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China es el próximo líder mundial

IMAGE: Robodread - 123RFEl título del liderazgo económico mundial no es precisamente honorífico. A los Estados Unidos, esa posición le ha brindado durante décadas una ventaja fundamental, y se ha convertido en uno de los factores más importantes a la hora de dar forma al mundo tal y como lo conocemos. Pero a estas alturas, todo aquel que estudie o planifique de cara al futuro debería tener cada vez más claro que esa posición está a punto de cambiar: el próximo liderazgo mundial no va a ser ejercido por los Estados Unidos, sino por otro país que lleva tiempo preparándose para ello: China.

El plan de China para convertirse en líder mundial absoluto tiene mucho sentido, y empieza por entender el factor más importante en esa transición: los datos. Olvida todo planteamiento de la privacidad como un derecho: en un país en el que el estado es el principal proveedor de datos, lo sabe absolutamente todo y lo comparte con sus compañías, cuestiones como autentificarte con tus datos biométricos, disponer de un sistema de rating crediticio universal o desarrollar el famoso Departamento de Precrimen se convierten en posibilidades reales, que no chocan con todos los obstáculos habituales que encontramos lógicos y normales en el garantista mundo occidental.

El país ha conseguido dar forma a un mercado doméstico enorme, con actores completamente diferentes a los del resto del mundo: las principales compañías tecnológicas ya no son únicamente norteamericanas, y se ven ya preparadas para tomar por asalto los mercados mundiales, mientras las empresas líderes de la etapa anterior se ven acosadas por intentos legislativos de reducir un poder considerado excesivo. En China, no es que Apple no sea un competidor importante en su segmento principal, el smartphone: es que está a punto de dejar de estar incluida entre las cinco primeras, con compañías chinas por encima como Huawei, Oppo, Vivo o Xiaomi que, además, ya conquistan los mercados internacionales. Y en tecnologías como 5G ocurre exactamente lo mismo.

El liderazgo chino comienza por un férreo control de una educación orientada al futuro, sigue con fuertes inversiones en desarrollo y en investigación, y continúa con ídolos locales con conocimiento del mercado como Andrew Ng o Kai-Fu Lee. El país ya se plantea superar a los Estados Unidos como líder en el desarrollo de inteligencia artificial en un futuro cercano, cuenta con los mejores laboratorios en automatización de la producción, está entrando con éxito en las aplicaciones más punteras del machine learning como los vehículos autónomos, y tiene compañías extraordinariamente rentables y con pulmón financiero para sostener su crecimiento. Cualquier compañía que quiera trabajar en un entorno en el que la regulación se adapte al desarrollo de tecnologías con impacto en el futuro en lugar de plantearse mil impedimentos y resistencias, se encontrará en su salsa en China. Una actitud diferente hacia el futuro, que está empezando a dar sus frutos, con fortísimas posiciones en mercados emergentes como África o América Latina, y en la que todo se pone al servicio de los planes del estado para esa dominación mundial.

¿Positivo? ¿Negativo? Da igual. China ha planteado su modelo, con elementos que resultan implanteables en el mundo occidental, y ha convertido elementos como la ausencia de una democracia o la importancia de los derechos humanos en una ventaja inalcanzable. Te gustará o no, pero China va a ser el próximo líder económico mundial, con todo lo que ello conlleva. Ve preparándote.

 

 

 

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La VPN como indicador

IMAGE: Jacek Dudzinski - 123RFVladimir Putin aprueba dos leyes que prohiben el uso de servicios de proxy y de redes privadas virtuales (VPN) en Rusia, siguiendo el ejemplo de China, que ha anunciado su bloqueo a partir de febrero del año que viene, requiriendo tanto a los operadores como a las tiendas de aplicaciones que impidan su utilización.

Apple, de hecho, ha recibido fuertes críticas por capitular ante las autoridades chinas y retirar las más de sesenta herramientas que miles de usuarios particulares y negocios utilizan diariamente para acceder a páginas que el enorme dispositivo de censura chino convierte en inaccesibles, en muchas ocasiones con criterios completamente arbitrarios o por simples errores administrativos.

Este tipo de medidas restrictivas comienzan a separar claramente el mundo en dos mitades: la de los ciudadanos que viven en países que reconocen su libertad para acceder a información libremente y sin ser fiscalizados ni espiados, y el de aquellos que residen en países que cercenan esta libertad, prohiben las herramientas utilizadas para asegurar la privacidad de una conexión, y consideran que el estado debe tener derecho a espiar todo aquello que hagan en la red.

Una VPN es una herramienta multifuncional y de propósito general: muchos de sus usuarios, entre los que me incluyo, las utilizan simplemente para asegurar la seguridad de una conexión cuando se encuentran en una red de uso compartido, o con motivos plenamente justificables, como su uso académico. Obviamente, una VPN puede también ser utilizada para muchas otras cosas, pero del mismo modo que un simple cuchillo puede ser utilizado para cortar el pan o para matar a alguien. Prohibir las VPN no es una manera de proteger a la población impidiendo una supuesta actividad terrorista, sino una forma de asegurarse que resulta algo más difícil escapar a la monitorización gubernamental.

Más allá de su motivación política, el sistema de censura ha permitido a China construir una internet a su medida enormemente próspera, al eliminar la posibilidad de que sus ciudadanos accedan a numerosos servicios en otros países, que en su momento fueron imitados por competidores locales que cumplían con las normas impuestas por su gobierno y pudieron convertirse en la alternativa disponible. Una sistema de autarquía en la red que ha posibilitado que el gigante asiático sea actualmente el mayor mercado en internet del mundo, más de setecientos millones de usuarios que suponen el 21% de la población conectada mundial, y con herramientas construidas completamente a partir de los modelos que veían funcionar en otros países, siguiendo un modelo de micro-innovación.

Existen muy pocas dudas acerca del buen funcionamiento de esta estrategia: China es ahora mismo una potencia en la red, posee herramientas de desarrollo interno con enormes bases de usuarios que han evolucionado para hacerse muy competitivas, como es el caso de WeChat, y que permiten al gobierno mantener sus estándares de vigilancia de la población y llevan a algunos incluso a inventarse nuevos idiomas. Por otro lado, resulta evidente que esa supuesta ventaja se ha construido sobre unos principios de restricción de las libertades individuales completamente incompatibles con los derechos humanos o con un mínimo umbral de calidad democrática. Países con regímenes no democráticos como China o Rusia pugnan por cerrar todo posible agujero que permita a sus ciudadanos escapar a su control, con las VPN convertidas en la representación de esa penúltima vía de escape, mientras otros como Corea del Norte, por falta de dimensión, se convierten en parodias con una internet reducida a veintiocho páginas web a las que únicamente acceden unos pocos. Pero para gigantes como China o Rusia, una estrategia de censura de la red permite generar campeones locales y acceder a las comodidades de una vida razonablemente moderna, sin los inconvenientes de una población capaz de acceder a influencias que podrían debilitar sus regímenes, un modelo que ha sido denominado como splinternet.

Un mundo sujeto a unos derechos humanos y a unos estándares mínimos de calidad democrática, en el que como mucho vemos tentaciones episódicas de intentos de bloqueo de cuestiones como la pornografía, la apología del odio o elementos afines, con esos balances constantemente sometidos a discusión pública, frente a otro mundo que directa y conscientemente ignora esos derechos humanos y esa democracia, y utiliza el control de la red como estrategia para obtener unas ventajas comparativas y para perpetuarse en el poder. Si quieres saber en qué lado del mundo estás, intenta instalarte y usar una VPN. Decididamente, George Orwell era un auténtico visionario.

 

 

 

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La democracia como connotación negativa

IMAGE: Ivelin Radkov - 123RF

Mi columna en El Español de esta semana se titula “La democracia sobrevalorada“, y trata de elaborar en torno a la peligrosísima idea de que la democracia se ha convertido en una especie de handicap o de problema, en un sistema que penaliza la eficiencia de los países, y que aquellos que deciden que no es necesaria o que puede resultar prescindible pueden obtener ventajas comparativas e incluso, eventualmente, mayores niveles de bienestar económico.

¿Qué país ha sido capaz de generar un producto interior bruto mayor a valores de paridad de poder adquisitivo, o ha sido el más eficiente a la hora de elevar a millones de personas por encima del nivel de la pobreza? China, un país que en efecto, considera la democracia como algo innecesario. El país más grande del mundo en términos de población está gobernado por un partido cuyas decisiones son incontestables, que no se somete en modo alguno a la voluntad popular, y cuyo respeto a los derechos humanos ha estado siempre sometido a un fuerte cuestionamiento. Un país que somete la información a la que pueden acceder sus ciudadanos a un fortísimo nivel de control mediante el mayor sistema de censura, monitorización y vigilancia del mundo, con un ejército de censores y manipuladores mayor que sus propias fuerzas armadas, y que a pesar de todo eso, ha sido capaz de convertirse en referencia en cuestiones como el número de solicitudes de patentes o los estándares de protección de la propiedad intelectual.

China se configura como el nuevo líder mundial ante unos Estados Unidos en retroceso, una Trumpganistan que pretende volver a poner obreros en todas las cadenas de montaje y revitalizar la minería del carbón. Un líder mundial que considera la democracia un ejercicio inútil, caro y absurdo. En términos de estrategia política, un país democrático que garantice la pluralidad de fuentes de información y asegure con los medios adecuados la higiene y legitimidad de sus procesos electorales está, en un mundo hiperconectado, en desventaja frente a países en los que la dieta informativa de sus ciudadanos está severamente controlada y en la legitimidad los que los procesos electorales es un chiste. Nadie más que el gobierno ruso puede influenciar las elecciones rusas, pero es relativamente sencillo para Rusia convertirse en una fuerte influencia en las elecciones norteamericanas. La red, convertida en una herramienta de control interno en manos de autócratas, o peor aún, en un arma para influenciar procesos electorales en países democráticos.

¿A dónde se dirige el mundo cuando los países no democráticos aprenden a extraer y materializar ventajas de la red? Países capaces de justificar los mayores sistemas de control, vigilancia, monitorización y censura de su población, de alimentar las más hipertrofiadas agencias de espionaje, y de desarrollar las más demenciales técnicas de interferencia en los asuntos internos de otros países son los que parecen configurarse como próximos líderes mundiales. La democracia, como sistema discutible y prescindible, como lujo absurdo cuya perversión, convertida en populismo, alumbra criaturas como el Brexit o como Donald Trump. Tenemos un problema.

 

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Facebook Town Hall: activando la democracia

Facebook Town Hall

Facebook pone en marcha en los Estados Unidos su anunciado Facebook Town Hall, la posibilidad de utilizar Facebook para ver quiénes son los representantes de los ciudadanos en las distintas instituciones, y conectar con ellos a través de sus páginas en Facebook con el fin de hacerles llegar sus preocupaciones, peticiones, protestas, etc.

El desarrollo de Facebook tiene muchísimo sentido en democracias en las que existe un vínculo directo entre los ciudadanos y sus representantes, frente a aquellas en las que los representantes son simplemente elegidos por el líder de un partido que los presenta a los electores en forma de listas cerradas. En democracias como la española, más calificables como de partitocracias, el vínculo entre representantes y representados se encuentra completamente diluido: el ciudadano vota a unas siglas, a un partido, no a una persona en concreto, y dado que su representante no es decidido por ellos sino por el presidente de dicho partido, comunicarse directamente con él tiene muy poco sentido. De hecho, muchos diputados o senadores españoles tienden a “protestar” cuando reciben un número que consideran excesivamente alto de correos electrónicos de los ciudadanos, que consideran imposibles de gestionar. En los casos en los que los representantes se esfuerzan por contestar, se trata de un esfuerzo voluntarista: en realidad, esos correos electrónicos no tienen por qué proceder de los ciudadanos de su circunscripción, y aunque el político podría llegar a mejorar su reputación o a generar cierta afinidad gracias a ese comportamiento, su designación para representar o no a esos ciudadanos o a los de otra circunscripción no depende de su comportamiento o acciones, sino de la voluntad o necesidades de su partido.

En países como los Estados Unidos o el Reino Unido, en los que los ciudadanos escogen directamente a su representantes en cada una de las instituciones, ofrecer a esos ciudadanos una forma de conectar con ellos tiene todo el sentido del mundo. Los representantes perciben perfectamente la importancia de ese vínculo, y se ven obligados a pensar en las consecuencias de ejercer acciones que sus votantes puedan considerar una mala representación de sus intereses. Igualmente, tienen que pensar constantemente en la atención que ofrecen a esos votantes: representantes que no contestan a los ciudadanos a los que representan o que no lo hacen adecuadamente descienden rápidamente en sus preferencias, lo que crea un incentivo a mantener el vínculo directo. De hecho, una buena parte de la oficina de un representante político suele estar dedicada al desarrollo de infraestructuras para gestionar ese diálogo con sus ciudadanos.

Los ciudadanos, en este tipo de democracias, pueden clasificarse en función de su nivel de actividad política. Aquellos que desarrollan una actividad política consciente e informada tienden no solo a votar en las elecciones, sino a hacerlo escogiendo a un representante en concreto que consideran que defenderá sus intereses adecuadamente, y valoran la posibilidad de poder mantener una comunicación con ese representante si consideran que existe una necesidad para ello. Pero incluso aquellos ciudadanos que no votan o que no mantienen un nivel de información adecuado pueden encontrar valor en una herramienta que les permite saber quiénes son realmente sus representantes, aunque no hayan sido votados por ellos, por el hecho de residir en un lugar determinado, y mantener su posibilidad de influenciarlos o de demandarles explicaciones.

¿Hasta qué punto existe una madurez en la relación entre representantes y representados que evite que ese supuesto diálogo no se desarrolle en forma de conjunto de gritos? Depende en gran medida de las acciones del representante en cuestión, tanto de su sentido, como de su capacidad de explicarlas de una manera adecuada. En cualquier caso, el desarrollo de una herramienta de este tipo solo puede contribuir de manera positiva, facilitando que dicha relación evolucione y se haga más útil con el tiempo. En el fondo, Facebook Town Hall solo refleja que en estos tiempos, Facebook se ha convertido en el canal a través del cual muchos ciudadanos participan y se informan, de manera que está en la situación de poder ofrecer tanto a los ciudadanos una herramienta cómoda, como a los representantes una manera de gestionar esa relación bidireccional. Algunos, de hecho, han calificado Facebook Town Hall como “lo mejor que ha hecho la compañía“. Y a mí, desde la distancia de una partitocracia como la española en la que Facebook Town Hall no tendría ningún sentido, decididamente me lo parece. De hecho, me genera una buena dosis de envidia.

 

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Repensando Facebook

IMAGE: inbj - 123RFLa carta de Mark Zuckerberg, titulada Building global communities, deja claro el proceso mental del fundador de Facebook tras lo que ha supuesto la primera toma seria de conciencia de su nivel de responsabilidad: la de haber servido como colaborador necesario para abocar a su país a cuatro años oscuros bajo el mando de un imbécil como Donald Trump. No, la idea de que Facebook contribuyó a que Trump llegase a la Casa Blanca ya no es “una locura“, sino una desgraciada evidencia.

La carta parece reescribir la misión de Facebook, “dar a la gente el poder de compartir y hacer el mundo más abierto y conectado”, tras las evidencias de que ha sido precisamente esa capacidad la que ha generado que muchos grupos en la sociedad se encerrasen en sí mismos y comenzasen a expresar en sus cámaras de eco ideas calificables como antisociales, alimentadas por torrentes cuidadosamente administrados de noticias falsas y odio. La nueva misión, (aún) extraoficialmente definida como “desarrollar la infraestructura social para dar a la gente el poder de construir una comunidad global que funcione para todos”, deja clara la necesidad de redefinir Facebook como una herramienta de cohesión, no de división.

Comunidades que sirvan como apoyo a las personas, que sean seguras, correctamente informadas , cívicamente implicadas, e inclusivas. Aquella red social que nació en un campus universitario y que creció con sus usuarios para convertirse en una herramienta de conexión para sus amigos y familias, toma ahora esa base como cimiento y pretende desarrollar la infraestructura social para el desarrollo de la comunidad. De hecho, la idea de “infraestructura social” se convierte en la más repetida de toda la carta: a lo largo de las 5,800 palabras, se repite hasta catorce veces. 

Para construir esa infraestructura social, Facebook se encomienda al gran oráculo del futuro: la inteligencia artificial. A punto de alcanzar los dos mil millones de usuarios, Facebook quiere dejar claro que si tu idea es cometer un atentado, acosar a otros, incitar al odio o suicidarte, la red se encargará de detectarlo y actuar en consecuencia. La eliminación de una frase tras la primer publicación de la carta que hacía referencia a la monitorización de mensajes privados no oculta que la intención de la compañía es aplicar la inteligencia artificial a la detección de comportamientos antisociales o peligrosos, y proceder a la monitorización personalizada de aquellas circunstancias que puedan merecerlo. Facebook va a seguir siendo una compañia y como tal tiene como fin ganar dinero, pero parece comenzar a aceptar la responsabilidad por la influencia que ejerce sobre las personas, tras constatar mediante experimentos poco éticos que podia influir en el estado mental de sus usuarios.

Una lectura crítica de la carta de Zuckerberg revela claramente una intención política, un intento de sustituir a esos periódicos a los que ya ha privado de una sustanciosa cantidad de ingresos, y una reflexión crítica sobre el papel que su red ha podido llegar a jugar en las últimas elecciones norteamericanas. Como elemento de reflexión, decididamente muy necesario: la próxima vez que, en el país que sea, un político pretenda pervertir la influencia de Facebook inyectando odio y noticias falsas, debe ser neutralizado utilizando todos los medios posibles. El efecto de Facebook está alimentando todo tipo de reflexiones, que van desde las dudas sobre el verdadero valor de las elecciones, hasta las tentaciones epistocráticas o de voto cualificado. Si algo tiene claro el fundador de la red social más exitosa de la historia es que tiene que poner determinados temas bajo control, evitar la perversión de la herramienta y sus usos malintencionados, y que eso lo va a llevar a cabo mediante la tecnología que tiene a su alcance, la inteligencia artificial. Y en ese sentido, creo sinceramente que acierta: dejemos que la inteligencia artificial suplemente la desgraciada escasez de inteligencia natural de muchos.

 

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Las herramientas de la web y la calidad democrática de los países

Voter registration campaign - FacebookDos noticias recientes me llevan a pensar en la interacción entre las herramientas de la web y la democracia: por un lado, la campaña llevada a cabo por Facebook para recordar a sus usuarios norteamericanos la posibilidad de registrarse para votar en las próximas elecciones presidenciales, que en numerosos estados ha sido capaz de generar importantes incrementos en el volumen de ciudadanos registrados.

Por otro, el lanzamiento por parte de Google de una herramienta para hacer fact-checking de noticias en Google News, una forma de, mediante una etiqueta, intentar proporcionar un mayor nivel de contraste, de veracidad, o al contrario, de poder poner de manifiesto posibles mentiras en las noticias facilitando que aquellas páginas dedicadas a la comprobación de noticias puedan incluir los resultados de sus análisis al lado de la propia noticia analizada.

En el primer caso, me parece muy interesante entender el potencial de las redes sociales a la hora de proporcionar no solo recordatorios, sino también caminos que facilitan las cosas a los ciudadanos. El sistema electoral norteamericano exige que los votantes se registren para poder ejercer su derecho al voto, y el porcentaje de votantes registrados ha ido aumentando a lo largo de la historia del país desde los momentos iniciales en los que solo los hombres, propietarios de tierras y blancos podían votar, hasta el momento actual, en el que a pesar de la universalidad del derecho para todos los ciudadanos, menos de un 45% se registra para ello. Que una simple campaña llevada a cabo por una red social como Facebook contribuya significativamente a incrementar el porcentaje de votantes registrados en muchos estados es algo que, sea por la razón que sea, mejora la calidad de la democracia en su conjunto.

Claramente, en la simplicidad está la clave. Antes de este tipo de iniciativas, un ciudadano debía acordarse de su intención de registrarse para votar, encontrar un momento adecuado para ello, e informarse sobre dónde y cómo hacerlo. Con la campaña, una persona recibe el recordatorio en un soporte, la red social, que habitualmente le recuerda muchas otras cosas – desde cumpleaños de amigos o familiares hasta eventos o aniversarios de cualquier cosa – y que además de facilitarle el enlace adecuado y directo para ello (en función del estado en el que reside), le proporciona una retroalimentación positiva mostrándole quiénes de sus amigos se han registrado ya para votar. A veces, mejorar la calidad democrática de un país – entendida como el número de participantes en una toma de decisiones colectiva – es tan simple como utilizar las herramientas adecuadas.

La iniciativa de fact-checking de Google incide, sin duda, en otra manera de mejorar la calidad democrática: a través de medios que llevan a cabo su trabajo de informar de manera responsable. En la sociedad actual estamos viviendo un proceso de gradual abandono de los principios más básico de la ética: si una compañía miente y pone en el mercado vehículos que contaminan cuarenta veces más de lo que decía en su publicidad, la convertimos en líder de mercado. Si un político miente o roba, nos parece “lo normal” y tendemos a olvidarlo en seguida. En este contexto, que surjan cada vez más organizaciones dedicadas al fact checking, que analizan las noticias y las contrastan con hechos y datos fehacientes y comprobables a golpe de clic, es algo indudablemente positivo. Que el Washington Post mantenga desde 2013 un fact checker que en sus últimas ediciones ha otorgado su máxima calificación, cuatro pinochos, a discursos de Donald Trump es algo que puede llevar a muchos a plantearse la línea editorial de periódico, pero que sin duda aporta mucho aunque solo sea por hacer públicas sus herramientas de análisis y las fuentes de los datos utilizadas en el proceso. Podemos alegar que la elección de los elementos sobre los que levar a cabo comprobaciones sea arbitraria o no lo sea, pero indudablemente, hablamos de un mayor nivel de análisis, y por tanto, de más elementos en manos del ciudadano a la hora de estableces qué es verdad y qué no lo es. Contribuir a facilitar el fact checking, incluso contando con que ello desemboque en que algunos pretendan pasar por fact checks análisis en realidad falseados o tendenciosos, es una manera de elevar el precio de la mentira y, por tanto, de mejorar la calidad de la democracia.

¿No resulta curioso que en España, donde numerosos medios demuestran todos los días una necesidad acuciante y desesperante de fact checking, seamos uno de los pocos países del mundo que no tengamos Google News? ¿Alguien recuerda por qué lo cerraron?

 

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La policía, las cámaras y las leyes mordaza

Police body-worn camera (IMAGE: Ewing Police Department)En su momento hablamos de la incorporación de cámaras, las llamadas body-cams o body-worn cameras, como ejemplo de caso interesante de dimensionamiento tecnológico en el que se especulaba con que los importantes costes de implantación, tanto por los dispositivos como por el espacio de almacenamiento en la nube necesario para su operación continua, podían llegar a ser compensados por la reducción de los costes legales necesarios para hacer frente a las reclamaciones de los ciudadanos por la actuación policial.

Ahora, un estudio de la Universidad de Cambridge demuestra que el uso de este tipo de cámaras tiene precisamente ese efecto: la práctica desaparición de las demandas contra la policía. Las cámaras introducen un elemento de control que funciona en dos sentidos: por un lado, protege al ciudadano de posibles excesos en la actuación policial al hacer que los agentes se sientan de alguna manera bajo observación permanente. Por otro, protege a los agentes de reclamaciones de los ciudadanos carentes de base, al constituir un registro completamente transparente de los hechos que, en muchos casos, puede resultar una prueba concluyente de las responsabilidades implicadas en una actuación policial determinada.

El éxito de este tipo de dispositivos prueba que aunque en democracia el Estado ostente el monopolio de la violencia y la utilice con el fin de controlar el orden público, la introducción de medidas que permitan establecer controles transparentes a la actuación policial puede llegar a resultar sumamente recomendable. El uso de body-cams en la policía comenzó en Dinamarca en el año 2005, aunque la primera prueba que generó un nivel de atención importante tuvo lugar en el Reino Unido. A partir de ahí, han sido incorporadas por las policías de países como los Estados Unidos, Canadá, Alemania, Australia y Holanda: existe una cierta discusión sobre si el nivel de transparencia y control que introducen está más pensado para proteger a los ciudadanos o a la policía, pero en general, las asociaciones de derechos civiles las reconocen como un efecto sumamente positivo y una victoria para todos, al proporcionar un punto de vista más que, en muchas ocasiones, puede contrastarse con otras evidencias de vídeo tomadas por los ciudadanos, en una época en la que prácticamente todos llevamos una cámara en el bolsillo.

En la mayoría de los países civilizados, grabar una actuación policial es perfectamente legal, y además, como vemos, se trata de poner más luz sobre las mismas haciendo que los propios policías lleven cámaras pegadas a su cuerpo. La tendencia contrasta duramente con la realidad española, en donde una polémica Ley Orgánica de protección de la seguridad ciudadana aprobada por el gobierno del Partido Popular en 2015, conocida popular e internacionalmente como “ley mordaza” y denunciada ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos prohibe no solamente grabar a la policía incluso a los periodistas, sino que otorga absoluta credibilidad al relato policial ignorando que la labor de protección de la seguridad debe considerarse siempre como un balance.

En su momento, un editorial del New York Times afirmó que “esta ley trae recuerdos de los peores días del régimen de Franco y no procede en una nación democrática”, e instó a la Comisión Europea a apresurarse a condenar la nueva ley, citando al relator de las Naciones Unidas, que también instó a los legisladores españoles a proceder a su derogación. En un artículo posterior, el New York Times reflejó las opiniones al respecto tanto de Amnesty International como de Human Rights Watch, que consideran que la ley supone una “amenaza directa a los derechos de reunión pacífica y la libertad de expresión en España”. 

Por supuesto, dado el carácter de la ley, no existe ningún tipo de mención al uso de cámaras por parte de las propias fuerzas policiales, ignorando completamente una tendencia que se está imponiendo en muchas democracias consolidadas y que ahora, con estudios como el comentado anteriormente, prueban claramente su utilidad. Mientras en algunos países no solo es legal grabar a la policía, sino que la propia policía se graba a sí misma mediante body-cams, en España no solo carecen de este tipo de dispositivos, sino que además, ocultan en muchas ocasiones sus números de identificación, es delito grabarlos, y su testimonio sobre su actuación no admite discusión alguna, convirtiéndolos automáticamente en juez y parte. Un policía es un profesional sujeto a un adiestramiento, pero su actuación no está exenta de errores ni de tentaciones que existen en todo ser humano, y todos, policías y ciudadanos, podemos beneficiarnos de la existencia de mayores niveles de control. Ante una actitud como la del gobierno español, la cuestión ya no es que pueda existir tecnología adecuada y probada para evitar abusos, sino que exista la más mínima voluntad de hacerlo. Una simple cuestión de querer ir en contra de las tendencias y de los tiempos. O de falta de calidad democrática.

 

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La evolución de Facebook

Napalm girl censorshipLos hechos tuvieron lugar, en rapidísima sucesión, entre el miércoles 7 y el viernes 9 de septiembre: el escritor noruego Tom Egeland publica, en el curso de una discusión en Facebook sobre fotografías que habían cambiado la historia de la guerra, la icónica imagen de Kim Phuc, la niña del napalm, tomada en 1972 en plena guerra del Vietnam por el fotógrafo Nick Ut y premiada con el premio Pulitzer. La fotografía era una entre siete, y pocos negarían su relevancia en el contexto señalado.

Relevante o no, Facebook decide eliminar la imagen alegando que infringe sus políticas: “any photographs of people displaying fully nude genitalia or buttocks, or fully nude female breast, will be removed”. Cuando el autor noruego protesta la decisión publicando de nuevo la imagen y acusando a Mark Zuckerberg de abuso de poder y de atacar la democracia, ve cómo su cuenta es suspendida. El diario noruego Aftenposten, el mayor del país, entra en la discusión apoyando a Egeland, publica igualmente la fotografía junto con una carta de protesta del escritor, e igualmente ve su publicación eliminada de Facebook. Y a la primera ministra noruega, Erna Solberg, que publica igualmente la imagen. El diario noruego decide llevar el asunto a su portada y publica un editorial en el que su editor, Espen Egil Hansen, escribe:

“Even though I am editor-in-chief of Norway’s largest newspaper, I have to realize that you are restricting my room for exercising my editorial responsibility. I think you are abusing your power, and I find it hard to believe that you have thought it through thoroughly.”

(“A pesar de ser editor en jefe del periódico más grande de Noruega, está usted restringiendo mi espacio para el ejercicio de mi responsabilidad editorial. Creo que está usted abusando de su poder, y me resulta difícil creer que haya meditado su decisión en profundidad.”)

Finalmente, Facebook decide dar marcha atrás, y restaura la fotografía y la cuenta de Egeland afirmando que están “ajustando sus políticas de revisión”, no sin haber visto una fortísima escalada de críticas y cómo la fotografía era publicada y comentada por infinidad de cuentas en todo el mundo.

El asunto, recurrente ya para la compañía, muestra en qué se ha convertido Facebook: sencillamente, en el mayor editor de noticias del mundo, en el sitio en el que se informa una mayor cantidad de personas, y en el que puede generar más polémica en casos así. Lo que originalmente era una simple red social en la que mantenerte informado de lo que habían hecho o dicho tus amigos o tu familia, ahora es el mayor medio de comunicación del mundo. La métrica de impacto de cualquier noticia ya no es que la publique tal o cual periódico o revista, sino que circule abundantemente en Facebook. Se ponga como se ponga, Mark Zuckerberg es ahora el director del mayor medio de comunicación del mundo: no una “simple plataforma”, ni una “red social”. Para cualquier medio, desde esta modesta página que tienes delante hasta los mayores periódicos del mundo, Facebook se está convirtiendo en la mayor fuente de tráfico, en el ser o no ser – y si no lo es, es seguramente porque estén haciendo algo mal.

En el haber de Facebook, su capacidad para tomar este tipo de decisiones de manera rápida y ágil: si una compañía con una estructura directiva muy plana y que tiene la posibilidad de monitorizar lo que hacen, dicen y piensan en tiempo real 1,700 millones de personas en todo el mundo no fuese capaz de ver una bola de nieve bajando por una ladera y haciéndose cada vez más grande y poderosa, tendría realmente un serio problema. Pero en su debe, la aparente incapacidad para darse cuenta de su evolución, en lo que se ha convertido, y lo que ello requiere. El número de veces en que Facebook se ha visto implicada en cuestiones de este tipo a lo largo del último año ha ido creciendo progresivamente, sea por asuntos relacionados con la política, con la elección de sus trending topics o con su nivel de automatización, y dadas las circunstancias, el problema no puede hacer más que seguir creciendo. Tres o cuatro normas con supuestas pretensiones de aplicabilidad universal no van a servir a Facebook para nada. Un algoritmo, por el momento, tampoco. Hablamos de decisiones enormemente delicadas, complejas, con muchísimos matices y elementos implicados, y en un entorno completamente multicultural. O la compañía comienza a ser consciente de lo que es y se dota de estructuras similares a las que tienen los medios de comunicación serios – algún tipo de consejo editorial o de organismo rápidamente operativo que cuente con un respeto global y generalizado en la comunidad para tomar este tipo de decisiones – o podrá encontrarse con serios daños en su imagen y reputación, o con acusaciones constantes de parcialidad.

Un problema sin duda complejo: administrar no lo que creías o pretendías ser, sino aquello en lo que te has convertido. Te guste o no.

 

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Suiza vota sobre la renta básica universal

IMAGE: Olekcii Mach - 123RFSi lees esta entrada hoy domingo, 5 de junio, lo estarás seguramente haciendo mientras unos ocho millones de ciudadanos suizos son convocados para votar la primera iniciativa popular a nivel estatal sobre la creación de una renta básica universal, universal / unconditional basic income o UBI, uno de los sistemas que muchos especulan que podrían ser la base de las sociedades del futuro, en las que las máquinas sustituyen a las personas en una proporción cada vez más elevada de los puestos de trabajo.

La discusión sobre la renta básica universal o incondicional en Suiza comenzó en los años ’80, primero como discusión académica que especulaba con la posibilidad de que el sistema funcionase mejor que el vigente como forma de eliminar la pobreza. Durante las décadas de los ’80 y los ’90, el debate público no pasó de ser una hipótesis individual. A principios de este siglo, sin embargo, algunas organizaciones que seguían el debate sobre la UBI en la vecina Alemania lanzaron la idea de hacer campaña para obtener las cien mil firmas necesarias para elevar la idea a iniciativa popular y votarla en referendum. Tras numerosos artículos en prensa y gestos simbólicos como un camión que dejó caer ocho millones de monedas (una por cada suizo) frente al Parlamento en Berna, la recogida de firmas comenzó en abril de 2012 y alcanzó las 130,000 en octubre de 2013, lo que generaba la obligación legal de someterla a referendum.

La ley que es sometida a votación no cita cifras específicas, aunque la coalición tras la iniciativa baraja unos 2,500 francos suizos (2,254€) por adulto y 625 (564€) por niño. Aunque las encuestas parecen prever un amplio fracaso de la consulta, con muy pocos electores indecisos y una mayoría de más del 50% que se oponen fuertemente a la propuesta, los que proponen la iniciativa afirman que lo que pretendían era avanzar la discusión sobre el tema, ponerlo en la agenda política y generar atención mediática al respecto. Los que se oponen a la medida alegan que el país helvético no puede permitirse ese dispendio, que la propuesta daría lugar a un incremento de impuestos para los más ricos, que no está claro el efecto que tendría dar dinero gratis a la población o si eso daría lugar a una generación de vagos o incentivaría que los ciudadanos dejasen de trabajar, o mantienen dudas sobre los controles que sería necesario establecer para evitar una previsible avalancha de inmigrantes dispuestos a cruzar las fronteras del país en caso de que la medida fuese aprobada. Los resultados de la consulta serán publicados en esta página

La idea de una renta básica universal o incondicional, en cualquier caso, parece avanzar cada vez más a nivel global. La convocatoria del referendum suizo, en el contexto de un país muy poco sospechoso de ideas revolucionarias o próximas a las tesis de izquierdas, es un auténtico espaldarazo para una idea que, hasta ahora, no había pasado de ser una simple teoría, y existen ya numerosos artículos y libros que plantean una discusión más avanzada en diversos países. Mientras algunos califican despectivamente la iniciativa suiza como “problemas del primer mundo“, otros, como la incubadora Y Combinator o la ciudad holandesa de Utrecht, plantean experimentos para intentar entender los efectos que tendría sobre sus receptores, para dilucidar si se volverían vagos e indolentes, o por el contrario, se verían motivados a buscar otras ocupaciones y alternativas para generar valor sin la presión de tener que obtener necesariamente un sueldo cada mes para asegurar su subsistencia, lo que eventualmente podría llevar a una mayor motivación, una vida más feliz, e incluso un posible incremento de la productividad.

La renta básica universal es un tema sobre el que he escrito anteriormente en varias ocasiones. Esta noche, actualizaré esta entrada con el resultado del referendum suizo.

 

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Vigilancia y democracia: para pensar

Google anti-government hacking alertGoogle refuerza la seguridad de Gmail con una advertencia a toda pantalla que alerta a los usuarios cuando la compañía tiene indicios para creer que el gobierno está intentando robar la contraseña de la cuenta de correo electrónico que utilizan para comunicarse.

El aviso lleva en realidad funcionando desde junio de 2012, pero recientemente ha pasado de ser una pequeña advertencia en una banda en la parte superior de la página, a un aviso a página completa que permite acceder a una serie de recursos adicionales de protección, como la verificación en dos pasos o el uso de una llave de seguridad.

Google advierte que se trata de una incidencia poco común – tan solo un 0.1% de los usuarios llegan a recibirla, típicamente periodistas, activistas o políticos – pero aún así, desarrolla el procedimiento completo, con monitorización, detección y advertencias incluidas, para el hipotético caso en que pueda llegar a ocurrir.

Una de las empresas privadas más valiosas del mundo, con un modelo de negocio basado mayoritariamente en la gratuidad de sus productos para sus usuarios, desarrollando un procedimiento para avisarme de que un gobierno, que podría haber sido elegido democráticamente con mi voto, puede estar intentando robar la contraseña de mi correo electrónico para espiarme. Alguien a quien no pagas nada, avisándote de que un Estado, la entidad a la que más ciudadanos entregan un mayor porcentaje del dinero que ganan y que posiblemente hayan contribuido a elegir, les espía. Y si crees que esa advertencia únicamente aparece cuando navegas desde países sometidos a regímenes totalitarios, teocráticos o no democráticos, es muy posible que te equivoques de parte a parte. ¿De quién te fías más para cuestiones relacionadas con algo tan importante como la seguridad? ¿De una empresa privada o de un Estado?

Si esto no es una metáfora de los tiempos que vivimos, pocas cosas lo son.

 

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