Category Archives: El Español

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La publicidad y su reset

Keep calm and fake everythingMi columna en El Español de hoy se titula “Necesitamos un reset“, y habla del extraño mundo en el que se ha convertido una publicidad online en la que todo es mentira, desde las supuestas audiencias hasta los clics pasando por las reproducciones de vídeo o las analíticas. Cómo, de tener el medio mejor diseñado para alcanzar con nuestros mensajes publicitarios precisamente a aquellas personas a las que más les pudiesen interesar, hemos pasado a una especie de salón de los espejos en el que se fabrica tráfico, se compra tráfico, se vende tráfico y se simula tráfico.

El reciente artículo de Bloomberg Business, How much of your audience is fake?”, no cuenta nada especialmente nuevo,pero hace un buen trabajo a la hora de reunir muchos de los factores que están convirtiendo la publicidad online en una parodia de si misma: falsedades, fabricaciones interesadas, mafias, fraude… y al final de todo el proceso, los pocos usuarios auténticos que debían ver los anuncios, protegidos detrás de bloqueadores porque no soportan los formatos intrusivos con los que les pretenden castigar.

Es precisa una amplia redefinición de la publicidad online, un auténtico reset. Enviar un mensaje a los anunciantes de que tienen que volver a los medios tradicionales porque al menos en ellos sabían que “solo desperdiciaban la mitad de su presupuesto” es absurdo. Optar por medios ciegos, sordos y mudos porque el ecosistema que nos podría permitir construir relaciones razonablemente sanas entre anunciantes y espectadores ha sido tomado por ladrones e impostores es completamente estúpido, porque lo que habría que hacer no es enmendar la totalidad, sino echar a todos los ladrones e impostores. La misma tecnología que desarrolló internet, está consiguiendo matar una de sus fuentes de financiación más lógicas. No basta con mensajes de arrepentimiento y con un “lo hicimos mal“, hay que tomar acciones decididas que permitan reconstruir una confianza que ahora está desapareciendo a gran velocidad. Va a ser complicado.

 

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Sobre el valor de los datos del usuario

Extracting value from dataLlevaba tiempo dándole vueltas al tema de la extracción de valor de los datos del usuario, así que aproveche que me tocaba columna en El Español para darle una primera reflexión al tema, y provocar un poco con la idea de que, eventualmente, las empresas podrían o bien terminar por pagar a los usuarios en función de los datos que generan, o al revés, aceptar dinero a cambio de no utilizar esos datos.

La columna se titula “¿Cuánto valen tus datos?”, y dadas las limitaciones de espacio, simplemente insinúa algunos de los posibles temas que pueden salir de esa reflexión. Resulta interesante plantearse, por ejemplo, cómo calcular el hipotético precio a pagar por los datos de un cliente: aplicando un criterio financiero, por ejemplo, podríamos pensar en un valor actual neto de los flujos de caja que la explotación de esos datos es susceptible de generar, que dependería de factores tan variados como el estatus socioeconómico o la capacidad de difusión. O podríamos calcularlo a la inversa, en función de lo que decide cobrar un sitio como YouTube, que ya tiene servicios en los que acepta un pago a cambio de no castigar al usuario con su publicidad – aunque lógicamente en ese caso está mediatizado por el planteamiento comercial y el límite del sentido común, pero puede valer como aproximación. YouTube te elimina la publicidad por $10/mes, de los que un 55% está destinado a los propietarios de los canales que el usuario decida ver.

En cualquier caso, la discusión empieza a estar encima de la mesa: las compañías generan un valor a partir de nuestros datos, y empezamos a plantearnos que habría que hacer algunas cuentas para ver cuál es la parte de esa generación de valor que, de forma razonable, debería tocarnos directamente. La compañía pone los servicios cuyo uso nos atrae, pero sin nuestros datos, no hay negocio. ¿Resulta este camino una alternativa posible a seguir para las compañías? O, de lo contrario, ¿existe un hueco en el mercado para que propuestas de generación de valor similares se hagan hueco en función de ideas como esa? ¿Cuánto valen mis datos? ¿Puedo pagar por excluirlos de tu tratamiento? ¿Puedes pagarme una parte justa de lo que generas con ellos?

 

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Los dilemas del modelo freemium

EvernoteUna serie de recientes anuncios indican claramente una crisis en Evernote, una deliciosa aplicación multiplataforma que llevo utilizando desde el principio de los tiempos y que se ha convertido en un elemento fundamental en mi flujo de trabajo: en Evernote tomo las notas en mis reuniones – con el detalle de que puedo hacerlo desde el portátil, desde una tableta o simplemente desde el smartphone y recuperarlas después desde cualquier dispositivo conectado, – preparo mis apuntes para intervenciones (es la razón por la que suelo tener el smartphone encima de la mesa cuando hablo en La Noche en 24 horas, en RTVE… no he intentado nunca usar el teleprompter, aunque posiblemente sería cómodo), o apunto cosas que uso únicamente algunas veces al año, como las recetas con las que aliño mis aceitunas 🙂

A pesar de ser una empresa muy bien gestionada bajo la batuta de Phil Libin, que de hecho estuvo a punto de llevarla a bolsa, la compañía pasa ahora por dificultades que la han llevado a cambiar de CEO, reducir su plantilla y cerrar subsidiarias internacionales, dificultades derivadas fundamentalmente de una crisis en su modelo freemium. La compañía que hace no mucho tiempo obtenía sin problemas tasas muy significativas de conversión a usuarios de pago, parece que ahora encuentra problemas para ello, lo que ha desencadenado una crisis de rentabilidad.

La reflexión sobre el caso de Evernote me ha parecido muy interesante a la hora de plantear mi columna de hoy en El Español, titulada precisamente Freemium. El Español es un medio que empieza, con unas dosis enormes de ilusión y un equipo verdaderamente espectacular, pero que explora precisamente ese modelo freemium, en el que la gestión de lo que se entrega gratis frente a lo que lleva a los usuarios a pagar resulta fundamental. ¿Qué hace que los usuarios paguen? Como en el caso de Evernote, existe de entrada una concepción de sostenibilidad: pago porque quiero que esta página que me ofrece una propuesta que valoro, sea sostenible en el tiempo. En el caso de Evernote, es la practicidad de una herramienta bien hecha. En el de El Español, es más bien un compromiso con un tipo de periodismo determinado, con una actitud, con un uso de herramientas analíticas (ese periodismo de datos convertido en auténtica seña de identidad y que abarca desde las predicciones sobre resultados electorales hasta los artículos de deportes) y una libertad total para decir lo que sea y de quien sea, esté o no en el poder.

Pero también hay otros componentes: el balance entre lo que es gratis y lo que es de pago, la llamada “porosidad” de ese muro de pago que en el caso de El Español simplemente pospone unas cuantas horas el acceso a determinados artículos pero permite que indexen en toda su relevancia, o la propuesta que supondrá el uso de la app que próximamente estará disponible y que, si todo va como debe ir, se convertirá en una herramienta cómoda y útil para considerarse bien informado, con un balance adecuado entre las alertas y la relevancia de las mismas para cada usuario. O por supuesto, otro reto fundamental: conseguir que la publicidad funcione para los anunciantes sin que llegue nunca a convertirse en un castigo para los usuarios.

Moverse en la delgada línea del freemium es una tarea muy delicada y compleja, que requiere de una gestión excepcionalmente atenta, capaz de aprender de todas las experiencias anteriores. Tengo mucha confianza en este proyecto: por el momento, tras seguir muchas de las reflexiones hechas internamente, me parece de lo mejor que he visto en ese sentido. Veremos cómo evoluciona.

 

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Hola mundo, mi primera columna en El Español

Hola mundo - El EspañolMi primera columna en El Español se titula, como no podía ser de otra manera, “Hola mundo” 🙂 La sección tiene un punto nostálgico: se titula “Fósforo verde”, como el del monitor que tenía aquel primer ordenador con dos floppy disks de 5¼ y sin disco duro en el que empecé a dejarme los ojos allá por el año 1986.

La de hoy es simplemente un saludo y una pequeña explicación sobre el romanticismo de la tecnología y sobre la importancia de acercarse a ella con una visión científica, no sesgada, libre de prejuicios, y que dé tanta importancia a aquello que sabemos como a aquello que no sabemos. Exponer hechos para tratar extraer conclusiones de ellos, en lugar de llegar con la conclusión ya puesta de casa y tratar de encontrar hechos que la respalden sea como sea.

Escribiré dos columnas semanales, que saldrán en abierto los viernes y los lunes. Intentaré hacer lo que hago habitualmente, un análisis de la actualidad tecnológica y de cómo nos afecta, aunque posiblemente intentaré llevarme las cuestiones más hacia una óptica española, como el propio título del medio sugiere. En cualquier caso, todavía tendré que ver cómo funciona eso llevado a la práctica y al ritmo de dos columnas semanales, comprobar si la generación de temas es suficiente como para mantener el interés, y por supuesto aplicar una óptica amplia, que para eso somos un medio español con vocación universal. Todo ello con la idea de provocar (la reflexión 😉 a todo aquel que se deje.

¡Nos leemos!

 

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De la analítica, al Departamento de pre-crimen

Así detectarán el crimen antes de que pase - El EspañolLa primera noticia que me cita en El Español, medio de cuyo consejo de administración formo parte, no es una columna mía (que escribiré y enviaré la primera esta tarde), sino una noticia escrita por Pablo Romero acerca de un desarrollo de análisis multivariante llevado a cabo por Hitachi y alimentado con registros de criminalidad histórica, transporte público, meteorología y conversaciones en redes sociales, que algunos departamentos de policía están probando como herramienta para tratar de optimizar su presencia en ciertas zonas, reducir los índices de criminalidad, o incluso prevenir algunas acciones específicas.

El artículo se titula “Así detectarán el crimen antes de que pase“, y tiene bastante relación con algunas otras cosas sobre el tema que he escrito anteriormente. Fundamentalmente, tomar una historia que evoca a la ciencia-ficción, despojarla de los elementos “mágicos” (aquellos supuestos “mutantes adivinadores” que destrozaban toda posible credibilidad de la película), y adentrarse en las posibilidades del análisis multivariante y el machine learning aplicado a la predicción de la distribución de una variable del comportamiento humano.

El texto del mensaje que crucé con Pablo para comentar el tema, a continuación:

La prevención de la criminalidad es una cuestión espinosa: lo que en principio parece razonable – prevenir el daño a terceros mediante la violación controlada de un derecho como la privacidad – puede claramente convertirse en un abuso por parte del vigilante.

El estado de madurez actual de la tecnología, unido a los usos y costumbres que nos llevan a compartir cada vez más cosas con nuestro entorno, posibilitan que una vigilancia bien desarrollada pueda llegar, de manera eficiente, a prevenir un número elevado de situaciones de potencial criminalidad. ¿Quiere esto decir que resulta lícito poner bajo vigilancia a toda la población y tratar de conocer sus tendencias o la probabilidad de un comportamiento criminal más allá incluso de lo que la conocen ellos mismos?

Un terrorista sabe que va a delinquir y tiene todo el sentido del mundo intentar evitarlo. Sin embargo, alguien que va a sufrir un brote psicótico o que va a convertirse en maltratador es muy posible que no lo sepa, que su acción no se corresponda necesariamente con una premeditación, y sin embargo, puede ser perfectamente detectable con antelación. ¿Significa esto que tendría sentido avanzar hacia el desarrollo de Departamentos de Pre-crimen en las policías de todo el mundo? El balance que separa al “Estado protector del bienestar y la seguridad de sus ciudadanos” del “Estado policial que los controla hasta el límite” es extremadamente delicado, y requiere de un sistema de controles y balances muy riguroso. 

 

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En la junta de accionistas de El Español

El Español (Foto: EDans - haz clic para verla en resolución original)

Esta mañana a las 10:00 estaba convocada en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid la primera junta general de accionistas de El Español, a la que asistí en mi calidad de miembro del consejo de administración. Un acto fundamental en una sociedad que inicia su andadura, y que proyectó una imagen ambiciosa, de gran proyecto, de periódico nacido ya en plena era digital y que está dispuesto a convertirse en uno de los grandes medios de referencia.

El evento, de casi cinco horas de duración (lo puedes ver en YouTube) y con el salón prácticamente lleno, sirvió no solo para aprobar los primeros acuerdos societarios y permitir que algunos accionistas utilizasen el preceptivo turno de ruegos y preguntas, sino también para presentar el proyecto y su filosofía, a las personas que lo integran, o el logotipo y la cabecera. Un proyecto que, en realidad, lleva ya algún tiempo presentando sus credenciales a través de las noticias que se publican en su blog, y que se definió desde su primer momento como “universal, independiente, combativo, plural, innovador, ecuánime, inteligente, tuitero y tuyo”. Un proyecto donde lo importante son las personas que lo integran, dada la posibilidad que el momento le ha otorgado de poder hacer auténtico cherry-picking, muy cuidadosas elecciones, de las personas con las que se deseaba contar. Pocas veces habrás visto en la presentación de un proyecto como este desfilar por el escenario al equipo completo no solo de la redacción (desde directores hasta la becaria), sino también de áreas como comercial, diseño y usabilidad, o tecnología. Y sobre todo, presentaciones hechas de una manera que no resulta en absoluto impostada o populista, sino que refleja claramente lo que se vive en el día de una redacción por la que me paso a menudo, y en la que realmente se respira auténtico ambientazo y dinamismo de startup

No quiero escribir una crónica del evento, para eso había muchos y muy buenos periodistas en la sala. Pero no quería dejar de compartir con vosotros, que me leéis todos los días, mis sensaciones de todo esto: me lo estoy pasando francamente bien. Por la oportunidad de contribuir a un proyecto ambicioso como este desde prácticamente el primer día, y teniendo la posibilidad de aportar y sugerir ideas desde una posición completamente independiente. Del mismo modo que Pedro J. puede decir – y me consta que es así – que “se debe únicamente a los accionistas de El Español y a nadie más”, o que “para El Español no hay instituciones intocables, ni empresas intocables, ni personas intocables, sino que lo único intocable son los derechos de los ciudadanos”, yo puedo decir que en mi participación en este proyecto me siento completamente libre para aportar lo que me parece que puede ser interesante, sintiéndome razonablemente apreciado y sin estar sujeto a condicionantes de ningún tipo.

En la foto con la que ilustro la entrada entenderás muchas de las cosas buenas de El Español: verás que aparecen dispositivos de todas las formas, tamaños y marcas, con versiones del logotipo en una amplia variedad de colores. Algo que me parece un buen símil no solo para el carácter intensamente tecnológico del proyecto, sino también para la clarísima pluralidad de las personas que lo componen. Sí, El Español es el proyecto lanzado por Pedro J. Ramírez cuando fue expulsado del diario que había fundado y dirigido durante veinticinco años, pero no puede entenderse sin los aportes de todas las personas que trabajan en él. No, no estamos todos de acuerdo en todo, no tenemos todos las mismas ideas, no formamos parte de una secta ni de un culto a la personalidad de nadie. Es una redacción y un equipo intensamente plural, con personas de todo tipo, y en un entorno abierto que no expulsa, margina ni disciplina al que piensa diferente. Y por supuesto, aquí la gente es digital porque es digital, porque entienden que en pleno siglo XXI no se puede ser de otra manera, no porque les hayan puesto un dispositivo en las manos y les hayan dado un cursillo. Lo que más saco del tiempo que paso en la redacción es lo que ya he destacado: el auténtico ambiente de startup y las ganas de hacer cosas, de escuchar ideas y de ponerlas en práctica. Un gustazo, de verdad. Y a partir de este otoño, lo será mucho más.

Ah, y si quieres saber por qué el logotipo es un león, aquí tienes el vídeo que lo explica:

 

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This article is also available in English in my Medium page, “El Español, the new face of Spanish journalism

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Entrevista en OnCEU

 

Un grupo de alumnos del CEU, encabezados por Guillermo Fernández y Carlota M. Panadés, me contactaron el mismo día en que se anunció mi entrada en el Consejo de Administración de El Español para pedirme una entrevista para la revista de su universidad, OnCEU, y para un espacio de vídeo titulado “Tenemos que hablar”, que han titulado como “No hace falta papel“. Hablamos sobre tendencias de futuro en periodismo, sobre el papel como soporte anticuado y lleno de inconvenientes (el mejor medio para transmitir información… del siglo pasado), sobre El Español y mi implicación en el proyecto, y sobre posibles consejos para futuros periodistas.

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El crowdfunding como estrategia

Pebble TimePebble lanza un nuevo modelo de smartwatch, y lo hace volviendo al lugar en el que para ellos, de una manera u otra, empezó todo: Kickstarter. Y de nuevo, vuelven a convertirse en un auténtico caso de estudio de cómo utilizar el crowdfunding en una estrategia.

Si en su primer lanzamiento – realmente el segundo, ya que el primero fue el minoritario inPulse – se convirtieron en el récord absoluto de los proyectos de crowdfunding, obtuvieron un total de 10,2 millones de dólares y terminaron por dejar de aceptar dinero antes del fin del período establecido por la amenaza de no ser capaces de producir y enviar tal cantidad de pedidos, en esta segunda ronda han logrado superar todas las expectativas: dos millones de dólares en la primera hora de campaña, y ahora mismo, cuando aún no se cumplen veinticuatro horas, superan los ocho millones y medio.

Quedarse mirando a los contadores de la página resulta casi hipnótico, y más pensando que detrás de cada incremento hay un buen montón de personas entregando dinero a cambio de obtener un smartwatch producido por una pequeña startup, – dirigida, eso sí, por un Eric Migicovski convertido ya casi en leyenda – que comete la osadía de no seguir las reglas establecidas por quien habitualmente redefine y sienta con sus lanzamientos los estándares de cada categoría de productos: Apple.

Si recientemente decíamos que las ventas de smartwatches se habían prácticamente detenido a la espera del lanzamiento del de la marca de la manzana, que había además influido poderosamente en la orientación al entorno de la salud y de la monitorización de toda la categoría, ahora llega Pebble, que no olvidemos que sigue siendo el smartwatch más vendido por el momento, y vuelve a animar el mercado con un crowdfunding realmente bien hecho. Todos los elementos están presentes: precalentamiento del mercado, vídeo que muestra el producto y transmite capacidad de ejecución (menor riesgo percibido), y posicionamiento claro del tipo “pequeña startup frente a la empresa más grande y poderosa del mundo”.

No, el Pebble Time no te dará tu pulso, no será un elemento de estilo a la Apple, no irás a comprarlo a una Apple Store y no tendrá muchos de los elementos con los que Apple pretende colocar entre cinco y seis millones de relojes en pocas semanas. Pero a cambio, no tendrás que romper la hucha (precio final de $199, que eran $149 si lo adquirías en Kickstarter en primera iteración y son ahora $179, frente a los previstos $349 de Apple), y tendrás una batería que te durará toda una semana frente a un día. Mientras la tendencia marcada por Apple apunta a relojes que se cargan todas las noches y llenos de sensores de todo tipo, el de Pebble se atreve a desafiar con un posicionamiento mucho más de “pantalla secundaria” del smartphone, sin más enfoque a la salud que el que cada uno le quiera dar con las apps oportunas, y sin sensor de pulso.

El uso de Kickstarter en este caso se plantea claramente como “necesito el apoyo de mis usuarios para resistir la llegada del gigante”. Una cosa es un cliente que va a una tienda a comprar un reloj, y otra cosa muy distinta en términos de nivel de compromiso el que entrega dinero a cambio de recibir un producto en un tiempo determinado y con la expectativa de que sea precisamente su donación, junto con la de muchos otros, la que convierta el proyecto en viable. En un lado tienes clientes, que no es poco. Pero en otro, tienes entusiastas que se ven como parte del proyecto, que sin duda es mucho más.

El movimiento de Pebble sitúa a Kickstarter como algo que anteriormente había sido criticado por sus propios fundadores: lo convierte prácticamente en un canal de distribución, en una tienda. El proyecto de Pebble no es un proyecto como tal: está ya completamente diseñado y preparado para su fabricación, y recurre a Kickstarter únicamente como forma de demostrar poderío, de probar su apoyo, de testar el mercado, y por supuesto, de conseguir repercusión mediática. En muchos sentidos, esos objetivos superan al meramente económico de obtener dinero para lanzar el proyecto, porque realmente la compañía ya tenía suficiente dinero como para fabricar el producto y ponerlo en el mercado. Pero un lanzamiento así, lógicamente, cambia mucho las cosas y permite muchas mayores alegrías.

Con otro crowdfunding que está rompiendo récords en su categoría, el de El Español, vemos exactamente el mismo fenómeno: los más de dos millones de euros obtenidos son obviamente algo que no amarga a nadie y que vienen bien en cualquier proyecto, pero la realidad es que la verdadera preocupación, el número que realmente mira su equipo con atención permanente no es el dinero, sino el número de accionistas. Tres mil quinientos son mejores que tres mil, y cinco mil serían mucho mejores, aunque cada uno pusiese únicamente la cantidad mínima de cien euros. De nuevo, un proyecto de crowdfunding en el que lo importante no es tanto obtener fondos como lo es el asegurar un amplio respaldo social que permita asegurar la independencia del proyecto, que asegure que siempre habrá ahí una serie de personas demandando en cada momento que no se pierda la esencia que convierte al proyecto en lo que es.

El crowdfunding, como comentamos en su momento, se empieza a convertir en un elemento fundamental en muchos proyectos corporativos, más allá de lo que en su momento se identificó como algo “solo para startups” o “solo para quien necesita dinero”. Los elementos de otro tipo – visibilidad, compromiso, base social, estudio de mercado, etc. – superan a los objetivos meramente económicos de “necesito dinero para hacer viable este proyecto”. Una evolución muy razonable, que tampoco llevará necesariamente a desatender el mercado de aquellos que sí necesitan dinero, pero que se dispone a atraer mucho interés a este tipo de procesos de financiación colectiva. La importancia del apoyo colectivo y de la búsqueda de base social más allá del dinero que puede traer consigo. Sin duda, una deriva interesante.

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En el Consejo de Administración de El Español

El EspañolEsta mañana, en la cita que Pedro J. Ramírez tenía en el Foro Nueva Comunicación, en el Hotel Ritz, anunció mi incorporación al Consejo de Administración de El Español como consejero independiente.

Mi relación con Pedro viene de muy largo: desde hace varios años, mantenemos una dinámica habitual de reuniones en las que hablamos sobre la evolución de la red, los problemas del negocio publicitario, la dinámica del periodismo y la transición desde el papel a la pantalla. Tras su salida de El Mundo, esas conversaciones se hicieron más frecuentes, mientras el proyecto de El Español iba tomando forma bajo una editora cuyo nombre provenía de un blog y no me podía resultar más sugerente: #nohacefaltapapel.

A partir de ahí, más reuniones, empezar a conocer al equipo, e ir hablando de temas que me han ido llevando a considerar el proyecto como mío, con todo el respeto para los que de verdad se están dejando las pestañas en él. Ir viendo el proceso de formación del equipo, los fichajes y la dinámica de relaciones que tienen lugar en esa oficina por el momento casi vacía está siendo un ejercicio muy bonito para un académico: aunque intento mantenerme alejado de “la torre de marfil” gracias a colaboraciones de diversos tipos con múltiples empresas, poder ver en primera fila como toma forma un medio está siendo una oportunidad verdaderamente inspiradora. El clima, además, es de absoluta apertura, colaboración y transparencia, y lo es de manera natural, como si realmente no hubiese otra manera de llevar un proyecto. Cuantas más personas he ido conociendo en el proyecto, más me ha ido emocionando, al tiempo que voy viendo cómo se va dando forma al modelo de negocio y a las diferentes posibilidades existentes, todo ello expuesto en modo “todo vale”, auténticamente sobre un lienzo en blanco, con todo lo que ello conlleva de flexibilidad mental y posibilidades. Y sobre todo, la sensación, acrecentada por el inapelable éxito del crowdfunding, de que hay muchísimas esperanzas puestas en un proyecto como este, y que cuanta más forma toma, más convencido estoy de que puede perfectamente estar a la altura de las mismas. La sensación que tengo es la de estar viendo el incipiente desarrollo del que va a ser, en no mucho tiempo, el medio de comunicación de referencia en España.

Mi papel como consejero independiente será exactamente ese, el de aportar ideas de manera independiente, porque por algún tipo de “defecto del animal” no me sale ser de otra manera que independiente. Un papel de aporte de ideas que intento desempeñar también en proyectos de otro tipo con los que colaboro, pero que aquí me permite poner en práctica cuestiones sobre una industria sobre la que llevo reflexionando – y escribiendo mucho – desde los tiempos de mi tesis doctoral, que ya trataba el paso de los periódicos del papel a la pantalla. Desde 1996, he participado en congresos, he escrito papers académicos, he dado conferencias y he analizado todo lo analizable: el paso de predicar a dar trigo era algo que me resultaba especialmente atractivo, y si además se podía hacer de la mano de una persona que admiras y bien acompañado por un gran equipo, resultaba completamente absurdo decir que no. Además, intentaré contribuir al desarrollo de un clima de innovación organizacional que, desde mi punto de vista, resulta fundamental mantener en un proyecto como este, y colaboraré también aportando contenido con cierta periodicidad. Y por supuesto, iré también compartiendo mis impresiones.

Pronto, más 🙂

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