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Por qué las elecciones al Parlamento de los Estados Unidos de 2018 van a ser muy importantes

US midterm elections 2018El próximo día 6 de noviembre de 2018 tendrán lugar la mayoría de las elecciones al Parlamento de los Estados Unidos 2018, de cuyo resultado dependerán los 435 escaños de la Cámara de Representantes o Congreso, 35 de los 100 escaños del Senado, 39 gobiernos estatales y territoriales y numerosas elecciones estatales y locales más. Generalmente, la trascendencia de las elecciones parlamentarias norteamericanas es bastante relativa a nivel internacional, contrariamente a lo que ocurre con sus presidenciales. Sin embargo, en esta ocasión confluyen una serie de circunstancias que las convierten en enormemente importantes a todos los niveles, en un evento muy digno de ser seguido con gran interés.

Resulta evidente que el título de esta entrada es una obviedad: prácticamente cualquier proceso electoral en los Estados Unidos tiene un nivel de influencia que es susceptible de afectar a todo el mundo, pero en este caso, la cuestión va bastante más allá. El refuerzo del sistema de contrapoderes es necesario más que nunca para poder frenar las iniciativas del presidente más peligroso, más dañino y más mentiroso de la historia, del que hasta el momento representa seguramente el ejemplo más elevado de manipulación colectiva de un resultado electoral. Decisiones como la política medioambiental o la guerra comercial, que afectan a todo el mundo, podrían tener que replantearse o ver disminuida su virulencia si Donald Trump pasase, como resultado de estas elecciones, a estar en una situación de minoría parlamentaria.

El proceso por el cual aquellas mismas redes sociales que posibilitaron revoluciones como la primavera árabe se convirtieron en algo capaz de hacer posible el triunfo de Donald Trump en 2016 está cada vez más siendo objeto de un estudio pormenorizado y exhaustivo, al tiempo que esas mismas redes sociales que fueron tan fuertemente instrumentalizadas tratan de evitar que procesos de ese tipo puedan llegar a repetirse. La interferencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016 llegó hasta el punto de analizar quiénes podían ser los cinco tipos de votantes de Trump, y a diseñar cuidadosamente estrategias para llegar a ellos con la colaboración de un equipo de la propia Facebook que, en estas próximas elecciones pretende ofrecer un nivel de soporte directo muy inferior.

La campaña electoral y la llegada de Donald Trump a la presidencia ha tenido un efecto en cómo los jóvenes ven las noticias, y ha dado lugar a una crisis de confianza que, sin duda, afectará a una generación que parece rechazar cada vez más las redes sociales y los efectos derivados de haber aprendido a utilizarlas sin ningún tipo de educación al respecto. Es muy posible que muchos votantes de Trump hayan, en un clima de crítica constante a su presidente, radicalizado más aún si cabe sus posiciones, pero también lo es que muchos se hayan dado cuenta, a pesar de la bonanza económica por la que pasa actualmente el país, de los posibles efectos de tener a un sujeto así en la Casa Blanca.

Unas elecciones que pueden marcar un hito en lo político – ver a Donald Trump tratar de gobernar con un Parlamento mayoritariamente en contra puede ser digno de una serie de televisión – pero, sin duda, lo van a marcar de de cara a la ciencia del marketing electoral. Los resultados de la investigación del fiscal especial Robert Mueller, la profusión de análisis periodísticos al respecto, la detención de cada vez más colaboradores cercanos del presidente y de todo tipo de implicados en el asunto y la divulgación pública de muchos de los anuncios que la inteligencia rusa utilizó para influenciar a los votantes norteamericanos han dado lugar a un clima electoral enrarecido, en el que muchos votantes empiezan a plantearse cada cosa que leen, cada mensaje que reciben, en busca de posibles estrategias de segmentación. Lo que antes eran anuncios simplemente incómodos o machacones en período electoral, ahora son vistos por muchos como parte de posibles conspiraciones destinadas a radicalizar sus ideas o influenciar sus votos.

El análisis del resultado de estas elecciones, que se juegan con campañas a nivel estatal o local, puede llegar a dejar muchas claves de cómo va a evolucionar la comunicación política en el futuro, no ya en los Estados Unidos, sino en todo el mundo. Habrá que estar atentos.

 

 

 

This post is also available in English in my Medium page, “Why the US mid-term elections are so important” 

 

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Tecnología y habilidades humanas: una conversación interesante en el Hay Festival

IMAGE: Roberto ArribasDentro de la programación del Hay Festival que está teniendo lugar en Segovia, esta mañana tuve la oportunidad de mantener una interesante conversación con Marta García Aller, periodista, profesora y autora del muy inspirador libro “El fin del mundo tal y como lo conocemos” y con Scott Hartley, ex-Google, capitalista de riesgo, profesor en el Harvard’s Berkman Center for Internet & Society y autor de otro libro también interesantísimo, The fuzzy and the techie. Una de esas oportunidades en las que, de verdad que no es por ser tópico, se termina el tiempo y te parece que llevas cinco minutos y que seguirías hablando horas con esas personas y sobre ese tema. Si consigo localizar alguna grabación de la sesión, la enlazaré aquí. 

Marta abrió con dos preguntas provocativas, sobre noticias de ayer de El Mundo y El País: la primera, sobre el sexo con robots y su posible regulación (un tema sobre el que hemos hablado en algunas ocasiones y al que, de hecho, suelo recurrir cuando me parece que una clase no tiene una dinámica suficientemente participativa). La segunda, sobre el fútbol, y concretamente sobre la posibilidad de que un algoritmo sea capaz de predecir lesiones o, especulando, que pueda llegar a tomar decisiones sobre los sueldos que deberían cobrar. Indudablemente, una manera de entrar en el debate por la puerta grande con temas populares como el sexo y el fútbol, pero que rápidamente dio paso a cuestiones mucho más centradas en el tema central de la sesión: hasta qué punto son importantes las habilidades humanas y los conocimientos no intrínsecamente tecnológicos en un futuro aparentemente cada vez más dominado por las maquinas.

Mi intento de aporta cuestiones interesantes al debate se centró en el hecho de que cada día más, lo importante no es la tecnología, sino los procesos de adopción de esa tecnología. Cada día tengo menos dudas acerca de las posibilidades de la tecnología de estar a la altura y ofrecer soluciones a la práctica totalidad de los problemas del mundo actual: podríamos perfectamente recurrir a la tecnología para reducir las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera hasta prácticamente la mitad, o para reducir a un porcentaje casi testimonial los muertos en carretera, por citar dos problemas importantes a muy diferentes niveles… pero sencillamente, no lo hacemos, porque los procesos de adopción están detenidos por resistencias que deberían avergonzar hasta el límite a todos los que las manifiestan, pero que siguen ahí, sólidamente cimentadas, impidiendo que resolvamos problemas importantísimos: decisiones políticas, ignorancia y tópicos, cuestiones económicas, el bienestar de los que se dedican a conducir vehículos, los beneficios de las empresas que los construyen o de las que extraen y comercializan petróleo, o las supuestas libertades individuales – algunos lo equiparan hasta con un supuesto “derecho humano a conducir vehículos con motor de explosión” – de las personas para decidir cómo, cuándo y qué conducen, como si existiese algún derecho que consagrase la libertad de alguien de ir pegando tiros por la calle y matando – en este caso de cáncer o de enfermedades respiratorias  – a los que tienen la mala suerte de pasar por ella.

No, el problema no está en la tecnología ni en los tecnólogos, que están haciendo su trabajo en general notablemente bien: está en la escasez, cuando no ausencia, de personas de otras ramas, tales como filósofos, educadores, historiadores o, en general, profesionales de las Humanidades capaces de añadir a esos procesos de adopción elementos no tecnológicos, sino de otros tipos, planteados en muchas ocasiones desde perspectivas humanísticas. Solo analizando la historia podemos entender que la revolución que trae consigo el machine learning no va a terminar con nuestros trabajos y convertirnos en inútiles, sino a potenciarnos y a proporcionarnos nuevos tipos de trabajo mucho más interesantes y vocacionales. Únicamente analizando el asunto desde un prisma filosófico o ético podemos entender y divulgar que hay determinados tipos de trabajo que no debería hacer un ser humano, y que el hecho de que haya personas viviendo de ello ahora mismo no es el problema, el problema está en el coste que eso representa para la sociedad, y por tanto, el qué ofrecer a esas personas para que dejen de hacer lo que hacen. Todo ello con el protagonismo total de un ámbito, la educación (una opinión lógica en mi caso de la que he hablado en otras ocasiones, dado que es bien sabido que para quien tiene un martillo, todo problemas es un clavo 😉 que se ha convertido en el verdadero problema: hemos renunciado a educar en tecnología, a introducirla en el proceso educativo, y por tanto, no somos más que idiotas sin idea de lo que hacen tratando de guiarnos mediante ensayo y error en un entorno desconocido, sin referencias válidas, y con el riesgo de ser influenciados y manipulados por actores perversos con fines de todo tipo.

En ese sentido, en la educación, estamos de hecho yendo hacia atrás: la decisión de Francia de prohibir los smartphones en los colegios marca un mínimo en el nivel de estupidez al que el ser humano es capaz de llegar, trata de convertir los colegios en un reducto al margen de la tecnología, impide que se desarrollen habilidades digitales y, sobre todo, reduce la capacidad de exponer a los estudiantes a más fuentes de información, vital para el desarrollo del pensamiento crítico y fundamental, por ejemplo, para evitar que sean afectados por las llamadas fake news. Pero más preocupante aún: la decisión de Macron en Francia sirve ahora para justificar a políticos idiotas de todo el mundo, como es el caso de España, que quieren imitar a Francia sin hacer ningún intento de planteamiento adicional. No, los smartphones no “distraen” a los niños, o lo hacen únicamente si renunciamos a integrarlos completamente en el proceso educativo, a utilizarlos como herramienta para acceder a información en lugar de libros de texto considerados como “la única fuente del conocimiento”, y a fomentar el desarrollo del pensamiento crítico cambiando drásticamente la metodología de las clases: eso, y no prohibir los smartphones, es lo que tendríamos que estar planteándonos hacer, porque la función de la educación, en gran medida, es la de enseñar a los niños a desenvolverse en el mundo, y el mundo actual está lleno de smartphones y de tecnologías relacionadas que resultan ya fundamentales para desenvolverse en él. En el mundo actual, el idiota no es el que no se sabe la lista de los ríos, las capitales de provincia o los reyes de su país, sino el que no es capaz de utilizar una herramienta tan potente como un smartphone para averiguarlo rápidamente y con las adecuadas garantías. Querer convertir los colegios en la aldea de Asterix, en irreductibles fortalezas al margen de la tecnología, es una de las mayores y más soberanas estupideces que hemos llegado a perpetrar como sociedad.

Scott incidió en una cuestión que me pareció también importante: el hecho de que en el desarrollo de tecnología, hablemos de algoritmos o de diseño, existen innumerables decisiones que conllevan fuertes implicaciones éticas o filosóficas, que se manifiestan en el hecho de que un smartphone no impida escribir o enviar mensajes cuando está en un vehículo y permita, por tanto, que el conductor envíe mensajes mientras conduce, o que no se introduzcan ciertas garantías que eviten que un timeline de Facebook sea tomado por actores perversos que tratan de manipular a su propietario. Por supuesto, en ese tipo de procesos que evalúan las consecuencias de las tecnologías sería interesantísimo contar con profesionales capaces de evaluarlas desde un punto de vista más humanista. Pero no olvidemos que la función de las empresas de tecnología es crear tecnología, y que no podemos jugar a intentar prevenirlo todo, porque sencillamente, no tendremos ni idea de lo que intentamos prevenir, y el exceso de precauciones terminará por impedir o dificultar enormemente el desarrollo tecnológico.

La discusión paró ahí por falta de tiempo, pero me pareció verdaderamente interesante, digna de una entrada en la que intentase dejar algunas de las ideas, algunos enlaces y algunos de los temas de discusión – o cuando menos, mi impresión personal sobre ellos – plasmadas en algún sitio.

 

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La era de la tecnología que siente

IMAGE: TheDigitalArtist - Pixabay (CC0)Dentro del despliegue de Amazon para presentar sus nuevos dispositivos, que ya habíamos anticipado en una entrada anterior, hay un tema que ha pasado relativamente desapercibido, pero que creo que tiene una importancia potencialmente radical: la idea de dotar a esos dispositivos de una inteligencia que vaya más allá de entender simplemente las palabras o frases que escucha, sino de entender matices o elementos adicionales, tales como el tono de voz, las interferencias u otros elementos que pueda llegar a escuchar y que sean susceptibles de indicar determinadas situaciones.

¿De qué hablamos realmente? Por ejemplo, de la posibilidad de susurrar algo a tu asistente, y que este entienda que no debe responder a todo volumen, porque posiblemente haya una persona durmiendo cerca o algún otro tipo de circunstancia que lo desaconseje. O que entienda por tu voz si estás enfadado o tranquilo. O incluso que sea capaz de activar determinadas funciones si detecta ruidos u otras variables que considera que pueden indicar que se está produciendo, por ejemplo, un robo o un incendio en tu casa.

¿Qué puede implicar dotar a una tecnología como la de los asistentes domésticos de una capa de inteligencia, por así decirlo, “sensible”, o capaz de adquirir un cierto nivel de empatía con su entorno? La primera capa resulta bastante sencilla de interpretar: hacer que tu asistente te entienda mejor porque sea capaz de separar, por ejemplo, los comandos que le das del sonido ambiente, del altavoz de la televisión o del ruido de una conversación es indudablemente positivo, e incide en una mayor satisfacción en el uso del producto (si cometes el error de situar tu Amazon Echo o tu Google Home cerca de la televisión sabrás a lo que me refiero). La segunda capa, a mi entender, va un poco más allá: que tu dispositivo sea capaz de escuchar, por ejemplo, un cristal roto, o un incremento de la temperatura o de la humedad poco habitual, y a partir de ahí pueda, de manera autónoma, tomar decisiones como la de activar una cámara, enviarte un mensaje o avisar a un servicio de emergencia como policía o bomberos en función de lo que ha detectado nos ofrece una gama de posibilidades mucho más amplia, al tiempo que posibilita también errores más clamorosos si lo hace mal.

Un algoritmo es perfectamente capaz, al nivel actual, de reconocer el sonido de un cristal roto. Pero a partir de ahí, tiene que seguir escuchando, y deducir si se te ha caído un vaso y no hay más problema que barrer los pedazos, o si se trata de un ladrón que ha entrado por una ventana, algo que requiere un nivel de inteligencia algo más sofisticado. Pero de nuevo, hablamos de una capa de servicios que, dentro de unos límites, podrían considerarse como “de conveniencia”, de inteligencia adicional que puede llegar a ser muy útil en determinadas casuísticas, y que posiblemente, ante la tesitura de encontrarnos mejor protegidos en caso de robo, incendio, inundación, etc., pocos optarían por desconectar. Y que, por otro lado, proporciona posibilidades ilimitadas: ¿podría una mujer que se siente amenazada por violencia doméstica, por ejemplo, introducir un algoritmo que la detecte y avise discretamente a la policía? ¿Qué connotaciones puede llegar a tener algo así?

La tercera capa me resulta un poco más compleja, y sin embargo, lo digo a sabiendas de que muy posiblemente, en poco tiempo, será una parte normal de mi día a día: que la máquina al otro lado entienda mi estado de ánimo, mi nivel de estrés o mi situación cuando le pido algo. Que entienda si estoy frustrado, si tengo prisa, si estoy siendo irónico o si busco una respuesta seria. Por el momento, las veces que la Siri de Apple cree detectar ironía en una pregunta y te responde eso de “buena pregunta” pensando que es un chiste me resultan más irritantes que otra cosa, en parte porque aún no tengo la costumbre de “hablar” o “conversar” como tal con mi asistente robótico. ¿Puede llegar un momento en el que sí lo hagamos? Confieso haber dedicado ratos de atasco o de camino del trabajo a casa a pedirle cosas a Siri e intentar entender cómo contesta, qué lógica sigue o qué capacidades inesperadas encuentro, y es bien sabido que hay una amplia gama de capacidades de este tipo de asistentes que son meramente chistes, curiosidades o detalles simpáticos introducidos por desarrolladores, aunque tiendo a pensar que son más para un tema de “mostrar a tus amigos lo que el cacharrito hace” que como forma de promover una conversación real. Pero también hay muchos casos de tecnología que usamos como simple acompañamiento, personas a las que no les gusta estar en su casa en silencia y prefieren tener la televisión puesta aunque no estén viéndola, simplemente porque hace compañía. ¿A qué podemos llegar explorando ese ámbito?

¿Hablar con tu asistente y mantener una conversación en la que te informa sobre un tema determinado, mientras detecta, por las inflexiones de tu voz, en qué situación estás? ¿Que te lea un libro con la entonación adecuada a cada situación, en lugar de con una voz plana? ¿Que te lea las noticias y te permita navegar por ellas, pidiéndole que te amplíe un tema o busque información adicional en otras fuentes? ¿Que detecte las noticias que te han interesado anteriormente y te alerte cuando surjan otras relacionadas? Si ponemos dispositivos capaces de escucharnos en cada uno de los sitios en los que pasamos algo de tiempo y en donde podemos pedirles cosas, la idea de aprovechar sus posibilidades a tope discurre entre el miedo a la pérdida de privacidad, y el potencial atractivo que esas funcionalidades puedan tener. Y al ritmo que va esto, que nuestros hogares se llenen de este tipo de dispositivos es solo cuestión de tiempo, de dinámicas de adopción y de desarrollo de más y más aplicaciones que más personas puedan considerar interesantes.

Es tiempo de dejar los tópicos a un lado y de ponerse a especular.

 

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Aseguradoras, wearables y el futuro del cuidado de la salud

John HancockJohn Hancock, una de las aseguradoras más grandes y más antiguas de los Estados Unidos, adquirida en 2004 por la canadiense Manulife, ha anunciado que dejará de vender seguros de vida tradicionales y comercializará únicamente pólizas interactivas que registren las actividades de ejercicio y los datos de salud de sus clientes mediante wearables como Fitbit o Apple Watch. La compañía pasará a vender únicamente este tipo de pólizas a través de su subsidiaria Vitality, y finalizará en 2019 la conversión de toda su cartera de pólizas a la nueva metodología.

Este tipo de pólizas están popularizándose progresivamente en mercados como Sudáfrica, Reino Unido y los Estados Unidos, y son vendidas como una ventaja tanto para los usuarios, que tienen así un incentivo adicional para llevar una vida más saludable, como para las aseguradoras, que consiguen una cartera de clientes con hábitos más saludables que tiende a vivir más tiempo y a generar menos indemnizaciones. Sus detractores alegan, en cambio, que la aseguradora puede tratar de optimizar su cartera basándose en los datos obtenidos, tratando de ofrecer condiciones menos atractivas a aquellos que presenten unas variables indicadoras de un riesgo más elevado.

A medida que la tecnología mejora la capacidad de los dispositivos para registrar datos relacionados con el ejercicio y la salud, son más las compañías que se dan cuenta de la oportunidad que este nuevo enfoque puede suponer. Como ya he comentado en entradas anteriores, centrar las críticas en la supuesta falta de precisión de estos dispositivos es absurdo: primero, porque este tipo de variables mejoran rápidamente como lo hacen prácticamente todas las relacionadas con este ámbito, y segundo, porque la ausencia de unas métricas de nivel clínico se compensa con una riqueza de datos espectacular, que llegan en el caso de un wearable incluso al registro prácticamente continuo, frente a la inconveniencia de los dispositivos dedicados. Es evidente que un electrocardiógrafo con sus doce electrodos tiene una capacidad de registro que un reloj en el que simplemente apoyamos dos dedos no tiene, pero la posibilidad de registrar el pulso durante todo el día y unido a diferentes actividades le da unas posibilidades que el electrocardiógrafo, que se limita a una medida puntual, no tiene. Ridiculizar el impacto de este tipo de dispositivos, descartarlos porque pueden dar lugar a falsas alarmas o no darse cuenta del papel que van a jugar como generadores de datos en el cuidado de la salud en el futuro es, sencillamente, no entender nada de estadística ni de hábitos de vida: la única forma de pasar de un enfoque de salud paliativo a uno preventivo es incrementando el volumen de datos generado y alimentando con ellos algoritmos capaces de interpretarlos de manera automatizada.

En ese sentido, vale la pena leer esta respuesta de un cardiólogo en Quora: lo bueno del Apple Watch, además del hecho de que tanto la American Heart Association como la FDA recomienden o aprueben el producto y su funcionalidad, es el hecho de que lo llevamos puesto todo el día, lo que permite que muchas personas que no son conscientes de posibles problemas cardíacos o que no son capaces de evaluar su sintomatología por carecer de experiencia puedan recibir alertas que les permitan llevar a cabo un control médico sobre dolencias potencialmente muy peligrosas. A medida que llegan las reviews mayoritariamente positivas del nuevo Apple Watch 4, más se refuerza la idea de un futuro en el que este tipo de dispositivos jueguen un papel importante en el futuro del cuidado de la salud, tanto a nivel clínico o de investigación, como de aseguradoras. Y Apple, obviamente, no está sola en este campo: Fitbit ha adoptado ese enfoque transformacional desde hace ya bastante tiempo, y están lanzando ya servicios relacionados con ello. Otras, como Nest, propiedad de Alphabet, han llevado recientemente a cabo adquisiciones como la de Senosis, una spinoff de la Universidad de Washington dedicada al desarrollo de sistemas de monitorización de salud mediante el smartphone, y dejan claras las intenciones de su compañía matriz y de otras de su mismo nivel en cuestiones como la custodia de los datos y registros médicos. Recientemente, Apple presentó una API para que los desarrolladores de aplicaciones puedan trabajar con los datos almacenados en su aplicación de salud, con el fin de permitir que los usuarios puedan, con el nivel de control adecuado, compartir esos datos con distintos proveedores de salud: médicos, hospitales, etc. para recibir desde recordatorios para mejorar la adherencia a tratamientos, hasta la gestión administrativa de servicios.

La evolución de la tecnología la ha llevado ya al punto de poder generar una disrupción radical en el cuidado de la salud, y esa disrupción va a generar, como todas, un escenario con vencedores y vencidos. Entender las variables de esa disrupción y no aferrarse a visiones anticuadas o a tópicos absurdos va a resultar fundamental de cara al futuro.

 

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Alexa por todas partes: el interesante segmento de los asistentes domésticos

IMAGE: AmazonEn plena guerra por la implantación y la cuota de mercado de los asistentes domésticos, Amazon anuncia planes para el lanzamiento de al menos ocho dispositivos controlados a través de Alexa, su asistente de voz, que van desde amplificadores y altavoces, hasta un microondas o un dispositivo multifunción para el coche. La idea es poner a Alexa en todos los sitios donde el usuario pasa cierto tiempo e ir añadiendo funcionalidades que puedan ser controladas mediante la voz, en un mercado en el que la compañía fue pionera, pero que ya no es tan incipiente, y que se prevé alcance un valor de alrededor de treinta mil millones de dólares en el año 2024.

La interacción mediante la voz es, indudablemente, un área en fuerte crecimiento, y en el que un gran número de compañías intentan posicionar sus dispositivos. Sonos, por ejemplo, recién salida a bolsa, ha establecido su posición gracias a convertirse en los primeros equipos de sonido domésticos fácilmente conectables al Echo de Amazon y el Home de Google, y basta echar un vistazo a las apps o skills disponibles para cada uno de estos asistentes domésticos para obtener una amplia panorámica de funciones de todo tipo, desde sistemas de riego hasta iluminación, climatización, seguridad o lo que se nos ocurra. Ni siquiera la idea de conectar el microondas con Alexa es pionera: GE tiene uno a la venta desde hace algo más de un mes.

Frente al primer empuje de Amazon con su Echo, que logró posicionarse gracias a ese efecto pionero como el líder absoluto del mercado, la reacción de Google con su Google Home no se hizo esperar, y en el primer trimestre de 2018 logró por primera vez superar a Amazon en número de unidades vendidas. En ese primer trimestre del año, Canalys calculaba un total de 4.1 millones de dispositivos en el mercado norteamericano, seguido por los 1.8 millones de China (1.1 millones son dispositivos TMall Genie de Alibaba) y los 730,000 de Corea. Google, además, está ganando a Amazon por velocidad en la expansión internacional y en la incorporación de nuevos idiomas. Actualmente, Amazon Echo está disponible o en pruebas avanzadas para seis idiomas y once mercados: en inglés en Estados Unidos, Reino Unido, India, Canadá y Australia; en francés para Francia; en alemán para Alemania; en italiano para Italia; y en español para España y México. Google Home, mientras, está disponible ya en once idiomas gracias al desarrollo llevado a cabo para Google Assistant en el smartphone, y pretende llegar a los treinta a finales de 2018. En la progresiva incorporación de dispositivos a la línea de productos, ámbito en el que Amazon también llevaba ventaja, Google está trabajando con distintos fabricantes para lograr una diversidad mayor, y en algunos casos con buenos resultados. El asistente de Apple, Siri, está disponible en una variedad de idiomas mucho más amplia, pero su dispositivo, el HomePod, dista mucho de haber alcanzado la popularidad de Amazon Echo o de Google Home.

En estos momentos, los usos más habituales para los asistentes de voz domésticos son cuestiones relativamente accesorias, desde poner música hasta escuchar las noticias, encender y apagar luces o controlar el riego o la calefacción. La instalación y configuración de este tipo de dispositivos es razonablemente sencilla para personas con cierta afinidad por la tecnología, pero aún no se considera fácilmente accesible para cualquiera, lo que lleva a que para algunos dispositivos, en el mercado norteamericano se dependa de distribuidores e instaladores autorizados. El propósito de Amazon, que actualmente considera a Alexa como una de las claves de su estrategia, es poner a Alexa en todos los sitios en los que el usuario pasa un cierto tiempo, e ir incorporando prestaciones de todo tipo gracias a la actividad de sus desarrolladores. Sin embargo, a la hora de plantear nuevas funciones y posibilidades, Google tiene una indudable ventaja: la conexión del dispositivo con la cuenta Google del usuario permite la activación de una amplia variedad de funciones altamente personalizadas (calendario, agenda, mapas, contactos, etc.), una información que a Amazon le cuesta más obtener.

Un mercado con un gran potencial, con el crecimiento más importante en este momento de todo el segmento de la electrónica de consumo, y al que, sin embargo, muchos usuarios aún no le ven una decidida utilidad o incluso manifiestan temores por lo que supone de cara a eventuales peligros para la privacidad. Sin duda, nos espera una evolución interesante.

 

 

 

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Cómo sacarle 1.005 CV al Mercedes-AMG S63 Cabriolet para convetirlo en el descapotable más brutal

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Lo lógico es pensar que el Mercedes-AMG S63 Cabriolet y su motor V8 biturbo de 585 CV no necesita aderezo alguno. Pero para los especialistas tuning nunca es suficiente. Prueba de ello es esta preparación sobre el descapotable de la estrella que firman los alemanes Posaidon, que eleva la potencia del cabrio de la estrella por encima de los 1.000 CV.

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Competencia investiga a varias ITV por posibles malas prácticas en el reparto de licencias

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El pasado junio, la DGT advirtió a la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC) de posibles prácticas anticompetitivas entre varias empresas de prestación de servicios ITV para vehículos comerciales. En base a ello, la CNMC ha abierto una investigación a varias entidades, a fin de comprobar la existencia de un supuesto cártel: estas empresas podrían haber realizado pactos en relación a las licitaciones concedidas por Tráfico.

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Este prototipo coupé de Peugeot llega a tiempo para el 50 aniversario del 504 Coupé… y estará en París

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Durante el próximo Salón del Automóvil de París, el fabricante francés Peugeot mostrará un prototipo con un sabor ciertamente retro y formas de coupé. Lo que parece un claro guiño al Peugeot 504 Coupé de 1969 llega justo a tiempo para celebrar el 50 cumpleaños del modelo.

El clásico coupé, diseñado por el lápiz de Pininfarina y considerado uno de los modelos franceses más bonitos de la historia, podría ser la inspiración de este nuevo prototipo, del que no se conoce apenas información, pero parece que será un hipotético Peugeot 508 Coupé de aspecto retro.

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G-Power exprime el 4.4 litros V8 biturbo del BMW M5… ¡hasta los 800 CV y 980 Nm!

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Para el común de los mortales el actual BMW M5, con sus 600 CV y tracción total xDrive, es más que suficiente para cualquier situación, pero es cierto que no todos los mortales son comunes. También los hay que necesitan siempre ir un paso más allá, y para eso existen alternativas como G-Power.

El especialista alemán acaba de mostrar su paquete de preparaciones para el BMW M5, cuyo motor 4.4 litros V8 biturbo puede ser potenciado en tres etapas, con diferentes niveles de potencia en función de las necesidades o preferencias de cada cliente: hablamos de 700, 750 y 800 CV.

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Volkswagen pretende abaratar el coste de las baterías vendiendo 150.000 coches eléctricos en 2020

Volkswagen pretende abaratar el coste de las baterías vendiendo 150.000 coches eléctricos en 2020

Volkswagen ha desvelado nuevos detalles de su nueva plataforma MEB para coches eléctricos, y que servirá para el Volkswagen ID de serie previsto para 2019, con motivo del lanzamiento de su campaña de electrificación “Electric for All”.

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