Category Archives: Apple

Auto Added by WPeMatico

La compleja relación entre machine learning y seguros de salud

IMAGE: Rangizzz - 123RFLa discusión entre demócratas y republicanos al hilo de los sucesivos intentos de anulación de Obamacare en los Estados Unidos han puesto de actualidad la discusión sobre el futuro del cuidado de la salud. En un país como los Estados Unidos, que históricamente ha carecido de un sistema universal de cuidado de la salud, la Patient Protection and Affordable Care Act, conocida como Obamacare, supuso un impedimento para las posibilidades de las aseguradoras de salud de discriminar a los pacientes en función de sus condiciones preexistentes, de introducir techos de gasto anuales o totales, de expulsar o denegar la renovación de la póliza a personas que contraían determinadas enfermedades, o de incrementar de manera abusiva las franquicias, entre otras posibilidades.

Con el avance de las técnicas asociadas al machine learning, las posibilidades de las aseguradoras de salud de desarrollar sistemas algorítmicos capaces de predecir el coste asociado con el cuidado de la salud de un paciente específico se incrementan de manera notable. Si el uso de este tipo de sistemas no se pone bajo un nivel adecuado de control que impida el abuso, las compañías privadas podrían utilizar de este tipo de sistemas para maximizar sus beneficios a costa de la expulsión o la limitación del gasto en pacientes con mayores probabilidades de incurrir en tratamientos de coste elevado.

Por otro lado, todo apunta a que el futuro de la salud se basa, fundamentalmente, en la gestión de modelos preventivos, apoyados en la entrada de nuevos competidores como Apple o Amazon, la disponibilidad progresiva de nuevos dispositivos y pruebas diagnósticas, el desarrollo del diagnóstico genético a nuevos niveles y el sinfín de wearables y dispositivos afines inicialmente dedicados al fitness o al bienestar, pero con cada vez mayor interés en el mercado de la salud preventiva.

Indudablemente, nos dirigimos hacia un futuro en el que no recurriremos al sistema de salud únicamente cuando notemos los síntomas de una enfermedad, sino en el que un conjunto de dispositivos y prácticas nos permitirán monitorizarla de manera constante. En ese tipo de entorno, garantizar que la compañía encargada de velar por mi salud no utiliza mis datos para denegarme la póliza en función de mi probabilidad de contraer enfermedades que originen un nivel de gasto elevado se convierte en fundamental: no hacer nada equivale a sostener un sistema que se enriquece a partir de una cartera de clientes sanos, mientras expulsa a los más necesitados de cuidados con el fin de maximizar sus beneficios.

¿Cómo desarrollar mecanismos de control sobre las aseguradoras que garanticen un comportamiento ético, al tiempo que permitimos que restrinjan, por ejemplo, comportamientos voluntarios del paciente que sean susceptibles de generar un gasto más elevado? ¿Cómo tratar ya no simplemente a un paciente que fuma, sino a uno que de manera voluntaria se niega a monitorizar determinados aspectos de su salud o a someterse a determinadas pruebas rutinarias, lo que podría conllevar que el tratamiento de una eventual afección resultase mucho más complejo al ser diagnosticado en una fase más avanzada? El diseño de un sistema de control de las aseguradoras que permita, por otro lado, ejercer también un cierto nivel de incentivo o desincentivo de determinados comportamientos en los pacientes supone un reto importante, que por otro lado, hace referencia ya a un entorno que está ya prácticamente entre nosotros: con los datos que una aseguradora de salud puede obtener sobre un usuario simplemente a través del uso de los servicios médicos a lo largo del tiempo, pueden llevarse a cabo ajustes del importe de la póliza destinados a expulsar de facto a ese paciente en función de una previsión de siniestralidad, y todo ello en un entorno en el que los importes de las pólizas suelen ser completamente arbitrarias y carentes de mecanismos de control o de transparencia. Si una compañía aseguradora puede, básicamente, poner a mi póliza el coste que buenamente quiera sin prácticamente control alguno, ¿cómo evitar el abuso y los comportamientos no éticos ante algoritmos cada vez más potentes, mejor entrenados y capaces de predecir el nivel de gasto en el que puede incurrir un paciente? ¿Cómo evitar el abuso en un entorno en el que, por definición, una de las partes va a tener cada vez más y mejor información, tanto agregada como individualizada, sobre la otra?

 

 

 

This post is also available in English in my Medium page, “The complex relationship between machine learning and health insurance” 

 

Powered by WPeMatico

AR/VR es el próximo as en la manga de Apple

ARKitUn interesante artículo en Financial Times, Apple searches for the next big thing, interpreta para el común de los mortales una serie de movimientos que hasta el momento han estado solo a la vista de la comunidad de desarrolladores, pero que muy posiblemente constituyan las claves del próximo gran movimiento de la compañía más valiosa del mundo.

Un movimiento que se asienta sobre ese logotipo que aparece en la ilustración: ARKit, un conjunto de APIs en tres capas que permiten generar de manera relativamente sencilla experiencias inmersivas en realidad aumentada, con prestaciones muy superiores a las de sus competidores a cambio de requerimientos inferiores en términos de hardware, y que ya en su presentación en el WWDC dejó claro que pretendía convertirse en alternativa para plataformas y desarrolladores.

En un plazo relativamente corto, vamos a ver cómo la realidad aumentada pasa de jueguecitos con menor o mayor trascendencia como una capa en Pokemon Go o unos filtros en Snapchat, a integrarse en prácticamente todo aquel entorno en el que surjan posibilidades de aportar algo de valor. Un movimiento en el que se encuadran acciones de Google como el lanzamiento de Tango o el relanzamiento de Google Glass con usos industriales por parte de Google, la adquisición de Oculus por Facebook y sus desarrollos posteriores, o el desarrollo de HoloLens por Microsoft, con la intención todas ellas de hacerse con una participación significativa de un mercado en el que se prevén crecimientos del 100% anual a lo largo de los próximos cuatro años.

Echa un vistazo a este vídeo: robots caminando por las calles de Londres, mezclados entre transeúntes y vehículos:

width=”560″ allowfullscreen=”allowfullscreen”>

La gracia no está en el vídeo en sí, que es un simple experimento hecho con ARKit por una compañía londinense, sino en que está creado con un simple iPhone 7, con Unity, uno de los principales motores de desarrollo de videojuegos, y en tan solo un fin de semana. En muy poco tiempo, vamos a ver cómo la realidad aumentada y virtual (AR/VR), considerada por muchos la cuarta transformación en la tecnología de consumo, desarrolla sus cuatro etapas: de software para smartphone, a hardware para smartphone, a visores y gafas con cable y, finalmente, a visores y gafas independientes, con Apple sólidamente posicionada en cada una de ellas, sea mediante productos ya lanzados y funcionando, o mediante patentes y experimentos en ese espacio que sugieren sus intenciones. De nuevo, la estrategia habitual: llegar a un terreno en el que pululan numerosos competidores, plataformas y actores, y tratar de reinventarlo.

Si quieres entender lo que viene y que será ya completamente evidente a partir de septiembre, ya tienes aquí unos cuantos enlaces por los que empezar a curiosear 😉

 

Powered by WPeMatico

¿Sabe realmente el usuario lo que quiere?

Apple Campus (IMAGE: Foster + Partners, ARUP, Kier + Wright, OLIN, Apple)El nuevo campus de Apple, Apple Park, diseñado por Norman Foster y actualmente en fase final de construcción, está resultando más polémico de lo que se esperaba para una sede corporativa construida, prácticamente, con todo lo que el dinero puede comprar y todo lo que la empresa con más reputación para el diseño de todo el mundo puede idear.

Un artículo de Anil Dash en Medium, Apple is about to do something their programmers definitely don’t want, refleja lo que parece ser un creciente descontento entre los desarrolladores de Apple, supuestamente irritados por el hecho de que los espacios que van a ocupar en el nuevo edificio están organizados en formato open plan, amplios espacios sin tabiques muy habituales ya en el diseño de espacios de trabajo, pero que habitualmente son odiados precisamente por los desarrolladores, que afirman que ese tipo de espacios son ruidoso, les distraen, e impiden que alcancen el estado de concentración que requieren para su trabajo.

En su artículo, Dash cita estudios que afirman que este tipo de espacios generan distracción, frustración e infelicidad entre los trabajadores, ignorando un hecho fundamental: ese tipo de estudios, en su inmensa mayoría, están desarrollados sobre compañías que no aplicaban bien el modelo open plan, y que se limitaban, por lo general, a eliminar los tabiques y sentar a más gente en menos espacio manteniendo uniformes las condiciones de trabajo.

La correcta aplicación del modelo open plan no supone simplemente un cambio en la arquitectura de los espacios de trabajo, sino también, y mucho más importante, un cambio en las condiciones de trabajo. Para que el modelo open plan funcione, el trabajador debe sentir que la oficina es un lugar al que puede ir a hacer determinadas cosas y que, de hecho, le incentiva para ir con una serie de ofertas atractivas – en el caso de Google, cuyos trabajadores saben perfectamente que la tecnología les permite trabajar desde donde les venga en gana, esa oferta incluye desde muy buena comida y snacks, hasta servicios como lavandería, masajes, zonas de juegos para distraerse un rato, etc. – pero que, en realidad, puede tranquilamente trabajar desde donde prefiera cuando su trabajo requiera una gran concentración. De hecho, lo correcto es diseñar los espacios en un modelo open plan con una serie de infraestructuras de uso común, mezclando algunas bajo reserva y otras de uso abierto, y que permitan llevar a cabo reuniones, ratos de trabajo que requieran concentración, conversaciones telefónicas o en persona con cierta privacidad, etc.

La enmienda a la totalidad a las oficinas abiertas que desarrolla Anil Dash en su artículo está completamente pasada de moda, es un arquetipo, un cliché que perdió su sentido cuando aprendimos a optimizar este tipo de espacios, y sobre todo, cuando decidimos acompañarlos con la necesaria dosis de libertad, flexibilidad y versatilidad que obviamente requieren. Cuando Dash dice inflexiblemente “the science is settled. The answer is clear. The door is closed on the subject”, eso corresponde simplemente a la mitad de la verdad, porque hay numerosos diseños de open plan con los que los trabajadores están encantados y que, además, se han convertido en auténticos dinamizadores clave en procesos de transformación digital y cultural. Decir que “los desarrolladores son infelices en esos espacios” es sencillamente eso, un cliché. Dicho esto, es cierto que los clichés llegan a tener en muchos casos un gran poder e influencia, y que resulta perfectamente posible que haya desarrolladores de Apple expresando su descontento en los diversos foros de los que Dash extrae su información.

Pero vamos ahora con otra cuestión: ¿debe una compañía como Apple escuchar a esos desarrolladores y darles exactamente lo que piden, espacios cerrados que supongan una excepción a las condiciones que han diseñado para su campus corporativo? No olvidemos que hablamos de la compañía cuyo líder afirmaba cosas como

“It is not the customers’ job to know what they want”

“It’s really hard to design products by focus groups. A lot of the times, people don’t know what they want until you show it to them”

“You can’t just ask customers what they want and then try to give that to them. By the time you get it built, they’ll want something new”

siguiendo el famoso principio de Henry Ford que decía

“If I had asked people what they wanted, they would have said faster horses”

Claramente, ni Henry Ford ni Steve Jobs se quedaban simplemente en preguntar al usuario qué quería, sino que trataban de diseñarlo cuando ese usuario aún no lo sabía, en función de otros criterios. Pero ¿puede aplicarse ese principio no al usuario que adquiere tus productos, sino al trabajador que los diseña?

¿Sabe el desarrollador de Apple lo que quiere? La respuesta a esa pregunta podría ser menos obvia de lo que parece. Si bien la inmensa mayoría de los desarrolladores responderían que están hartos de saber en qué condiciones y espacios rinden más, y seguramente ese tipo de convicciones son más arraigadas y radicales cuanto mayor es el nivel de experiencia, también es verdad que pueden existir diseños que, combinados con las condiciones adecuadas de flexibilidad y autonomía, permitan que ese trabajo se desarrolle en condiciones que esos desarrolladores simplemente no han experimentado aún. Si el propósito de Apple es el de promover un tipo de desarrollo más cooperativo, más abierto, en el que la oficina sea un lugar en el que intercambiar ideas pero que permita además que cada uno se concentre donde buenamente quiera, sea en su mesa con unos auriculares de cancelación de sonido, en su casa, en la terraza de un bar o viajando por el mundo? Después de todo, hay ya no pocos casos de compañías muy exitosas en las que sus trabajadores trabajan en esas condiciones, o que incluso deciden que el trabajo remoto es la única manera de dar satisfacción a determinado tipo de trabajadores y cierran sus oficinas para promover aún más este tipo de regímenes.

Existen casos para todos los gustos. Google, efectivamente, prefiere otorgar a sus trabajadores un sitio fijo que pueden adaptar a su gusto, y opina que si un ingeniero quiere tener tres monitores, un teclado de un tipo determinado y posters en su cubículo, debe permitirle esa flexibilidad, con lo que lo que obtiene es un modelo open plan incompleto, abierto pero con sitios rígidamente asignados, y con sus infraestructuras compartidas para otros usos. Es posible que cuando los desarrolladores de Google o de otras compañías hablen con los de Apple, estos últimos les comuniquen su frustración por el diseño de oficina abierta que van a tener en su nuevo campus. Pero ¿quiere eso decir que la compañía debe renunciar a una visión que tiene clara en su cabeza sobre cómo deben trabajar sus desarrolladores? ¿A la visión que tiene clara Jony Ive, convertido en profeta de Jobs en la tierra? De nuevo, ¿saben realmente los usuarios lo que quieren, o simplemente se aferran a lo que han conocido anteriormente, influenciado por posibles malas experiencias coyunturales suyas o de terceros?

¿Puede ese tipo de circunstancias convertirse en una preocupación para una compañía a la hora de plantearse la atracción o retención de talento? ¿Habría llegado Apple a donde ha llegado si hubiese hecho siempre caso a lo que los usuarios decían preferir?

 

 

 

This post is also available in English in my Medium page, “Does the user really know what he wants?” 

 

Powered by WPeMatico

Las reglas cambian

Apple Machine Learning JournalDurante muchas décadas, el mundo corporativo ha vivido en torno a un elemento fundamental: el secreto. Si querías hacer algo, lo desarrollabas en secreto. Sin decírselo a nadie, contratabas a las personas adecuadas, les proporcionabas los medios necesarios, y cuando tenían listo aquello que considerabas que te otorgaba una ventaja sobre tus competidores, lo ponías en el mercado por sorpresa. Esa idea del “factor sorpresa”, de la necesidad de pillar a tus competidores desprevenidos, sin que tuviesen idea de lo que estabas tramando para conquistar el mercado y posicionarte como pionero, era un elemento absolutamente fundamental en los negocios, y se trataba de mantener a todos los medios mediante el uso de todo tipo de herramientas: puertas cerradas, acuerdos de confidencialidad, embargos a los medios, etc.

Cualquier filtración de lo que hacía una compañía que pudiese dar una pista a sus competidores era considerada una deslealtad. Lo indica la propia etimología de la palabra “estrategia”, que como tantos otros términos empresariales, como “campaña”, como “target” o como VUCA, provienen del ámbito militar:

La palabra estrategia viene del griego ????????? (strategia = arte de dirigir ejércitos). ????????? está formada de ??????? (stratós = ejército), ??? (ago = hago, dirijo) y el sufijo -?? (-ia) usado para crear sustantivos abstractos que expresan una relación a la palabra anterior.

Nadie en su sano juicio contaría al enemigo cómo piensa dirigir su ejército en una batalla. El secreto en las tácticas y los movimientos planteados se entendía como algo lógico, como parte del entorno. Y en ese entorno, una empresa logró destacar por encima de las otras: Apple. Los planes de Apple siempre eran una incógnita, sus lanzamientos de productos resultaban primero intrigantes y después sorpresivos, su estrategia era objeto de conjeturas… hasta muy recientemente, cuando a algunos analistas se les ocurrieron técnicas como la de fijarse en los perfiles de los trabajadores contratados por la compañía o vigilar muy de cerca a los suministradores de su cadena de valor, lo normal era que cada evento de Apple estuviese rodeado de un halo de misterio, de incógnitas, de conjeturas y de expectativas desatadas.

En el entorno del machine learning, esta característica de Apple comenzó a resultar un problema. Una compañía líder, valiosa y reputada, que jamás había tenido problemas a la hora de atraer o retener talento, empezó a encontrarse con personas que rechazaban sus ofertas de trabajo. Por un lado, una obsesión radical con la privacidad del usuario dificultaba enormemente la obtención de datos con los que alimentar los algoritmos. Por otro, una vocación de secretismo total impedía a los investigadores hacer lo que tenían costumbre y necesidad de hacer: acudir a conferencias, hablar con otros expertos en un campo naciente en el que casi nada estaba escrito, o plantear cuestiones para estudiar posibles reacciones. Trabajar metido en un bunker puede dificultar mucho las cosas, y más si trabajas en algo que excede con mucho la complejidad que los recursos que tienes disponibles pueden llegar a abarcar, por muchos recursos que puedas tener.

Consciente del problema, Apple comenzó a trabajar en modelos de privacidad diferencial, algo más alejados de los esquemas de blancos y negros que utilizaba hasta el momento, y anunció su incorporación a Partnership on AI, la alianza formada por compañías como Amazon, IBM, Facebook, Google o Microsoft, destinada a compartir avances y mejores prácticas en el ámbito del desarrollo de machine learning y la inteligencia artificial. Ahora, un paso más: la compañía inicia la publicación de una página, Apple Machine Learning Journal, destinada a compartir sus avances en el ámbito de la disciplina, con la idea de permitir que sus expertos puedan contar lo que están haciendo y utilizarlo como forma de atraer talento a la compañía. 

La página no admite comentarios, y su primer artículo tras la presentación, Improving the realism of synthetic images, tiene una estructura de paper académico simplificado, y es en realidad eso, un paper académico ya publicado en arXiv en diciembre del año pasado, que permite hacerse una idea de los trabajos que llevan a cabo los expertos de la compañía. Por un lado, una manera de permitir que esos expertos sometan su trabajo a ideas y aportaciones de otros que trabajen en temáticas similares en una disciplina compleja y nueva, en la que la colaboración resulta fundamental. Por otro, una forme de posibilitar que sus desarrollos sean vistos en un ámbito distinto al de la publicación académica, que únicamente apela a su revisión por audiencias muy especializadas. Y por otro, una forma de demostrar que “algo se mueve” en la compañía, un factor fundamental a la hora de hacer que personas que trabajan en ese ámbito puedan ser atraídas por ella. En la presentación de la página, de hecho, la compañía añade al final que “si eres un investigador o estudiante en machine learning, nos encantará recibir tu feedback y preguntas”, en un claro movimiento de cara a la atracción de talento.

¿Secreto? Posiblemente sea indispensable en determinados ámbitos. Pero los tiempos de los directivos “a lo James Bond”, de los NDAs obsesivos y del figurativo “si os lo contase os tendría que matar” están cambiando. La compañía que no deja como mínimo entrever lo que está haciendo, la que cierra todas las puertas y se rodea de un halo de misterio se arriesga a perder su capacidad de liderar un terreno ampliamente inexplorado, en el que la incorporación y la retención de talento resultan cruciales. Para Apple, sin duda, un cambio en su estilo comunicativo que la acerca un poco más a lo habitual en la comunicación de compañías como Google o Facebook: sin duda, un movimiento inteligente. Y para otros, una señal de que, en comunicación, los tiempos están cambiando.

 

Powered by WPeMatico

El futuro de la medicina es digital

IMAGE: everythingpossible - 123RFRecientemente, al hilo de noticias que hablaban de la creciente popularidad de la monitorización del nivel de glucosa en sangre para no diabéticos y del medidor no invasivo con el que el CEO de Apple, Tim Cook, se ha dejado ver, hablamos de la posibilidad de que un indicador como ese, enormemente familiar para todos los que sufren de diabetes, se convirtiese en un parámetro habitual que monitorizamos con dispositivos electrónicos y que nos permite tomar decisiones sobre cuándo ingerir alimentos si queremos rendir mejor en nuestro trabajo, adelgazar, etc.

A partir de esa idea, que lógicamente requeriría el desarrollo de metodologías no invasivas para la medición del nivel de azúcar en sangre  – nadie va a querer acribillarse a pinchazos para algo que no es estrictamente necesario, sino que se plantea simplemente como un parámetro informativo de la actividad física – varios artículos han hablado de lo compleja que resulta esa medición y de cómo, a lo largo de los años y de cara al mercado de personas con diabetes (treinta millones de personas solo en los Estados Unidos), muchos fabricantes han intentado desarrollar dispositivos para ello sin conseguir resultados adecuados o mínimamente fiables.

La idea se plantea como un desafío para las compañías tecnológicas que se atrevan a aventurarse donde las empresas de instrumentación médica lo han intentado durante años, y se afirma que resultará imposible para esos dispositivos obtener la necesaria autorización de la Food and Drug Administration (FDA) norteamericana, fundamental para poner en el mercado cualquier cosa relacionada con la salud. Lo que se plantea es que para compañías como Apple, obtener la aprobación de la FDA puede ser muy complejo o incluso imposible, y que se enfrenta a una cuesta arriba muy difícil de superar en ese sentido.

En mi opinión, ese planteamiento es erróneo. Creo que hablamos de dos mercados diferentes: el de los diabéticos, que precisan de dispositivos que chequeen su nivel de glucosa con precisión y rigor, y el de personas que simplemente desean conocer su nivel de azúcar en sangre con propósito informativo. Mercados distintos, como lo son el de los atletas de élite y el de las personas que simplemente quieren mantenerse en forma. Cuando hace algún tiempo tuve la oportunidad de entrevistar a algunos deportistas de élite sobre su relación con la tecnología, me sorprendió que prácticamente ninguno de ellos utilizase wearables para monitorizar su actividad. Sus respuestas fueron, en ese sentido, bastante claras: en algunos entrenamientos sí utilizaban dispositivos para monitorizar ciertos parámetros fundamentales en su rendimiento, pero una simple banda en la muñeca no les daba la precisión ni los datos que necesitaban. En realidad, es bien sabido que la mayoría de los wearables tienen un nivel de precisión deficiente para la medición de algunos parámetros, hecho que fue objeto incluso de alguna denuncia colectiva, y sin embargo, eso no ha representado ningún obstáculo de cara a su popularización. La cuestión es muy clara: quien quiere simplemente monitorizar su estado de salud general, no tiene unos requerimientos de precisión tan importantes como los que tiene un atleta de élite, y en general, le basta con saber que los errores en la medición siguen una distribución normal.

En esa cuestión es donde, desde mi punto de vista, está la clave: dudo mucho que Apple u otros pretendan poner en el mercado un dispositivo no intrusivo de medición del azúcar en sangre. Eso supone un reto tecnológico complejo que sin duda llegará a solucionarse, pero que formará parte de un proceso largo y complejo de evolución y desarrollo. Lo que, desde mi punto de vista, intentarán estas compañías, es lanzar dispositivos claramente orientados al mercado de consumo, especificando que no son aptos para el control de la diabetes, y sin necesidad de una aprobación de la FDA, simplemente monitores de actividad física como los que ya conocemos. Desde esa posición se puede desarrollar perfectamente un mercado de usuarios que sin grandes requerimientos de precisión, sí puedan obtener métricas que les permitan tomar decisiones mejor informadas sobre sus ritmos de vida, su ingesta y su actividad.

La propia FDA, consciente del fenómeno, acaba de anunciar la creación de una unidad destinada específicamente a la salud digital, con la incorporación de trece ingenieros especializados en cloud computingmachine learning y desarrollo de software. La idea, para mí, está clara: evolucionar hacia sistemas que permiten la captación de parámetros de muchos usuarios de manera permanente mediante dispositivos que no requieren una aprobación de la FDA como tal porque no son dispositivos médicos, pero que permiten obtener datos tanto para educar algoritmos, como para eventualmente servir como señales de alarma en determinados casos. Para desarrollar la salud digital, la aprobación de la FDA o de organismos similares no es estrictamente necesaria: se puede hacer mucho con dispositivos orientados a un control menos estricto, y monitorizar al paciente con dispositivos homologados para la práctica médica cuando el contexto y la ocasión lo precisa.

Que yo mantenga mi pulso monitorizado de manera continua no quiere decir que, en caso de un ingreso hospitalario o una visita a la consulta, mi médico vaya a fiarse de la medición obtenida por mi dispositivo. Sin duda, utilizará su monitor homologado y aprobado por la FDA para anotar mis constantes vitales con la precisión adecuada. Sin embargo, mi dispositivo me resulta muy útil a lo largo del día, e incluso me puede alertar si algo va mal, porque su nivel de error no es aleatorio, sino que se distribuye de manera normal. Mi predicción es que con el nivel de glucosa en sangre y con algunos otros parámetros en el futuro ocurrirá algo similar: dispositivos meramente orientativos que llevan a cabo una monitorización constante y no intrusiva, a los que se añadirá una capa en la nube de machine learning que, en función de las lecturas obtenidas, lleve a cabo un diagnóstico preventivo, y en caso de ser necesario, someta a los pacientes a una monitorización más rigurosa. Un futuro que sin duda permitiría a la medicina progresar mucho y trabajar con muchos más datos, sin pretender desplegar instrumentaciones sofisticadas con niveles de precisión estrictos en entornos que, simplemente, no lo permiten. No se trata de pretender que tu médico se mire el gráfico de tu Fitbit, eso es completamente insostenible. Se trata de que un sistema de machine learning sea capaz de, utilizando las lecturas con bajo nivel de precisión de tus dispositivos como indicadores, te diga cuándo debes preventivamente ponerte en manos de tu facultativo.

El futuro de la medicina, sin duda, será digital. Pero no necesariamente con la etiqueta de “aprobado por la FDA”.

 

Powered by WPeMatico

¿Es la glucemia el próximo indicador a monitorizar?

IMAGE: Arcady31 - 123RFEn muy poco tiempo, estamos empezando a ver algunas noticias que apuntan al uso de un indicador, la concentración de glucosa libre en sangre o glucemia, métrica completamente familiar y conocida para todos aquellos que padecen o tienen cerca a alguien afectado por algún tipo de diabetes, como parámetro utilizado para evaluar la actividad de personas perfectamente sanas.

En algunas compañías, particularmente en el a veces un tanto distópico entorno de Silicon Valley, los empleados monitorizan activamente su glucemia sin tener ningun problema de diabetes con el fin de evaluar su rendimiento o su actividad, controla su ingesta de alimentos o mantener la obesidad bajo control.

El tema tiene, por supuesto, mucho sentido: como bien saben los diabéticos que llevan a cabo un control exhaustivo, la glucemia es un indicador muy adecuado no solo para saber cuando necesitan insulina o ingerir alimento, sino en general, para evaluar la actividad. Existen correlaciones perfectamente observables entre nivel de actividad o de percepción de cansancio y niveles de azúcar en sangre. El problema, obviamente, es que como parámetro a controlar, la glucemia no parecía especialmente amigable, dado que en la mayoría de los casos, exigía una extracción, aunque fuese minúscula, de sangre, lo que conllevaba un proceso invasivo e incómodo. Por mucho que te digan que puedes controlarte mejor, la idea de andar pinchándose un dedo para extraer una gota de sangre varias veces a lo largo del día no suena atractiva para prácticamente nadie que no necesite hacerlo por una cuestión perentoria de salud.

La semana pasada circularon algunas noticias acerca de Tim Cook, CEO de Apple, al que se ha visto con un dispositivo en su muñeca que lleva a cabo mediciones de glucemia de manera continua y no invasiva. La idea de Apple de convertirse en un aliado para el desarrollo de sistemas de monitorización de la salud de manera preventiva, sus múltiples alianzas con hospitales y aseguradoras y su interés por tener un impacto en el mundo de la salud podrían indicar el desarrollo de algún dispositivo que, efectivamente, permitiese al usuario evaluar de manera cómoda sus niveles de azúcar en sangre, para así tomar decisiones sobre cuando parar para picotear algo, cuándo se es más productivo, o en general, cómo gestionar un parámetro que tiene mucho que ver con los niveles de energía que sentimos o nuestra capacidad de llevar a cabo muchas actividades. Dentro del movimiento conocido como quantified self, la glucemia podría ser, tal vez, el próximo parámetro a monitorizar.

¿Estamos ante un escenario en el que un parámetro utilizado hasta el momento casi únicamente en el tratamiento de una enfermedad, se convierte en algo que resulta interesante monitorizar de manera continua, mediante los correspondientes sensores y apps? El caso anterior fue, claramente, la frecuencia cardíaca. Aunque no sea aún mayoritario, es ya relativamente habitual ver a personas que evalúan su estado de salud o la calidad de su sueño en función de su ritmo cardíaco basal, durante la noche, en algo que en su momento definí como “cardioconsciencia“. ¿Estamos a punto de ver el nacimiento o la popularización de la glucemia como indicador habitual a monitorizar, más allá del ámbito del tratamiento de la diabetes? ¿Tendríais, como usuarios, interés en algún tipo de desarrollos relacionados con algo así?

 

Powered by WPeMatico

Ordenadores sobre ruedas

IMAGE: Franck Boston - 123RFInteresante artículo en Ars Technica sobre el estado del arte en sistemas operativos para automóviles, The state of the car computer: Forget horsepower, we want megahertz!, en el que observar de qué manera se está configurando un panorama desde los inicios del proceso, con una serie de jugadores representativos ahora mismo posicionándose en torno a plataformas como Linux, Android, QNX y otras que solo podemos suponer, como Apple, en un proceso complejo llevado por los fabricantes, con complicaciones como el hecho de que algunos de ellos aún estén apostando y haciendo pruebas no con un sistema operativo, sino con varios.

En muchos sentidos, un automóvil es, cada vez más, un ordenador sobre ruedas. Un conjunto de procesadores, memoria, sensores y módulos de conectividad que recuerda profundamente al desarrollo de la telefonía móvil o de la propia computación, con múltiples sistemas que, de manera progresiva, irán dando paso a un proceso de simplificación, de convergencia en torno a muy pocos actores relevantes. En este momento tan temprano, ya tenemos o podemos suponer múltiples estrategias representativas: plataformas de fabricante, como QNX, un sistema operativo que proviene fundamentalmente de los sistemas integrados o embebidos, propiedad de BlackBerry desde el año 2010, y que sigue el tradicional esquema de licencias y trabajo exclusivo con fabricantes de su propietario; frente a Android con idea de repetir la jugada de constituirse en plataforma abierta con escasas barreras de entrada y (relativa) capacidad de diferenciación a la que los fabricantes pueden recurrir sometidos a unos pocos condicionantes, o supuestamente una Apple que podría optar o bien por un control total y un desarrollo íntegramente propio – algo que no parece probable ahora mismo – o por algún tipo de alianza en exclusiva con fabricantes como Lexus.

Contemplar el desarrollo de lo que va a ser la próxima gran evolución de los automóviles puede darnos una idea de lo que supone trabajar en una industria que ve cómo se alteran algunos de sus esquemas fundamentales, cómo las marcas precisan de visión estratégica que les lleve a ceder una parte del control que tenían, y cómo se someten a procesos de transformación digital en todos los sentidos: en el de convertirse en data-céntricos a efectos de interacción con unos clientes que generan millones de bits de información cada vez que frenan o pisan el acelerador, el de modificar sus procesos internos para gestionar y analizar esos volúmenes de datos, y el de replantear su modelo de negocio para convertirse en plataformas en todos o parte de su cadena de valor. Y todo ello en un entorno en el que si la opción que se tomó en un momento por un sistema operativo o un aliado estratégico determinado resulta no ser el caballo ganador, es susceptible de condenar a la compañía a un retraso importante o a un ostracismo en la mente del cliente durante una serie de años, y acompañado – para terminar de liar el panorama – por la posibilidad más que probable de que ese cliente ni siquiera sea el que ahora conocemos, sino que sea de otro tipo, con mucha mayor capacidad de negociación, en un esquema B2B y con condicionantes completamente diferentes en cuanto a modelo de negocio.

En este ámbito, todo, absolutamente todo requiere de un replanteamiento ambicioso, de una forma de pensar completamente abierta y libre de condicionantes, que solo algunas marcas serán capaces de llevar a cabo. Acostumbrarse a que la capacidad de una marca de influir en el ecosistema  ya no depende de sí misma, sino de sus posibilidades de ser un socio atractivo para proveedores tecnológicos que hace poco tiempo no eran nadie en esta industria responde a un proceso complejo que no está al alcance de todo el mundo. En este momento, los plazos que la mayoría de los analistas dan para los enormes cambios que esta industria sin duda va a sufrir no tienen nada que ver con los que la propia industria pretende manejar, con diferencias que llegan a los diez años: mientras Waymo, Uber y otros actores hablan de 2020 como “año mágico” en el que veremos despliegues comerciales completos de vehículos autónomos, nuevos esquemas de propiedad consolidándose y los vehículos de combustión interna dejando de comercializarse de manera prácticamente súbita, la industria tradicional estima esos plazos en torno a diez años más tarde, y pretende que en 2030 todavía se venderán vehículos con motor de combustión interna…

Pronto, el panorama comenzará a aclararse, empezarán a delimitarse ganadores y perdedores, y las alianzas empezarán a demostrar su verdadero valor. Si creías ser un experto o acumular una experiencia muy valiosa en la industria de la automoción, piénsalo de nuevo: si no respondes a una demanda de actualización brutalmente intensa, toda esa experiencia o esos conocimientos podrían llegar a convertirse en papel mojado.

El automóvil, como ordenador sobre ruedas. Impresionante momento para trabajar en automoción.

 

Powered by WPeMatico

La compañía más valiosa del mundo

Apple

Ana P. Alarcos, de Idealista News, me llamó para hablar sobre la estrategia de Apple y sobre los principios que han conseguido que se convirtiese en la compañía más valiosa del mundo, con el fin de documentar un reportaje publicado hace un par de días y titulado “Apple: la historia de la empresa más valiosa del mundo explicada a través de su cotización en bolsa” (pdf).

Hablamos de los elementos diferenciales de la estrategia de Apple: una concepción de la innovación inequívocamente centrada en la investigación aplicada, en la que todo se centra en la reinvención y racionalización de una categoría de producto, independientemente de los movimientos de la competencia. Apple es Apple cuando reinventa, cuando redefine y transforma categorías que llevaban inventadas generalmente largo tiempo, pero que nunca habían llegado a despegar en su adopción, generalmente porque los productos existentes no estaban suficientemente bien desarrollados.

Antes de Apple ya había ordenadores, por supuesto. Pero nadie, salvo una minoría de geeks fervientes, veía un ordenador como algo que apeteciese comprar y tener en casa. Era, simplemente, un producto para satisfacer una necesidad muy específica. Tras el lanzamiento del ordenador de la compañía, la categoría se había redefinido, el concepto de ordenador había cambiado de manera esencial y se llamaba ordenador personal, y prácticamente cualquier persona podía aspirar a tener uno en su casa y encontrarle usos que resultaban completamente lógicos y racionales, aunque antes ya hubiese ordenadores y no fuese así. Ese cambio de concepto ha tenido lugar en muchas ocasiones en la historia de la compañía: antes del iPod había miles de reproductores MP3, pero ninguno destacaba especialmente ni tenía el más mínimo componente de radicalidad. Tras el iPod, todos queríamos tener toda nuestra música en un dispositivo, y tenía que ser ese, no otro. Los demás ya carecían de toda relevancia.

Con el iPhone no solo se produjo una redefinición brutal, sino que además, se creó el concepto de smartphone, que ha cambiado el mundo tanto como el de ordenador personal. Muchos críticos discutirán hasta la extenuación si esos concepto fueron o no creados por la compañía, pero los hechos lo prueban ampliamente: antes de Apple, la categoría no existía, era meramente testimonial y propia de usuarios especializados. El iPhone se convirtió en la base de la rentabilidad de la compañía, y después de él, aún hemos visto reinventar la tablet con el iPad, inasequible al hecho de que ya existiesen tablet computers desde muchos años antes, y unas cuantas categorías más.

Ojo con los tópicos y con achacar a la compañía un debilitamiento desde la muerte del fundador: Steve Jobs era indudablemente un genio, pero desde la llegada a la dirección de Tim Cook, Apple ha sido capaz de mantener una progresión razonable en sus productos principales, de entrar en una nueva categoría, de consolidar de manera brillantísima su red de distribución propia, de entrar y liderar una nueva categoría (el smartwatch) y de desarrollar un proceso de orientación a servicios (Apple Music, servicios de almacenamiento, etc.) que se ha convertido en una línea de negocio fundamental. Además, se rumorea que la compañía está preparando importantes lanzamientos al menos en dos áreas prometedoras, la de la realidad virtual o aumentada, y la automoción. Para quienes dicen que la compañía no es lo mismo sin Jobs, los hechos prueban que con Cook no está para nada en malas manos.

¿Sombras? Indudablemente las hay, y para mí, fundamentalmente dos: el acortamiento de las ventanas de explotación debido a la copia cada vez más rápida y competitiva de las ventajas diferenciales de Apple, y la cada vez más compleja tarea de atraer y retener talento en un área como machine learning e IA en la que la dificultad es ofrecer a los expertos un ambiente abierto en el que puedan trabajar con datos de usuarios y compartir su aprendizaje con el resto de la comunidad científica. Una incógnita compleja, que tiene que ver con una cultura basada en el secretismo, y que pronto sabremos hasta qué punto llega a resultar una limitación de cara a su desarrollo.

El reportaje de Idealista News me pareció brillante y bien medido, verdaderamente una lectura recomendable y una imagen muy ajustada de una de las compañías más interesantes y únicas dentro de las que la tecnología ha posibilitado.

 

Powered by WPeMatico

Reinventando la investigación médica

Project BaselineMi columna en El Español de esta semana se titula “Descifrando la vida” y habla sobre Verily, una spin-off de Alphabet anteriormente conocida como Google Life Sciences, dedicada a la investigación en las ciencias de la salud, que se ha propuesto hacer posiblemente una de las investigaciones más ambiciosas de la historia en el ámbito de la medicina: un estudio longitudinal que abarcará a más de diez mil candidatos a lo largo de más de diez años.

La idea de Project Baseline es utilizar la tecnología disponible actualmente para plantear un seguimiento detallado a diez mil personas que vivan cerca de alguna de las tres clínicas incluidas en el experimento (Stanford, DukeCalifornia Health & Longevity Institute). A lo largo del estudio, los voluntarios, que no obtendrán compensación económica alguna y simplemente se beneficiarán de un nivel de monitorización más elevado que el habitual, serán objeto de un riguroso seguimiento y escrutinio que incluirá analíticas y pruebas diagnósticas periódicas de diversos tipo, el uso de dispositivos para registrar su actividad física o de sensores bajo su cama para evaluar la calidad del sueño, secuenciación completa de su genoma, etc. La totalidad de sus datos médicos serán compartidos con la compañía, que podrá además explotarlos mediante alianzas con compañías farmacéuticas o equipos de investigación médica respetando una serie de medidas de protección de la privacidad. 

A lo largo del estudio, un cierto porcentaje de los voluntarios estudiados padecerá dolencias de diversos tipos, que serán estudiadas con detalle para tratar de establecer relaciones causales entre los datos que han ido generando y el origen, evolución o transmisión de su enfermedad. Cualquier persona que conozca con cierto detalle los procesos implicados en investigación biomédica se dará rápidamente cuenta de que con proyectos de este tipo, del mismo modo que con ese Apple ResearchKit del que hablamos hace ahora unos dos años, estamos en realidad reinventando de una manera radical toda la investigación en ciencias de la salud, accediendo a tamaños muestrales antes completamente inimaginables, y a una riqueza, volumen de datos y nivel de detalle a los que anteriormente jamás habíamos podido pensar en acceder. En realidad, lo que estamos planteando es la auténtica transformación digital de la investigación biomédica, con todo lo que ello conlleva: cambios radicales en los canales y la relación con los pacientes, redefinición total de los procesos internos para orientarlos completamente a la generación y análisis de datos, y modelos de plataforma para posibilitar la entrada de distintos socios capaces de enriquecer o beneficiarse mútuamente del proyecto.

¿Qué avances en el campo biomédico van a poder surgir del planteamiento de estudios como este? ¿De qué tipo de adelantos hablamos cuando pensamos en escalar algo como la investigación biomédica a estos niveles, y apalancarla con todas las posibilidades que permite el entorno tecnológico en que vivimos hoy?

 

Powered by WPeMatico

¿Llegará el smartphone a sustituir al ordenador?

Samsung DexLa presentación ayer del Samsung S8, aparte del consabido goteo de especificaciones e imágenes, dejó un detalle muy interesante: la propuesta de ubicar el smartphone en una cuna o docking station, llamada Dex, que le sirva tanto para cargarse, como para conectarse a un conjunto de pantalla, teclado y ratón y utilizarlo como ordenador de sobremesa.

En principio, nada apunta a que la idea de Samsung para convertir a su smartphone en el alma de un ordenador de sobremesa vaya a convertirse en un movimiento que tome cuerpo de adopción masiva, pero indudablemente, sí refleja una cuestión: los smartphones que utilizamos hoy en día ya no son simplemente “teléfonos móviles” sino ordenadores de bolsillo, están ganando en prestaciones y memoria hasta el punto de que son ya muchísimo más potentes que el ordenador que la NASA fabricó para comenzar a enviar hombres a la luna (y no deja de resultar curioso imaginarse a todos aquellos científicos haciendo su cuenta atrás y conectados todos ellos… al smartphone que llevamos hoy en el bolsillo 🙂 y para el uso habitual que una gran cantidad de usuarios dan a su ordenador, tal como utilizar un navegador o manejar algunos programas de ofimática, tienen prestaciones más que suficientes, incluso posiblemente holgadas.

Motorola Atrix lapdockLa propuesta no es en absoluto novedosa: hace ya algunos años, en 2011, Motorola puso en el mercado el Atrix, un smartphone de gama alta que añadía la posibilidad de engancharlo a una carcasa o lapdock y utilizarlo como un laptop completo, con su pantalla, su teclado y su trackpad, que un conocido mío llegó a utilizar sin demasiadas incidencias durante prácticamente dos cursos de su carrera de ingeniería. Ahora, tras la “muerte natural” de aquel smartphone, el lapdock en cuestión almacena polvo abandonada en un cajón de mi casa (los verdaderos geeks nunca tiramos nuestros gadgets) a la espera de que un día me levante con ganas de soldar y me ponga a conectarla a alguno de mis Raspberry Pi que vuelva a darle vida a lo que ahora es un triste e inanimado cuerpo sin cerebro.

Apple patent applicationLa misma Apple aplicó hace poco para el registro de una patente muy similar: una fina carcasa “sin cerebro” en la que se insertaría un smartphone para que funcionase como un ordenador portátil. La idea es, efectivamente, muy parecida a las anteriores, y evoca claramente la estrategia habitual de la compañía: tomar un concepto que lleva inventado varios años pero que no ha recibido especial atención, y reinventarlo para dotarlo de popularidad.

En cierto sentido, la tendencia se encuadra también en movimientos ya conocidos y probados como el del Surface de Microsoft o el iPad Pro de Apple, que tratan de construir un ordenador portátil a partir de un dispositivo como el tablet.

La posibilidad de utilizar el smartphone como dispositivo prácticamente único, capaz de servir como ordenador en el bolsillo para tareas que llevamos a cabo cuando estamos en movimiento pero que se inserta en una docking station de algún tipo para usarlo como ordenador completo podría resultar seguramente muy atractiva, si no supusiese una pérdida de prestaciones o una incomodidad significativa, dentro del mundo de la informática corporativa, que podría simplificarse y abaratarse de manera sensible y, además, encajar dentro de las modernas tendencias de desvinculación del trabajador con un espacio físico concreto en el que está su ordenador, en el que pega sus post-it y en el que pone las fotos de sus niños.

¿Tiene sentido la sustitución del ordenador con un dispositivo como el smartphone? ¿Estamos, con el incremento progresivo de las prestaciones del smartphone, ante una idea de convergencia cuyo tiempo está llegando?

 

Powered by WPeMatico