en la misma propuesta que le pone fin (en el 2017, no creas que va a ocurrir mañana), un texto que les permitirá en el futuro hacer lo que buenamente les venga en gana con internet: priorizar tráfico en función de su origen o de sus características, establecer servicios prioritarios, facilitar servicios con conectividad gratuita en función de acuerdos comerciales, o perjudicar intencionadamente las transmisiones de determinados servicios en función de la posibilidad de una congestión. Todo ello, sin mecanismos de control que definan o establezcan nada, dejándolo simplemente a la voluntad del regulador local o de las propias compañías. Queridos lobos, aquí tenéis el gallinero para que lo cuidéis.

La escena es de película cómica: diputados congratulándose “por haber protegido la neutralidad de la red” cuando han tumbado una por una todas las enmiendas que podían realmente haberla protegido, y lo que han hecho es condenarla, ajusticiarla en el patíbulo, y entregar a las empresas de telecomunicaciones su cabeza. Dentro de algunos años, nos sorprenderemos de que toda la innovación y todas las nuevas empresas tecnológicas nazcan al otro lado del Atlántico, y algunos aún se preguntarán el porqué… la culpa será, de manera prácticamente exclusiva, de los eurodiputados que ayer votaron esa propuesta. Mientras el gobierno norteamericano protege la neutralidad de la red con una legislación fuerte e inequívoca, en Europa preferimos favorecer al lobby de las telecomunicaciones para que puedan tener más beneficios a costa de la innovación y de hipotecar nuestro futuro. Como legislación, es de lo más irresponsable que he visto en mucho tiempo.

Ayer me pidieron desde El Español que escribiese algunos párrafos como primera reacción a la medida, que Pablo Romero ha incluido en su artículo titulado “La Eurocámara esquiva garantizar la neutralidad de la red“.

La propuesta votada hoy en el Parlamento Europeo supone una prueba palmaria de hasta qué punto Bruselas se ha convertido en una auténtica marioneta en manos del lobby de las telecomunicaciones, y en una evidencia que va a perjudicar enormemente el desarrollo de internet en el continente. Mientras los Estados Unidos deciden proteger la neutralidad de la red de manera clara y explícita, Europa prefiere “decidir no decidir”, deja todas las decisiones en manos de las empresas de telecomunicaciones, y genera un escenario completamente incierto que abre las puertas a todo tipo de abusos, a una internet a varias velocidades y a modelos basados en la escasez y la discriminación del tráfico. 

Con la anuencia del Parlamento europeo, las empresas de telecomunicaciones han maniobrado para situarse como los auténticos árbitros de la innovación, con derecho a hacer prácticamente lo que quieran sin restricción alguna. Podrán establecer “vías rápidas” privilegiadas para sus servicios, con lo que de manera efectiva podrán decidir qué servicios funcionan y cuáles no, podrán “gestionar el tráfico” a su antojo, podrán ofrecer servicios gratuitos fuera de tarificación, y podrán incluso gestionar el tráfico en función de su tipo. La auténtica “carta a los reyes” del lobby de las telecomunicaciones, graciosamente concedida por una Corte de Bruselas cada día más inútil e incompetente.

Si escucha a un político hablar de “la protección que han llevado a cabo de la neutralidad de la red en Bruselas”, no se crea absolutamente nada, y tache a ese político de la cada vez más corta lista de políticos honestos, porque solo es un hipócrita interesado y mentiroso. Dentro de algunos años, algunos se preguntarán por qué todas las empresas innovadoras están en los Estados Unidos y no en Europa: la culpa será de la decisión que el Parlamento europeo ha tomado hoy.

 

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Ni un solo español en el Wired 100 europeo

THE 2015 WIRED 100La edición europea de Wired publica sus 2015 Wired 100, la lista de las cien personas que consideran influyentes en el entorno tecnológico en Europa, y no incluyen ni un solo español en ella. Ni uno. No hay empleados españoles en multinacionales, ni españoles expatriados, ningún emprendedor radicado en España, ni nada, absolutamente nada que tenga que ver con nuestro país.

En las ediciones anteriores del ranking que he podido encontrar (2014, 2012, 2011, 2010), la situación, salvando excepciones muy puntuales como Martín Varsavsky, Zaryn DentzelDídac Lee o Gonzalo Martín-Villa, era prácticamente la misma: podemos dedicarnos a matar al mensajero, hablar de que Wired no se fija en nuestro país, criticar este tipo de rankings desde muchos puntos de vista o utilizar mil excusas más de malos perdedores, pero esto es lo que hay: España no cuenta absolutamente NADA en el escenario tecnológico europeo. No está en los mapas.

Que una revista tecnológica como Wired, con la tradición, la experiencia y el prestigio que acumula, no sea capaz de encontrar ni un solo español que situar en un ranking tecnológico debería parecernos, como país, enormemente preocupante. Refleja no una, sino muchísimas carencias: desprecio hacia lo innovador, falta de modelos emprendedores o tecnológicos en los que mirarse, demonización absurda del triunfo individual o del emprendimiento, visión absurdamente pudorosa del enriquecimiento, falta de enfoque en el desarrollo de nuevas ideas, desprecio a la ciencia y la tecnología, miedo a la disrupción, clara tendencia a pensar en escala reducida, y por supuesto, carencias clarísimas en la formación y la educación. Mientras en media Europa los niños tienen asignaturas que ponen la computación en su lugar como ciencia, y modifican metodologías y temarios para aprovechar la tecnología como recurso educativo de primer nivel, en España seguimos planteando una reforma tras otra que o bien ignoran completamente la tecnología, o la tratan únicamente de manera tangencial.

En una era en la que la tecnología tiene cada vez una importancia mayor, en la que es la tecnología, por encima de otros factores como los recursos naturales, la que define la riqueza, el protagonismo o la pujanza económica de los países, España no solo no está, sino que ni siquiera se la espera. Nuestro país, carente de una estrategia en este tipo de cuestiones y dirigido por personas con visiones completamente anticuadas en todo lo referente al papel de la tecnología, se encamina hacia modelos que hipotecan no solo su futuro, sino también el de muchos de sus ciudadanos, todos aquellos que no tengan la capacidad de mirar más allá de sus fronteras.

La ausencia de españoles en el Wired 100 es tan solo un síntoma. El “que inventen ellos“, trágicamente actualizado al siglo XXI. El panorama no es triste: es directamente desolador.

 

This article is also available in English in my Medium page, “Not a Spaniard in sight in the 2015 Wired 100

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Las ventanas de explotación geográfica y el puzzle europeo

Puzzle UELa reciente decisión de la comisaria europea de competencia, Margrethe Vestager, de acusar a los seis grandes estudios de Hollywood y a la británica Sky de prácticas anticompetitivas debido al uso de medidas de bloqueo geográfico dentro del mercado común europeo tiene mucho más fondo y merece mucha más atención de lo que inicialmente podría parecer, y podría terminar afectando de manera muy positiva a la competitividad y al desarrollo de un mercado único europeo. 

Según la denuncia de la Unión Europea, los complejos acuerdos de licenciamiento geográfico que hacen que las series de televisión o las películas estén únicamente disponibles en determinados territorios de la Unión Europea supondrían una restricción a la libre competencia entre las diferentes cadenas, y deberían por tanto ser eliminados. Los canales de pago deberían poder ser accesibles desde cualquier país de la Unión Europea, emitan a través de la red o vía satélite: si un usuario de cualquier país desea acceder a esos contenidos, debería tener derecho a obtenerlos mediante el pago correspondiente. La medida crearía un escenario de competencia hasta el momento desconocido, en el que las cadenas tendrían que competir entre sí sin poder contar con ventajas exclusivas basadas en ventanas de explotación asignadas geográficamente, que definen artificialmente escenarios de competencia imperfecta.

La idea resulta perfectamente coherente con la estrategia de mercado único digital: todo contenido creativo , sean películas, música o televisión, debería estar disponible en las mismas condiciones en toda la Unión Europea, sin estar sujeto a ningún tipo de práctica discriminatoria derivada de razones comerciales. Para el mercado audiovisual, es sin duda lo mejor que podría ocurrir, aunque algunos vayan a tardar mucho en darse cuenta. Se acabó el sobrevivir en función de fronteras artificiales y en base a contenidos obtenidos en exclusiva para dentro de esas fronteras: si quieres ser competitivo, tendrás que serlo en las grandes ligas. Para empresas como Netflix, que únicamente está disponible en unos pocos países y con catálogos independientes y diferentes en cada uno de ellos, la idea de competir con un único gran catálogo completamente unificado resulta, sin duda, un verdadero soplo de aire fresco que hace que la situación se parezca mucho más a la que conocen en su mercado de origen, los Estados Unidos.

¿La gran diferencia? Lógicamente, que mientras en los Estados Unidos, ese mercado único es real y se basa en unos 320 millones de personas que hablan y consumen contenidos mayoritariamente en un idioma común, en la Unión Europea hablamos de quinientos millones de personas que, en realidad, distan aún mucho de considerarse un mercado único como tal, que hablan veinticuatro idiomas reconocidos como oficiales y más de quince no oficiales. El inglés, por supuesto, es el segundo idioma más hablado en el continente y, de facto, la lengua común con la que resulta más sencillo moverse, pero eso no impide que haya un segmento muy importante de esos quinientos millones de personas que no tengan especial interés en consumir contenidos en ese idioma. Para otros, en cambio, la idea de acceder a determinados contenidos con las ventanas de disponibilidad que suelen tener en mercados como el del Reino Unido, carentes de barreras idiomáticas con respecto a los Estados Unidos, resulta indudablemente muy atractiva.

Las posibilidades de ese mercado único de cara al consumo de contenidos son indudablemente muy interesantes. Pero sobre todo, hablamos de unas restricciones geográficas que no son ya más que un atavismo sostenido únicamente en función de intereses comerciales artificiales. Nos hemos hartado de decirlo a lo largo del tiempo: las ventanas de explotación geográfica no tienen ningún sentido en un mundo en el que los contenidos fluyen a través de una red global y están a nuestro alcance en unos pocos clics, y de hecho, su mantenimiento es en gran medida el responsable de muchos de los problemas que la industria afirma padecer. Eliminar ese tipo de restricciones en Europa es un primer paso importante, que debe ser llevado a cabo lo antes posible, y que además, cuenta ya con precedentes históricos.

Ninguna de las empresas objeto de la acusación ha contestado aún. En caso de ser encontradas culpables de prácticas restrictivas de la competencia, como de hecho resulta evidente por muy comúnmente aceptadas que estuviesen dentro de su industria, podrían tener que hacer frente a multas de hasta un 10% de su facturación anual. Pero sobre todo, estaremos demostrando un verdadero interés en hacer de Europa un verdadero espacio común, algo fundamental de cara a la construcción de su ventaja competitiva. Quedarán aún factores muy importantes de cara a que se genere un espacio genuinamente competitivo, pero en cualquier caso, parece un paso en la buena dirección.

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