Category Archives: energy

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Project Sunroof y las magnitudes en energía

Project Sunroof - GoogleMi columna de esta semana en El Español se titula “Lo que nos estamos perdiendo“, y vuelve al tema de la energía solar y la generación distribuida, al hilo de la primera expansión del Project Sunroof de Google fuera de los Estados Unidos, a Alemania, en asociación con una compañía eléctrica clásica, E.ON. Habría mucho que decir sobre la relación entre esa compañía y nuestro país, pero tendríamos que bajar hasta lo más hondo de las catacumbas de la corrupción institucionalizada en España, y no es un tema en el que toque entrar en este lugar y momento.

El Project Sunroof de Google es una manera de hacer tangible la generación de energía solar utilizando Google Earth y Google Maps para, a partir de la dirección de una casa, ser capaz de calcular la insolación que recibe y la superficie de su tejado, lo que permite, trabajando con compañías eléctricas, establecer un marco de los ahorros que podría generar en su factura. Obviamente, la propuesta de valor más clara es para quienes viven en viviendas unifamiliares, pero puede utilizarse también en comunidades para tener una idea de lo que estamos hablando.

En un país como España, con un nivel generalmente elevado de insolación y una anomalía fruto de un nivel de corrupción generalizado como el “impuesto al sol”, que pretende desincentivar la autogeneración a nivel doméstico, herramientas como Project Sunroof resultarían importantísimas para que los usuarios tuviesen una idea real de lo que se están perdiendo al no aprovechar una fuente de energía como el sol. Frente a escépticos trasnochados que siguen aún afirmando que “la energía solar no es rentable si no se subvenciona” – algo que dejó de ser verdad hace mucho tiempo en virtud de la evolución del precio de las placas solares gracias a la ley de Swanson – y que aún toman como norma de fe generalizada aquellos escasísimos casos de fraude en los que los propietarios de granjas solares utilizaban generadores diesel para generar energía por las noches (que en realidad ni siquiera se trataba de un fraude como tal, sino de una reserva de la capacidad de generación provocada por un plazo establecido artificialmente a los propietarios) , la gran verdad es que no aprovechar esa capacidad de generación es completamente absurdo, y que los costes, aparte de lo que la fría cifra que la calculadora de Project Sunroof sea capaz de arrojar, van mucho más allá en términos medioambientales.

En cuestión de expectativas, es fundamental ser realista. Es muy posible que en muchos casos, las posibilidades de la generación solar doméstica no sean suficientes para cubrir todas las necesidades de una casa. En invierno, con menos horas de sol y con una demanda más elevada de electricidad, es muy posible que sea necesario recurrir a una compañía eléctrica para cubrir determinados momentos. Es muy razonable pensar en escenarios de generación distribuida en los que las compañías eléctricas sigan siendo quienes poseen y operan las instalaciones sobre los tejados de muchos hogares, pero incluso en ese caso, habremos ganado mucho en términos medioambientales.

Proyectos como este son muy necesarios en España para entender lo que nos estamos perdiendo. En Alemania necesitan Project Sunroof para calcular lo que se ahorrarían: en España, lo necesitamos para entender cuánto nos están robando unos políticos corruptos y unos impuestos completamente fuera de lugar. Lo necesitamos para evidenciar lo que hay, para generar presión sobre la retirada del impuesto al sol. Lo necesitamos para sacar la basura. Si Google quiere generar una diferencia con su proyecto, España es un buen sitio para lograrlo. Para evidenciar el nivel de cerrazón intelectual y de corrupción al que muchos políticos pueden llegar. A ver si alguna de las compañías eléctricas en nuestro país se decide a recoger el guante de Google y se convierte en socia de este gran proyecto.

 

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El futuro de la energía es la generación distribuida

IMAGE: Stanis?aw Tokarski - 123RFMi columna de esta semana en El Español se titula “Autoconsumo y prevaricación“, y hace referencia a la dura carta enviada por la Comisión Europea al ministerio de energía español, exigiendo explicaciones por las múltiples trabas, barreras e impuestos establecidos a nivel legislativo para desincentivar el autoconsumo eléctrico, que no solo son completamente contrarios al derecho europeo, sino que además, suponen un absoluto contrasentido en un país con un nivel de insolación tan elevado como España.

El desincentivo a la autogeneración de electricidad en España es un clarísimo caso de prevaricación, en su definición mas canónica: dictar una resolución arbitraria en un asunto administrativo o judicial a sabiendas de que dicha resolución es injusta. Cuando el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, afirma que no elimina el impuesto al sol porque si lo hiciese “se dejarían de recaudar 162 millones de euros anuales vía impuestos” está, en realidad, admitiendo que implantó un impuesto contrario a la legislación europea, que tasa de manera injusta y arbitraria una actividad tan beneficiosa para el medio ambiente y para el bolsillo del ciudadano como la autogeneración y autoconsumo de energía eléctrica, y que además, se niega a dejar de hacerlo porque no quiere renunciar a esos ingresos. 

Que países europeos con tasas de insolación much menores que España estén plagados de placas solares mientras en nuestro país, instalar un tejado solar y un acumulador suponga enfrentarse a un calvario legislativo, regulatorio y fiscal supone un contrasentido tan grande, tan absurdo, que reclama una investigación sobre los motivos que en su momento llevaron a los políticos implicados a legislar de esa manera. Pero sobre todo, urge eliminar ese entramado destinado únicamente a desincentivar un fenómeno, el de la autogeneración y el autoconsumo, que se ha desarrollado de manera impresionante en muchos países y que está sujeto a enormes economías de escala.

En los Estados Unidos, el Project Sunroof de Google, pronto disponible para España, ha determinado analizando sesenta millones de edificios en cincuenta estados que 4 de cada 5 hogares tienen potencial para la generación de energía solar. Es posible que en nuestro país, con una tasa de concentración de la población en núcleos urbanos relativamente elevada, esa tasa sea algo menor, pero en cualquier caso, es fundamental ponerla en valor lo antes posible. La ley de Swanson hace que los paneles solares sean cada vez más baratos, los acumuladores mejoran también su rendimiento, y el desarrollo de nuevos materiales como las tejas solares creadas por Tesla, disponibles en el mercado a partir de abril, lleva a modelos cada vez más eficientes y menos intrusivos. ¿Qué sentido tiene seguir oponiéndose por principio a una generación distribuida que se revela de una forma cada vez más clara como el futuro de la energía?

 

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Trump, tecnología y medio ambiente

IMAGE: Isaincuz - 123RFMi columna en El Español de esta semana se titula “Otra de Trump“, como esas sagas eternas de chistes que siempre tienen el mismo protagonista. Pero desgraciadamente, no se trata de un chiste, sino de algo muy serio.

En su reciente visita a Detroit para reunirse con la industria del automóvil, a Donald Trump no se le ha ocurrido otra cosa que anunciar la eliminación de las medidas de control de emisiones instauradas por Barack Obama para combatir el cambio climático. Según su lógica, se trata de una medida para “beneficiar a la industria” para que pueda ser más competitiva y genere más puestos de trabajo, unos puestos de trabajo que sabemos perfectamente que no van a volver jamás, porque simplemente ya no existen nada mas que en su cabeza. Para una persona que no solo niega el mayor problema actual de la humanidad, el cambio climático, sino que además cree que es simplemente “un invento de los chinos“, la cuestión suena a lógica aplastante: elimino restricciones, y la industria será más competitiva. 

Las medidas de control de emisiones impuestas por Barack Obama se habían convertido en el mayor incentivo para la mejora de la industria automovilística estadounidense. Las restricciones obligaban a la industria a invertir en motores necesariamente más eficientes y, sobre todo, en alternativas al motor de explosión, lo que en su momento significó el auge primero de los vehículos híbridos y, posteriormente, del interés por lograr ser competitivo en el segmento de los eléctricos puros. Eliminar las restricciones no supone hacer a la industria del automóvil más competitiva, sino precisamente todo lo contrario: permitir la complacencia, reducir la necesidad de cambio y relajar la agenda de las compañías para que puedan seguir fabricando y vendiendo vehículos menos eficientes y más dañinos para el medio ambiente. Ahora, el progreso en el vehículo eléctrico y el incremento progresivo de su eficiencia y rango ya no tendrá que venir de la industria automovilística norteamericana, sino de compañías como Tesla y similares, o de competidores en Asia o Europa, de países dirigidos por gobernantes que no son estúpidamente negacionistas del cambio climático. Genial movimiento.

Trump es un absoluto ignorante en temas tecnológicos y científicos en general. Esas cuestiones, simplemente, le exceden, y tampoco le generan interés alguno en asesorarse convenientemente. Si tus referencias intelectuales son las noticias de determinadas televisiones y de publicaciones como Breitbart News, la posibilidad de que tu país se quede fuera de la próxima gran revolución industrial propulsada por la robótica o de que condenes a la producción científica a décadas de oscuridad se convierte, tristemente, en muy real. Mientras otros países invierten en nuevos esquemas productivos, tú te dedicas a apostar por el fin de la neutralidad de la red y por la vuelta del carbón, como si eso fuese posible y como si realmente fuese a crear tantos puestos de trabajo, cuando está demostrado que la mayoría de los nuevos empleos ya proviene, precisamente, de la generación de energías renovables. Aquello de “America first” será pronto visto como un auténtico chiste.

 

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Electricidad y abundancia

IMAGE: Gina Sanders - 123RFCon el precio de la electricidad en máximos históricos en España por culpa de un esquema de profunda ineficiencia, cuesta pensar en una revolución que se lleve por delante una gran parte de los esquemas que hemos conocido durante nuestra vida y que nos aboque a un auténtico cambio de modelo, a la llegada de la energía barata o gratuita, a la era de la abundancia energética.

Y sin embargo, son cada vez más las señales que indican que la energía va a protagonizar la siguiente gran revolución: la llegada de lo que algunos empiezan a denominar enernet, una red de energía dinámica, distribuida, redundante y multi-participativa construida alrededor de la generación, almacenamiento y entrega de energía limpia. Una idea de la que se lleva hablando ya bastantes años, que viene a suponer la aplicación del modelo de internet a la generación de energía eléctrica, y que se asienta, como no podía ser de otra manera, en el avance de la tecnología y en la evolución de una ley de Swanson que ya no puede seguir ignorándose.

La revolución de los materiales implica ya que podemos cubrir el tejado de una casa con tejas que en muchos casos son más baratas y resistentes que las convencionales, con un aspecto perfectamente normal, y que permiten generar energía solar con un rendimiento impensable hace muy pocos años. Cuando el material que escoges para cubrir tu casa puede generar energía y durar más que una cubierta tradicional en una expectativa de desarrollo tecnológico sujeta a la ley de Swanson, hablamos de un escenario en el este tipo de inversiones tendrán sentido para los particulares, pero en el también surgirán compañías dispuestas a tratar la inversión como un producto financiero, a costear la instalación a cambio de administrar la energía producida y tomar la decisión de cuándo interesa sustituir las tejas con nuevos materiales más eficientes.

Con cada vez más compañías construyendo sus propias instalaciones de generación de energía para asegurarse un abastecimiento limpio y barato, y con una energía solar ya más barata que el carbón, las medidas planteadas por políticos abiertamente corruptos como los de Wyoming o los de España van a resultar cada día más anacrónicas e indefendibles: lo que puede plantearse como una defensa de la rentabilidad de las compañías tradicionales y de su inversión en infraestructuras, dará paso cada vez más a instalaciones distribuidas, en las que comunidades de vecinos y urbanizaciones comenzarán a plantearse sustituir las cubiertas de sus viviendas, llevar a cabo una contabilidad de la energía consumida mediante sistemas basados en blockchain, y protegerse del posible desabastecimiento en caso de climatología adversa mediante baterías cada vez más eficientes y mediante redes cada vez más amplias. Una sola vivienda puede tener problemas a la hora de plantearse la desconexión de la red principal, pero una comunidad entera genera un efecto de compensación que puede aportar mucha más estabilidad al sistema, y que crea espacios para compañías más innovadoras que vean oportunidades en explotar esas células de generación distribuida. El mercado de la energía está a punto de experimentar la mayor disrupción de su historia, y las compañías tradicionales que no quieran explorarlo y posicionarse en ese entorno se arriesgan a sufrir enormemente en términos de competitividad.

No prestar atención a esos cambios y perpetuar los esquemas ineficientes que nos han traído hasta aquí es cada día más insostenible y, sobre todo, más irresponsable. La revolución de la energía está siendo contemplada ya por muchos como la próxima gran frontera, y está, desde un punto de vista tecnológico, ya a la vuelta de la esquina. Con el precio de la energía por las nubes en España en estas fechas, es el momento de traer este tema a la mesa de discusión.

 

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Iniciativa privada frente a desastre público: el reto de la energía limpia

Breakthrough EnergyUn grupo de veintiocho inversores entre los que se encuentran personajes de tanta relevancia como Bill Gates Jeff Bezos, Vinod Khosla, Jack Ma, John Doerr, Marc Benioff, Richard Branson, Reid Hoffman, Xavier Niel, George Soros o Mark Zuckerberg, han creado un fondo de inversión de mil millones de dólares, con promesa de elevarlo hasta los 30,000 millones en 2020, para el desarrollo de medios de producción de energías limpias, sin duda el desafío más importante del momento para el planeta.

La iniciativa, bautizada como Breakthrough Energy, pretende fomentar el desarrollo de innovación asociada a la generación de energía considerada limpia, un capítulo en el que Barack Obama se había comprometido, junto con otros diecinueve países, a duplicar las inversiones como parte de la iniciativa Mission Innovation, pero que ahora, con la inminente llegada a la Casa Blanca de Donald Trump, parece difícilmente realizable.

Cuando hablamos de Trump, hablamos de un personaje que no solo se dedicó durante su campaña electoral a ridiculizar el problema del cambio climático y a decir que era “un invento de los chinos” (provocando la posterior reacción del ejecutivo chino), sino que además, ha nombrado para su administración a un grupo de directivos entre los que se encuentra un ex-ejecutivo de una compañía petrolera como Secretario de Estado o un abierto negacionista del cambio climático como director de la Agencia de Protección Medioambiental, con la misión explícita de revertir las iniciativas tomadas por la administración anterior en ese sentido. Trump ya ha anunciado que los Estados Unidos incumplirán los acuerdos internacionales firmados, y que el tema medioambiental está completamente supeditado a otros objetivos. De cara al cambio climático y al desarrollo de energías limpias, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca es seguramente la peor noticia imaginable. 

La coalición de inversores privados se define como un fondo de inversión abierto a la financiación de investigación de “cualquier cosa que conduzca a una energía barata, limpia y confiable”, lo que no excluye específicamente nada, y que le ha generado ya algunas polémicas derivadas de considerar inversiones, entre otras cosas, en la mejora de las tecnologías de fisión nuclear (generation IV reactorsnext generation nuclear fission), que muchos no consideran precisamente como una energía limpia. El documento que han presentado definiendo sus áreas de interés es enormemente abierto, y cubre áreas que van desde la generación de electricidad, el transporte o la agricultura, hasta aplicaciones como la manufactura o la gestión de los edificios.

Las compañías dedicadas a las energías limpias, o cleantech, fueron en su momento, en torno a 2008, una de las obsesiones de los capitalistas de riesgo de Silicon Valley, que llegaron a inyectar hasta $6,100 millones antes del comienzo de la crisis económica, con resultados generalmente considerados como mediocres. El nuevo fondo de inversión promete reactivar este tipo de inversiones, y viene a coincidir precisamente con la llegada, si nadie lo evita, de un idiota inconsciente a la Casa Blanca con la capacidad de hacer mucho, mucho daño, un impresentable que afirma que “nadie sabe realmente si el cambio climático es real“.

Una iniciativa pública que desaparece o que se torna incluso dañina, frente a una iniciativa privada que, hasta el momento, no ha sido capaz de probar una eficiencia realmente digna de mención. Una ventana que se cierra, y otra que se abre. Dos vías para aproximarse al que sin duda es, en este momento y diga lo que diga Donald Trump, el mayor desafío de la humanidad: el necesario cambio en la generación y uso de la energía que consumimos.

 

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Renovables y futuro

IMAGE: Vaclav Volrab - 123RF

Mi columna de esta semana en El Español se titula “Renovables y visión de futuro“, y es el resultado de comprobar la tremenda paradoja entre los anuncios e inversiones llevados a cabo por empresas tecnológicas como Google, Apple, Facebook o Amazon para poner en marcha sus políticas de abastecimiento de energías renovables, y la realidad aún tristemente mayoritaria de una industria eléctrica tradicional o de países como España que se mantienen anclados en la generación sucia mediante combustibles fósiles a pesar de la progresiva ganancia en eficiencia de las renovables.

Monstruos del consumo energético que tienen que abastecer de energía de manera fiable gigantescos centros de datos consiguen asegurar que su energía proviene de fuentes renovables en porcentajes sorprendentes, y planifican un futuro en el que la totalidad de su consumo provendrá del viento o del sol. Google es ya la compañía que más energía renovable adquiere en el mundo, detalla uno a uno todos sus contratos, y apunta a que la totalidad de su consumo provenga pronto de fuentes renovables. Apple ya obtuvo un 93% de su consumo de estas fuentes en el año 2105, incluyendo la totalidad de la energía consumida por sus centros de datos. Facebook se acerca ya a la mitad de su consumo, Salesforce adquiere más energía renovable que la que consumen sus centros de datos, mientras Amazon, además de construir el parque eólico más grande del mundo, anuncia igualmente su compromiso para un abastecimiento íntegro de fuentes renovables. El empeño en construir o propiciar la construcción de granjas eólicas o solares por parte de estas compañías es tan relevante, que parece que producir energía fuese ya una parte central de su negocio, que fuesen empresas eléctricas en lugar de dedicarse a otros menesteres.

Las búsqueda de energía de fuentes renovables por parte de estas empresas es tan ávida, que las empresas eléctricas tradicionales no consiguen acceso a la producción de las granjas solares o eólicas recientemente creadas en los Estados Unidos, porque la totalidad de su producción está comprometida mediante contratos a largo plazo con empresas tecnológicas que han sabido entender el fenómeno a tiempo. Basta con que surja un número suficiente de compañías con esta actitud, para que resulte rentable construir granjas solares y eólicas en cada rincón, y mucho más si las características de determinados territorios, en función de sus condiciones naturales, lo propician. En el caso de una gran parte de España, que no haya paneles solares encima de cada tejado es un absoluto contrasentido, y que se haya intentado evitar mediante restricciones artificiales es una irresponsabilidad política de primera magnitud.

¿Qué han visto estas compañías en las energías renovables? ¿Simplemente una forma de maquillar sus memorias corporativas y “parecer buenos”? No parece muy lógico pensar que sea así, que todas estas grandes empresas hayan sido víctimas de algún tipo de epidemia de buenismo corporativo y de obsesión por la responsabilidad social. En realidad, se trata sencillamente de entender el progreso de la generación mediante métodos renovables, y cómo la progresiva ganancia en eficiencia hace ya posible imaginar un futuro en el que las energías limpias conformen un gran porcentaje de la generación total. No, no son simplemente buenos deseos: es que frente a la rancia actitud de “no puede ser y además es imposible” de muchas compañías eléctricas tradicionales, ha surgido la evidencia de que la aplicación de mejoras de eficiencia a los procesos de generación de energía eólica o solar hacen que esas perspectivas sean hoy en día muchísimo más realistas.

¿Para cuando una mentalidad en la totalidad de los ciudadanos o en los políticos mínimamente parecida a la que tienen estas compañías? ¿Cuándo dejaremos de intentar impedir el progreso mediante absurdos impuestos al sol y medidas abiertamente corruptas que plantean desincentivos a la generación limpia? ¿Cuántos años más de tópicos falsos de “es buenismo”, “no es suficiente” o “no es rentable si no se subvenciona” cuando la evidencia se acumula en las cuentas de resultados de cada vez más compañías? ¿Cuánto queda para que en lugar de empeñarnos en hacer lo más barato y rentable a corto plazo, exijamos que se haga lo más lógico y responsable?

 

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Energía solar y la triste comparación con Alemania

Solar panels GermanyMi columna de esta semana en El Español se titula “Cuestión de enchufes“, y trata de poner en perspectiva lo que ha sido el desastre de la política energética española, posiblemente uno de los mayores nidos de corrupción y clientelismo político del mundo y que ha conseguido llevar a un país con unos niveles de insolación privilegiados a mantener una enorme dependencia de combustibles fósiles importados.

Alemania, un país con muchísimas menos horas de sol, puede llegar a producir en determinados momentos del año más de la mitad de su energía a partir de paneles fotovoltaicos. El gobierno alemán, que entendió perfectamente la aplicación de la ley de Swanson y apostó a que la progresiva mejora de la tecnología iría dando lugar a eficiencias cada vez más elevadas en la generación distribuida, ha sido capaz de poner en práctica la política energética más puntera en todo el mundo en este sentido: el coste de los paneles solares ha disminuido drásticamente a lo largo de los últimos cuarenta años, y especialmente en los últimos diez, una caída del 60% tan solo desde 2011 y de un 99% desde 1977. Hoy, una instalación completa de paneles solares y acumuladores puede costar entre los quince mil y los cuarenta mil euros antes de aplicar posibles incentivos o ventajas fiscales, y pueden ser, si se establecen los marcos oportunos, una inversión mucho mejor y más segura que la mayoría de las inversiones financieras habituales.

Sobre ese contexto, Alemania desarrolló un marco legislativo que la ha llevado a generar un 6,000% más energía solar que los Estados Unidos, a pesar que este país recibe un 3,900% más de radiación solar en su superficie. El gobierno alemán creó una política de incentivos para la instalación de paneles solares que ofrecía adquirir todo el excedente energético generado por las instalaciones descentralizadas a un precio de 0.4o € por kilovatio hora durante los siguientes veinte años (el precio medio del kilovatio hora estaba habitualmente entre los 0.07 € y los 0.09 €). Con un contrato con garantía gubernamental de este tipo, cualquiera podía acudir a un banco y solicitar un préstamo con un interés muy razonable, dado el escaso riesgo de la operación, para financiar su instalación solar, de manera que el beneficio obtenido mensualmente puede cubrir el coste de principal e intereses. Aproximadamente a los diez años, el préstamo que se solicitó para la instalación está completamente pagado, y los titulares de la instalación aún pueden disfrutar de los beneficios durante diez años más. Una política de subsidio de las instalaciones solares descentralizadas de este tipo, que con el paso de los años fue reduciendo sus precios para finalmente, en agosto de 2014, dejar de ser determinado por el Estado y pasar a fijarse mediante subasta – ha dado lugar a tal proliferación de paneles solares en las casas, que el país puede ahora presumir de ser una auténtica potencia en generación de energía solar, a pesar de que la gran mayoría de los alemanes tienden a irse a otros países mucho más soleados a pasar sus vacaciones. La comparación con la situación en España, donde nos hemos perdido en discusiones completamente estúpidas sobre lo que pasaba cuando no hacía sol o sobre si las infraestructuras soportaban o no un uso bidireccional, debería hacer que metiésemos directamente en la más negra de las cárceles a unos cuántos sinvergüenzas carentes de todo sentido de la responsabilidad.

De cara al futuro tras estas elecciones, convendría entender a qué situación nos enfrentamos. Si aplican sus programas y negocian de la manera adecuada, lo normal será que nos encaminemos a un escenario en el que el absurdo y surrealista “impuesto al sol” que se planteó como desincentivo para las instalaciones de generación descentralizada sea rápidamente derogado, y se pueda plantear la creación de un marco legal que de verdad incentive políticas que reduzcan nuestra a todas luces exagerada dependencia energética. Un país con una dotación creciente de parques eólicos y con los incentivos adecuados a la generación solar distribuida podría dar lugar a un cambio tan drástico en la balanza de pagos y a una reducción tan importante en la factura de importación de combustibles fósiles, que no tenerlo en cuenta supone una enorme irresponsabilidad. Y en ese escenario de generación distribuida pueden caber numerosos actores, desde las actuales empresas eléctricas con modelos razonablemente atractivos, a otros nuevos entrantes si estas compañías no son capaces de reaccionar suficientemente rápido. Todo es cuestión de entender el escenario y propiciar las condiciones oportunas.

España, a pesar de ser un país proverbialmente soleado, ha sido un ejemplo de patético retraso en la explotación de la energía solar. ¿Vamos finalmente a ponernos las pilas, o seguirá siendo todo cuestión de enchufes?

 

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Panorama energético: más allá de la conversación de barra de bar

IMAGE: Jason Winter - 123RFEl pasado domingo, algunos países vivieron una circunstancia relativamente excepcional, de esas que solo puedes disfrutar si te has preparado adecuadamente para ello: en el contexto de unos días inusualmente ventosos y soleados en el centro de Europa, Alemania generó tal cantidad de electricidad a partir de fuentes renovables, que el precio de la energía en el país – cuyo mercado eléctrico se ajusta de manera automática en función de la oferta y la demanda – se convirtió en negativo durante varias horas. De manera efectiva, los usuarios recibieron abonos en sus facturas por consumir electricidad.

El caso de Alemania, país que se ha comprometido a generar sistemáticamente el 100% de su energía eléctrica de fuentes renovables para el año 2050, se une al de Dinamarca, que en los días finales de esa misma semana pasada fue capaz de generar el 140% de su energía mediante sus turbinas eólicas, lo que le permitió exportar electricidad a las vecinas Alemania, Noruega y Suecia. En media, tres cuartos de la energía eléctrica del país se genera ya a partir del viento, fruto de un fuerte plan de apoyo gubernamental. Ya son varios los países (Costa Rica, Dinamarca, el sur de Austria, Noruega, Islandia, Alemania y algunas islas pequeñas) que bien de manera sistemática u ocasional han conseguido alcanzar el sueño de generar el 100% de su energía eléctrica sin quemar combustibles fósiles. Todo indica que una de las variables que en el futuro separará a los países avanzados de los que no lo son será su autosuficiencia a la hora de generar energías limpias. Si sigues creyendo que las energías renovables son insignificantes, irregulares o demasiado caras, es posible que debas volver a leer en fuentes serias sobre esos mitos: no, las energías renovables no van a eliminar completamente la necesidad de quemar combustibles fósiles de la noche a la mañana, para ellos es preciso acometer inversiones importantes en las infraestructuras, y posiblemente no vayan a convertirse en el gran generador de empleo que algunos esperaban… pero decididamente, tienen mucho más alcance que esas historias de miedo sobre fraudes y plantas que generaban energía solar por la noche a las que recurren algunos. Que algunos políticos diseñen políticas de subvenciones inadecuadas no implica que debamos renunciar al desarrollo de lo que son sin duda las tecnologías energéticas del futuro.

Generar energía eléctrica mediante placas solares es, gracias al inexorable avance de la ley de Swanson, ya más barato que hacerlo quemando carbón. En un año, el coste de explotación de las plantas de energía solar se ha rebajado a la mitad, un hito histórico que no habíamos vivido en toda la historia de la generación energética. El sol es ya la fuente de energía más barata que existe en el planeta, y se preven nuevos descensos. Vivimos una revolución de la generación de energía solar que está comenzando por aquellos países con irradiación elevada, pero que pronto alcanzará a todo el planeta. Unido a la democratización del acceso a la información sobre los patrones de consumo, se esperan fuertes patrones de disrupción en el mercado energético a corto y medio plazo.

A estas variables debemos añadir otra, para mí fundamental: la generación distribuida. Tesla, mediante Solar City, instalará en 2016 más capacidad de almacenamiento en hogares norteamericanos que la que todos los Estados Unidos en su conjunto instalaron durante el año 2015. Los vehículos eléctricos deben, además, añadirse a esa capacidad de almacenamiento: aunque aún testimoniales en sus niveles de adopción, Tesla, tras el éxito de la oferta inicial de su Model 3,  espera producir más de medio millón de unidades anuales en 2018. Países como Holanda meditan, de hecho, prohibir totalmente la venta de vehículos de gasolina y diesel en el año 2015. Hemos llegado al punto en el que lo que claramente necesitamos es, como el porpio Elon Musk afirma, una revolución contra la industria de los combustibles fósiles, que todavía impacta de manera radical muchas de las decisiones políticas en un número aún muy elevado de países.

Es el momento de pasar de la conversación de barra de bar, de las anécdotas de tiempos pasados y de las afirmaciones radicales basadas en el desconocimiento, a planteamientos reales en función de la evolución tecnológica y de las posibilidades probadas que las energías renovables tienen de cara al futuro. En el panorama energético, los elementos que conforman la disrupción, desde un punto de vista puramente tecnológico, ya están aquí, y ya se han acabado las excusas. Solo hace falta decisión y voluntad para ponerlos en marcha.

 

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Hablemos de generación distribuida

Javier Uriarte (IMAGE: E. Dans)Esta mañana participé en una interesantísima iniciativa de Endesa, un hackathon en busca de talento innovador para la optimización del uso de la energía – que se une a un datathon organizado dentro del mismo programa, Energy Challenges – en el que tuve la ocasión de charlar un rato con Javier Uriarte, director general de comercialización de la compañía.

Hablamos sobre la generación distribuida, para mí el mayor reto al que se enfrentan las eléctricas tradicionales en este momento, y más en un país con las condiciones naturales de España, con la mayor cantidad de horas de sol de todo su entorno, y me gustó ver cómo posteriormente, durante su charla (que precedió a la mía), el propio Javier sacaba el tema.

El problema de la generación distribuida es, además de tecnológico, fundamentalmente financiero. Así lleva tiempo demostrándolo SolarCity en los Estados Unidos, una compañía fundada en el año 2006 por los hermanos Peter y Lyndon Rive siguiendo un concepto de su primo, Elon Musk,  probablemente uno de los mayores genios empresariales de nuestros días. Una compañía cuyos productos son fundamentalmente la evaluación, el diseño, el montaje y – sobre todo – la financiación de equipos domésticos de generación de energía eléctrica mediante placas solares fotovoltaicas, que utiliza fórmulas como el leasing para que los propietarios de las viviendas puedan plantearse hacer frente a los costes de los equipos. La cuestión fundamental es plantearse el tiempo de amortización de la instalación y los flujos de caja que se definen cuando el hogar comienza a abastecerse de energía eléctrica autogenerada, a lo que se añade la posibilidad de devolver a la red aquella energía excendentaria que se genera cuando el consumo es menor o cuando la vivienda está vacía – un factor importante en España, con una cantidad elevada de segundas viviendas en zonas soleadas que permanecen vacías la mayor parte del año.

IMAGE: Mediagram - 123RF¿Hasta qué punto puede una compañía eléctrica plantearse el desarrollo de la generación distribuida? Lo que en un primer análisis puede parecer una falacia próxima al suicidio resulta serlo mucho menos si analizamos factores como la ley de Swanson, que permite afirmar que el precio de los módulos solares fotovoltaicos tiende a caer un 20% cada vez que se duplica su volumen de ventas acumulado, lo que supone en el momento actual que su coste desciende aproximadamente a la mitad cada diez años. En estas condiciones, y con la escala como factor fundamental, que el protagonismo de una tendencia disruptiva absolutamente inevitable lo tome una compañía tradicional es uno de esos casos de libro en los que una compañía aprende a reconocer la disrupción y decide, mediante la gestión adecuada, que puede hacerla jugar a su favor, y no en su contra. En este ejemplo en concreto, hablamos de la posibilidad de convertirse en auténtico protagonista de una tendencia que no solo es, como comentamos, inevitable, sino que además cuenta con una imagen enormemente positiva y con un impacto clarísimo en la balanza de pagos de un país con una dependencia energética a todas luces excesiva. Hablamos, en realidad, de combinar negocio con responsabilidad social corporativa, de poner tu dinero donde están tus palabras. Y en este caso, además, todo es una cuestión de plantear los números de la manera adecuada: que la misma compañía que me discute el precio del kilowatio hora, me proponga una operación financiera en la que convierte el techo de mi casa en un elemento de su red de generación. 

Frente a la limitada visión de un gobierno que plantea impuestos al sol y que trata de evitar, con excusas insostenibles, que se desarrolle una tecnología que ha probado su valor en muchos otros países, ¿podríamos plantearnos la visión de una compañía que pretenda hacer de esto una oportunidad? ¿O tendremos que esperar a que SolarCity se lance a la expansión internacional, o a que surja una idea similar en nuestro país? Los costes de una red bidireccional son fundamentalmente una cuestión de escala, y las espadas están en alto. La mejor innovación es la que se plantea horizontes ambiciosos, la que de verdad intenta cambiar el mundo. Y en el mundo que viene, la energía es abundante y barata.

 

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Nos roban el sol

IMAGE: iimages - 123RFLa entrada en vigor del impuesto al sol en España, una tasa abiertamente diseñada para desincentivar el uso de la generación distribuida de electricidad mediante instalaciones de placas solares en los hogares, demuestra de manera palmaria la vocación del gobierno español por proteger a las empresas de generación de electricidad, convertidas en este país en un auténtico cementerio de elefantes para políticos.

La ley es un auténtico ejercicio de prevaricación, en su definición literal del Diccionario de la Real Academia Española: “delito consistente en dictar a sabiendas una resolución injusta una autoridad, un juez o un funcionario”. Mientras todos los países civilizados se afanan por incentivar, en muchos casos con exenciones de impuestos a su instalación, el desarrollo de la generación distribuida, en España, uno de los países con mejores condiciones para ello, el gobierno intenta por todos los medios evitar que los techos de sus hogares se llenen de placas solares. Llevada por la ley de Swanson, la energía solar y la generación distribuida se están convirtiendo en la gran esperanza de una energía renovable, barata y sostenible en todos los países del mundo. La descentralización de la generación es una tendencia mundial, las placas solares proliferan en los tejados de las casas de todo el mundo, y que sea así tiene todo el sentido. Salvo en España. En uno de los países con mejores condiciones para ello, un gobierno corrupto se dedica a desincentivar esa tendencia.

El sentido de la ley es tan inexplicable y tan arbitrario, que no deja lugar a la especulación. Se controlan todos los posibles factores: por un lado, se tasa la generación de electricidad. Por otro, se fija en cero el precio de la eventual energía excedentaria que se podría inyectar en la red. Y por otro, se tasan también las baterías acumuladoras, una solución que en muchos países se está precisamente incentivando con el fin de evitar la concentración de los picos de oferta o demanda en determinadas horas del día.

La idea de que “el autoconsumidor pueda beneficiarse del respaldo que le proporciona el conjunto del sistema, aun cuando pueda estar autoconsumiendo electricidad” es completamente absurda: el autoconsumidor financia el sistema pagando por la electricidad que utiliza, lo que convierte en una doble imposición el hecho de que tenga también que contribuir a esa  financiación cuando no lo utiliza. La redundancia es tan clara y tan evidente, que solo cabe pensar que el ministro Soria nos está tomando por idiotas. El cargo por autoconsumo para “cubrir los servicios de balance necesarios en el mercado de producción”, cuando en España ese balance es completamente innecesario porque el desarrollo de la autogeneración es aún sumamente escaso, es todo un ejemplo de pre-legislación: vamos a crear una ley “por si acaso en algún momento hubiese que incurrir en algún coste”. Sencillamente demencial. Asimismo, pretender que todos los ciudadanos tenemos que financiar el déficit de tarifa, cuando si una persona decide no utilizar electricidad a partir de ahora, no tendría que hacerlo, es completamente absurdo: ¿por qué debe financiar el déficit de tarifa alguien que genera su propia electricidad, si alguien que no utiliza electricidad no tiene que hacerlo? Todo en esta ley es propio de una antología del disparate. Pero una antología del disparate que drena tu bolsillo y llena el de otros, como ocurre en todos los esquemas de corrupción.

La revista Forbes, en el año 2013, ya se mofó de las pretensiones del gobierno español, tachando el impuesto de absurdo y completamente arbitrario. Ahora, ya lo tenemos encima, ya es ley. Un gobierno agotado que ya ni se preocupa por ocultar las evidencias de corrupción ha consumado un abuso que desincentiva la generación distribuida, auténtica tendencia de futuro, en el país que más podría beneficiarse de ella. Una ley que debería ser derogada en cuanto un gobierno decente tenga la primera oportunidad de hacerlo.

Es más que posible que el próximo día 20 de diciembre esté nublado. Pero cuando vayas a votar, además de otras muchas cosas, acuérdate del sol.

 

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