Category Archives: Apple

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Reinventando la investigación médica

Project BaselineMi columna en El Español de esta semana se titula “Descifrando la vida” y habla sobre Verily, una spin-off de Alphabet anteriormente conocida como Google Life Sciences, dedicada a la investigación en las ciencias de la salud, que se ha propuesto hacer posiblemente una de las investigaciones más ambiciosas de la historia en el ámbito de la medicina: un estudio longitudinal que abarcará a más de diez mil candidatos a lo largo de más de diez años.

La idea de Project Baseline es utilizar la tecnología disponible actualmente para plantear un seguimiento detallado a diez mil personas que vivan cerca de alguna de las tres clínicas incluidas en el experimento (Stanford, DukeCalifornia Health & Longevity Institute). A lo largo del estudio, los voluntarios, que no obtendrán compensación económica alguna y simplemente se beneficiarán de un nivel de monitorización más elevado que el habitual, serán objeto de un riguroso seguimiento y escrutinio que incluirá analíticas y pruebas diagnósticas periódicas de diversos tipo, el uso de dispositivos para registrar su actividad física o de sensores bajo su cama para evaluar la calidad del sueño, secuenciación completa de su genoma, etc. La totalidad de sus datos médicos serán compartidos con la compañía, que podrá además explotarlos mediante alianzas con compañías farmacéuticas o equipos de investigación médica respetando una serie de medidas de protección de la privacidad. 

A lo largo del estudio, un cierto porcentaje de los voluntarios estudiados padecerá dolencias de diversos tipos, que serán estudiadas con detalle para tratar de establecer relaciones causales entre los datos que han ido generando y el origen, evolución o transmisión de su enfermedad. Cualquier persona que conozca con cierto detalle los procesos implicados en investigación biomédica se dará rápidamente cuenta de que con proyectos de este tipo, del mismo modo que con ese Apple ResearchKit del que hablamos hace ahora unos dos años, estamos en realidad reinventando de una manera radical toda la investigación en ciencias de la salud, accediendo a tamaños muestrales antes completamente inimaginables, y a una riqueza, volumen de datos y nivel de detalle a los que anteriormente jamás habíamos podido pensar en acceder. En realidad, lo que estamos planteando es la auténtica transformación digital de la investigación biomédica, con todo lo que ello conlleva: cambios radicales en los canales y la relación con los pacientes, redefinición total de los procesos internos para orientarlos completamente a la generación y análisis de datos, y modelos de plataforma para posibilitar la entrada de distintos socios capaces de enriquecer o beneficiarse mútuamente del proyecto.

¿Qué avances en el campo biomédico van a poder surgir del planteamiento de estudios como este? ¿De qué tipo de adelantos hablamos cuando pensamos en escalar algo como la investigación biomédica a estos niveles, y apalancarla con todas las posibilidades que permite el entorno tecnológico en que vivimos hoy?

 

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¿Llegará el smartphone a sustituir al ordenador?

Samsung DexLa presentación ayer del Samsung S8, aparte del consabido goteo de especificaciones e imágenes, dejó un detalle muy interesante: la propuesta de ubicar el smartphone en una cuna o docking station, llamada Dex, que le sirva tanto para cargarse, como para conectarse a un conjunto de pantalla, teclado y ratón y utilizarlo como ordenador de sobremesa.

En principio, nada apunta a que la idea de Samsung para convertir a su smartphone en el alma de un ordenador de sobremesa vaya a convertirse en un movimiento que tome cuerpo de adopción masiva, pero indudablemente, sí refleja una cuestión: los smartphones que utilizamos hoy en día ya no son simplemente “teléfonos móviles” sino ordenadores de bolsillo, están ganando en prestaciones y memoria hasta el punto de que son ya muchísimo más potentes que el ordenador que la NASA fabricó para comenzar a enviar hombres a la luna (y no deja de resultar curioso imaginarse a todos aquellos científicos haciendo su cuenta atrás y conectados todos ellos… al smartphone que llevamos hoy en el bolsillo 🙂 y para el uso habitual que una gran cantidad de usuarios dan a su ordenador, tal como utilizar un navegador o manejar algunos programas de ofimática, tienen prestaciones más que suficientes, incluso posiblemente holgadas.

Motorola Atrix lapdockLa propuesta no es en absoluto novedosa: hace ya algunos años, en 2011, Motorola puso en el mercado el Atrix, un smartphone de gama alta que añadía la posibilidad de engancharlo a una carcasa o lapdock y utilizarlo como un laptop completo, con su pantalla, su teclado y su trackpad, que un conocido mío llegó a utilizar sin demasiadas incidencias durante prácticamente dos cursos de su carrera de ingeniería. Ahora, tras la “muerte natural” de aquel smartphone, el lapdock en cuestión almacena polvo abandonada en un cajón de mi casa (los verdaderos geeks nunca tiramos nuestros gadgets) a la espera de que un día me levante con ganas de soldar y me ponga a conectarla a alguno de mis Raspberry Pi que vuelva a darle vida a lo que ahora es un triste e inanimado cuerpo sin cerebro.

Apple patent applicationLa misma Apple aplicó hace poco para el registro de una patente muy similar: una fina carcasa “sin cerebro” en la que se insertaría un smartphone para que funcionase como un ordenador portátil. La idea es, efectivamente, muy parecida a las anteriores, y evoca claramente la estrategia habitual de la compañía: tomar un concepto que lleva inventado varios años pero que no ha recibido especial atención, y reinventarlo para dotarlo de popularidad.

En cierto sentido, la tendencia se encuadra también en movimientos ya conocidos y probados como el del Surface de Microsoft o el iPad Pro de Apple, que tratan de construir un ordenador portátil a partir de un dispositivo como el tablet.

La posibilidad de utilizar el smartphone como dispositivo prácticamente único, capaz de servir como ordenador en el bolsillo para tareas que llevamos a cabo cuando estamos en movimiento pero que se inserta en una docking station de algún tipo para usarlo como ordenador completo podría resultar seguramente muy atractiva, si no supusiese una pérdida de prestaciones o una incomodidad significativa, dentro del mundo de la informática corporativa, que podría simplificarse y abaratarse de manera sensible y, además, encajar dentro de las modernas tendencias de desvinculación del trabajador con un espacio físico concreto en el que está su ordenador, en el que pega sus post-it y en el que pone las fotos de sus niños.

¿Tiene sentido la sustitución del ordenador con un dispositivo como el smartphone? ¿Estamos, con el incremento progresivo de las prestaciones del smartphone, ante una idea de convergencia cuyo tiempo está llegando?

 

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La creciente importancia de las interfaces de voz

Amazon Echo Alexa skillsEl Departamento de Comunicación de IE Business School me pidió un pequeño vídeo sobre la importancia creciente de las interfaces de voz y el ecosistema que Amazon está consiguiendo desarrollar – y liderar – en torno a ese tipo de dispositivos, un tema sobre el que escribí recientemente a raíz del Consumer Electronics Show de Las Vegas y de las impresiones que dejó.

Para muchos usuarios, la idea de tener un dispositivo en el salón de su casa al que piden cosas tan variadas como que les ponga música, les encienda o apague las luces, les encargue una pizza o un Uber, les cuente las noticias o la previsión del tiempo, o un número creciente de habilidades que alcanza ya las diez mil sigue sonando a relativa extravagancia. Pero cuando vemos una tasa de adopción que supera ya los once millones de hogares y un desarrollo de ecosistema tan potente y comparable en muchos sentidos al que experimentaron las tiendas de aplicaciones hace algunos años, parece evidente que, como mínimo, “algo tiene el agua cuando la bendicen”, y que quien sea capaz de dominar ese entorno, habrá obtenido una clave muy importante sobre la que construir muchas cosas. De hecho, Google está intentando a toda velocidad construir una alternativa para competir en ese espacio con su Google Home, al tiempo que Microsoft o Apple lo hacen con sus esperados desarrollos. Amazon, mientras, con un dominio aplastante de ese entorno, se esfuerza por evitar que sus usuarios lo vean como una especie de espía agazapado en el salón de sus casas.

A continuación, el vídeo de dos minutos y medio, que ha aparecido ya en algunas publicaciones como Gestión (Perú) o El Economista (Centroamérica):

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Obsolescencia programada: ¿empresas o usuarios?

IMAGE: Jiri Vaclavek - 123RF

Fede Durán me llamó para documentar su artículo en Actualidad Económica titulado “Obsolescencia programada: ¿está limitada la vida de los productos?” (pdf). Hablamos sobre hasta qué punto las marcas crean productos específicamente diseñados para durar un tiempo determinado, o si cada día más, el desarrollo tecnológico va a tal velocidad que sencillamente hay productos cuya vida no tiene sentido prolongar, porque han surgido nuevas prestaciones desde que llegaron a nuestras manos que hacen que prefiramos adquirir uno de fabricación más reciente.

En muchos sentidos, el modelo de negocio de Apple, compañia mencionada específicamente por Fede en el artículo, consiste en dar a sus clientes una razón para acudir a sus tiendas y gastarse dinero todos los años. En un cierto número de dispositivos, aunque no en todos, las prestaciones que ofrecen los modelos recién puestos en el mercado eclipsan de tal manera a los anteriores, que generan una especie de frustración en una buena parte del mercado en caso de no proceder a su actualización, lo que genera segmentos de mercado que, en función de su poder adquisitivo y de la criticidad que otorgan a la función, oscilan entre actualizar únicamente cuando el dispositivo antiguo sufre una avería u ofrece prestaciones ya inaceptables, frente a adquirir los nuevos modelos prácticamente en el momento en que están disponibles. De hecho, para marcas como Apple, los problemas pueden surgir si el diferencial en prestaciones del nuevo modelo es percibido como no suficientemente llamativo o convincente, como pueden ser los casos del iPhone 7 o de los últimos MacBook Pro.

¿Cuánto debe durar un dispositivo como un smartphone o un ordenador? Algunos de sus componentes, como las baterías, miden su vida útil en términos de ciclos de carga, lo que lleva a que prolongar esa vida media nos genere una clara incomodidad. Si la marca opta por convertir en su diseño esa batería en no reemplazable, está claramente optando por una obsolescencia programada y condicionada a la duración de uno de los componentes que más rápidamente deteriora sus prestaciones. Que esa limitación tenga o no sentido está en función del incremento de prestaciones que la marca prevea para el resto de los componentes del dispositivo: si en el supuesto momento de reemplazar la batería, el diferencial de prestaciones del resto de los componentes es notable, lo normal será que la marca opte por proponer un reemplazo completo. Que los consumidores lo acepten o no de buen grado, o reclamen la protección de las autoridades competentes en materia de consumo depende básicamente de lo mismo: si en el momento en que el terminal pierde prestaciones, los nuevos no son diferencialmente mejores, seguramente expondrán sus quejas por verse obligados a actualizar un producto que, a su juicio, aún funcionaba perfectamente. En este factor, obviamente, influyen muchos otros elementos vinculados a la marca, a la fidelidad de sus usuarios, al componente de imagen que el producto lleve aparejado, etc.

La idea de “bien de consumo duradero” se ha modificado de forma brutal a lo largo de todas las categorías de productos, y supone una fortísima presión en términos medioambientales que muchos consideran completamente insostenible. Aunque en la mayoría de los electrodomésticos aún esperamos a que se nos estropeen para sustituirlos a pesar del componente cada vez mayor de tecnología que contienen, en el caso de un smartphone, de un tablet o de un ordenador resulta cada vez más habitual ver duraciones sorprendentemente cortas para el precio que poseen y que llegan al punto de cuestionar su clasificación como bienes de consumo duradero, y resulta igualmente normal ver tanto a las marcas como a muchos usuarios argumentar esa corta duración en función del avance de la tecnología. En la industria del automóvil, en cierta medida, pasa lo mismo, y es esa concepción de obsolescencia lo que está detrás de tendencias como el vehículo conectado, que permite actualizar determinados componentes y sistemas en determinados momentos de la vida del producto en lugar de mantener la concepción original de bien cuyas prestaciones permanecen igual, o incluso se deterioran, desde el momento que lo compramos hasta que nos desprendemos de él.

¿Querríamos realmente seguir usando un smartphone tres o cuatro años después de haberlo adquirido, mientras vemos pasar varias generaciones de modelos nuevos con prestaciones de las que nos apetecería disfrutar? En la respuesta a esa pregunta está la clave que nos lleva a deducir si la responsabilidad de la obsolescencia programada está realmente en los fabricantes de dispositivos… o en nosotros mismos.

 

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Abierto frente a cerrado: Apple y la inteligencia artificial

IMAGE: Nasirkhan - 123RFApple anuncia su incorporación a Partnership on AI, la alianza formada por compañías como Amazon, IBM, Facebook, Google o Microsoft, con el fin de compartir avances y mejores prácticas en el ámbito del desarrollo de machine learning e inteligencia artificial.

El movimiento se ve como un principio de apertura en una compañía que tradicionalmente ha llevado a cabo todo su desarrollo completamente por su cuenta, pero que se enfrenta ahora a un ámbito en el que las cosas no parecen ser tan sencillas. Apple fue vista como pionera en el campo de la inteligencia artificial debido al temprano desarrollo e incorporación al iPhone de su agente inteligente Siri, pero a lo largo del tiempo, las prestaciones de Siri han sido eclipsadas por desarrollos de otras compañías, y la han relegado a una posición percibida como mucho menos puntera. De hecho, la compañía parece tener importantes problemas a la hora de atraer talento en este terreno, y la razón principal que se atribuye para ello es precisamente su falta de apertura: lo que un desarrollador de inteligencia artificial parece necesitar en el momento actual es precisamente abrirse a la comunidad, compartir avances y novedades, y publicar sus logros para contrastarlos con otros desarrolladores, precisamente lo que Apple tiende a restringir a sus trabajadores. Para una compañía que tradicionalmente ha sido vista como un auténtico imán para el talento y cuyas ofertas son consideradas un objeto de deseo, la situación de ver cómo sus ofertas de trabajo son rechazadas sistemáticamente debe suponer una preocupación difícil de sostener en el tiempo.

La misión del Partnership on AI se establece como

… estudiar y formular las mejores prácticas en las tecnologías de IA, para avanzar en la comprensión pública de la AI y servir como una plataforma abierta para la discusión, el compromiso sobre la IA y sus influencias sobre las personas y la sociedad.

Indudablemente, una oportunidad para que las compañías participantes compartan un foro común en el que monitorizar progresos y discutir prácticas… pero claramente, el tipo de espacio en el que nunca ha sido habitual encontrar a la compañía de la manzana. La inteligencia artificial, como entorno de desarrollo acelerado y con fuertes posibilidades de convertirse en estratégico – o en llegar incluso a representar un digital divide entre las compañías que la adoptan y las que no – demanda nuevas formas de entender la competitividad, formas que puede resultar complicado acomodar en la cultura corporativa hermética de Apple, basada en un fuerte secretismo. Si el anuncio de ayer supone de alguna manera el principio de un proceso de apertura en este sentido, muchos lo valorarían como algo indudablemente positivo…

 

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La actualización tecnológica y el dilema de la propiedad

IMAGE: Maridav - 123RFUna contestación de Elon Musk a través de Twitter al propietario de un Tesla que pedía opciones para modernizar su vehículo con el fin de poder incorporar al mismo algunos de los nuevos desarrollos pone de manifiesto el cada vez más acuciante dilema entre adquirir productos basados en tecnología – cada vez más, la práctica totalidad de los productos – frente a alquilarlos, a pagar una cuota por disponer del derecho a utilizarlos.

La contestación de Musk es absolutamente clara y categórica: la velocidad de innovación es absolutamente clave para la compañía, sus vehículos van a ofrecer actualizaciones importantes cada 12 ó 18 meses, y aplicar los recursos necesarios para poder ofrecer opciones de actualización a vehículos vendidos anteriormente implicaría que el ritmo de innovación cayese drásticamente. Por tanto, según Musk, un Tesla, a pesar de su elevado precio, es un vehículo que está destinado a quedarse obsoleto – o al menos, a no poder incorporar los últimos desarrollos creados por la compañía – en cuestión de un año o año y medio desde la fecha de su adquisición, y si alguien no lo ve así y esa situación le va a suponer algún tipo de frustración, es posiblemente mejor que adquiera un vehículo de otra marca. Muchos opinan que el futuro consiste en que los automóviles terminen siendo vendidos a operadores de flotas capaces de amortizarlos con un uso continuo, en lugar de ser adquiridos por usuarios finales cuyas necesidades de transporte ocupan generalmente menos del 5% del tiempo de uso del vehículo y tan solo una fracción de su capacidad: si la evolución tecnológica nos lleva a plantearnos el transporte como un servicio en lugar de como un producto, las decisiones de renovación del parque pasarían a ser una variable financiera en manos del operador, que puede plantearse otros canales para dar salida a los vehículos parcialmente amortizados, o simplemente proceder a su reciclado.

El planteamiento es aparentemente similar al de los productos ofrecidos por otra de las compañías de Musk, Solar City: las instalaciones de generación de energía solar. Cambiar el tejado de una vivienda es una opción que supone una inversión relativamente elevada que debe amortizarse mediante el ahorro generado por la propia instalación a lo largo del tiempo. Pero los equipos de generación de energía solar están sujetos a una ley de Swanson que implica que su precio disminuye aproximadamente a la mitad cada diez años al tiempo que se incrementa su eficiencia, lo que implica que quien invierte en una instalación de este tipo podría encontrarse con un nivel de obsolescencia que recomendase su reemplazo al cabo de los años. Con las baterías y acumuladores ocurre un problema similar: su vida útil se mide en ciclos de carga, lo que la convierte en limitada. Algunas compañías, con el fin de reducir el impacto inicial del coste de los materiales y de la instalación, ofrecen alternativas como la de que sea la compañía la que alquila el espacio en el tejado de la casa o las baterías y explota la electricidad producida, de manera que el propietario del inmueble paga únicamente una cuota en la que se incorpora su ahorro energético. En esas condiciones, es la compañía la que decide en qué momento el diferencial de eficiencia recomienda proceder al reemplazo de las instalaciones, al tiempo que plantea otras opciones para cuando las condiciones climáticas no permiten generar suficiente energía. Un negocio fundamentalmente financiero, que trata de hacer accesible la energía solar a más usuarios.

¿Veremos ese tipo de fórmulas y opciones en gamas de productos cada vez más amplias? Llevándolo a otro nivel de gasto inferior, resulta interesante ver como Apple, por ejemplo, dispone en algunos países de un iPhone Upgrade Program en el que ofrece a los usuarios convertir la posesión de un iPhone en un leasing en el que pagan una cantidad mensual, pero reciben un terminal nuevo cada vez que la marca lo pone en el mercado. ¿Nos aboca el rápido progreso tecnológico a un futuro en el que, con el fin de protegernos de la obsolescencia, tenderemos a alquilar en lugar de comprar?

 

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Recordando el primer iPhone

iPhone transparent screen - Enrique DansEn el décimo aniversario del lanzamiento del primer iPhone, Jose Manuel Sánchez me envió dos preguntas para un artículo que estaba preparando para ABC. El título final, “Apple, el gigante que se tambalea y echa de menos el talento de Steve Jobs” (pdf), no refleja especialmente mi opinión al respecto, pero incluye algunos de mis comentarios, y me ha hecho recordar aquella época.

Viví la presentación del iPhone el 9 de enero de 2007 desde el CES de Las Vegas, comprobando cómo el lanzamiento de un solo dispositivo por parte de una compañía que ni siquiera estaba allí era capaz de robar completamente el protagonismo a todo el resto de la poderosa industria de la electrónica de consumo. Ya en aquel momento, la sensación de que Apple tenía la capacidad de marcar la agenda de toda la industria era clara y evidente.

Poco tiempo después, tuve la oportunidad de probar mi primer iPhone, al que hice la fotografía que aparece sobre estas líneas (que terminó incluida en un artículo de Wired). En aquellos tiempos yo era un devoto de BlackBerry, un dispositivo cuyo teclado echaré de menos toda la vida. Mis primeras impresiones sobre el iPhone no fueron especialmente buenas: el uso que hacía de la BlackBerry entonces ya se acercaba mucho a la idea de smartphone, de aparato en el que hablar por teléfono era lo menos importante y lo interesante era la capacidad de conexión y de correr aplicaciones, y aunque el planteamiento del iPhone me pareció profundamente disruptivo – y así lo dije en una sesión de formación a la propia RIM en junio del 2007 – seguí utilizando BlackBerry hasta 2010, año en el que comencé a utilizar terminales Android.

No volví a iPhone hasta mediados de 2015, y sin considerarme un fanboy de la compañía, sigo pensando que aunque cubrir el hueco que dejó Jobs es un reto difícil, la compañía no está pasando por ningún mal momento derivado de ello – o si lo está, espero que mis peores momentos sean como el que actualmente está pasando Apple. Estratégicamente, la compañía sigue marcando muchas de las tendencias en electrónica de consumo, sigue manteniendo un liderazgo importante en muchos aspectos, sigue manteniendo su capacidad de reinvención de categorías, y sigue vendiendo productos con una calidad que sigo considerando diferencialmente superior.

A continuación, el texto completo de las preguntas y respuestas que intercambié con Jose Manuel:

P. ¿Qué crees que ha aportado el iPhone?

R. El iPhone aportó prácticamente todo lo que hoy entendemos como smartphone, que no es poco: con el iPhone pasamos de considerar los terminales como teléfonos, como aparatos cuya funcionalidad principal era hablar, a considerarlos como ordenadores de bolsillo, cuya función era correr apps que proporcionaban todo tipo de funciones y que, eventualmente, podía servir también para hablar por teléfono. El planteamiento era tan radical, que muchos tardaron años en darse cuenta, y cuando lo hicieron, ya todas las marcas lo habían copiado y teníamos toda una generación de usuarios que utilizaban sus terminales de una manera completamente distinta. Pocos productos han generado un cambio de consideración tan fuerte y han conseguido instalarse de tal manera en nuestras vidas como el smartphone, y todo proviene del cambio que supuso el lanzamiento del iPhone. 

P. ¿Crees que, desde la muerte del fundador de Apple, Steve Jobs, la compañía no ha sido protagonista de los grandes cambios tecnológicos, ha perdido capacidad de innovar y no ha presentado ningún producto considerado como revolucionario?

R. La capacidad de Apple para innovar depende de las categorías en las que es capaz de plantear reinvenciones. Lo hizo con el ordenador personal (había muchos ordenadores, pero el Mac reinventó la idea de ordenador personal), lo repitió con el iPod (que lideró la categoría “reproductor MP3” antes de que desapareciese), lo volvió a hacer con el iPad, que revitalizó y reinventó completamente la categoría tablet, y lo ha vuelto a hacer, aunque aún de manera tímida, con el smartwatch. A mí, una compañía que es capaz de, en un solo evento, replantear cómo pagamos, como accedemos a la música y cómo utilizamos un reloj me parece que tiene aún mucho músculo innovador, y eso lo hizo Apple en un evento hace tan solo dos años. Por otro lado, el ciclo entre la reinvención y la imitación se ha acortado mucho, lo que hace que cada vez más, Apple tenga menos tiempo para explotar las categorías que reinventa antes de que surjan competidores con planteamientos similares, y eso lleva a que se refugie en la creación ya no tanto de productos, sino de ecosistemas. En cualquier caso, y aunque Steve Jobs fuese un genio cuyo espacio es difícil de llenar, no me parece en modo alguno que Apple esté pasando por ningún tipo de sequía innovadora.  

 

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Replanteando el papel del transporte

US Department of Transportation (DOT)El Departamento de Transporte de los Estados Unidos crea un comité al máximo nivel dedicado al estudio de los posibles impactos de la automatización del transporte en la sociedad, que incluye a máximos directivos de empresas de automoción, a académicos y estudiosos del ámbito del transporte, políticos y gestores públicos, y otras compañías interesadas en el tema y que juegan un papel destacado en el desarrollo de la cuestión, tales como Waymo, Uber, Lyft, Delphi o Apple.

El comité está dirigido por Mary Barra, la CEO de GM que recientemente expresó muchas de sus revolucionarias visiones de futuro sobre la automoción en esta recomendable entrevista, y por el alcalde de Los Angeles, Eric Garcetti, un convencido defensor de la movilidad eléctrica.

La iniciativa, que muestra las inquietudes e interés de la administración norteamericana en un desarrollo tecnológico que sin duda tendrá un fuerte impacto en los usos y costumbres sociales y en cómo vivimos a un relativo corto plazo calculado ya en torno a los tres años, refleja bastante bien el estado de las cosas que pude pulsar en mi reciente visita al NAIAS de Detroit: una industria que vive un momento de auténtico juego de las sillas musicales, en la que las alianzas entre fabricantes, gestores de flotas, socios tecnológicos y demás implicados están jugando un papel fundamental. Mientras algunas compañías como Tesla, Ford o GM parecen estar apostando fundamentalmente por desarrollos de vehículos autónomos fundamentalmente propios e independientes, otras como Toyota, Audi o BMW parecen jugar más la baza de la colaboración con proveedores tecnológicos como Mobileye, Intel, Nvidia u otros, otras como Daimler desarrollan sus propios gestores de flota con Car2go o MyTaxi, o desarrollan productos con gestores de flotas, como Volvo con Uber, y otras como Waymo parecen optar por la integración y fabricación de cada vez más de sus sensores y componentes y por ofrecer sus servicios a compañías como Fiat Chrysler.

Mientras algunos siguen simplemente insistiendo en modelos en el que se sustituyen vehículos de gasoil y gasolina por eléctricos en torno a un esquema de propiedad individual, escenario en el que la mayoría de los problemas persisten o incluso se empeoran, otros ya parecen darse cuenta de que nos dirigimos, si todo va bien, a planteamientos completamente distintos, en los que la movilidad se plantea como servicio, los vehículos pertenecen a flotas que los explotan con niveles de racionalidad muy superiores a lo que podemos esperar en una persona o familia, que únicamente puede aspirar a usos de en torno a un 3% del tiempo. La idea de una explotación individual del vehículo autónomo, sencillamente, no tiene ningún sentido desde el punto de vista económico, y generaría escenarios en los que el volumen circulatorio, por culpa de desplazamientos de vehículos vacíos en determinados trayectos o en busca de espacio de aparcamiento, podría llegar a elevarse en lugar de disminuir.

Mientras, la vieja industria sigue dando sus últimos coletazos: Volkswagen se reconoce culpable ante la justicia norteamericana y se compromete al pago de una multa de 4,300 millones de dólares al gobierno federal, sanción a la que habrá que sumar el resultado de las demandas de los consumidores, que discurren de manera independiente. Dos directivos de la compañía, el director de ingeniería y el de cumplimiento normativo, acusados de cargos criminales, reflejan lo que ocurre cuando la industria decide ignorar su papel en el problema más importante al que nos enfrentamos actualmente, el cambio climático, e insiste en seguir fabricando motores sucios.

A este tipo de temas tema dediqué esta semana mi columna en El Español, que titulé “Automóviles y ética empresarial“: una industria que se resiste al cambio y que supuestamente pretende seguir manteniendo sus líneas de producto inalteradas, retrasando una transición fundamental hacia tecnologías limpias que ya están disponibles, y que solo precisan de la inversión en escala necesaria para convertirlas en realidad a nivel masivo. Si la industria se descuida y no se reinventa a tiempo, se encontrará ante la peor situación imaginable: ser considerados como los auténticos sucesores de la industria tabaquera. Mientras las cosas sigan así, y el principal producto de la industria del automóvil sigan siendo motores con emisiones que nos envenenan, que no me vengan a hablar ni de ética, ni de responsabilidad social corporativa, por favor…

 

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La voz como interfaz universal

Amazon Echo (top)Todo indica que Amazon está logrando configurarse como el gran ganador del CES 2017 de Las Vegas gracias a Alexa, la interfaz de voz de su Echo, y a su integración con cada vez más productos de todo tipo. La victoria de Amazon es fruto de una experiencia acumulada de más de dos años, de apalancarse en la importantísima base de clientes de Amazon Prime, y de una API brillante y abierta que permite que marcas de todo tipo incorporen la ya muy pulida interfaz conversacional  a todo aquello que la imaginación permita: interruptores, electrodomésticos, monitores para bebés, robots y hasta automóviles. En el fondo, la estrategia que Amazon lleva años haciendo fenomenalmente bien y que aplicó a aspectos como la logística o los servicios web: desarrollar para sus productos y necesidades, y posteriormente abrirlos a todos aquellos que los quiera usar.

Gracias a esa victoria, se vuelve a hablar del futuro de las interfaces de voz para todo, y de la importancia de que la tecnología desaparezca de nuestra vista y dé lugar a acciones cada vez más simples. El atractivo de entrar en tu casa y simplemente pedir de viva voz que se enciendan las luces, suene la música o se encienda la televisión solo es tal cuando la interfaz te entiende a la primera y de forma inequívoca, no cuando tienes que pelearte con el asistente para que al final te acabe diciendo que “esto es lo que he encontrado en internet sobre…”. El desastre de Siri, que la inmensa mayoría de los usuarios acabamos utilizando únicamente para dos funciones probadas o no utilizando en absoluto, es una buena prueba de lo que ocurre cuando un asistente no se optimiza adecuadamente. En ese sentido, la experiencia de usuario obtenida por Amazon parece incidir precisamente en eso: que hace muy bien todo aquello que Siri hace rematadamente mal.

En la batalla de la voz, Amazon se perfila como un muy claro ganador ante el SDK de una Apple con muy mala fama; ante una Google que, aunque se anuncia como un firme contendiente, únicamente acaba de llegar a la categoría; y ante una Microsoft a la que se sigue esperando. La experiencia, en el caso de los interfaces de voz, resulta fundamental: la capacidad de entender nuevas palabras, de desarrollar mayor tolerancia a errores o a determinados acentos, o de entender frases incompletas o expresadas de formas gramaticalmente incorrectas es algo que mejora a medida que acumulamos experiencia, una experiencia que, además, se deriva del uso distribuido de todos los dispositivos de la red. Para Amazon, que carece de una posición desarrollada en el mercado smartphone como tienen Apple o Google, contar con más de cinco millones de dispositivos en hogares norteamericanos, británicos o alemanes ofrece un muy buen comienzo, pero la posibilidad de ampliar esa base de uso a muchos más dispositivos y contextos es susceptible de generar una ventaja mucho mayor. Y si hacemos caso de las tendencias reflejadas en el mercado norteamericano, todo indica que el gesto de interactuar mediante la voz se está popularizando más y convirtiéndose en más natural a nivel del salón del hogar que frente al smartphone, donde no deja de resultar relativamente artificioso e incómodo salvo en contadas ocasiones. En mi caso, acabo utilizando a Siri únicamente para preguntar a qué hora se juega algún partido, el tiempo que hace o pedirle que me cronometre una taza de té, mientras que las oportunidades para pedirle cosas a un asistente doméstico – que funcione bien, obviamente – tienden a ser mucho más frecuentes y solaparse con las ya citadas. Es posible que la estrategia de darle oídos a un cilindro con siete micrófonos colocado en el salón haya terminado siendo más eficiente que la de dárselos a un smartphone que llevamos en todo momento en el bolso o bolsillo. Y si ahora además la estrategia de integración de Amazon funciona, como su éxito en el CES parece indicar, es posible que nos encontremos con la amiga Alexa en cada vez más sitios y asociada a más objetos.

¿Qué porcentaje de nuestra interacción con la tecnología va a desplazarse hacia interfaces de voz en los próximos tiempos? Si hacemos caso a las tendencias reflejadas en CES, todo indica que puede llegar a ser bastante significativo.

 

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La banca y la disrupción

IMAGE: Lorelyn Medina - 123RFMi columna en El Español de esta semana se titula “Facebook Bank“, y habla de la licencia bancaria obtenida en Irlanda por la red social a los dos años de solicitarla, y de cómo podría afectar la progresiva entrada de las compañías tecnológicas a nivel internacional en el ámbito de los servicios de banca, como ha ido ocurriendo en los Estados Unidos con ejemplos tan exitosos como Square, Venmo (perteneciente a PayPal) o Snapcash (lanzado por Snapchat en combinación con la primera), entre otros. 

¿Qué pasa cuando compañías enormes, las llamadas GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon) comienzan a invadir tu negocio? No, mantener un sistema de pago entre particulares no es lo mismo que hacer banca, te dicen… es solo la parte sencilla del negocio, te dicen, nosotros hacemos muchas más cosas. Sí, pero esa parte sencilla del negocio acostumbra al cliente a que determinadas operaciones que hace a menudo pasan a tener como protagonista a alguien que no es un banco, y que por las razones que sea, funciona de una manera que no les resulta incómoda: mejores interfaces, mejor uso de la información, mejor atención al cliente, mejor imagen, mayor nivel de innovación… e incluso más fondos!

Los bancos juegan con un lastre: en la mayoría de los mercados, tienen una percepción mala, una imagen negativa. Pueden jugar a agruparse, ofrecer sistemas sin comisiones o tratar de ser vistos como innovadores, pero la verdad es que otras compañías juegan más fuerte que ellos en su propio terreno porque, después de todo, hablamos de un negocio ya puramente digital desde hace mucho tiempo. Los pagos son prácticamente la última frontera analógica que quedaba, y cuando esa desaparezca del todo, poco más quedará para defender. ¿Pretenden las grandes compañías tecnológicas ser los nuevos bancos? No en breve, como tampoco se han lanzado a ser las nuevas discográficas o los nuevos periódicos… pero sí se han posicionado impecablemente para ello. Los pagos, como el streaming en la música o como las plataformas de tipo AMP o Instant Articles en la prensa, son solo una cabeza de puente: lo que viene detrás, el cómo y el cuándo están aún por ver.

Para la banca vienen tiempos complicados. Y la solución, como algunos ya parecen haber visto claramente, no es considerar a esas compañías como enemigos o como simples competidores al uso. La cosa va más por otros derroteros…

 

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