Category Archives: electricity

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Project Sunroof y las magnitudes en energía

Project Sunroof - GoogleMi columna de esta semana en El Español se titula “Lo que nos estamos perdiendo“, y vuelve al tema de la energía solar y la generación distribuida, al hilo de la primera expansión del Project Sunroof de Google fuera de los Estados Unidos, a Alemania, en asociación con una compañía eléctrica clásica, E.ON. Habría mucho que decir sobre la relación entre esa compañía y nuestro país, pero tendríamos que bajar hasta lo más hondo de las catacumbas de la corrupción institucionalizada en España, y no es un tema en el que toque entrar en este lugar y momento.

El Project Sunroof de Google es una manera de hacer tangible la generación de energía solar utilizando Google Earth y Google Maps para, a partir de la dirección de una casa, ser capaz de calcular la insolación que recibe y la superficie de su tejado, lo que permite, trabajando con compañías eléctricas, establecer un marco de los ahorros que podría generar en su factura. Obviamente, la propuesta de valor más clara es para quienes viven en viviendas unifamiliares, pero puede utilizarse también en comunidades para tener una idea de lo que estamos hablando.

En un país como España, con un nivel generalmente elevado de insolación y una anomalía fruto de un nivel de corrupción generalizado como el “impuesto al sol”, que pretende desincentivar la autogeneración a nivel doméstico, herramientas como Project Sunroof resultarían importantísimas para que los usuarios tuviesen una idea real de lo que se están perdiendo al no aprovechar una fuente de energía como el sol. Frente a escépticos trasnochados que siguen aún afirmando que “la energía solar no es rentable si no se subvenciona” – algo que dejó de ser verdad hace mucho tiempo en virtud de la evolución del precio de las placas solares gracias a la ley de Swanson – y que aún toman como norma de fe generalizada aquellos escasísimos casos de fraude en los que los propietarios de granjas solares utilizaban generadores diesel para generar energía por las noches (que en realidad ni siquiera se trataba de un fraude como tal, sino de una reserva de la capacidad de generación provocada por un plazo establecido artificialmente a los propietarios) , la gran verdad es que no aprovechar esa capacidad de generación es completamente absurdo, y que los costes, aparte de lo que la fría cifra que la calculadora de Project Sunroof sea capaz de arrojar, van mucho más allá en términos medioambientales.

En cuestión de expectativas, es fundamental ser realista. Es muy posible que en muchos casos, las posibilidades de la generación solar doméstica no sean suficientes para cubrir todas las necesidades de una casa. En invierno, con menos horas de sol y con una demanda más elevada de electricidad, es muy posible que sea necesario recurrir a una compañía eléctrica para cubrir determinados momentos. Es muy razonable pensar en escenarios de generación distribuida en los que las compañías eléctricas sigan siendo quienes poseen y operan las instalaciones sobre los tejados de muchos hogares, pero incluso en ese caso, habremos ganado mucho en términos medioambientales.

Proyectos como este son muy necesarios en España para entender lo que nos estamos perdiendo. En Alemania necesitan Project Sunroof para calcular lo que se ahorrarían: en España, lo necesitamos para entender cuánto nos están robando unos políticos corruptos y unos impuestos completamente fuera de lugar. Lo necesitamos para evidenciar lo que hay, para generar presión sobre la retirada del impuesto al sol. Lo necesitamos para sacar la basura. Si Google quiere generar una diferencia con su proyecto, España es un buen sitio para lograrlo. Para evidenciar el nivel de cerrazón intelectual y de corrupción al que muchos políticos pueden llegar. A ver si alguna de las compañías eléctricas en nuestro país se decide a recoger el guante de Google y se convierte en socia de este gran proyecto.

 

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Electricidad y abundancia

IMAGE: Gina Sanders - 123RFCon el precio de la electricidad en máximos históricos en España por culpa de un esquema de profunda ineficiencia, cuesta pensar en una revolución que se lleve por delante una gran parte de los esquemas que hemos conocido durante nuestra vida y que nos aboque a un auténtico cambio de modelo, a la llegada de la energía barata o gratuita, a la era de la abundancia energética.

Y sin embargo, son cada vez más las señales que indican que la energía va a protagonizar la siguiente gran revolución: la llegada de lo que algunos empiezan a denominar enernet, una red de energía dinámica, distribuida, redundante y multi-participativa construida alrededor de la generación, almacenamiento y entrega de energía limpia. Una idea de la que se lleva hablando ya bastantes años, que viene a suponer la aplicación del modelo de internet a la generación de energía eléctrica, y que se asienta, como no podía ser de otra manera, en el avance de la tecnología y en la evolución de una ley de Swanson que ya no puede seguir ignorándose.

La revolución de los materiales implica ya que podemos cubrir el tejado de una casa con tejas que en muchos casos son más baratas y resistentes que las convencionales, con un aspecto perfectamente normal, y que permiten generar energía solar con un rendimiento impensable hace muy pocos años. Cuando el material que escoges para cubrir tu casa puede generar energía y durar más que una cubierta tradicional en una expectativa de desarrollo tecnológico sujeta a la ley de Swanson, hablamos de un escenario en el este tipo de inversiones tendrán sentido para los particulares, pero en el también surgirán compañías dispuestas a tratar la inversión como un producto financiero, a costear la instalación a cambio de administrar la energía producida y tomar la decisión de cuándo interesa sustituir las tejas con nuevos materiales más eficientes.

Con cada vez más compañías construyendo sus propias instalaciones de generación de energía para asegurarse un abastecimiento limpio y barato, y con una energía solar ya más barata que el carbón, las medidas planteadas por políticos abiertamente corruptos como los de Wyoming o los de España van a resultar cada día más anacrónicas e indefendibles: lo que puede plantearse como una defensa de la rentabilidad de las compañías tradicionales y de su inversión en infraestructuras, dará paso cada vez más a instalaciones distribuidas, en las que comunidades de vecinos y urbanizaciones comenzarán a plantearse sustituir las cubiertas de sus viviendas, llevar a cabo una contabilidad de la energía consumida mediante sistemas basados en blockchain, y protegerse del posible desabastecimiento en caso de climatología adversa mediante baterías cada vez más eficientes y mediante redes cada vez más amplias. Una sola vivienda puede tener problemas a la hora de plantearse la desconexión de la red principal, pero una comunidad entera genera un efecto de compensación que puede aportar mucha más estabilidad al sistema, y que crea espacios para compañías más innovadoras que vean oportunidades en explotar esas células de generación distribuida. El mercado de la energía está a punto de experimentar la mayor disrupción de su historia, y las compañías tradicionales que no quieran explorarlo y posicionarse en ese entorno se arriesgan a sufrir enormemente en términos de competitividad.

No prestar atención a esos cambios y perpetuar los esquemas ineficientes que nos han traído hasta aquí es cada día más insostenible y, sobre todo, más irresponsable. La revolución de la energía está siendo contemplada ya por muchos como la próxima gran frontera, y está, desde un punto de vista tecnológico, ya a la vuelta de la esquina. Con el precio de la energía por las nubes en España en estas fechas, es el momento de traer este tema a la mesa de discusión.

 

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La madurez del vehículo eléctrico

Electric cars

Los vehículos eléctricos suponen aún un porcentaje muy pequeño del parque automovilístico mundial: con respecto a las ventas totales de vehículos nuevos entre 2013 y 2015, tan solo países como Noruega (22.39%), Holanda (9.74%), Islandia (2.93%), Suecia (2.62%) o Dinamarca (2.29%) superan el 2% de cuota de mercado, a los que habría que añadir regiones concretas como Hong Kong (4.84%) o California (3.1%)

Los factores aducidos para justificar una implantación tan escasa son, sobre todo, su alto precio y su falta de autonomía, la llamada range anxietyel miedo a no tener autonomía suficiente para llegar al destino, además de otros mitos ya demostrados como absurdos, como la idea de que “los vehículos eléctricos también contaminan”.

Un estudio realizado en el MIT analiza el potencial para la electrificación de los vehículos dedicados al transporte personal, y demuestra que los vehículos eléctricos actualmente en el mercado podrían cubrir perfectamente las necesidades del 87% de los desplazamientos actuales, teniendo en cuenta que el diagnóstico ha sido llevado a cabo utilizando datos de GPS y encuestas que recogen varios millones de desplazamientos de automóvil en los Estados Unidos, un entorno caracterizado por la abundancia de ciudades con muy amplia dispersión geográfica y desplazamientos diarios largos entre la casa y el trabajo. Se calcula, además, que ese porcentaje llegaría al 99% en el año 2020, incluso considerando que la tecnología actual de baterías permaneciese estable. Incluso en el medio rural, caracterizado por desplazamientos más largos, el estudio cita que el vehículo eléctrico podría satisfacer las necesidades de un 81% de los desplazamientos.

El resultado demuestra que la preocupación por la falta de autonomía está enormemente exagerada: Con la autonomía actual de los vehículos eléctricos, sin necesidad de optar por los de precio más elevado (el nuevo Tesla con batería de 100 kWh podría llegar hasta los 61o km. en una sola carga), se podría satisfacer casi el 90% de las necesidades de desplazamiento de los ciudadanos, y ello sin siquiera tener en consideración la disponibilidad de infraestructuras de recarga (el estudio del MIT asume que los vehículos se recargan únicamente durante la noche y en el domicilio del usuario). Además, habría que considerar el impacto de otro tipo de vehículos eléctricos, como el transporte público, el impacto de modelos como el car-sharing, car-pooling y ride-sharing, las motocicletas y scooters (hoy en TechCrunch, una visita a la fábrica de Alta), o vehículos afines con elevado potencial para determinado tipo de desplazamientos. Por otro lado, el precio más elevado de los vehículos eléctricos se ve compensado por unos costes mucho menores en términos operativos y de mantenimiento, que llevan a que las matemáticas de aquellos que los adquieren sean positivas.

La adopción generalizada del vehículo eléctrico conllevaría una brutal reducción del consumo de gasoil y gasolina, cifrada en el caso de los Estados Unidos en un 61%. Si la tecnología de las baterías mejora de acuerdo con las expectativas del gobierno norteamericano, se podría llegar a una reducción de 88%, lo que supondría una enorme reducción del riesgo medioambiental en términos de efecto invernadero y de afecciones respiratorias.

¿Qué hace falta para que la adopción del vehículo eléctrico se convierta en una realidad? Que los países más comprometidos con el tema sean precisamente zonas de clima frío, en los que teóricamente las baterías tienden a ser menos eficientes, y aún así, demuestren desde hace varios años su idoneidad en el día a día, lleva a pensar que la resistencia a la adopción se asienta simplemente en mitos basados en el desconocimiento, en lugares comunes que un amplio porcentaje de la población cree pero no contrasta con datos reales. Ya no hablamos del vehículo eléctrico como una rareza o una extravagancia: la mayoría de las marcas están reforzando claramente su apuesta en este sentido, y los precios comienzan a resultar competitivos, además de conllevar una imagen positiva. ¿Cuántos años hacen falta para modificar las preferencias asentadas durante décadas de una parte significativa de la población?

 

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Panorama energético: más allá de la conversación de barra de bar

IMAGE: Jason Winter - 123RFEl pasado domingo, algunos países vivieron una circunstancia relativamente excepcional, de esas que solo puedes disfrutar si te has preparado adecuadamente para ello: en el contexto de unos días inusualmente ventosos y soleados en el centro de Europa, Alemania generó tal cantidad de electricidad a partir de fuentes renovables, que el precio de la energía en el país – cuyo mercado eléctrico se ajusta de manera automática en función de la oferta y la demanda – se convirtió en negativo durante varias horas. De manera efectiva, los usuarios recibieron abonos en sus facturas por consumir electricidad.

El caso de Alemania, país que se ha comprometido a generar sistemáticamente el 100% de su energía eléctrica de fuentes renovables para el año 2050, se une al de Dinamarca, que en los días finales de esa misma semana pasada fue capaz de generar el 140% de su energía mediante sus turbinas eólicas, lo que le permitió exportar electricidad a las vecinas Alemania, Noruega y Suecia. En media, tres cuartos de la energía eléctrica del país se genera ya a partir del viento, fruto de un fuerte plan de apoyo gubernamental. Ya son varios los países (Costa Rica, Dinamarca, el sur de Austria, Noruega, Islandia, Alemania y algunas islas pequeñas) que bien de manera sistemática u ocasional han conseguido alcanzar el sueño de generar el 100% de su energía eléctrica sin quemar combustibles fósiles. Todo indica que una de las variables que en el futuro separará a los países avanzados de los que no lo son será su autosuficiencia a la hora de generar energías limpias. Si sigues creyendo que las energías renovables son insignificantes, irregulares o demasiado caras, es posible que debas volver a leer en fuentes serias sobre esos mitos: no, las energías renovables no van a eliminar completamente la necesidad de quemar combustibles fósiles de la noche a la mañana, para ellos es preciso acometer inversiones importantes en las infraestructuras, y posiblemente no vayan a convertirse en el gran generador de empleo que algunos esperaban… pero decididamente, tienen mucho más alcance que esas historias de miedo sobre fraudes y plantas que generaban energía solar por la noche a las que recurren algunos. Que algunos políticos diseñen políticas de subvenciones inadecuadas no implica que debamos renunciar al desarrollo de lo que son sin duda las tecnologías energéticas del futuro.

Generar energía eléctrica mediante placas solares es, gracias al inexorable avance de la ley de Swanson, ya más barato que hacerlo quemando carbón. En un año, el coste de explotación de las plantas de energía solar se ha rebajado a la mitad, un hito histórico que no habíamos vivido en toda la historia de la generación energética. El sol es ya la fuente de energía más barata que existe en el planeta, y se preven nuevos descensos. Vivimos una revolución de la generación de energía solar que está comenzando por aquellos países con irradiación elevada, pero que pronto alcanzará a todo el planeta. Unido a la democratización del acceso a la información sobre los patrones de consumo, se esperan fuertes patrones de disrupción en el mercado energético a corto y medio plazo.

A estas variables debemos añadir otra, para mí fundamental: la generación distribuida. Tesla, mediante Solar City, instalará en 2016 más capacidad de almacenamiento en hogares norteamericanos que la que todos los Estados Unidos en su conjunto instalaron durante el año 2015. Los vehículos eléctricos deben, además, añadirse a esa capacidad de almacenamiento: aunque aún testimoniales en sus niveles de adopción, Tesla, tras el éxito de la oferta inicial de su Model 3,  espera producir más de medio millón de unidades anuales en 2018. Países como Holanda meditan, de hecho, prohibir totalmente la venta de vehículos de gasolina y diesel en el año 2015. Hemos llegado al punto en el que lo que claramente necesitamos es, como el porpio Elon Musk afirma, una revolución contra la industria de los combustibles fósiles, que todavía impacta de manera radical muchas de las decisiones políticas en un número aún muy elevado de países.

Es el momento de pasar de la conversación de barra de bar, de las anécdotas de tiempos pasados y de las afirmaciones radicales basadas en el desconocimiento, a planteamientos reales en función de la evolución tecnológica y de las posibilidades probadas que las energías renovables tienen de cara al futuro. En el panorama energético, los elementos que conforman la disrupción, desde un punto de vista puramente tecnológico, ya están aquí, y ya se han acabado las excusas. Solo hace falta decisión y voluntad para ponerlos en marcha.

 

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Hablemos de generación distribuida

Javier Uriarte (IMAGE: E. Dans)Esta mañana participé en una interesantísima iniciativa de Endesa, un hackathon en busca de talento innovador para la optimización del uso de la energía – que se une a un datathon organizado dentro del mismo programa, Energy Challenges – en el que tuve la ocasión de charlar un rato con Javier Uriarte, director general de comercialización de la compañía.

Hablamos sobre la generación distribuida, para mí el mayor reto al que se enfrentan las eléctricas tradicionales en este momento, y más en un país con las condiciones naturales de España, con la mayor cantidad de horas de sol de todo su entorno, y me gustó ver cómo posteriormente, durante su charla (que precedió a la mía), el propio Javier sacaba el tema.

El problema de la generación distribuida es, además de tecnológico, fundamentalmente financiero. Así lleva tiempo demostrándolo SolarCity en los Estados Unidos, una compañía fundada en el año 2006 por los hermanos Peter y Lyndon Rive siguiendo un concepto de su primo, Elon Musk,  probablemente uno de los mayores genios empresariales de nuestros días. Una compañía cuyos productos son fundamentalmente la evaluación, el diseño, el montaje y – sobre todo – la financiación de equipos domésticos de generación de energía eléctrica mediante placas solares fotovoltaicas, que utiliza fórmulas como el leasing para que los propietarios de las viviendas puedan plantearse hacer frente a los costes de los equipos. La cuestión fundamental es plantearse el tiempo de amortización de la instalación y los flujos de caja que se definen cuando el hogar comienza a abastecerse de energía eléctrica autogenerada, a lo que se añade la posibilidad de devolver a la red aquella energía excendentaria que se genera cuando el consumo es menor o cuando la vivienda está vacía – un factor importante en España, con una cantidad elevada de segundas viviendas en zonas soleadas que permanecen vacías la mayor parte del año.

IMAGE: Mediagram - 123RF¿Hasta qué punto puede una compañía eléctrica plantearse el desarrollo de la generación distribuida? Lo que en un primer análisis puede parecer una falacia próxima al suicidio resulta serlo mucho menos si analizamos factores como la ley de Swanson, que permite afirmar que el precio de los módulos solares fotovoltaicos tiende a caer un 20% cada vez que se duplica su volumen de ventas acumulado, lo que supone en el momento actual que su coste desciende aproximadamente a la mitad cada diez años. En estas condiciones, y con la escala como factor fundamental, que el protagonismo de una tendencia disruptiva absolutamente inevitable lo tome una compañía tradicional es uno de esos casos de libro en los que una compañía aprende a reconocer la disrupción y decide, mediante la gestión adecuada, que puede hacerla jugar a su favor, y no en su contra. En este ejemplo en concreto, hablamos de la posibilidad de convertirse en auténtico protagonista de una tendencia que no solo es, como comentamos, inevitable, sino que además cuenta con una imagen enormemente positiva y con un impacto clarísimo en la balanza de pagos de un país con una dependencia energética a todas luces excesiva. Hablamos, en realidad, de combinar negocio con responsabilidad social corporativa, de poner tu dinero donde están tus palabras. Y en este caso, además, todo es una cuestión de plantear los números de la manera adecuada: que la misma compañía que me discute el precio del kilowatio hora, me proponga una operación financiera en la que convierte el techo de mi casa en un elemento de su red de generación. 

Frente a la limitada visión de un gobierno que plantea impuestos al sol y que trata de evitar, con excusas insostenibles, que se desarrolle una tecnología que ha probado su valor en muchos otros países, ¿podríamos plantearnos la visión de una compañía que pretenda hacer de esto una oportunidad? ¿O tendremos que esperar a que SolarCity se lance a la expansión internacional, o a que surja una idea similar en nuestro país? Los costes de una red bidireccional son fundamentalmente una cuestión de escala, y las espadas están en alto. La mejor innovación es la que se plantea horizontes ambiciosos, la que de verdad intenta cambiar el mundo. Y en el mundo que viene, la energía es abundante y barata.

 

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Nos roban el sol

IMAGE: iimages - 123RFLa entrada en vigor del impuesto al sol en España, una tasa abiertamente diseñada para desincentivar el uso de la generación distribuida de electricidad mediante instalaciones de placas solares en los hogares, demuestra de manera palmaria la vocación del gobierno español por proteger a las empresas de generación de electricidad, convertidas en este país en un auténtico cementerio de elefantes para políticos.

La ley es un auténtico ejercicio de prevaricación, en su definición literal del Diccionario de la Real Academia Española: “delito consistente en dictar a sabiendas una resolución injusta una autoridad, un juez o un funcionario”. Mientras todos los países civilizados se afanan por incentivar, en muchos casos con exenciones de impuestos a su instalación, el desarrollo de la generación distribuida, en España, uno de los países con mejores condiciones para ello, el gobierno intenta por todos los medios evitar que los techos de sus hogares se llenen de placas solares. Llevada por la ley de Swanson, la energía solar y la generación distribuida se están convirtiendo en la gran esperanza de una energía renovable, barata y sostenible en todos los países del mundo. La descentralización de la generación es una tendencia mundial, las placas solares proliferan en los tejados de las casas de todo el mundo, y que sea así tiene todo el sentido. Salvo en España. En uno de los países con mejores condiciones para ello, un gobierno corrupto se dedica a desincentivar esa tendencia.

El sentido de la ley es tan inexplicable y tan arbitrario, que no deja lugar a la especulación. Se controlan todos los posibles factores: por un lado, se tasa la generación de electricidad. Por otro, se fija en cero el precio de la eventual energía excedentaria que se podría inyectar en la red. Y por otro, se tasan también las baterías acumuladoras, una solución que en muchos países se está precisamente incentivando con el fin de evitar la concentración de los picos de oferta o demanda en determinadas horas del día.

La idea de que “el autoconsumidor pueda beneficiarse del respaldo que le proporciona el conjunto del sistema, aun cuando pueda estar autoconsumiendo electricidad” es completamente absurda: el autoconsumidor financia el sistema pagando por la electricidad que utiliza, lo que convierte en una doble imposición el hecho de que tenga también que contribuir a esa  financiación cuando no lo utiliza. La redundancia es tan clara y tan evidente, que solo cabe pensar que el ministro Soria nos está tomando por idiotas. El cargo por autoconsumo para “cubrir los servicios de balance necesarios en el mercado de producción”, cuando en España ese balance es completamente innecesario porque el desarrollo de la autogeneración es aún sumamente escaso, es todo un ejemplo de pre-legislación: vamos a crear una ley “por si acaso en algún momento hubiese que incurrir en algún coste”. Sencillamente demencial. Asimismo, pretender que todos los ciudadanos tenemos que financiar el déficit de tarifa, cuando si una persona decide no utilizar electricidad a partir de ahora, no tendría que hacerlo, es completamente absurdo: ¿por qué debe financiar el déficit de tarifa alguien que genera su propia electricidad, si alguien que no utiliza electricidad no tiene que hacerlo? Todo en esta ley es propio de una antología del disparate. Pero una antología del disparate que drena tu bolsillo y llena el de otros, como ocurre en todos los esquemas de corrupción.

La revista Forbes, en el año 2013, ya se mofó de las pretensiones del gobierno español, tachando el impuesto de absurdo y completamente arbitrario. Ahora, ya lo tenemos encima, ya es ley. Un gobierno agotado que ya ni se preocupa por ocultar las evidencias de corrupción ha consumado un abuso que desincentiva la generación distribuida, auténtica tendencia de futuro, en el país que más podría beneficiarse de ella. Una ley que debería ser derogada en cuanto un gobierno decente tenga la primera oportunidad de hacerlo.

Es más que posible que el próximo día 20 de diciembre esté nublado. Pero cuando vayas a votar, además de otras muchas cosas, acuérdate del sol.

 

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Está pasando. Nos lo estamos perdiendo.

IMAGE: Maxim Kazmin - 123RFEl año 2014 fue el tercero consecutivo en el que el segmento residencial de energía solar creció por encima del 50% en los Estados Unidos, y el primero en el que las instalaciones superaron al segmento no residencial. En el año 2008, la generación de energía solar fotovoltaica en el país alcanzó los 1,18 GW y fue  considerada como un gran logro: actualmente, esa producción se calcula en 21,3 GW, suficiente como para cubrir las necesidades de 4,3 millones de hogares. 

En la clave de este crecimiento, además de los anuncios de grandes empresas que ven la energía solar no solo como un ahorro, sino como parte de sus programas de responsabilidad social corporativa, está el segmento residencial. El 72% del crecimiento del pasado año se debe a ese mercado, que responde a una fortísima dinamización originada fundamentalmente por los avances tecnológicos. Una de las compañías más activas en este sentido, la californiana Solar City, anuncia en este momento en su página web que “cada tres minutos, alguien se pasa a Solar City“.

El principal factor que está haciendo crecer este mercado no es otro que la tecnología. Además del progresivo descenso del coste e incremento de la eficiencia de los componentes utilizados en este tipo de instalaciones, las compañías que han irrumpido en este segmento simplifican el proceso de dimensionamiento, diseño, elección de componentes, instalación, evaluación y financiación hasta extremos que lo hacen accesible a todo tipo de necesidades. En primer lugar, este tipo de compañías acceden a economías de escala en desarrollo de expertise y en costes que estarían completamente fuera de alcance de un usuario particular. Además, se encargan de simplificar el proceso de toma de decisiones y la evaluación y las gestiones necesarias para obtener las subvenciones correspondientes. La instalación, otro importante elemento, se beneficia igualmente de importantes economías de aprendizaje. Y finalmente, considerado por muchos el factor fundamental, el desarrollo de fórmulas innovadoras de financiación de la inversión basadas en los ahorros generados, que ofrecen un coste de capital notablemente inferior al que un hogar medio podría acceder en caso de recurrir a un crédito al consumo.

Todo un ecosistema de desarrollo que está dando ya resultados, que se ha considerado ya una prioridad nacional por su impacto potencial en la política energética, en la dependencia de las importaciones de combustibles fósiles, y en último término, en el cambio climático. Todo un país desarrollando un tejido empresarial y social en torno a una tecnología, siendo capaz de generar valor en los tres niveles de la pirámide: a nivel residencial (mediante ahorros en la factura de la luz), a nivel empresarial (con el desarrollo de toda una industria dedicada a cubrir las necesidades en este ámbito), y a nivel de la sociedad en su conjunto (en forma de beneficios a nivel macroeconómico y para el medio ambiente). Simplemente, la visión necesaria para permitir que el desarrollo tecnológico siga su curso sin obstáculos.

¿Cuánto tiempo tiene que pasar para que en España, un país con unas características naturales absolutamente privilegiadas para el desarrollo de la energía solar, surja un ecosistema de compañías comparable a este? ¿Por qué el gobierno, en vez de favorecerlo, se dedica a intentar por todos los medios preservar los beneficios de las compañías eléctricas tradicionales, inventándose impuestos para tratar de desincentivar por todos los medios el desarrollo de una infraestructura de generación descentralizada? ¿Por qué pretenden apostar por un modelo de renovables en el que esas compañías mantienen la propiedad de las infraestructuras, cuando los cambios en el escenario tecnológico han posibilitado ya modelos de infraestructuras residenciales mucho más eficientes?

Un ecosistema empresarial como el actual en los Estados Unidos tarda años en desarrollarse. Mientras en España seguimos regidos por ineptos tecnológicos – cuando no directamente corruptos – en los Estados Unidos esta revolución ya está discurriendo a velocidad de crucero. ¿Habría sido posible un desarrollo de esta magnitud en los Estados Unidos si su gobierno hubiese tratado por todos los medios de proteger a las empresas eléctricas tradicionales y se hubiese esforzado por desincentivar la inversión en energía solar hasta el punto de inventarse absurdos y demenciales “impuestos al sol“? El histórico eslogan de la CNN, “está pasando, lo estás viendo”, convertido en España en un triste “está pasando, nos lo estamos perdiendo”. Será el sol, que nos ciega…

 

This article is also available in English in my Medium page, “Spain’s energy outlook: decidedly unsunny

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Las perspectivas de la energía solar y la ley de Swanson

Swanson's law - Wikipedia (EN)Me ha gustado mucho ver esta referencia a la ley de Swanson hecha por mi amigo Tom Raftery en su artículo de Medium titulado What do we do in a world where energy is in abundance?.

Del mismo modo que la ley de Moore, la ley de Swanson no es una ley como tal, sino una observación experimental longitudinal (que originalmente ni siquiera fue realizada por Richard Swanson), que permite afirmar que el precio de los módulos solares fotovoltaicos tiende a caer un 20% cada vez que se duplica su volumen de ventas acumulado, lo que supone en el momento actual que su coste desciende aproximadamente a la mitad cada diez años. Las células que conforman los paneles han ido también incrementando su eficiencia en función de la adopción de sus cuatro sucesivas generaciones tecnológicas, y han experimentado una caída en su precio desde los $76.76 por vatio en 1977, hasta los $0,36 por vatio en 2014. Esto genera un bucle o círculo virtuoso: las bajadas de precio provocan un crecimiento de la capacidad instalada, que incrementa la demanda, y que lleva a mayores bajadas de precio. La energía solar, por tanto, no solo es de por sí más barata, sino que además, con los incrementos de capacidad previstos, pasa a ser más barata aún. Y un abaratamiento de la energía en esos órdenes de magnitud es sin duda algo que va a cambiar muchas cosas.

Durante muchos años hemos vivido un escenario de economías de escala en la producción de energía: para ser eficientes, los procesos de generación debían agruparse hasta alcanzar una masa crítica determinada, lo que llevaba casi invariablemente, salvo excepciones, a proyectos de dimensiones elevadas, como una central térmica, hidroeléctrica o nuclear. Pero el desarrollo tecnológico ha llevado ya a que nos replanteemos esas economías de escala: en el escenario tecnológico actual, las alternativas distribuidas resultan más eficientes en coste, y la descentralización pasa a tener todo el sentido, más aún en zonas con elevada insolación.

Muchos países han considerado ya el desarrollo de las energías renovables como una parte fundamental de su estrategia de futuro. Nada justifica que los tejados en España no estén completamente alfombrados con paneles solares. Puedes ignorar la evolución tecnológica, por mucho que sea ya una verdad a voces. Todo se puede plantear, incluso el absurdo conceptual de que uno de los países con mejores condiciones para la energía solar de su entorno permanezca en una situación de evidente infrautilización con motivo de una ley absurda y con propósito claramente disuasorio que ni siquiera está aún reglamentada. Pero si decides ignorar el avance tecnológico o dificultar su avance, al menos hazlo con tu propio dinero, no con el de todos los ciudadanos…

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Hogares que van a pilas

Tesla PowerwallLa discusión sobre el impacto que los nuevos lanzamientos de Tesla, convertida ya en una empresa de baterías más que en una de automoción, van a tener sobre el mundo en que vivimos está verdaderamente interesante.

Frente al inicial escepticismo de quienes analizan simplemente coste (entre $3000 y $3500) y prestaciones (entre 7 kWh y 10 kWh, en torno a un tercio de las necesidades diarias del hogar medio), pasamos a un análisis más reposado que tiene en cuenta los la evolución futura evidentes paralelismos de la tecnología de los paneles fotovoltaicos y las baterías con la Ley de Moore, y que hablan de un formidable primer paso de una tecnología que se dispone a cambiar el mundo tal y como lo conocemos, o incluso a convertir en obsoleta y sin sentido a la energía nuclear.

En efecto, como comenté con Marimar Jiménez, de Cinco Días, cuando ayer me preguntó sobre el tema – comentarios que hoy aparecen recogidos en “Tesla descubre sus baterías para llevar energía limpia a las casas” (pdf) – el impacto de esta tecnología no puede calcularse tras lo que es simplemente su primera iteración seria como producto comercial a gran escala, sino cuando comencemos a aplicar las economías de escala en fabricación y las mejoras tecnológicas que hagan que mejoren drásticamente su coste y sus prestaciones.

Lo importante del lanzamiento de Tesla es lo que supone de llamada de atención sobre lo que de verdad supone un cambio de época. El avance de la tecnología ha cambiado la ecuación que conocíamos: la generación de energía a partir de fuentes limpias y renovables ya no es más cara que su equivalente a partir de combustibles fósiles. La energía eólica y otras renovables ya son consideradas las más baratas, y más aún si tenemos en cuenta el coste oculto de utilizar la atmósfera como vertedero, una factura enormemente abultada que no es pagada por las compañías eléctricas, sino por todos los ciudadanos.

La constatación clara del análisis económico está ya llevando a ciudades pequeñas a abastecerse 100% de fuentes renovables, a otras no tan pequeñas a instalar aerogeneradores para abastecer algunas de sus necesidades o incluso a situarlos en sus monumentos más representativos, a compañías como Apple, Amazon, Microsoft, Google o la propia Tesla a abastecerse cada vez más de este tipo de energía e integrarse verticalmente en su generación, y a regiones como Escocia o países como Dinamarca a convertirla en su fuente mayoritaria. Costa Rica ha llegado incluso al punto de lograr abastecerse durante 75 días únicamente a partir de energías limpias.

Indudablemente, un cambio de época, que amenaza con llevarse por delante a todos aquellos que pretendan oponerse a él. Una oposición que, en el estado actual de la tecnología, pasa a convertirse en una enorme irresponsabilidad, en algo con lo que ningún gobierno decente que de verdad defienda los intereses de sus ciudadanos va a poder plantearse colaborar. En toda esta enorme transición, las baterías de Tesla son solo un elemento más: del mismo modo que las grandes fábricas de las compañías más punteras se integran verticalmente para generar su propia energía más limpia y más barata (la gran clave surge cuando estos dos elementos se alinean), los tejados de los hogares se disponen a convertirse en la gran batería distribuida que alimentará una gran parte de sus necesidades, generando y almacenando en función de las necesidades de cada momento. Casas alimentadas por energías limpias y que obtienen la estabilidad en el suministro gracias a baterías. Hogares que van a pilas.

Por el momento, mi recomendación es que no dejes de ver la presentación del Powerwall de Tesla, por el propio Elon Musk. Es posible que dentro de no tantos años lo recordemos como uno de esos momentos estelares en los que nos dimos cuenta de que el mundo estaba empezando a cambiar.

 

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Eléctricas contra usuarios: la gran batalla de la descentralización

IMAGE: John Takai - 123RFLas consecuencias de que una tecnología avance hasta ser capaz de soportar posibilidades antes inexistentes son, en ocasiones, complejas. En un mundo en el que ya hemos visto grandes industrias temblar y resquebrajarse por el desarrollo de tecnologías que permitían a los usuarios llevar a cabo acciones que antes únicamente ellas podían hacer, llevamos ya varios años anticipando un capítulo más, con un impacto potencial enorme y con una problemática especial asociada a España: el desarrollo de tecnologías capaces de hacer posible la generación de electricidad a nivel distribuido, a partir de una fuente tan renovable como el sol.

En efecto, la tecnología de paneles solares los ha llevado ya a sobrepasar unos niveles de eficiencia notables, y la de los acumuladores eléctricos está ahora mismo siendo protagonista de importantes inversiones y desarrollos por parte fondos tan visionarios como Kleiner Perkins Caufield & Byers, o de personajes como Vinod Khosla, Bill Gates o Elon Musk. La generación descentralizada de energía eléctrica llega ya a los 600.000 sistemas instalados en los Estados Unidos, y las protestas de las empresas eléctricas tradicionales empiezan a convertirse en importantes en algunos estados.

El caso de Hawaii es especialmente interesante: dotado de un muy elevado índice de insolación, el Aloha state es un candidato ideal para el desarrollo de este tipo de energía: de hecho, es muy habitual ver convivir en los tejados de sus casas los dos tipos de placas, las destinadas a producir agua caliente y las fotovoltaicas. Alrededor de un 12% de los hogares hawaianos tienen instaladas placas fotovoltaicas, algo que ha desencadenado una auténtica batalla entre los usuarios y las empresas de suministro de energía eléctrica: durante los últimos años, muchos usuarios han visto incrementarse de manera importante los plazos para la aprobación y puesta en marcha de sus instalaciones domésticas, lo que lleva a que durante muchos interminables meses tengan que pagar a la vez los recibos de la luz y los plazos de la instalación de las placas solares, además de ver reducido a la mitad el precio que las compañías eléctricas pagan a los particulares por la energía que inyectan en la red.

Las alegaciones de las empresas eléctricas tienen que ver con la gestión de la energía que los particulares devuelven a la red: según las compañías, el diseño de la red no está pensado para gestionar un flujo inverso y una producción de energía de esas características. Una producción que además, en muchos casos, no puede ser medida o tenida en cuenta directamente por las compañías porque la instalación se encuentra detrás de un contador doméstico, una situación que podría terminar generando sobrecargas y apagones en la red.

El caso español resulta especialmente paradójico: en el país de Europa sujeto a mayor insolación y que posee además una enorme dependencia de fuentes de energía externas, la instalación doméstica de placas fotovoltaicas es meramente testimonial debido a una simple “amenaza” de normativa que hipotéticamente penalizaría a quienes las instalasen, una normativa que no se encuentra reglamentada ni tiene visos de ponerse en marcha próximamente, y que parece proceder simplemente de la intensa actividad de lobbying de las empresas eléctricas. En Alemania, a modo de comparativa, los subsidios gubernamentales han llevado a que los tejados de usuarios particulares y negocios de todo tipo se llenen de placas fotovoltaicas, hasta el punto de haberse convertido en un caso de estudio a nivel mundial.

A medida que las baterías y las placas fotovoltaicas incrementan su eficiencia, parece claro que el futuro tecnológico de la generación eléctrica apunta a la descentralización y que existen enormes oportunidades de negocio vinculadas con la instalación de equipamiento doméstico, pero ese negocio se convierte en un deporte de riesgo ante los intentos de las empresas eléctricas por preservar su modelo de negocio. Un caso más de resistencia al desarrollo tecnológico que, en no mucho tiempo, vamos a ver escenificarse en numerosos sitios. La batalla de la descentralización, aunque tenga un importante componente de desarrollo tecnológico y de innovación, no va a ser estrictamente tecnológica: va a ser de otro tipo.

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