El mundo académico y la disrupción: Elsevier frente al Open Access

Open AccessLa discusión sobre la difusión de la ciencia y sobre los problemas del modelo que representan los journals académicos se remonta ya a hace mucho tiempo, incluso antes de que la disrupción que supuso la popularización de la red fuese una realidad.

El movimiento Open Access cuyo logo figura en esta entrada tiene su origen en tres manifiestos, la Budapest Open Access Initiative de febrero de 2002, el Bethesda Statement on Open Access Publishing en junio de 2003,  y la Berlin Declaration on Open Access to Knowledge in the Sciences and Humanities de octubre de 2003, pero en realidad, somos bastantes los académicos que incluso antes de esas declaraciones ya publicábamos por una simple cuestión de principios todos nuestros artículos en abierto, contraviniendo abiertamente las normas de los journals que nos los habían publicado. 

He escrito sobre el tema en varias ocasiones y en diversos sitios, en 2005, 2006, 2007 y 2008, además de en 2013 cuando la muerte del auténtico mártir de la causa, Aaron Swartz, desencadenó una tormenta que culminó en la campaña #PDFTribute, que llevó a que muchos académicos subiéramos nuestros artículos publicados con copyright en diversas revistas científicas a la red con ese hashtag.

El modelo de los journals académicos es, indudablemente, muy interesante: las compañías que los publican generan grandes ingresos cobrando grandes cantidades por las suscripciones a universidades y bibliotecas, pero en el lado de los costes, son capaces de operar de una manera completamente ventajosa: ni los académicos que envían sus manuscritos a las editoriales, ni los académicos que forman parte del comité editorial o que leen y critican los trabajos recibidos (reviewers) cobran en ningún momento. En algunos casos, de hecho, se llega a pagar por acceder al sistema de revisiones. Muchos académicos consideran la lectura puntual de los journals de su área una parte imprescindible de su trabajo, pero la realidad es que el sistema solo es eficiente para quien los publica, que es capaz de apalancarse en el trabajo de académicos que trabajan gratis para obtener unas ganancias indudablemente jugosas.

El sistema está completamente arraigado en los mecanismos del mundo académico: para obtener su tenure o plaza, los profesores deben publicar en journals de los considerados “de alto impacto”, lo que genera una carestía de recursos que lleva a las editoriales de esos journals a obtener más prestigio y a atraer tanto a más candidatos a la publicación, como a más reviewers. El mecanismo es claramente ineficiente porque, además de generar una economía de la escasez en la que en muchas ocasiones resulta difícil tener acceso a las publicaciones, da lugar a retrasos importantes en el proceso editorial. Y en realidad, la crisis en el modelo de publicación académica tan solo es uno de los elementos del mundo académico que están en entredicho: muchos cuestionamos abiertamente el modelo de tenure, la idea de que de una plaza deba pertenecer “en propiedad” a una persona independientemente de su rendimiento. Llevo más de veintiséis años trabajando para la misma institución, soy doctor y mi rango es el de full professor, pero jamás he considerado que mi puesto de trabajo esté protegido por nada más que la legislación laboral española. Si mañana empezase a dar clase mal o mi rendimiento fuese deficiente, me parecería muy normal que me pusiesen de patitas en la calle.

La llegada de journals puramente online, como PLoS ONE (acrónimo de Public Library of Science), lleva tiempo amenazando el modelo de publicación académica, aunque únicamente ha tenido impacto en algunas disciplinas. Incluso plataformas sociales propias del mundo académico como Academia.edu o ResearchGate invitan abiertamente a sus miembros a compartir sus papers en la plataforma con sus colegas. Otras iniciativas apuntan más bien a la “liberación por la fuerza”: Sci-Hub, creado por la estudiante kazaja Alexandra Elbakyan, es un repositorio lanzado en abril de 2011 que contiene ya más de cincuenta y ocho millones de papers accesibles en abierto, y que por el momento, ha hecho sistemáticamente caso omiso a las demandas.

Frente a ese tipo de iniciativas se encuentran las grandes editoriales, sobre todo personificadas en Elsevier, que posee una cartera de más de 2,500 journals y un modelo de suscripción completamente cerrado. Ahora, Elsevier se enfrenta a un movimiento de boicot por parte de nada menos que sesenta instituciones académicas alemanas, que han decidido eliminar sus suscripciones a los journals de la editorial con el fin de forzar que renegocie unas condiciones de mejor acceso, una estrategia que fue utilizada el pasado año por universidades holandesas con un cierto nivel de éxito.

¿Qué valor añadido genera hoy una editorial? Dejando aparte el proceso de publicación en papel, que en el mundo académico no aporta grandes ventajas frente a la lectura en soporte electrónico (más conveniente a la hora de señalar, apuntar o copiar fragmentos de texto), la posibilidad de reunir a un grupo selecto de reviewers, de convertirse en un lugar de referencia para los profesores es un proceso sometido casi únicamente a una dinámica social: basta con que en una disciplina determinada se reúnan un pequeño grupo de profesores con cierto nivel y se comprometan a contribuir su trabajo de revisión a una página abierta en lugar de hacerlo – igualmente gratis – para un editor tradicional, para que el movimiento prenda. Que ese tipo de modelos se generalicen y comiencen a hacer uso de otros esquemas de publicación, basados en repositorios libres y en procesos de revisión abiertos que aprovechan el poder de la web, es seguramente una cuestión de tiempo.

 

Powered by WPeMatico