Category Archives: El Español

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Algunas reflexiones sobre la independencia editorial

IMAGE: Gavril Bernad - 123RFMe ha parecido muy motivadora la columna de mi compañera de proyecto y de consejo María Ramírez sobre la independencia editorial, titulada “La llamada“. Una imagen mental que me evoca numerosas escenas que he vivido a lo largo de mi vida como académico, analista, creador de contenidos o simple generador de opinión, y con la que sintonizo plenamente. Esa llamada que quiero simbolizar con un viejo teléfono de dial y baquelita, tan antiguo como la mentalidad de quienes hacen esas llamadas.

Durante toda mi vida profesional he tenido la suerte de trabajar para una institución que consagra en letras enormes en su credo la independencia y la libertad de cátedra. Para muchos podrá parecer simplemente una frase, pero va muchísimo más allá que eso – y lo digo yo, que seguramente soy de los que más oportunidades ha ofrecido para poner la frase en práctica. A lo largo de mi experiencia, me he encontrado con “llamadas” de las que describe María en su columna en innumerables ocasiones, y todas han sido absorbidas por mi compañía como debía ser: con claridad inequívoca a la hora de darme toda la libertad necesaria para que pudiese mantener mi criterio, o en algunos casos, incluso enriquecerlo. Sin ánimo de replicar la escena final de Blade Runner, “he visto cosas que vosotros no creeríais”… salvo que trabajéis en un medio de comunicación. He visto a directivos de compañías marcar el teléfono de compañeros míos, de mi decano o incluso del fundador de mi compañía para pedir desde que me reconviniesen, hasta directamente que me despidiesen, invocando todo tipo de razones. He visto idiotas de mentalidad trasnochada tratar de invocar al Consejo de Ética para expulsarme por “incitar al robo de propiedad intelectual”, y a directivos amenazar a mi institución con los males del infierno por mantener en su plantilla a una persona como yo. Ni una sola vez he sentido presiones de mi institución para que retirase o dejase de decir algo, a pesar de que en ocasiones, las presiones han sido importantes. La libertad de cátedra no es algo que se ponga en un documento: es algo que hay que defender todos los días, y no es sencillo. 

Llegué a la institución en al que trabajo tras escogerla porque me parecía la más adecuada para desarrollar un espíritu emprendedor. En aquel momento, con veintipocos años y procedente de catorce años de educación en los Jesuitas, no otorgué ningún valor especial a la independencia de la institución, al hecho de ser un proyecto emprendedor cuya viabilidad depende únicamente de sí misma, de sus resultados, de su capacidad para atraer alumnos y proporcionarles un valor por el que estén dispuestos a pagar de manera sostenible. Con el tiempo, sin embargo, esa independencia se ha convertido en el valor principal que me mantiene ahí: conozco pocas instituciones que la representen tan claramente, y me considero por ello un absoluto privilegiado. Las cosas que escribo o digo te parecerán mejores o peores, unas veces más rigurosas o inspiradas y otras menos. Pero todo lo que digo corresponde a análisis personales e independientes, nunca he vendido mi opinión a nadie, y en muy pocas ocasiones (concretamente tres, algún día las contaré con detalles, ahora ya no me duelen porque las considero simplemente “experiencias de aprendizaje”) he visto como me retiraban algo de algún medio o lo alteraban de manera significativa.

Pero esa es la cuestión: soy un privilegiado. Un auténtico “niño mimado” de la independencia editorial o de opinión. Un extraño caso de “radical libre” e independiente a las presiones. En la mayoría de los proyectos que conozco, e incluso en mi propia institución, esas presiones existen. En algunos casos son auto-impuestas, las peores que conozco: personas que se autocensuran pensando en las posibles consecuencias de lo que querían decir o escribir, creyendo que “no es conveniente”, o que les podría traer problemas. En otros casos son directrices claras, concretas, específicas: esto no se puede decir, este tema no se puede tocar, de esto no se puede hablar. Mantener la independencia editorial y la libertad de las personas para escribir sobre lo que quieren es algo mucho más complejo de lo que parece.

Eso, por un lado, me hace valorar mucho más lo que tengo en la institución para la que llevo trabajando más de un cuarto de siglo. Por otro, me prepara para entenderlo en otros proyectos en los que participo, como es el caso de El Español, y que en su por ahora corta historia, debo decir que aprueba con muy buena nota. Es ahí donde la columna de María resuena de verdad: esa independencia solo se puede mantener cuando todos, desde los trabajadores hasta los directivos, pasando por los que venden la publicidad y los que estamos en el Consejo de Administración, lo internalizan y se lo creen de verdad. Cuando la extorsión del “si no me gusta lo que dices, no me anuncio” se puede superar con un “anúnciate si quieres y estaré encantado con ello, pero no interferirás por ello en el contenido”. Cuando los suscriptores que tienes y el negocio que generas no dependen de que tal o cual anunciante entre o salga, sino del valor que se genera con la actividad.

En España, desgraciadamente, esto de la independencia es un valor en caída libre. Tenemos un gobierno que la entiende como algo que se puede comprar, amenazar, coartar y condicionar sin ningún tipo de cortapisas, como si esas acciones despreciables fuesen parte de lo que se entiende como “normalidad democrática”. Medios que venden lo que no tienen, y que pretenden ofenderse o callan cobardemente cuando se les afea su actitud. Salvo en algunos nuevos proyectos, malos tiempos para el periodismo.

La independencia editorial es un valor fundamental. Los medios no son mejores o peores en función de su maquetación, de su tecnología o de su modelo de negocio: lo son en función de su independencia, de su capacidad de decir las cosas aunque molesten a otros. Y como demuestra mi experiencia, ese valor no es únicamente importante cuando eres periodista: lo es también cuando eres profesor, cuando eres analista, cuando eres muchas cosas. En realidad, es un valor importante siempre, para todo. Es un valor que es importante cuando eres ciudadano. Madurar como sociedad democrática implica, entre otras cosas, entender precisamente eso.

 

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Sobre análisis simplistas y sostenibilidad

IMAGE: Alicina Mil-Homens - 123RFMi columna en El Español de hoy se titula “Daños colaterales“, y habla de los análisis simplistas que permiten, por ejemplo, a Volkswagen afirmar que “no pasa nada, nuestros vehículos son seguros” cuando se están dedicando a envenenar sistemáticamente a media humanidad (y no parece que esté en absoluto en su cultura el preocuparse mínimamente de ello). O a los taxistas y la patronal del bus demandar a todo aquello que les hace competencia mientras el transporte de personas se ha convertido en algo completamente insostenible en términos de comodidad, eficiencia y medio ambiente. ¿De verdad cuesta tanto hacer un análisis que tenga mínimamente en cuenta la sostenibilidad?

Dos ejemplos específicamente relacionados con la sostenibilidad, que intentan alertar sobre la simpleza de determinados análisis, sobre la temeridad de quienes, por anteponer sus fines empresariales, son capaces de poner en jaque elementos fundamentales de nuestro contrato social. Cuando los taxistas demandan a Uber y Cabify, o cuando los autobuses hacen lo mismo con BlaBlaCar, no podemos ver simplemente una demanda por competencia desleal: tenemos que ver un intento de preservar el status quo, de que las cosas sigan funcionando como hasta ahora, de que solo ellos puedan llevar a cabo su actividad y gracias a eso sigamos usando los recursos disponibles de manera completamente ineficiente, contaminándolo todo hasta el límite de la sostenibilidad, y metidos en atascos todo el día. Esos son los factores que se contraponen, no un quítame allá unos beneficios empresariales. Si alguien piensa que el futuro de la movilidad consiste en que solo los taxis y los autobuses puedan llevar pasajeros, que vaya dejando de beber. El análisis que procede en este tipo de temas es multifactorial y muchísimo más complejo. Y los argumentos simplistas nos hacen mucho daño.

La magnitud de los posibles daños colaterales, los miles de personas con enfermedades respiratorias, o las ciudades convertidas en pesadillas de ineficiencia son daños colaterales que aparentemente, a Volkswagen, a los taxistas o a Confebus les traen completamente sin cuidado. Ningún problema, mientras ellos puedan seguir fabricando y vendiendo sus vehículos o evitando la entrada de competidores en su industria. Todo les da igual. Así vamos.

 

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Evan Spiegel y Snapchat como referentes de tendencias

Evan Spiegel (IMAGE: TechCrunch)

Mi columna en El Español de hoy se titula “El mito de Evan Spiegel“, y trata de pintar un retrato rápido de un proyecto fascinante que, sin embargo, pocos consiguen analizar con cierto nivel de objetividad y pasando por encima de su aparente imagen frívola-adolescente.

He escrito sobre Snapchat en varias ocasiones, pero a medida que su historia – y su valoración – van haciéndose más grandes, me parecía interesante dedicar una columna a la verdadera dimensión de esta red social poco conocida fuera de los Estados Unidos y del público más joven, y a su fundador, Evan Spiegel, que ha sido capaz no solo de desarrollar una idea en torno a la cual había intentado emprender en más de treinta iteraciones previas, sino además, de convertirla en referente de tendencias para muchas otras compañías en su industria.

Además de ser considerada una de las herramientas fundamentales a la hora de entender la relación de los jóvenes norteamericanos con la privacidad y de haber sido considerada por Mark Zuckerberg como un auténtico privacy phenomenon, Snapchat ha sido capaz de adelantar movimientos competitivos, como la integración de las noticias y la adecuación de su formato al consumo por su público objetivo, que posteriormente han sido imitadas por competidores como Facebook, Apple o Google. Que tanto Facebook como Google hayan intentado comprarla por tres mil y cuatro mil millones de dólares respectivamente, y se hayan encontrado con la reiterada negativa de un joven que pretende a toda costa desarrollar la idea por sí mismo añade a la idea casi un punto de provocación: por muy “niños ricos” y  de “juventud escandalosa” que puedan ser los fundadores, esa persistencia y determinación tienen su mérito. Un plan de negocio así no se construye únicamente con testosterona.

La idea de las noticias como objeto social que dio lugar a Snapchat Discover y por la que la compañía está recibiendo muy sustanciosos beneficios es aparentemente tan obvia como la de tratar de convertir la publicidad en algo que no molesta y sobre lo que merece la pena incluso comentar. De acuerdo que las cosas se ven distintas cuando cuentas con unos demográficos relativamente homogéneos, pero la compañía merece crédito por su capacidad para entender esa complicada franja de edad y construir una plataforma en torno a la que transcurre una buena parte de su vida: el sitio en el que interaccionan, leen noticias, ven publicidad y hasta intercambian dinero. Y hay más cosas. Quienes vean burbuja, que se paren a echar un ojo a sus cuentas.

Las redes sociales son un panorama enormemente volátil, que en poco tiempo ha visto elevarse grandes imperios que desaparecían rápidamente en cuestión de pocos meses. Decididamente, no son una industria sencilla. Pero con sus 23 añitos, y si no se tuercen las cosas, Evan Spiegel va camino de convertirse en mito.

 

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Neutralidad de la red: en El Español y en RTVE

Network NeutralityMi columna de hoy en El Español se titula “Las operadoras y su peaje“, y es una reflexión más sobre el que es para mí el tema de la semana, la decisión del parlamento europeo de poner la red en bandeja de plata a las operadoras para que la gestionen como buenamente quieran, comentada al hilo de la que es precisamente una de las 30 obsesiones de El Español.

Como tal, y a pesar de su enorme importancia y evidente consecuencias de cara al futuro, es un tema que está pasando relativamente de puntillas por los medios, que tienden a verlo como algo relativamente “técnico” o “complejo” cuando realmente no lo es en absoluto.

Además, dediqué también a ese mismo tema la barra tecnológica de La Noche en 24 horas. El vídeo está disponible en la página del programa, la barra tecnológica empieza a partir del minuto 1:32:48.

 

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El Parlamento Europeo mata la neutralidad de la red

Keep calm and kiss Net Neutrality good byeLa propuesta sobre redes de comunicaciones electrónicas aprobada ayer por el Parlamento Europeo es una de las peores noticia que los ciudadanos europeos podríamos tener. Significa, en primer lugar, que nuestro parlamento no legisla a favor de los ciudadanos que lo eligen y de sus intereses, sino en función de lo que le dice o escribe directamente un lobby empresarial, el de las telecomunicaciones, dispuesto a maximizar sus beneficios por encima de todas las cosas. Significa que Europa va a experimentar un enorme retraso en todo lo referente a innovación y desarrollo en el futuro, porque jamás va a tener sentido para ningún emprendedor tecnológico lanzarse a desarrollar una idea en un entorno en el que todas sus posibilidades están lastradas por un campo de juego completamente inclinado a favor de las operadoras, que podrán tranquilamente ralentizar el tráfico que genere, privilegiar alternativas competidoras, crear sus propios servicios con extra de velocidad o incluso ofrecer servicios como el suyo pero cuya conectividad no cueste nada. Un entorno competitivo absurdo, que coarta las posibilidades de desarrollo de toda aquella iniciativa que dependa de las comunicaciones – lo que significa, en la práctica, toda iniciativa.

En una auténtica maniobra de partida de ajedrez, el lobby de las telecomunicaciones sacrificó el ya defenestrado y amortizado roaming para colar en la misma propuesta que le pone fin (en el 2017, no creas que va a ocurrir mañana), un texto que les permitirá en el futuro hacer lo que buenamente les venga en gana con internet: priorizar tráfico en función de su origen o de sus características, establecer servicios prioritarios, facilitar servicios con conectividad gratuita en función de acuerdos comerciales, o perjudicar intencionadamente las transmisiones de determinados servicios en función de la posibilidad de una congestión. Todo ello, sin mecanismos de control que definan o establezcan nada, dejándolo simplemente a la voluntad del regulador local o de las propias compañías. Queridos lobos, aquí tenéis el gallinero para que lo cuidéis.

La escena es de película cómica: diputados congratulándose “por haber protegido la neutralidad de la red” cuando han tumbado una por una todas las enmiendas que podían realmente haberla protegido, y lo que han hecho es condenarla, ajusticiarla en el patíbulo, y entregar a las empresas de telecomunicaciones su cabeza. Dentro de algunos años, nos sorprenderemos de que toda la innovación y todas las nuevas empresas tecnológicas nazcan al otro lado del Atlántico, y algunos aún se preguntarán el porqué… la culpa será, de manera prácticamente exclusiva, de los eurodiputados que ayer votaron esa propuesta. Mientras el gobierno norteamericano protege la neutralidad de la red con una legislación fuerte e inequívoca, en Europa preferimos favorecer al lobby de las telecomunicaciones para que puedan tener más beneficios a costa de la innovación y de hipotecar nuestro futuro. Como legislación, es de lo más irresponsable que he visto en mucho tiempo.

Ayer me pidieron desde El Español que escribiese algunos párrafos como primera reacción a la medida, que Pablo Romero ha incluido en su artículo titulado “La Eurocámara esquiva garantizar la neutralidad de la red“.

La propuesta votada hoy en el Parlamento Europeo supone una prueba palmaria de hasta qué punto Bruselas se ha convertido en una auténtica marioneta en manos del lobby de las telecomunicaciones, y en una evidencia que va a perjudicar enormemente el desarrollo de internet en el continente. Mientras los Estados Unidos deciden proteger la neutralidad de la red de manera clara y explícita, Europa prefiere “decidir no decidir”, deja todas las decisiones en manos de las empresas de telecomunicaciones, y genera un escenario completamente incierto que abre las puertas a todo tipo de abusos, a una internet a varias velocidades y a modelos basados en la escasez y la discriminación del tráfico. 

Con la anuencia del Parlamento europeo, las empresas de telecomunicaciones han maniobrado para situarse como los auténticos árbitros de la innovación, con derecho a hacer prácticamente lo que quieran sin restricción alguna. Podrán establecer “vías rápidas” privilegiadas para sus servicios, con lo que de manera efectiva podrán decidir qué servicios funcionan y cuáles no, podrán “gestionar el tráfico” a su antojo, podrán ofrecer servicios gratuitos fuera de tarificación, y podrán incluso gestionar el tráfico en función de su tipo. La auténtica “carta a los reyes” del lobby de las telecomunicaciones, graciosamente concedida por una Corte de Bruselas cada día más inútil e incompetente.

Si escucha a un político hablar de “la protección que han llevado a cabo de la neutralidad de la red en Bruselas”, no se crea absolutamente nada, y tache a ese político de la cada vez más corta lista de políticos honestos, porque solo es un hipócrita interesado y mentiroso. Dentro de algunos años, algunos se preguntarán por qué todas las empresas innovadoras están en los Estados Unidos y no en Europa: la culpa será de la decisión que el Parlamento europeo ha tomado hoy.

 

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Cuando las máquinas piensan

Pensar más rápido o pensar mejor - El EspañolMáquinas que piensan. No que simplemente hacen cosas más rápidamente, o que tienen la fuerza bruta computacional necesaria para hacer tareas repetitivas sin cansarse… no, hablamos de máquinas que piensan de verdad. Que son capaces de llevar a cabo tareas creativas, de generar modelos más eficientes gracias a técnicas que podríamos considerar que dejan más espacio a algo que podríamos llegar a llamar “inspiración”… atributos que, hasta no hace mucho, considerábamos propios del cerebro humano, pero que ya no lo son. Ensembles, random forests… técnicas capaces de enseñar a una máquina a pensar, a considerar escenarios de aprendizaje con características superiores a lo que podría llegar a hacer un cerebro humano.

Mi última columna en El Español, titulada “Pensar más rápido o pensar mejor” va precisamente sobre estas cosas: hasta qué punto es importante que los directivos entiendan que esas máquinas ya no son simplemente para hacer las nóminas o la contabilidad, que no son simples obreros especializados que hacen las cosas más rápido y sin cansarse, sino que se han convertido en máquinas capaces de pensar y generar ideas, análisis o predicciones de maneras mucho más brillantes que un cerebro humano. Y que quien no se apunte a experimentar con este tipo de cosas, caerá víctima de quienes sí lo han hecho. Mucho más de lo que creímos que podríamos esperar de una máquina. Y mucho más importante de lo que parecía…

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La publicidad y su reset

Keep calm and fake everythingMi columna en El Español de hoy se titula “Necesitamos un reset“, y habla del extraño mundo en el que se ha convertido una publicidad online en la que todo es mentira, desde las supuestas audiencias hasta los clics pasando por las reproducciones de vídeo o las analíticas. Cómo, de tener el medio mejor diseñado para alcanzar con nuestros mensajes publicitarios precisamente a aquellas personas a las que más les pudiesen interesar, hemos pasado a una especie de salón de los espejos en el que se fabrica tráfico, se compra tráfico, se vende tráfico y se simula tráfico.

El reciente artículo de Bloomberg Business, How much of your audience is fake?”, no cuenta nada especialmente nuevo,pero hace un buen trabajo a la hora de reunir muchos de los factores que están convirtiendo la publicidad online en una parodia de si misma: falsedades, fabricaciones interesadas, mafias, fraude… y al final de todo el proceso, los pocos usuarios auténticos que debían ver los anuncios, protegidos detrás de bloqueadores porque no soportan los formatos intrusivos con los que les pretenden castigar.

Es precisa una amplia redefinición de la publicidad online, un auténtico reset. Enviar un mensaje a los anunciantes de que tienen que volver a los medios tradicionales porque al menos en ellos sabían que “solo desperdiciaban la mitad de su presupuesto” es absurdo. Optar por medios ciegos, sordos y mudos porque el ecosistema que nos podría permitir construir relaciones razonablemente sanas entre anunciantes y espectadores ha sido tomado por ladrones e impostores es completamente estúpido, porque lo que habría que hacer no es enmendar la totalidad, sino echar a todos los ladrones e impostores. La misma tecnología que desarrolló internet, está consiguiendo matar una de sus fuentes de financiación más lógicas. No basta con mensajes de arrepentimiento y con un “lo hicimos mal“, hay que tomar acciones decididas que permitan reconstruir una confianza que ahora está desapareciendo a gran velocidad. Va a ser complicado.

 

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Sobre el valor de los datos del usuario

Extracting value from dataLlevaba tiempo dándole vueltas al tema de la extracción de valor de los datos del usuario, así que aproveche que me tocaba columna en El Español para darle una primera reflexión al tema, y provocar un poco con la idea de que, eventualmente, las empresas podrían o bien terminar por pagar a los usuarios en función de los datos que generan, o al revés, aceptar dinero a cambio de no utilizar esos datos.

La columna se titula “¿Cuánto valen tus datos?”, y dadas las limitaciones de espacio, simplemente insinúa algunos de los posibles temas que pueden salir de esa reflexión. Resulta interesante plantearse, por ejemplo, cómo calcular el hipotético precio a pagar por los datos de un cliente: aplicando un criterio financiero, por ejemplo, podríamos pensar en un valor actual neto de los flujos de caja que la explotación de esos datos es susceptible de generar, que dependería de factores tan variados como el estatus socioeconómico o la capacidad de difusión. O podríamos calcularlo a la inversa, en función de lo que decide cobrar un sitio como YouTube, que ya tiene servicios en los que acepta un pago a cambio de no castigar al usuario con su publicidad – aunque lógicamente en ese caso está mediatizado por el planteamiento comercial y el límite del sentido común, pero puede valer como aproximación. YouTube te elimina la publicidad por $10/mes, de los que un 55% está destinado a los propietarios de los canales que el usuario decida ver.

En cualquier caso, la discusión empieza a estar encima de la mesa: las compañías generan un valor a partir de nuestros datos, y empezamos a plantearnos que habría que hacer algunas cuentas para ver cuál es la parte de esa generación de valor que, de forma razonable, debería tocarnos directamente. La compañía pone los servicios cuyo uso nos atrae, pero sin nuestros datos, no hay negocio. ¿Resulta este camino una alternativa posible a seguir para las compañías? O, de lo contrario, ¿existe un hueco en el mercado para que propuestas de generación de valor similares se hagan hueco en función de ideas como esa? ¿Cuánto valen mis datos? ¿Puedo pagar por excluirlos de tu tratamiento? ¿Puedes pagarme una parte justa de lo que generas con ellos?

 

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Los dilemas del modelo freemium

EvernoteUna serie de recientes anuncios indican claramente una crisis en Evernote, una deliciosa aplicación multiplataforma que llevo utilizando desde el principio de los tiempos y que se ha convertido en un elemento fundamental en mi flujo de trabajo: en Evernote tomo las notas en mis reuniones – con el detalle de que puedo hacerlo desde el portátil, desde una tableta o simplemente desde el smartphone y recuperarlas después desde cualquier dispositivo conectado, – preparo mis apuntes para intervenciones (es la razón por la que suelo tener el smartphone encima de la mesa cuando hablo en La Noche en 24 horas, en RTVE… no he intentado nunca usar el teleprompter, aunque posiblemente sería cómodo), o apunto cosas que uso únicamente algunas veces al año, como las recetas con las que aliño mis aceitunas 🙂

A pesar de ser una empresa muy bien gestionada bajo la batuta de Phil Libin, que de hecho estuvo a punto de llevarla a bolsa, la compañía pasa ahora por dificultades que la han llevado a cambiar de CEO, reducir su plantilla y cerrar subsidiarias internacionales, dificultades derivadas fundamentalmente de una crisis en su modelo freemium. La compañía que hace no mucho tiempo obtenía sin problemas tasas muy significativas de conversión a usuarios de pago, parece que ahora encuentra problemas para ello, lo que ha desencadenado una crisis de rentabilidad.

La reflexión sobre el caso de Evernote me ha parecido muy interesante a la hora de plantear mi columna de hoy en El Español, titulada precisamente Freemium. El Español es un medio que empieza, con unas dosis enormes de ilusión y un equipo verdaderamente espectacular, pero que explora precisamente ese modelo freemium, en el que la gestión de lo que se entrega gratis frente a lo que lleva a los usuarios a pagar resulta fundamental. ¿Qué hace que los usuarios paguen? Como en el caso de Evernote, existe de entrada una concepción de sostenibilidad: pago porque quiero que esta página que me ofrece una propuesta que valoro, sea sostenible en el tiempo. En el caso de Evernote, es la practicidad de una herramienta bien hecha. En el de El Español, es más bien un compromiso con un tipo de periodismo determinado, con una actitud, con un uso de herramientas analíticas (ese periodismo de datos convertido en auténtica seña de identidad y que abarca desde las predicciones sobre resultados electorales hasta los artículos de deportes) y una libertad total para decir lo que sea y de quien sea, esté o no en el poder.

Pero también hay otros componentes: el balance entre lo que es gratis y lo que es de pago, la llamada “porosidad” de ese muro de pago que en el caso de El Español simplemente pospone unas cuantas horas el acceso a determinados artículos pero permite que indexen en toda su relevancia, o la propuesta que supondrá el uso de la app que próximamente estará disponible y que, si todo va como debe ir, se convertirá en una herramienta cómoda y útil para considerarse bien informado, con un balance adecuado entre las alertas y la relevancia de las mismas para cada usuario. O por supuesto, otro reto fundamental: conseguir que la publicidad funcione para los anunciantes sin que llegue nunca a convertirse en un castigo para los usuarios.

Moverse en la delgada línea del freemium es una tarea muy delicada y compleja, que requiere de una gestión excepcionalmente atenta, capaz de aprender de todas las experiencias anteriores. Tengo mucha confianza en este proyecto: por el momento, tras seguir muchas de las reflexiones hechas internamente, me parece de lo mejor que he visto en ese sentido. Veremos cómo evoluciona.

 

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Hola mundo, mi primera columna en El Español

Hola mundo - El EspañolMi primera columna en El Español se titula, como no podía ser de otra manera, “Hola mundo” 🙂 La sección tiene un punto nostálgico: se titula “Fósforo verde”, como el del monitor que tenía aquel primer ordenador con dos floppy disks de 5¼ y sin disco duro en el que empecé a dejarme los ojos allá por el año 1986.

La de hoy es simplemente un saludo y una pequeña explicación sobre el romanticismo de la tecnología y sobre la importancia de acercarse a ella con una visión científica, no sesgada, libre de prejuicios, y que dé tanta importancia a aquello que sabemos como a aquello que no sabemos. Exponer hechos para tratar extraer conclusiones de ellos, en lugar de llegar con la conclusión ya puesta de casa y tratar de encontrar hechos que la respalden sea como sea.

Escribiré dos columnas semanales, que saldrán en abierto los viernes y los lunes. Intentaré hacer lo que hago habitualmente, un análisis de la actualidad tecnológica y de cómo nos afecta, aunque posiblemente intentaré llevarme las cuestiones más hacia una óptica española, como el propio título del medio sugiere. En cualquier caso, todavía tendré que ver cómo funciona eso llevado a la práctica y al ritmo de dos columnas semanales, comprobar si la generación de temas es suficiente como para mantener el interés, y por supuesto aplicar una óptica amplia, que para eso somos un medio español con vocación universal. Todo ello con la idea de provocar (la reflexión 😉 a todo aquel que se deje.

¡Nos leemos!

 

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